lunes, 1 de octubre de 2018

El obispado de Iprés

Iprés era una ciudad razonablemente importante en los albores de la Edad Moderna. En 1561 pasó a ser sede episcopal, y la iglesia de San Martín pasó a ser, por lo tanto, catedral. El obispado duró hasta 1801. En aquella época, Napoleón se había hecho con los Países Bajos y, en virtud del Concordato de 1801, deshizo el obispado y lo fusionó con el obispado de Gante. Hoy no pasa de sede titular, desde 1969, que no es lo mismo ni mucho menos. Por cierto que su obispo titular actual es el auxiliar de Bruselas y Malinas, Jean Kockerols.

Dieciocho obispos tuvo Iprés entre 1561 y 1801. Sus retratos están expuestos en la iglesia de San Miguel, patrón de la ciudad y sede episcopal que fue. De entre ellos, destaca fuertemente uno de ellos, Cornelio Jansenio, obispo entre 1635 y su muerte en 1638. Sin duda alguna, es con mucho el más famoso de los dieciocho.

Jansenio es una de esas personas lo suficientemente importantes para dar su nombre a una herejía en la Iglesia Católica, el jansenismo, de la que hoy no se acuerda casi nadie, pero que en los siglos XVII y XVIII hizo correr ríos de tinta, más que nada porque se ocupaba de un asunto que entonces estaba en el propio núcleo de las guerras de religión. Este asunto es el de la justificación y el de la superación del pecado para salvar nuestra alma. Hoy en día, en este mundo moderno en que nos ha tocado vivir, el pecado es algo sobre lo que pasan a hurtadillas los propios sacerdotes católicos, salvo unos cuantos héroes que no se casan con nadie.

Pero, en los albores de la Edad Moderna, las cosas no eran exactamente así. En aquel tiempo, la humanidad era tremendamente consciente de que el diablo estaba ahí, acechando, empujando a la gente a pecar, y que, por si fuera poco, la naturaleza humana, con su tendencia al mal desde el pecado original, no ayudaba lo más mínimo. Sin embargo, por muy pecadores que seamos, la posibilidad de salvarse existe; de lo contrario, Jesucristo habría venido al mundo y habría padecido lo que tuvo que padecer absolutamente para nada, cosa que uno no espera de Dios. Si Dios hace algo, es por algo.

Entonces, si somos pecadores, pero nos podemos salvar, hay básicamente dos posibilidades: que el hombre tenga en sí mismo la fuerza para superar su tendencia a pecar, o que no la tenga, pero que Dios se la infunda. Es decir, que le dé su gracia.

Como en casi todas las herejías, hay dos posturas radicales, y la postura ortodoxa no es ninguna de las dos. La primera postura radical es la de que el hombre se basta para superar el pecado y salvarse, sin gracia ni gaitas. El primero en predicarla fue Pelagio, un teólogo (vamos a llamarlo así) del siglo V, y por eso esta postura se conoce como pelagianismo. Para demostrar que esta postura es la correcta hay que ser muy optimista, pero además muy, pero que muy, rigorista. Los pelagianos no eran precisamente la alegría de la huerta, cosa lógica, porque, si tu idea es que con tu solo esfuerzo puedes alejarte del pecado, lo menos que puedes hacer es esforzarte. Y ellos lo hacían y, claro, iban todo el santo día con cara de esfuerzo.

El mayor opositor de Pelagio fue un contemporáneo suyo, San Agustín de Hipona, uno de los grandes doctores de la Iglesia, pero el que llevó la oposición a Pelagio hasta la posición diametralmente contraria fue un monje agustino que vivió en el siglo XVI y que atendió en español por Martín Lutero. Lutero era muy pesimista con respecto a la naturaleza humana. Pensaba que el hombre no tenía manera de escapar del pecado. Ciertamente, él debía ser un buen ejemplo de eso, y además parece que tenía el ego muy subido, así que debía considerar imposible que hubiera gentes mejores que él. Si él no podía escapar del pecado, entonces nadie podía hacerlo, y sólo Dios podía llegar a hacerlo posible mediante su gracia. Yendo aún más allá, Lutero negó todo valor a las buenas obras, que ya son ganas de desmotivar al personal, y consideró que sólo mediante la fe se podía obtener la gracia.

