lunes 27 de febrero de 2012

Con los rojos (II)

Hay bastante gente que piensa, sobre todo entre los rusófilos de Occidente, que Ziugánov y su Partido Comunista son una alternativa real a Putin. Se da por hecho que hay violaciones electorales en Rusia, y es verdad: sólo hay que ver los últimos resultados en Chechenia o en Mordovia para darse cuenta de que efectivamente esas violaciones electorales existen. Y se pregunta uno quién sería el vencedor en unas elecciones libres. Comoquiera que Ziugánov y sus comunistas aparecen siempre en segundo lugar, un occidental poco informado pensará que el pucherazo viene a impedir una victoria de los comunistas.

Está claro que es imposible saber a ciencia cierta el grado de adulteración de las elecciones rusas, más allá de que no son totalmente limpias, y por tanto también es imposible saber quién las ganaría. Sólo podemos elucubrar. Mi elucubración suele conducir al hecho de que Rusia Unida ganaría las elecciones de todas maneras, posiblemente con algunos puntos menos de apoyo, y que la abstención sería mucho mayor y llegaría a un porcentaje directamente vergonzoso. Los comunistas sacarían más o menos el resultado que tienen en votos absolutos (en porcentaje más, claro), igual que Rusia Justa y que los de Zhirinovsky, y quizá la oposición liberal, o demócrata, o como se la quiera llamar, sacaría unos cuantos puntos más, pero ni mucho menos para ganar las elecciones.

¿Por qué no dejar entonces que las elecciones sigan su curso, si total las cosas no iban a cambiar demasiado? Bueno, ya escribí que hay toda una red de intereses verticales en cada uno de los poderes territoriales en asegurar en su demarcación un buen resultado para Rusia Unida. Incluso me creo que Putin no haya intervenido directamente en ordenar falsificaciones. Pero el sistema de nombramientos y ceses está construido de tal manera que los fraudes se van a producir de todas maneras, porque nadie quiere perder su sitio a causa de un resultado electoral flojillo.

¿Cuál es el papel de los comunistas? Es un poco difícil de decir. Ziugánov aparece en los carteles electorales con una facha impoluta sin una sola arruga, en un descarado ejercicio de Photoshop que debe resultar ridículo a sus provectos votantes. En realidad, Ziugánov cumplirá en junio 68 años, aunque la fecha de nacimiento es un dato imposible de encontrar en la página de su candidatura, ni siquiera en su biografía, y el de la foto de los carteles es él, sí, pero podría ser su nieto. Diríase que trata de buscar el voto joven, o no tan anciano, pero la realidad es que el mitin del otro día lo podía haber convocado en un día laborable, porque no creo que hubiera allí nadie que no estuviera jubilado de largo.

Cuando pasé por allí, reconozco que iba con la intención de chotearme, y la intención la mantenía cuando escribí la última entrada. Bien mirado, no es choteo lo que merecen los asistentes al mitin, sino por lo menos respeto, como gente que las ha pasado canutas en su vida, y también algo de pena. Distingamos: el Partido, con su pasado genocida, no merece ningún respeto; sí lo merecen los asistentes a los actos. Como la viejecita menuda y arrugada que me salió al paso mientras trataba de atravesar Ojotny Ryad y me puso en las manos el número especial de Pravda; o el anciano que me había cruzado dos minutos antes, caminando trabajosamente por la acera del hotel Metropol, sin poder andar apenas, pero sin dejar de enarbolar la bandera roja que traía del mitin y que ondeaba al viento. O los distintos abuelitos que me veían a mí y a mis acompañantes hablar en un idioma extranjero y nos miraban como preguntándose qué hacíamos allí, en un acto que estaba siendo una exaltación de todo lo ruso, cuando estaba claro que nosotros no lo éramos.

En estas circunstancias, no es extraño que el programa de gobierno de Ziugánov, ése que no tendrá que molestarse en cumplir, sea un pupurri de apoyo a los pensionistas, inválidos y veteranos, un guiño imperialista (eso en primer lugar, pero con la sempiterna alusión a la amistad de los pueblos, que no falte) y una serie de propuestas poco realizables. Parece imposible en un comunista soviético, pero las palabras "trabajador", "proletario" u "obrero" están totalmente ausentes del programa, al menos del extracto que venía en Pravda. A éste, le dices que en España los sindicatos se manifiestan porque si te despiden te pagan veinte días por año trabajado, con un tope de doce mensualidades, y te pregunta si los sindicatos están flipados o qué.

