martes, 16 de septiembre de 2014

Adolescentes saboteadores

El período vacacional hace ya un par de semanas que ha tocado a su fin. Hemos vuelto a Bruselas, y todo el mundo se hace lenguas de lo bien que lo ha pasado en vacaciones, de lo preciosa que es Figueira y su 'praia', y de que ha hecho muy buen tiempo y que vuelven con las pilas cargadas.

Yo, por mi parte, tengo las pilas mucho más descargadas que antes de irme. He pasado dos semanas, padeciendo los cuarenta y pico grados que han caído en Valencia, acompañado de tres saboteadores que se negaban a ejecutar cualquier plan que implicara abandonar el salón del piso y aplicar un esfuerzo físico cualquiera, por mínimo que fuera. Y, claro, cuando cuatro personas se juntan en un espacio físico reducido, de temperatura elevada, sin aire acondicionado, y con el único objetivo de sentarse delante de una pantalla y ver lo que echan, es resultado es explosivo. Sobre todo cuando existe un mando a distancia y la posibilidad de escoger, entre distintas opciones (a cual más espantosa, pero ése es otro asunto), cuál queremos que aparezca en pantalla. No ha habido muertos porque hay unos límites morales, no sé si impuestos por la sociedad o por quién, que no se han sobrepasado. Por poco, vale, pero no se han sobrepasado.

Así que mis dos semanas de vacaciones han sido una agonía incesante, una lucha por apartar a mis tres vástagos de la pantalla y de conducirles a actividades más sanas que se negaban siquiera a plantearse. A duras penas conseguí llevarles al monte dos veces, y a montar en bicicleta por la ciudad, incluyendo un bonito trayecto hasta la playa, otras dos; el resto ya me fue imposible. El resultado no es sólo la tensión resultante de apretujarse en un espacio cerrado, sino que tengo la horrorosa sensación de haber perdido lamentablemente dos semanas de mi vida, y no dos semanas cualesquiera, no, sino las dos semanas que debían servir para poder decir, como mis compañeros de trabajo, que llego con las pilas cargadas después de haber disfrutado como un enano en Figueira o donde haga falta.

Lo único que puedo decir yo es que, comparado con lo que he pasado, las negociaciones con el comité de personal del curro son una balsa de aceite, y eso que los miembros del comité de personal son unos sindicalistas empecinados capaces de pasarse horas discutiendo la colocación de las comas en el convenio. Pues, al lado de mis hijos, son la benevolencia personificada. Casi tengo ganas de meterme en la próxima negociación que, después del entrenamiento veraniego que llevo, estoy seguro de que voy a ganar de calle.

jueves, 28 de agosto de 2014

Adolescencia

- Mamá - decía Abi por teléfono a su madre -, ya tengo quince años. Soy mayor. Quiero que me compréis zapatos de tacón.

- ...

-¿Que qué dice papá? Espera que baje del tobogán y le paso el teléfono.

- ...

- ¡Mamá! ¿De qué te ríes?

Es mayor. Ya.

viernes, 22 de agosto de 2014

Temperamento de vacaciones

El período de tranquilidad de la primera quincena de agosto ha tocado a su fin. Muchos entrenes, un par de viajecitos a ciudades cercanas, temperaturas en descenso, lluvias... los habitantes de Europa Central no notamos en demasía que haya llegado el verano. O bien es que no se ha quedado mucho tiempo. Jubilosos, nos quitamos casi toda la ropa, alegres de que en estas semanas de actividad reducida la etiqueta en el trabajo sea mucho menos estricta y podamos dejar los trajes en el perchero. Al poco tiempo, el júbilo fue decayendo, mientras uno recuperaba por las noches esa mantita que se había quitado poco menos de una semana antes, y por las mañanas veía unos nubarrones que no presagiaban nada bueno. O, al menos, nada seco.

Por fin, ha llegado el día de las vacaciones. Ya era hora. Del curro me voy directo al aeropuerto, sin pasar por casa ni cambiarme de ropa. Autobús, aeropuerto, avión, aeropuerto, metro, hasta que emerjo al exterior en Madrid, con sus treinta y pico grados, y yo con un jersey de cuello alto, que hasta entonces, con el aire acondicionado en todos los sitios, no me había molestado lo más mínimo.

Una niñita que va con su madre me mira asombrada, tira de la manga de su madre, y me señala ostensiblemente con el dedo. La madre se agacha y escucha lo que le dice la niña, que no deja de mirarme; luego le dice algo en voz baja. La niña se calla, pero sigue mirándome sin parar, hasta que nuestros caminos se desvían. Sólo entonces, entre jadeos, me quito el jersey y lo guardo en la mochila hasta fin de mes.