El colmo de la oposición a Pelagio llegó con un hereje de la época de Lutero, Juan Calvino, el dictador de Ginebra. Calvino elaboró la teoría de la predestinación, que viene a decir que Dios ya ha decidido quién va a salvarse, y que lo que hagamos nosotros es totalmente indiferente. Normalmente, eso hubiera debido conducir a un desenfreno brutal, porque, si Dios ya ha decidido lo que va a pasar, ¿por qué dedicarse al desfase? Sin embargo, Calvino añadió un elemento interesante: Dios ya ha decidido quién se va a salvar, pero no nos lo ha dicho, y nosotros lo podemos saber únicamente mediante indicios. Si tienes éxito en la vida, es señal de que Dios te ha mirado bien, así que puedes avanzar hacia el futuro ultraterrenal con confianza; en cambio, si eres un mendrugo, se siente, pero le vas a hacer compañía a Pedro Botero. No entiendo cómo una doctrina como ésta pudo colar entre gentes cuyo Dios nació en un pesebre y fue crucificado de mala manera, pero sí, parece que coló.

La consecuencia de esta doctrina en el comportamiento de las gentes fue que todos querían que la gente supiese que Dios les había predestinado para salvarse, así que tenían costumbres morigeradas, frugales y parcas, además de buscar el éxito en la vida. Es curioso, pero los calvinistas, totalmente opuestos a los pelagianos, terminaron siendo tan cenizos y tan avinagrados como ellos.

La respuesta católica está por ahí en medio y se basa en la cooperación entre hombre y Dios. El hombre solo no puede salvarse, porque su naturaleza está demasiado deteriorada; pero Dios, será todo lo omnipotente que queramos, pero tampoco puede salvarnos él solo si nosotros no queremos. Es curioso. El hombre no puede salvarse solo... pero sí puede condenarse solo, y si así lo decide, Dios respeta eso con todo el dolor que se quiera y no toca la libertad de su criatura. Ese Dios no tiene nada que ver con el de Calvino, que ha predestinado milimétricamente a cada uno de nosotros hasta convertirnos en una especie de marionetas. En palabras, muy repetidas, de San Agustín: "Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti." ¿No es bonito, un Dios que coopera contigo?

La orden creada para luchar contra el protestantismo fueron los jesuitas, que crearon un colegio en Lovaina que le empezó a hacer la competencia doctrinal a la Universidad Católica. Los jesuitas, para luchar mejor contra los protestantes, digamos que ponían el acento en las obras humanas. Mientras Lutero venía a decir que las obras no servían para maldita la cosa, los jesuitas decían que de eso nada, y que desde luego servían. Y es posible que alguno diera la impresión de estarse pasando de la raya, porque los debates es lo que tienen. Empiezas discutiendo con uno, y acabas sorprendido de las burradas que dices a fuerza de oponerte.

Los jesuitas, en los Países Bajos españoles, abrieron un centro de estudios teológicos en Lovaina. Nada menos que en Lovaina, sede de la universidad por antonomasia de la zona, con su pulquérrima cátedra de Teología. Los celos entre los jesuitas y los teólogos oficiales de Lovaina llegaron a extremos inusitados, y si no llegaron a las manos en sus controversias es porque, después de todo, eran gente educada y flojucha que no debía tenerlas todas consigo a la hora de sacar los puños a relucir.

Jansenio, que era profesor en Lovaina, se las tuvo con los jesuitas y, a la vez, estuvo bajo sospecha de querer sacar a los Países Bajos de la Monarquía Hispánica, pero logró zafarse de sus acusaciones y, al cumplir los cincuenta años, le tocó el bingo en forma de nombramiento de obispo de Yprés. Allí se dedicó a escribir a troche y moche la obra de su vida, el Augustinus, pero no llegó a verlo publicado, porque a los tres años de llegar a Yprés la palmó. Como el interés de Jansenio era seguir siendo católico, pero oponerse a los jesuitas sin llegar a protestante, le salió un texto no demasiado claro y que cada lector interpretaba como podía. Hay que reconocer que, entretanto, los jesuitas, que en aquellos tiempos hablaban con claridad, han acabado escribiendo frasecitas que cada cual interpreta, y nunca mejor dicho, como Dios le da a entender; ahí tenemos de ejemplo al Papa reinante, que es jesuita, y que a veces no acaba de dejar claro si sube o baja. Y eso sin ser gallego.