Y claro, considerar a Ziugánov un peligro para Putin es un exceso. A Ziugánov, con las excepciones que se quiera, le votarán personas a las que todos cederíamos nuestro asiento en el metro y que han pasado la mayoría de su vida en un país llamado Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y sí, siguen siendo muchas personas, pero la mayoría ha superado su esperanza de vida y cada vez su número se va reduciendo más y más.

Con lo cual, nos queda la duda ¿A quién van a votar el domingo que viene esos opositores que ayer consiguieron, según parece, rodear los quince kilómetros de perímetro del Anillo de los Jardines, en una especie de anillo humano?

Pues sí, queda la duda, pero ya se verá otro día.

jueves 23 de febrero de 2012

Con los rojos (I)

Atención: empieza una serie en la que me voy a cachondear a base de bien de los comunistas rusos actuales. Comunistas sin sentido del humor, abstenerse, porfa.

Hoy, 23 de febrero, es el Día del Defensor de la Patria, pero eso es desde hace relativamente poco. Hasta hace un par de años, el nombre oficial era el de "Día del Ejército Rojo y de la Marina de Guerra", lo cual quedaba, efectivamente, sumamente bolchevique. Sigue siendo día festivo, y sigue siendo un día importante, hasta el punto de que hoy he estado en un mitin electoral de los comunistas moscovitas, donde he sacado la foto que ilustra esta entrada. Con independencia de que a mi abuela le daría un patatús si resucitara y me viera en un mitin comunista, hay que decir que reconforta encontrarse en un lugar donde eres de largo el más joven de los asistentes. Incluso mi abuela, que ahora tendría 101 años, podría encontrar gente con la que compartir recuerdos de los años veinte.

Como,por ejemplo, la anciana entusiasta que nos repartió la edición especial de Pravda, con un artículo en portada de Ziugánov, el candidato a presidente, que no puedo resistir la tentación de traducir. Si alguien escribiera algo así en España, todos pensaríamos que era de Fuerza Nueva, no precisamente del PCE. Ahí va:

* * *

¡A ti, Rusia!

¡Compatriota!
¡Recuerda!

Tú eres parte de un pueblo asombrosamente dotado de talentos y de valor. De un pueblo que ha creado un estado inédito entre tres océanos, que ha cantado sonoramente los ideales del bien y de la justicia.

Este pueblo necesita un gobierno que responda a la grandeza de su destino. Sin él estamos decayendo y perdemos un millón de hermanos y hermanas cada año. Te están quitando las fábricas, los campos y los ríos. Te condenan a la pobreza y a la miseria.

Pero seguimos teniendo riquezas naturales únicas, restos de un poderío industrial, la herencia de grandes centros científicos de enseñanza. Aún queremos construir bellas universidades y naves espaciales, nuevas fábricas y templos del saber.

Afirmando la hermandad de nuestro pueblo, podremos alcanzar nuevas cimas. El ruso y el daguestaní, el yakuto y el tártaro, todos los pueblos del país vivirán como una sola familia en una Rusia libre. La alegre risa de los niños llenará nuestras casas. Y la vida de cada uno se llenará de sentido.

Esto puede ocurrir. Y ocurrirá. Que cada uno, simplemente, cumpla su deber el 4 de marzo.


* * *

Y lo firma Guennadi Ziugánov, no José Antonio. Cosas leeredes.

lunes 20 de febrero de 2012

Reforma laboral

España se enfada. El Gobierno ha aprobado una reforma laboral que ha dejado los puestos de trabajo de los que aún están activos más inseguros que una inversión en acciones de bancos griegos. Ahora, las indemnizaciones por despido improcedente, en lugar de los 45 días por año trabajado, con un tope de 42 mensualidades, que había hasta ahora, pasan a ser, en la práctica, de 20 días por año trabajado, con el tope de 12 birriosas mensualidades, porque va a ser bastante sencillo encontrar las formas de eludir la indemnización de 33 días.