Creo que he hecho una buena obra. A partir de ahora, cuando la mamá de la niña entienda que hace frío y que su hija se tiene que poner un jersey, siempre podrá referirse a mí: "Ponte el jersey, hija. Acuérdate de aquel señor que viste a la salida del metro, lo bien abrigado que iba en verano."

martes, 19 de agosto de 2014

Pasteándose por Bruselas

No hay nada tan tranquilizador como pasarse la primera quincena de agosto en Bruselas. En el trabajo no queda casi nadie, porque todo el que puede ha tomado las de Villadiego; es más, en tu casa sólo quedas tú, porque tu familia era de los que podía, y también ha tomado las de Villadiego y te ha dejado con toda la casa para ti. Pero es que hay más: tus vecinos también se han ido, los colegios están cerrados a cal y canto, no hay autobuses escolares, casi todos los restaurantes están de vacaciones y la ciudad entera diríase que está en punto muerto.

En el trabajo, por fin puedes ponerte al día y sacar todo el trabajo pendiente (bueno, casi todo), e incluso salir a tu hora sin el menor remordimiento, también porque no te mira nadie cuando sales: no hay prácticamente nadie.

Como sales a tu hora, llegas a casa, donde ya digo que no hay nadie, más pronto que de costumbre. Otros años me había quedado alguna asignatura para septiembre de esa carrera que voy estudiando a trancas y barrancas, pero este año ni eso: lo aprobé todo en junio. Por mucho que haya que hacer por casa (siempre lo hay), sigue quedando tiempo, por lo que ha llegado el momento de hacer una cosa que estaba ahí, rondando: ponerse a correr un poquito más en serio. Durante el último año, me he estado pasteando bastante, saliendo dos días a la semana a rodar, y alguno de vez en cuando a hacer series, y eso que vivo al lado de un pedazo de bosque que da mucho de sí, pero, cuando no hay tiempo, no hay tiempo.

Ahora lo hay, ya lo creo que lo hay, así que vamos a ver cómo son las carreras 'populares' por aquí, después de haber visto en su día cómo eran en Moscú. Hay una en Bruselas en 5 de octubre, así que da tiempo de prepararla de forma bastante decente. Ya estuve a punto de correr los 20 kilómetros, pero vi que había más de cuarenta mil inscritos y decidí que ése no era mi rollo; en lugar de apelotonarme en las calles de Bruselas, total para pagar un pastón (correr aquí es realmente caro) por correr veinte kilómetros, decidí salir a trotar tranquilamente por el bosque. La carrera pasaba por el bosque, y efectivamente: me los crucé en su kilómetro siete, y realmente iban todos pegaditos. Yo no sé siquiera si corría el aire por entre ellos.

La del 5 de octubre espero que no sea tan 'popular'. Creo que se esperan unos doce mil participantes, que sigue siendo una barbaridad, pero al menos no son cuarenta mil.

Entretanto, ya llevo un par de semanas de preparación, y no me acordaba de lo cansado que era esto. Menos mal que estoy durmiendo mejor que nunca. Y lo voy a dejar aquí, porque no es que se haga tarde, es que no puedo ni con los párpados.

viernes, 15 de agosto de 2014

Profesiones liberales


La presencia entre nosotros, en Europa Occidental, de conciudadanos de otros continentes tiene la virtud de ampliar nuestros horizontes culturales y de ponernos en contacto con menesteres y oficios que eran poco conocidos entre nosotros. Entre las profesiones que destacan últimamente en Bruselas tenemos la de comerciante de productos halal, que además se anuncia en castellano, no entiendo muy bien por qué y, por lo que nos ocupa hoy, la profesión de la imagen que ilustra esta entrada, y que procede de una hoja que apareció hace unos días en mi buzón. Se trata de los haidara, que yo pensaba al principio que era el apellido del señor que ofrecía sus servicios, pero se ve que no. Al parecer, los haidara son una especie de hechiceros africanos que saben de todo, como los tertulianos, y alguno ha venido a caer por aquí y, claro, ¿por qué no va a poder ejercer su oficio aquí, aunque esté lejos de la sabana? Pero veamos el texto de su anuncio:

Profesor haidara, vidente medium serio y eficaz, especialista en recuperaciones inmediatas y definitivas del ser amado, amor, conflicto familiar o conyugal, reconciliación, matrimonio, impotencia sexual, problemas con la justicia, protección contra los enemigos y los peligros, alcoholismo, desbloqueo personal y profesional, atracción de clientela para todos los comercios, fortuna, enfermedades. TRABAJO 100% GARANTIZADO, SERIO, resultados en siete días, posibilidad de desplazamiento. TEL 0474 40 98 16.

Y se llama 'especialista', el tío. Como sea multifacético, te arregla el grifo y te pinta la casa.

martes, 12 de agosto de 2014

Lo esencial

Cuando uno hojea el periódico de Luxemburgo, "L'essentiel", ya se da cuenta de que tiene dificultades. Como todo periódico local que se precie, tiene que poner alguna noticia de Luxemburgo en primera página. El 30 de julio, que es el día en que leí el diario en papel, la noticia del día era que el 60% de los candidatos había suspendido las oposiciones a maestro de escuela. Eso en letras enormes, en la cabecera; en letras más pequeñas, había una noticia secundaria, ésta de la sección de internacional: "Gaza se ve sometida a un diluvio de fuego", claramente menos importante para el periódico. En las páginas locales, aparte del notición de portada, una noticia destacada era que un camión se había averiado en la autopista y había provocado un atasco. Y luego otras noticias que se notaba a la legua que tenían en conserva para poner los días que realmente no hubiera nada, como que "el Estado financia los partidos políticos según su peso", cosa que es cierta todos los días, no sólo el 30 de julio, y que el avión sigue siendo el medio de transporte más seguro. Esta última noticia, después de leída, me deja un tufillo como que Luxair, la compañía de bandera del Gran Ducado, tenía algo que ver con su publicación, a juzgar por las menciones que se repiten.