Pero ya va siendo hora de alejarnos de Yprés, y vamos a pasar un poco más al sur de los que fueron Países Bajos españoles. Hoy, la ciudad que será próximo destino de este viaje está bajo poder de la República Francesa, sucesora de la monarquía que se apoderó de la ciudad al final del siglo XVII.

Toca, pues, viajar a Lila. Todo será que no tarde dos meses en escribir algo sobre la ciudad...

martes, 24 de julio de 2018

Iperita

Vamos a comenzar esta sección con una visita a la ciudad de Yprés, una ciudad medieval completamente falsa, porque en realidad la totalidad de sus edificios fueron construidos en la década de 1920, eso sí, de acuerdo con lo que había sido la ciudad con anterioridad.

El nombre de la entrada tiene relación con el gas mostaza, una de las primeras armas de destrucción masiva, que los alemanes utilizaron en Yprés durante la Primera Guerra Mundial, y que por eso acabó llamándose iperita, un nombre tan macabro como una buena parte de la ciudad. La ciudad fue completamente destruida durante la Primera Guerra Mundial. Los alemanes rodearon la ciudad de trincheras prácticamente a lo largo de cuatro años, entre finales de 1914 y septiembre de 1918. Cinco batallas de gran envergadura se desarrollaron en sus alrededores, obviamente precedidas del correspondiente apoyo artillero.

En la primera, los aliados desalojaron a los alemanes, que por un corto espacio de tiempo se habían adueñado de la población. La segunda fue un intento alemán, fracasado, de hacerse con la ciudad, y se hizo famosa por ser la batalla en la que se dio uso militar al gas venenoso por primera vez. La tercera, entre junio y noviembre de 1917, fue un ataque aliado con el objetivo de aislar las bases submarinas alemanas por tierra. Salvo la conquista de una posición, que los alemanes reconquistaron pocos meses después, fue un fracaso que, además, causó más de medio millón de bajas.

La cuarta batalla de Ypres, a comienzos de 1918, fue un ataque alemán igualmente infructuoso, que se canceló con el fin de concentrar esfuerzos para la última ofensiva alemana contra París. Y la quinta, finalmente, fue una batalla librada en el contexto de la ofensiva aliada de los cien días, que, esta vez sí, tuvo éxito y terminó con la capitulación del Imperio Alemán.

Literalmente, no quedó piedra sobre piedra, como se ve en la foto, tomada en agosto de 1918, justo antes de la quinta batalla, la que finalmente alejaría el frente de la ciudad. Los habitantes, que habían sido evacuados a la fuerza, si no habían puesto antes pies en polvorosa, comenzaron a llegar tras el armisticio, pero lo de recuperar sus casas llevó tiempo. Primero les alojaron en casas de madera provisionales. Luego, llegó el debate si convenía reconstruir la ciudad o no. Alguien tan relevante como Winston Churchill sugirió no reconstruirla y dejarla en el estado en que había quedado, como un monumento a los horrores de la guerra. Una especie de Belchite, vamos. La segunda opción hubiera sido la opción Róterdam: construir en plan más moderno. Los habitantes se negaron a tal cosa también y decidieron reconstruir la ciudad exactamente (bueno, o casi) como había sido en su tiempo.

Ha sido un éxito. Han tardado años, y ciertamente el dinero para la reconstrucción, en buena parte, vino de las reparaciones alemanas, lo cual fue de lo más lógico en este caso, porque el que rompe, paga.

En la foto, además, aparece la plaza mayor de la ciudad, con el edificio que alberga el museo, impresionante, sobre la Primera Guerra Mundial en la zona. Para no perdérselo de ninguna manera. A uno se le hace un nudo en la garganta al darse cuenta del despropósito que se estaba montando, y hasta qué punto aquello no valió la pena en absoluto. En este año en que se cumple el centenario del fin de la gran guerra, no es mala cosa darse cuenta de que ciertas cosas no deberían producirse bajo ningún concepto. Cerca de un millón de personas, que se dice pronto, causaron baja defendiendo o atacando unas trincheras anegadas donde, como mucho, sólo las ratas podían sentirse a gusto.

