viernes, 23 de mayo de 2008

Dulce et decorum est pro Patria mori

Hace poco coincidieron en Rusia prácticamente dos celebraciones de lo más importante: el Día de la Victoria y la Pascua, que, como ya sabéis, normalmente no coincide con la católica y este año fue a parar casi a principios de mayo. "Ekonomika i Zhizn", haciendo una pausa en su campaña contra los ingleses (que ya vimos aquí y aquí), decidió dedicar la rutilante sección "Economía y espiritualidad" a ambas fiestas, no demasiado fáciles de relacionar, habida cuenta de que la Unión Soviética, en aquellos tiempos, y como hemos visto en esta bitácora repetidamente, distaba mucho de tener una relación pacífica con el hecho religioso en general, y con el cristianismo en particular. He ahí la traducción del artículo, que nos dará una pista sobre los vientos que corren por aquí: no se renuncia al pasado victorioso de la guerra, y vuelve a estar en boga la Religión.

¡SOMOS DE PSKOV!

9 de mayo - Día de la Victoria

(...) Yo empecé a creer en Dios en la guerra, a causa de una persona. Se llamaba Anatoli. Servía desde diciembre de 1941 en nuestra unidad acorazada. Era mecánico. El tipo era de la región de Pskov, de Porkhov. Era de aspecto tranquilo, poco apresurado. Y siempre con una cruz en el cuello. Y antes del combate siempre se santiguaba.

El comandante del tanque, Yura, komsomol (miembro de las juventudes comunistas) hasta la médula, no podía ni ver su cruz de cobre.

- ¿Pero cómo te han cogido para el frente? - caía sobre Anatoli - ¡Tú no eres de los nuestros! ¿De los popes, no?

- Yo, pues, soy de los nuestros, de Pskov, ruso -le respondía Tolia ("Tolia" es el diminutivo de Anatoli)-. No soy de los popes, sino de los campesinos. Y al frente he venido como voluntario, ya sabes. Los ortodoxos siempre han peleado por la Patria.

Yura hervía de ira, pero no había motivos para meterse con Tolia, excepto por la cruz.

Cuando una vez, en 1942, casi nos coparon, recuerdo cómo Yuri nos dijo a todos:

- Si nos cogen los alemanes, la orden para todos es pegarse un tiro ¡No nos podemos rendir vivos!

Se hizo un silencio aplastante y tenso; sólo Tolia le respondió, sin prisa, como siempre:

- No me puedo pegar un tiro; este pecado Dios no lo perdona. Eso es suicidio.
- ¿Y si te cogen los alemanes y te conviertes en un traidor? - le espetó Yuri malevólamente.
- No me convertiré en un traidor. Nosotros, los de Pskov, somos gente dura.

Gracias a Dios, entonces evitamos el copo y caer prisioneros.

A comienzos de 1944, en Bielorrusia, algunas unidades recibimos la orden de marchar hacia un nudo ferroviario, donde nuestra infantería ya combatía desde hacía algunas horas. Allí se había quedado atascado un convoy alemán con municiones, que avanzaba en socorro de una gran unidad que intentaba arrojarnos de una posición clave...

La lucha fue corta. Inmediatamente, dos de nuestros tanques empezaron a arder. Los rodeamos a toda marcha y nos lanzamos hacia la estación, que ya veíamos tras los árboles, pero entonces algo chocó sobre nuestro tanque y de repente se prendió fuego dentro de la cabina. El tanque se detuvo. Tolia y yo sacamos al más joven de los nuestros, Volodia, por la escotilla, lo dejamos en tierra y corrimos con él unos cuarenta metros. Lo miramos, ¡y listo! Ya estaba muerto. Se ve que murió enseguida... "¿Y dónde está el comandante?", gritó entonces Tolia.

Y era verdad, Yuri no estaba... el tanque ya era una antorcha. Tolia se santiguó y me espetó: "¡Cúbreme!", y se fue hacia él. Cuando llegué al tanque, ya estaba bajando a Yuri a tierra. El comandante estaba vivo, lo único es que tenía una fuerte contusión y quemaduras. Casi no podía ver nada. Pero precisamente él, al oír el rechinar de las ruedas de los vagones, grito: "¡Hermanos, el tren! ¡Va a pasar!"

Y de repente oigo cómo nuestro tanque ruge y brama... Ardía por completo, ardía como una enorme antorcha... Los alemanes, al ver la tromba de fuego que se les venía encima, abrieron fuego desordenadamente, pero ya no pudieron detener a Tolia. Envuelto en llamas, el tanque se incrustó a toda máquina en los vagones delanteros del convoy alemán. Recuerdo cómo reventó el aire a causa del estruendo infernal: una tras otra fueron estallando las cajas de municiones.

En la enfermería Yuri lloraba como un niño, y repetía, tosiendo roncamente: "Misha, escucha, ¿y qué pasa con Dios? Tolia no debía haberse matado ¡Si era creyente! ¡Si había dicho que era un gran pecado!"

Dos años después viajé a la región de Pskov, al pequeño pueblo de Porkhov. Encontré allí una pequeña iglesia. Hablé con el padre. Resultó que se acordaba de Tolia: le había bendecido antes de partir al frente. A este padre, como en una confesión, le conté toda la historia de Tolia, cómo luchó y cómo murió. El padre pensó un poco, asintió con la cabeza y dijo:

- ¿Y dónde está aquí el pecado? Morir por la Patria es una hazaña ante los hombres y ante Dios.

E hizo los funerales del esclavo de Dios Anatoli con todos los honores, como guerrero ruso, caído por la Patria y por la fe ortodoxa.

¡Da descanso, Señor, a las almas de los soldados que dieron su vida por la fe y por la Patria!

(Memorias de M. Drozdov)

Hasta aquí, "Ekonomika i Zhizn". Por mi parte, y entre otras cosas, la lectura de este artículo me ha hecho recordar la visita más bonita que hice a una región rusa, precisamente a Pskov (Pleskau para los alemanes y para todos los que no puedan pronunciar tres consonantes seguidas). Al que le guste la historia, que no se lo pierda. Hay momentos en los que uno cree que podría aparecer, por detrás de una torre o de un castillo (como el de la foto de arriba, que es de la fortaleza de Izborsk), el rey Stefan Bathory o un grupo de caballeros teutónicos. Pero eso será otra historia, que acaso se relatará en su momento.