Hoy día todo el mundo tiene su edición digital. De hecho, lo que no tiene todo el mundo es una edición en papel, pero ésa es otra guerra. En el caso de "L'essentiel", la edición digital es bastante parecida a la de la mayoría de los otros medios. La edición de hoy, 12 de agosto, ya muestra los problemas que tienen sus redactores para encontrar algo noticiable en Luxemburgo, supongo que no sólo en agosto. En cabecera, sale un robo de un coche. Parece que ayer por la mañana había habido otro. Aparte de eso, han conseguido encontrar un caso de meningitis, que inmediatamente ha pasado a la primera página. Eso está muy bien, porque pueden hacer seguimiento de la enfermedad y, cuando el paciente se cure (vaya, no contemplamos otra posibilidad), ya tienen otra noticia que subir a la portada.

Vamos, que en Luxemburgo, en verano, no pasa absolutamente nada, y me da la impresión de que, en el caso concreto de Luxemburgo, esta falta de acontecimientos (bendita falta) no se limita únicamente al verano.

viernes, 8 de agosto de 2014

Luxemburgo

Luxemburgo es ese país pequeñito que está encajado entre Bélgica, Alemania y Francia y en el que, según Cáritas Europa, hay algún caso de pobreza. A mí, la verdad, me cuesta creer que un país que está petado de bancos, y donde el salario mínimo son casi dos mil euros mensuales (sí, el mínimo, y lo pongo en letra para que nadie piense que me he equivocado), haya algún caso de pobreza, pero bien puede ser que haya gente en paro y que las ayudas sociales sean inferiores al salario mínimo. No conozco tanto el país como para eso, pero me consta que el paro está por el 6%, quien lo pillara, que debe ser muy poquito más que el paro friccional.

Vamos, que lo de Cáritas Europa encontrando pobres en Luxemburgo tiene muchísimo mérito. De hecho, las veces que he pasado por allí (vale, siempre he estado en Kirchberg, donde encontrar un pobre debe ser directamente imposible), lo que he visto ha sido una profusión de cochazos, proyectos inmobiliarios a precios incluso superiores a España en pleno auge de la burbuja, y restaurantes estupendos (y ni siquiera eran muy caros). No sé muy bien cómo se lo montan, pero tienen impuestos bajos, la vida no es carísima y cobran un pastón. Yo no sé por qué los independentistas catalanes quieren ser como Dinamarca o Suecia. Puestos a dividir, que se independicen por comarcas, en lugar de en bloques, y sean como Luxemburgo.

Por pura y malsana curiosidad, he entrado en la página de Cáritas Luxemburgo. Efectivamente, la mayoría de los proyectos que tienen son en el extranjero, pero, oye, alguno que otro hay también dentro del país. Parece que también hay pobres, sin techo e inmigrantes por integrar, como en todos los sitios. Supongo que serán muchos menos, pero alguno hay también.

La semana pasada, precisamente, estuve en Luxemburgo, que no encontré muy cambiado desde mi primera visita, en el lejano 1992, como estudiante de Derecho y mochilero de pro. Como entonces, siempre que te encuentras con alguien que te atiende en una estación, o un bar, o un hotel, lo más práctico es dejarse de zarandajas y hablar directamente en portugués. Los portugueses son legión aquí y, aunque hablan perfectamente francés, siempre agradecen que hagas un esfuercillo por hablar su lengua y, total, no cuesta nada.

Luxemburgo tiene fronteras porque en algún sitio hay que poner los límites, pero los controles dejaron de existir mucho antes de que Schengen (que, por cierto, está en Luxemburgo) entrara en vigor. En 1992, cuando los españoles aún necesitábamos visados para estancias de más de tres meses en la Comunidad Europea y todavía había controles en las fronteras, en Luxemburgo la frontera estaba marcada por un cartel de bienvenida y una señal de limitación de velocidad a 60 kilómetros por hora. Hoy, naturalmente, ni eso, pero las cadenas de televisión que se ven son las de Francia y Alemania, sin ningún problema; los periódicos que se venden son los mismos y así, podría decirse, gorronean medios de comunicación a sus vecinos. Yo no recuerdo haber visto ninguna noticia relativa a Luxemburgo jamás en ningún periódico, salvo cuando Andy Schleck ganó el Tour de Francia, y eso porque descalificaron por comer solomillos sospechosos al que en princnipio había quedado vencedor, y, por eso, me he hecho la pregunta: ¿Es que en Luxemburgo nunca pasa nada?

Bueno, pues, ya en la estación de tren, para volver a Bruselas, me he encontrado con que en Luxemburgo hay un periódico. En el viaje de vuelta lo leí concienzudamente, pero de lo que descubrí mejor escribo en otro momento. Hoy se hace tarde.