Aparte de una ciudad renacida, Ypres es un inmenso cementerio militar. Al pasar por allí, había un número bastante abundante de turistas, casi todos ellos anglófonos, y algún grupo escolar. El monumento de la foto es la puerta de Menen, donde hay una lista enormes de nombres grabados sobre la piedra, que se corresponden con los caídos cuyos cuerpos no fueron encontrados. Hay como para tragar mucha saliva cuando uno piensa qué puede haber pasado con ellos, destrozados por la metralla, comidos por los lobos o abandonados en tierra de nadie entre trincheras, porque a ver quién era el guapo que salía a recogerlos. Y forman una lista que cubre completamente el monumento. Porque los cuerpos que sí se encontraron y no fueron repatriados están en los cementerios militares, también impresionantes, y que son lugar de peregrinación de todo tipo de visitantes, quizá muchos de ellos militares o sus descendientes.

Ypres, pues, una vez reconstruida, se ha convertido en un memorial dedicado a la Gran Guerra y a lo absurdo del nacionalismo belicoso, algo que, en los tiempos que corren, parece conveniente recordar.

Pero Ypres no sólo es Primera Guerra Mundial. Tiene un pasado anterior, aunque la guerra lo arrancara de la faz de la tierra. Hay un museo histórico, que no pude ver esta vez por falta de tiempo, y que queda para otra ocasión (y, Dios mediante, la habrá), y también hay una catedral, porque, en su día, Ypres llegó a ser sede episcopal.

Hacia la catedral toca encaminar nuestros pasos, pero de las impresiones de la misma tocará escribir en otro momento, porque hoy ya es tarde.

viernes, 20 de julio de 2018

Viajes por los Países Bajos

Si, en los primeros tiempos de esta bitácora, había una sección llamada "Viajes por la ex-URSS", lo lógico es abrir ahora, una que recoja los viajes que vaya haciendo por esta región de Europa. Vale. Técnicamente, los Países Bajos son hoy lo que en España conocemos, bastante impropiamente, como Holanda, pero hay mucho más ¿Por qué Bélgica o Luxemburgo no van a ser 'Países Bajos'? Formaron parte del Reino de los Países Bajos entre 1815 y 1830 (Luxemburgo, incluso, un poco más) y, si se separaron, fue por un quítame allá una revolución o, en el caso de Luxemburgo, porque las leyes sucesorias tienen su importancia, y la Unión Europea no las había armonizado en el siglo XIX, ni ahora.

"Viajes por la ex-URSS" fue una sección que me encantaba escribir, a lo que se añadía que pocos españoles habían escrito sobre los sitios a los que yo me desplazaba, lo cual me daba incluso la impresión de estar hollando terreno inexplorado. Aquí, claro, las cosas son diferentes. Los españoles no es que hayamos pasado por aquí, es que en su tiempo éramos los amos del cotarro, hasta el punto de que buena parte de las ciudades de por aquí tienen nombre españolizado y español, cuando la pronunciación del lugar en neerlandés se le atragantaba a las cuerdas vocales de los españoles de entonces. No tiene mucho sentido españolizar Breda, que cualquier español pronuncia sin esfuerzo, pero, claro, cuando la ciudad se llama 's Hertogenbosch, la cosa cambia. Bastante es que te estés dejando la piel para poner el mundo a los pies del Rey de España, como para que encima te toque aprenderte los nombres de las ciudades en esa jerigonza incalificable.

Total, que 's Hertogenbosch pasa a ser Bolduque, del francés Bois-le-Duc, que es la traducción literal del nombre neerlandés. Vlissingen pasa a ser Flesinga, que dónde vamos a parar y, por ejemplo, la capital de Zelanda, Middelburg, pasa a ser Medialburgo, que podría estar perfectamente en Castilla la Vieja.

Y así casi todas. Las que no han sido españolizadas es porque nuestros antepasados consideraron que ni siquiera merecían la pena, lo cual más bien redunda en desdoro de las ciudades en cuestión.

