
Nos encontramos en el departamento de lengua española de la Facultad de Economía Internacional de la UPM (Universidad Pijísima de Moscú). Dicho departamento asiste a los alumnos de la UPM que escogen como lengua extranjera, lógicamente obligatoria en la Facultad de Economía Internacional, nada menos que el castellano.
- Natalia Vladlenovna, tenemos un problemita.
- Diga, Ludmila Marlenovna.
- Como usted sabe, dentro de poco tenemos el concursito de todos los años entre nuestros alumnitos de español.
- Sí, sí, claro que lo recuerdo. Como que es dentro de una semana.
- Sí, una semanita.
- Eso.
- Y, bueno, siempre invitamos a un nativo de español a que forme parte del tribunal. Un nativito, para que los alumnos respeten al tribunal. Porque si estamos nosotras, Natalia Vladlenovna, no nos respetan lo suficiente.
- No nos respetan, no.
- Son muy traviesitos...
- Sí.
- Y necesitamos que el nativito que venga sepa algo de Economía Internacional, para que pueda hacer preguntitas a los alumnitos.
- Claaaro. Y la verdad es que nosotras sabemos mucho de español y un poquito de economía, pero no somos economistas. Somos lingüistas.
- Bueno, pues se acordará del año pasado, cuando invitamos a ese diplomático uruguayo tan amable y tan exquisito. Pues le he vuelto a llamar para que nos dé una ayuda... una ayudita.
- ¿Sí? ¡Qué bien!
- No, el pobrecito ya no está en Moscú. Se acabó su período de estancia aquí y se ha vuelto al Uruguayito.
- Qué pena... eran tan amable el señor ¿Y ahora qué hacemos?
- Tengo un conocidito. Voy a llamarlo a ver si nos ayuda.
* * *
Ahora nos encontramos en Zons Ra, entidad dirigida con mano de hierro por ese conocidito del párrafo anterior, y en la que presta sus servicios (a cambio de un precio, no vayamos a creer) un servidor de ustedes (en este caso, gratis total). El conocidito, que a los efectos de esta bitácora atiende por Oskarl, conversa por teléfono con Ludmila Marlenovna. Acabada la conversación, se pone la mano en la barbilla y pronuncia una palabra:
- Alfor...
A continuación, el conocidito aprieta un botón del teléfono y le dice a su secretaria:
- Frau Rottenmeyer, ¿podría ponerme con Alfor?
* * *
- ¿Que tengo que hacer quéeeee?
- ...
- ¿En la UPM? ¿La Universidad Pijísima de Moscú?
- ...
- Sí, ya sé que soy español y economista, pero, ¿qué c*j*n*s pinto yo por allí?
- ...
- ¿Que las profesoras quieren tener un nativo entre el tribunal para que los alumnos respeten al tribunal, y que no les respetan a ellas? No me extraña. Para que los alumnos de la UPM respeten a alguien, tiene que conducir un Lexus, por lo menos.
- ...
- No, Lexus no. Yo voy en bicicleta.
- ...
- ¿Que ya le ha dicho que sí? ¿Y no podría ir...? Leche, ha colgado.
* * *
Una semana después, me dispongo a volver a la universidad, aunque sea una universidad tan exclusiva como la UPM. En la próxima entrada sigue la serie.