Los sindicatos han salido a la calle inmediatamente, y así el domingo pasado hubo manifestaciones en toda España, y mucho más numerosas de las que tenemos por aquí con motivo de las pasadas y futuras elecciones. No recuerdo que los sindicatos españoles se manifestaran cuando tuvo lugar el anterior recorte gordo, que fue en 1980, precisamente con la derogación de la Ley de Contrato de Trabajo de 1944 y la entrada en vigor del Estatuto de los Trabajadores, pero supongo que no lo recuerdo porque entonces era muuuy pequeñín ¿Cómo no se iban a manifestar entonces los sindicalistas españoles y los partidos obreristas? La Ley de Contrato de Trabajo sería franquista y todo eso, vale, pero la indemnización por despido era de 90 días por año trabajado. Noventa días. Como tengo algunos amigos revoltosos y levantiscos y se creen que soy de su cuerda, me están llegando al buzón mensajes llamándome a la rebelión "para que los trabajadores no perdamos lo conseguido en treinta años de democracia". En 1980 nadie llamó a las armas para defender lo conseguido en cuarenta años de... democracia orgánica, y más se perdió entonces. Creo que en Méjico también tienen todavía hoy indemnizaciones de noventa días por año trabajado, y no sé si en algún sitio más.

En fin. Dice el Gobierno que es para combatir el paro a medio plazo, porque a corto hasta el Gobierno reconoce que va a haber más paro todavía. También dice que con esta regulación nos acercamos a Europa. A ver si ponen los salarios españoles como los alemanes, para acercarnos aún más a Europa, porque acercarse a medias como que no.

¿Y en Rusia? Seguro que pensaríamos que este bendito país, vanguardia del proletariado mundial durante tantos años, ha conservado una legislación laboral ejemplar que protege a los trabajadores de los explotadores burgueses, evitando que sean carne de cañón del podrido capitalismo occidental.

Bueno, pues la indemnización por despido en Rusia es de, ¡tachán!, dos meses de sueldo, así lleves en la empresa medio año o toda tu vida laboral. Los salarios son, de hecho, lo que dicte el mercado puro y duro, porque el salario mínimo es una miseria completa. Aquí quería ver yo a la UGT, CCOO, CNT o LAB montando huelgas.

Uno pensaría que, si en España, con un régimen de relaciones laborales tan, ejem, generoso, los sindicatos se han echado a la calle indignados y ya se oyen rumores de huelga general, como ya la hubo el año pasado por mucho menos, en Rusia los sindicatos deberían estar echándose al monte, como los guerrilleros del Caúcaso.

Pero no. Los sindicatos en España son un ente bien visible, todos conocemos a alguien que está afiliado, vemos a sus líderes por televisión y convocan movilizaciones y huelgas. En Rusia, los sindicatos son un ente de ficción, como los elfos y los vuelos puntuales de Iberia. Están en la legislación laboral como en una nebulosa con la que hay que contar, pero en Moscú yo no recuerdo haber visto a ningún sindicalista (la verdad es que tampoco a un elfo, ni mucho menos un vuelo puntual de Iberia), ni una manifestación por los derechos de los trabajadores, ni muchísimo menos una huelga, ni parcial ni general.

Dentro de poco hay elecciones presidenciales, y se supone que, puesto que Rusia va razonablemente bien, sería el momento de soltar alguna promesa de impacto que permita a los trabajadores pensar que puede existir un mundo laboral más estable. Pero los trabajadores yo diría que ni sueñan con que sus condiciones puedan ser mejores, así que nadie pide nada ni se les promete nada, con lo que los cinco candidatos les ignoran más que las azafatas de Iberia a sus pasajeros. Putin, que es el futuro presidente, passa del asunto, porque ya sabe que le van a votar; Zhirinovsky es liberaldemocrático, así que, al menos por la parte de liberal, no creo que vaya a tocar nada de los derechos laborales; Prójorov es un empresario multimillonario, así que poco progreso se va a ver por ahí. Y los que se supone que son de izquierdas, Mirónov y Ziugánov, hablan mucho más de los pensionistas y veteranos que de aumentar las indemnizaciones por despido.

Así las cosas, uno ve las manifestaciones sindicales del pasado domingo en España y se sonríe por lo bajinis. Y mientras tanto, las manifestaciones siguen en Rusia, pero sin relación alguna por los derechos laborales, sino por política pura y dura y por el cambio o la permanencia del sistema, algo que en España, con algunas excepciones (¿el 15-M es una excepción?) no ocurre desde hace bastante tiempo.

viernes 17 de febrero de 2012

Si vas a Calatayud...


... no tengo nada que recomendarte.

Pero, si da la casualidad de que hoy estás en Madrid, y te interesa la historia de Rusia (y la de España, claro), no deberías perderte esto.