En el mapa aparece la situación de los Países Bajos, todos, en 1572, justo antes de que la situación se torciera definitivamente. Ya se ve que son mucho más que los Países Bajos actuales, y que hasta entran en el actual Norte de Francia, con lugares como Valencijn, que hoy es la ciudad francesa de Valenciennes y que los españoles de entonces llamaron Valenciana, muy gallardamente. La otra ciudad que llama la atención es Rijsel, que a ojo no nos suena de nada, pero que se trata de Lila (Lille, en francés).

En fin, que éste va a ser el teatro de operaciones de esta sección, pero que habrá que esperar a otro momento a comenzar, porque, Dios mío, no son horas.

miércoles, 18 de julio de 2018

Revisando la barra de la derecha

Un día u otro tenía que ser.

Y parece que va a ser éste.

Después de pasar el mal trago de enterarme del fallecimiento de Miguel, era inevitable darse un garbeo por la barra de la derecha para evaluar el estado de salud de la rusosfera en castellano y, llegado el caso, para podar lo que ya no tuviera sentido mantener. Digamos que es una especie de ¿qué fue de...?, eso que sale con relativa frecuencia en los medios escritos para despertar la nostalgia de los lectores mayores, es decir, de los que todavía leen algo, porque los más jóvenes, lo de interpretar letras colocadas de forma consecutiva, como que lo aprecian poco.

¿Qué fue de "Soviet Russia"?

Soviet Russia fue, en su día, una notable sorpresa en la rusosfera. A su frente estaba Xavi, un catalán que, por esas cosas que pasan en la vida y que me contó con cierto detalle las veces que nos vimos en Moscú, acabó viviendo nada menos que en Omsk, desde donde se hizo un nombre en el panorama blogosférico en español. Su gran momento de gloria llegó con el 15-M, cuando se convirtió en una estrella mediática. El problema es que ya entonces las actualizaciones de su bitácora eran muy esporádicas, y de hecho ya no volvió a haberlas. Xavi consiguió montar una empresa farmacéutica y, cuando le perdí la pista (aunque sigue de contacto mío en LinkedIn), la estaba levantando a base de bien. Se mudó a Moscú, lo cual le facilitó las cosas, pero, claro, perdió el encanto de Omsk. Espero que le vaya estupendamente y que su vida personal le sonría (la laboral parece que lo hace),pero voy a proceder a tachar su bitácora de la barra de la derecha, porque es pinchar en cualquier enlace de "Soviet Russia", y te sale cualquier porquería.

Curiosidades de Rusia y otros lugares

Lo llevaba Albert, creo recordar, que escribió también bastantes comentarios chispeantes por aquí. Supongo que un buen día eliminó su bitácora y hasta ahí llegamos. Digo yo que alguien ocuparía su dominio, porque si miro a la barra derecha, antes de hacer fenecer el enlace, veo un texto que he conseguido identificar como indonesio, con un tipo con un huevo frito sobre la cara, y que dice: Telur sumber protein terbaik sekaligus termurah. Namun, masih banyakyang perlu Anda ketahui lebih jauh tentang telur. Rasanya tak ada orang yang tak kenal.... Lo he conseguido traducir al castellano y reza lo siguiente: Los huevos son la mejor fuente de proteína a la vez más barata. Sin embargo, todavía hay mucho más que debes saber sobre los huevos. Parece que nadie sabe....

Me parece muy bien, pero no seré yo quien mantenga más años ocupando espacio una bitácora tan poco relacionada con lo que la mía es o ha sido.

Ekinoterimburgo

Para mi sorpresa, después de seis años sin actualización alguna, la bitácora de Kinomendi sigue funcionando y los enlaces llevan a donde solían. Kino llegó a Moscú a trabajar en la sección de un tipo bastante difícil de calificar y a quien todos los lectores de esta bitácora conocen bien, porque es el autor de la misma. Nos llevamos muy bien hasta que le llegó el momento de partir. Más adelante se fue a trabajar a Ekaterimburgo (donde lo visitamos, claro), y estuvo allí varios años, hasta que el proyecto en el que trabajaba terminó, pero no su estancia en Rusia, porque saltó a formar parte de la pequeña colonia española que se terminó formando en Kaluga. Si no me equivoco, sigue por allí, pero desde luego ocupado en menesteres diferentes a actualizar su bitácora.

Desde mis gafas

La bitácora de César lleva en estado de hibernación desde agosto de 2014. Desde entonces ha llovido muchísimo, incluso en Almería, aunque las últimas entradas parecen de rabiosa actualidad. César tenía una bitácora muy popular en la rusosfera en castellano, y siempre tuvo una actitud cordial hacia el que esto escribe, que le correspondió lo mejor que supo. Da la impresión de que no tiene ninguna intención de volver a escribir, y en todo caso yo le he perdido la pista completamente, así que creo que su bitácora va a ir incluida en la limpia que estoy preparando.

Sacerdotes en Rusia

También sigue funcionando. Nunca fue muy prolífico, la verdad, salvo en los comienzos de 2006. Al año siguiente el número de entradas anuales se redujo considerablemente y ya siguió en un estado más o menos comatoso hasta el silencio de los últimos cinco años. Uno es muy creyente, y la Iglesia Católica en Rusia le parece una aventura encantadora, y Soloviov es un tipo de lo más interesante, pero todo tiene un límite, y cinco años sin escribir ni una línea lo han sobrepasado.

Vamos a dejar la purga aquí. El resto de las bitácoras está en un estadio más o menos renqueante, pero sus autores se han tomado la molestia de escribir algo durante el último año, así que les daremos un voto de confianza. Y un voto mucho más grande se lo daremos a la esposa de Miguel, el autor de Rusadas y que, tras varios meses de silencio, se ha arrancado con la tarea de continuar el legado de Miguel. Mucho ánimo y, sobre todo, mucha calma y atención a no hacer nada una vez se haya hecho tarde.

Como ahora mismo, por ejemplo. Así que corto por hoy, a la espera de seguir pensando qué hacer, porque, diantre, si he dado de baja unas cuantas bitácoras, no estaría de más dar de alta algunas otras.

lunes, 9 de julio de 2018

El mejor de la barra de la derecha

El poco tiempo de que dispongo para conservar mínimamente viva la bitácora ha tenido como efecto que haya descuidado bastantes tareas que deberían formar parte del mantenimiento más elemental de la misma. Una de ellas consiste en echar un vistazo a los enlaces que yo mismo propongo en la barra de la derecha. Todos ellos hacen referencia a bitácoras que seguía cuando estaba en Moscú y tenía suficiente tiempo (o ilusión, vaya usted a saber) como para echar un ojo a la actualidad de la rusosfera. Al llegar a Bélgica, durante los primeros meses, seguía con un ojo y un pie en Rusia, así que no dejaba de seguir lo que pasaba por allá, y la barra derecha tenía una utilidad incluso personal.

Con el tiempo, sin embargo, la temática de la barra derecha se ha quedado disociada de la evolución de la bitácora. Qué le vamos a hacer. Le sigo teniendo mucho cariño a Rusia, porque, ya se sabe, una vez que sale uno del país, y sólo entonces, es cuando puede convertirse en rusófilo, pero el cariño no paga las facturas, y al fin y al cabo donde me gano las lentejas es en Bélgica.

Sin embargo, finalmente, y aprovechando que en julio Bélgica se para hasta tal punto que ni siquiera hay disturbios con las victorias de su selección en el Mundial de fútbol, he podido escribir alguna entrada y echar un vistazo a la barra de la derecha.

Me llamó la atención, en un primer momento, el hecho de que la bitácora de Rusadas llevara tiempo sin actualizarse. Miguel, el autor de la misma, siempre había sido un bloguero indomable, de los de entrada prácticamente diaria. Entré un poco mosqueado en la última entrada, del 31 de marzo de 2018, y me llevé el mazazo al leer el mensaje, escrito por su viuda, de que Miguel había fallecido en abril.

Inevitablemente, he tenido que recordar la entrada de esta bitácora en que Miguel fue el protagonista absoluto, cuando, allá por febrero de 2012, decidió borrar su bitácora entera, dando un susto a todos sus seguidores. Volvió al cabo de muy poco tiempo, y no puedo evitar pensar si, en aquel entonces, la reacción que tuvo no sería causada por alguna mala noticia sobre su salud, que ha terminado por fallarle. Nunca dijo nada a quienes le seguíamos, salvo en el último párrafo de su última entrada.