Al menos, yo, si estuviera en Madrid, no me lo perdería. Promete mucho.

jueves 16 de febrero de 2012

Recuerdos congelados

De niño, yo vivía en Valencia y debía ser mucho más machote que ahora. No había Climalit, bombas de calor y todas esas cosas para nenas. En invierno, nos poníamos jerséis y todas las mantas que tuviéramos para dormir. Era mucho más fácil morir por aplastamiento que de frío. Como gran cosa, en el pueblo había una chimenea, y en casa había un brasero eléctrico bajo la mesa camilla, que, naturalmente, sólo daba calor bajo la mesa camilla. Fuera, ni pum. Si, aun así, teníamos frío, podíamos ir a jugar al balón, y si dábamos mucho más la tabarra con la murga del frío, un par de collejas y ya nos íbamos calientes. Qué tiempos.

Mi primera estancia en el extranjero tuvo lugar en Alemania, cuando me fui a estudiar por allí. El primer año lo pasé en una residencia cutre acompañado por iraníes que estaban dispuestos (y lo decían sin pudor) a matar a Salman Rushdie, terroristas sudafricanos, parejas de brasileños que pegaban regularmente a sus novias y éstas se defendían a sartenazo y berrido limpio, y otros especímenes semejantes. El milagro fue que, con tal vecindario, consiguiera aprobar el curso. Es verdad que tirité bastante durante el invierno, pero yo creo que no fue de frío, sino de las compañías que me rodeaban.

En mi segundo año, gracias al cielo, conseguí mudarme a una residencia más tranquila. Era una residencia católica y, como es normal, había cierta separación de sexos. Los tres pisos inferiores estaban ocupados por hombres, y los tres de arriba por mujeres. Claro que, por muy católica que fuera la residencia, estamos hablando de la Iglesia Católica en Alemania, que estaba pasando un tiempo algo alejada de las enseñanzas del Magisterio en materia de relaciones intersexuales. El mismo consiliario, que se supone que debería dar ejemplo, en realidad era notorio que lo del celibato no lo tenía demasiado claro, y no diré más.

En estas circunstancias, lo de la división por pisos era algo relativo, y más teniendo en cuenta que nadie ponía barreras en la escalera para subir o bajar. Más de una noche y más de dos pasaron las habitantes de los tres pisos superiores con sus respectivos novietes, que ni siquiera eran inquilinos de la residencia, y los trasvases entre los tres pisos de arriba y los tres de abajo eran por lo menos ocasionales. Yo recuerdo que subí unas cuantas veces arriba, donde había un par de compañeras de clase (y otras que no eran compañeras de clase, vale, pero que eran chicas muy... simpáticas).

Hacia abajo, es decir, de los tres pisos de arriba a los de abajo, las visitas eran mucho menos frecuentes. Yo sólo recuerdo una, a mi habitación, y debió ser a principios de diciembre, con una temperatura exterior de unos cero grados. Aquel día me estaba concentrando en escribir unos textos sobre la Organización Común de Mercados de Frutas y Hortalizas Frescas que tenía que presentar al director de mi tesina pocos días después. No pensaba más que en peras, manzanas, higos y cebollas, cuando sonaron unos golpecitos a la puerta.

Abrí, y era una chica. Oh.

Bueno, no era una chica cualquiera. Era Gudrun, una chica rubita, bajita, con gafas y voz profunda, alemana ella, vestida con pantalón y camisa, que vivía en el quinto piso y con la que había coincidido varias veces en la cafetería de la residencia o camino de la Universidad, y que por lo visto tenía más ganas de charlar un rato que de seguir empollando los pormenores del BGB.

- Hallo, Alfor! - dijo ella.
- Hallo, Gudrun! - dije yo.
- Was machst du? - preguntó ella.
- Nix besonderes... - mentí como un bellaco.
- Darf ich? - inquirió, ladeando un poco la cabeza.
- Natürlich, komm herein! - dije, reconociendo que la tesina tendría que esperar.

La chica entró, se sentó en la cama, que era el único sitio adecuado para ello, aparte de la silla que había estado calentando yo.

- ¿No hace mucho frío aquí? - preguntó Gudrun. Lo preguntó en alemán, claro, pero vamos a pasar al castellano.
- Bah, no mucho. Estamos en diciembre, qué se le va a hacer.

Gudrun, ya digo, iba vestida con una camisa y unos pantalones, y ya está. Yo llevaba un pedazo de jersey, como toda la vida en los inviernos de Valencia.