Miguel, además de un autor excelente, con unas entradas muy cuidadas y documentadas de manera exhaustiva, tenía algo más importante todavía. En un tiempo en el que cualquiera con acceso a un teclado se cree el rey del mambo, él era tan amable en sus comentarios como lo era con sus entradas. Escribió muchos comentarios en esta bitácora, y todos ellos fueron comedidos y atinados. Incluso quizá tuvimos la ocasión de haber compartido una cerveza, aunque, eso sí, sin ponernos de acuerdo sobre la cerveza de qué zona es la mejor. Ahora lamento mucho no haber hecho algo por seguirle la corriente y haber buscado la forma de quedar, porque Miguel debía ser de esas personas con cuya sola proximidad ya aprendes algo.

De momento, nos queda su bitácora, pero a los que lo apreciamos siempre nos quedará, igualmente, su recuerdo. Entretanto, espero que haya encontrado la paz y que Dios lo tenga en su gloria.

Y, para llegar hasta allí, nunca es tarde.

martes, 3 de julio de 2018

Presión

La presión continúa. Al mismo tiempo que el puñetero recibo del impuesto equivalente al IBI belga, que es una clavada de aquí te espero, ha aparecido en el buzón no un pasquin partidista, sino una sibilina carta de la misma administración que me fríe a impuestos.

Señora, señor, (traduzco del francés, que mi flamenco aún no llega a tanto. En francés no son muy mirados con los encabezados de las cartas)

Es usted ciudadano de la Unión Europea y vive en un municipio de Bruselas, por lo que puede votar el 14 de octubre en las elecciones municipales.
(Ya me han descubierto)

En Bruselas, los europeos representan más de un elector potencial de cuatro. Por eso es importante escuchar su voz.

Las decisiones del municipio tienen un impacto directo sobre su vida cotidiana: la gestión de las obras públicas, los colegios municipales, los parques, las basuras...
(Las basuras...)

Por medio de su voto, usted participa en el futuro de su municipio, usted influye sobre el modo en que será gestionado. Así, votando, elige usted a las personas que le representarán en el consejo municipal durante los seis próximos años. Los ciudadanos europeos también pueden presentarse como candidatos a a las elecciones municipales.

Para poder votar, debe usted simplemente completar el formulario anexo de solicitud de inscripción en la lista de electores. El formulario debe ser enviado por correo postal (con el sobre adjunto, que ya lleva escrita la dirección) o entregado personalmente al negociado de población de su municipio. Le fecha límite para la entrega del formulario es el 31 de julio de 2018.

Participando en las elecciones municipales, no pierde usted ni el derecho a voto en su país de origen, ni su derecho de voto en las elecciones europeas.

En cuanto esté usted inscrito, el voto será obligatorio, debe usted ir a votar el 14 de octubre. Sin embargo, podrá usted darse de baja de la lista si cambia de opinión, excepto entre el 1 de agosto y el 14 de octubre de 2018. Para ello, no tiene más que enviar una carta firmada a su municipio manifestando su deseo de darse de baja.
(Nótese la facilidad para darse de baja. Me pregunto cuánta gente votaría si el voto no fuera obligatorio)

¿Quiere usted votar, pero no estará usted presente el 14 de octubre?
No hay problema, puede usted otorgar un poder a una persona de confianza para que vote en lugar de usted. Deben ustedes rellenar y firmar juntos el formulario de apoderamiento y adjuntar los documentos que justifiquen su imposibilidad de votar en persona el 14 de octubre.

¿Votó usted en las elecciones municipales de 2012?
Entonces está usted inscrito automáticamente para las elecciones municipales de 2018, y usted no debe volver a enviar el formulario de solicitud de inscripción. Así pues, no debe usted hacer nada.

Si busca usted más informacón, puede usted consultar el sitio www.elections2018.brussels o contactar su municipio.