- ¿Es que no va la calefacción? - dijo Gudrun, mientras tiritaba.
- ¿Calefacción?
- Sí, debería estar ahí detrás.

Gudrun apartó unas cortinas y descubrió una especie de placa de hierro que yo veía por primera vez en toda mi vida. La palpó con las manos.

- Está helada...
- Sí, parece que no va... - dije yo, como si no quisiera reconocer que era la primera vez que paraba mientes en que eso podía ser algo que diera calor, como los braseros eléctricos de siempre.
- A ver - y Gudrun giró un mando que había al lado con unos numericos.

A mí se me estaba poniendo una cara de tonto que asustaba.

- ¡Sí que va! - exclamó Gudrun - ¡No me digas que llevas así todo el tiempo!
- Estooo... si no hace tanto frío...
- ¿Sabes? Creo que volveré dentro de un rato - y Gudrun se fue frotándose las manos para entrar en calor, y yo entré en calor inmediatamente sin calefacción ni nada. Al menos, las mejillas se me pusieron rojísimas.

Sí, hasta entonces, yo era un machote. Posiblemente ahí comenzó el fin. Creo que ya no apagué la calefacción hasta que la quitaron, en una acción de lo más "umweltunbewußt" que imaginarse pueda uno, pero que se compensaba con el resto del tiempo que había construido el Polo Norte en una sola habitación.

Claro, llegué en Navidades a Valencia, al brasero y a los jerséis de toda la vida y, mal acostumbrado a esas temperaturas, estaba congelado. Y eso es, creo yo, lo que les pasa (nos pasa, vale) a los moscovitas, que tienen veintipico grados y agua hirviendo corriente en sus casas, y llegamos a Valencia, vemos que la temperatura dentro de casa es de trece grados (sí, trece, así está ahora mi piso de Valencia) y les da un pasmo.

Y eso que, ahora, hay Climalit.

lunes 13 de febrero de 2012

Congelación

Pensáis que en España hace frío, ¿verdad? Y es verdad, hace frío, un frío que pela. Objetivamente, en Valencia debe hacer ahora mismo unos cinco grados, mientras que en Moscú hace... veintiocho bajo cero, que no está nada mal.

Ilustrémoslo esto con un chistecillo que me envió hace unos días un lector de la bitácora.

+18° C – En Hawaii usan dos mantas.
+10° C – En los edificios de Helsinki quitan la calefacción.
+2° C – Los coches italianos no arrancan.
0° C – El agua se congela.
-1° C – Ves tu aliento. Los rusos están tomando helado y bebiendo cerveza fría.
-4° C – Tu perro se mete en tu cama.
-10° C – Los coches franceses no arrancan.
-12° C – Los políticos empiezan a hablar de los vagabundos.
-15° C – Los coches americanos no arrancan .
-20° C – Oyes tu respiración.
-24° C – Los coches japoneses no arrancan .
-28° C – Tu perro se mete en tu pijama.
-29° C – Los coches alemanes no arrancan .
-30° C – No hay ningún coche normal que arranque.
-36° C – Los coches rusos no arrancan .
-39° C – Los rusos se abrochan todos los botones de la camisa.
-50° C – Tu coche se mete en tu cama.
-60° C – La gente en Helsinki están congelados. En Moscú se abrochan los abrigos.
-70° C – El infierno está congelado.
-72° C – Los abogados empiezan a ponerse las manos en los bolsillos.
-120° C – El alcohol se congela. Los rusos se ponen bastante nerviosos.
-273,15° C – Cero absoluto. Las moléculas dejan de moverse. Los rusos chupan el vodka congelado.


Este chiste da una imagen del ruso como un machote todoterreno que se caracteriza por su indiferencia frente al frío. Y por ello puede resultar sorprendente el hecho de que, al menos en mi opinión, los rusos (al menos los moscovitas) son bastante frioleros y que, en realidad, donde verdaderamente se pasa frío es en Valencia y los que aguantamos el frío a pecho descubierto somos los valencianos ¿Que cómo justifico esto? Me remito a la próxima entrada.

Ahora voy a hacer acopio de mantas y a tratar de caldear un poco la habitación, Dios mío.

viernes 10 de febrero de 2012

A -20º, todo vale para calentar el ambiente

Las manifestaciones del pasado fin de semana, para los que hayan estado siguiendo la prensa internacional, e incluso la prensa rusa, dan la impresión de haber sido un acontecimiento planetario que haya sacudido los cimientos de la sociedad rusa.

En realidad, y desde la perspectiva de los que vivimos aquí, apenas se notó.

Los que viven en las afueras, que son la gran mayoría de los moscovitas, no tuvieron ni que darse cuenta de que había unas cuantas multituditas dando la vara por el centro. Bastante había con los veintipico bajo cero, y bajo un sol de justicia helada, que nos estaban cayendo encima. Los que vivimos en el centro, vale, tuvimos que esquivar un par de marchas, pero tampoco hubo para tanto.

Se manifestaron los chicos de la oposición antisistema en Bolotnaya Ploschad. Bueno, digo "antisistema" por llamarlos algo y porque así los llama la gente, pero éstos se parecen tanto a los del 15-M como un ladrillo a una fiambrera. En realidad, son clase media, sector privado, y gentes, en general, poco amigas de violencias y de jaleos, aparte de cuatro bichos raros. Como siempre, el número de asistentes varía según las fuentes: los convocantes hablan de 120.000 y la policía de 35.000. Me conformo con 35.000 y voy a creerme que éstos no pagaron a nadie para que se manifestara con ellos. Siendo así, con el frío que hacía, convocar a 35.000 personas tiene mérito.

Rusia Unida logró juntar a muchas más de cien mil personas en Poklonnaya Gorá, por lo que tendrá que pagar una multa al municipio, al haber incumplido la petición de 50.000 manifestantes que habían realizado. Putin dice que él también se rascará el bolsillo y aportará algo, a pesar de que él no estuvo en la manifestación y ni siquiera pertenece a Rusia Unida. Voy a secarme la lágrima que me rueda por la mejilla...

Los participantes, al parecer, eran sobre todo trabajadores del sector público, probablemente con muchos menos rublos en el bolsillo que los de la otra manifestación, y ciertamente cabe la posibilidad de que haya habido algún toque en los centros de trabajo para que asistan, como sueltan a voz en grito los diarios de todo el mundo, enfadados porque haya más gente que sea partidaria de Putin, ese genocida, que de la oposición, que todo el mundo sabe que toca el arpa y tiene dos alitas que les salen de la espalda. Así y todo, yo no me termino de creer que alguien que no quisiera realmente ir a la manifestación de Putin haya terminado yendo a la fuerza. "Algo" de simpatía, o curiosidad, o lo que sea, sí que debían de tener.

La tercera manifestación en número de participantes, y de la que no ha hablado, naturalmente, ningún medio, más que esta bitácora, es la del LDPR, en plena plaza Pushkinskaya, que convocó, según fuentes del propio partido (creo que la policía ni se ha molestado en dar una cifra) a tres mil personas que estuvieron escuchando a Zhirinovsky y Anpílov, vaya par de dos. Zhirinovsky, por cierto, fue el único candidato a la presidencia que intervino en cualquiera de las manifas. Aúpa.

La cuarta fue la que me tocó las narices. Unos disidentes de la manifa gorda de la oposición, quejándose de que en la manifa principal había nazis y comunistas, montaron una diferente en prospekt Zajárova... que es la calle por donde vuelvo todos los sábados de la compra. Total, calle cortada, rodeo del quince, calles atascadas alrededor, y eso por un par de cientos de caprichosos que no se querían manifestar con el resto de la gente. Ojalá se les hubiera colado algún nazi. O comunista.

Como comer y manifestar, todo es empezar, los grupos convocantes le han tomado gusto al asunto. El 23 de febrero, que es festivo y Día del Defensor de la Patria (antes Ejército Rojo), los grupos patrióticos han convocado la suya, y Rusia Unida no podía faltar, ni los comunistas tampoco (en España los comunistas no me casan mucho con el término "patriótico", pero aquí son lo más de lo más), con lo que va a haber dos manifas más. Los opositores se decantan más por el 26 de febrero que, aunque es domingo, creo que es laborable.

Qué murga, tú. Sólo espero que para entonces no haga tanto frío.

Y, a todo esto, a mí me está empezando a recordar esto una situación histórica parecida, en que el poder tenía la mayoría de las simpatías de la gente, pero acabó habiendo una revolución. Rusia Unida no es el gobierno zarista, ni la oposición es precisamente el partido bolchevique, por eso supongo que la cosa no irá por ahí, pero las comparaciones son dignas de un análisis.

Pero eso será otro día. Hoy se hace tarde.