Tenga la seguridad, señora, señor, de mi consideración distinguida.
(Todo lo que son de secos con el encabezado, lo son de redichos con las despedidas)

(firma)


Me lo voy a pensar. Y lo voy a pensar mirando la factura de casi tres mil euros que me han enviado para pagar el equivalente al IBI. Y eso que en el gobierno municipal y regional están los liberales, que se supone que quieren un estado pequeño y e impuestos bajos. El día que manden los comunistas, no quiero ni pensarlo.

viernes, 29 de junio de 2018

El Kazakhgate

Este municipio de ochenta mil habitantes mal contados se vio sacudido el año pasado por la dimisión de su alcalde, Armand De Decker. Para sucerderle, dieron un paso al frente dos candidatos, Marc Cools y Boris Dilliès, que fue quien se llevó el gato al agua. Es bastante evidente que eso no le gustó ni un poquito al otro candidato, y la prueba es que lo tenemos ahí, repartiendo pasquines por los buzones y tratando de hacerse un hueco en el espacio político de Uccle, a costa, se supone, de su anterior partido.

Ideológicamente, yo diría que las diferencias entre el MR y la lista de Marc Cools son totalmente inexistentes. Uno entra en la página web de Marc Cools y lo primero que dice es que es liberal. Tengo el tufillo de que, cuando uno se define así de buenas a primeras, es porque la masonería sigue siendo una sociedad secreta y sus miembros tratan de ocultar su pertenencia, y se limitan en cambio en alardear de liberalismo.

Más aún. Uno sigue escudriñando entre los candidatos de su lista, y hay reconocer que Marc Cools ha intentado meter cuotas de todo tipo. Sin embargo, llama poderosamente la atención su número dos, que se apellida Lederman y que trabaja en el servicio social judío. Uno tiene la vaga impresión de que la candidatura de Uccle en Avant tiene mucho de conspiración judeomasónica.

La tal Lederman, además, es francesa, y es que resulta que en Uccle viven un porrón de franceses. Los franceses, con eso de que hablan francés y tal, pasan completamente desapercibidos en Uccle, pero ya lo creo que existen, hasta el punto de que por ahí cerca está el Liceo Francés. He leído que son unos diez mil, lo que querría decir que uno de cada ocho habitantes de este municipio son franceses, de manera que no es extraño que las diferentes candidaturas quieran tener su cuota de franceses fetén, para asegurarse que los franceses de por aquí tienen un incentivo para votarles.

Así pues, la candidatura del MR, el partido hegemónico de por aquí, sufrió la baja de su cabeza de lista y alcalde de Uccle. Sucedió eso a causa del "kazakhgate", un asunto no muy limpio que se refiere, por una parte, a la adquisición de la nacionalidad belga por parte de Fattoj Shodíev (el tipo de la foto, sí), que hoy es belga, sí, pero que nació soviético y pasó a ser kazajo cuando ser soviético se convirtió en imposible por falta de país. Por otra parte, el asunto se refiere a la tramitación de una ley sobre transacciones jurisdiccionales en materia penal que permitió a Shodíev, cliente de De Decker, de escaparse de una condena penal, cosa por la que, evidentemente, a nadie le hace gracia pasar. De Decker, además de presidente del Senado belga y alcalde de Uccle, parece que ejercía de abogado, lo cual ya nos indica que lo de las incompatibilidades no es una prioridad en Bélgica. Él niega, hasta donde he podido descubrir, cualquier implicación en el ajo, pero de momento ha dimitido y, como hemos visto, ha desatado las rencillas del candidato a la alcaldía que no la pudo obtener.

No creo que me merezca la pena votar por Marc Cools. Aparte de que alguien que se presenta a las elecciones por puro despecho no da muy buena espina, lo cierto es que no tiene pinta de haber cambiado un poquito su posición política, por mucho que ahora vuele solo y no esté sujeto a la disciplina de partido alguno. Yo no es que sea muy fan de Franco, la verdad sea dicha, pero realmente la candidatura de nuestro disidente es demasiado masónica y judía para como atraerme lo más mínimo.

Será cosa de buscar otro candidato. A ver si sale alguno que abogue por poner carriles bici por doquier y por limitar la tenencia de automóviles a aquéllos que dispongan de una plaza de garaje.

I wanna Grezzi...