sábado, 18 de junio de 2016

Gens una sumus

Sigo en plan ajedrecístico, porque, con el pésimo junio que nos está haciendo en Bélgica, lo mejor no es dedicarse a los deportes al aire libre, eso desde luego.

Y sí, es cierto que me pude haber puesto en plan nacionalista y, hace unas semanas, haber escrito sobre Arturo Pomar, que falleció unos días antes que Víktor Korchnoi; sin embargo, ni se me pasó por la cabeza, mientras que, en cuanto supe que Korchnoi había muerto, me dije que no podía menos que escribir unas líneas, a pesar de que iba de cabeza, y sigo yendo de cabeza, igual que cuando murió Pomar.

Los ajedrecistas, al menos en cuestiones de ajedrez, no somos apenas nacionalistas. El título de esta entrada es el lema, en latín, de la federación internacional de ajedrez, la FIDE (sí, hemos tomado las siglas en francés) y, traducido al castellano, viene a querer decir "Somos una sola estirpe". Claro, luego cualquiera me vendrá a decir que le dijera eso a los soviéticos, que hacían el ajedrez una cuestión de estado, pero lo cierto es que era el estado el que era nacionalista y utilizaba el ajedrez como una arma más. Los jugadores lo eran mucho menos y se dedicaban a jugar, con todas las excepciones que se quiera, que las había, pero curiosamente no entre los jugadores de primera fila.

Arturo Pomar, las cosas como son, no despertaba pasiones ni siquiera en España, al menos desde que se puso pantalón largo. Antes sí, porque como niño prodigio logró un hito aparentemente inalcanzable, como fue hacer tablas con doce años con el entonces campeón del mundo, Alekhine (en la foto están los dos), en una partida en un torneo serio en la que tuvo posibilidades de victoria. Eso fue un bombazo, y eso que Alekhine estaba en una pronunciada curva de bajada, pero seguía siendo campeón del mundo. Es cierto que Pomar obtuvo resultados sobresalientes, incluyendo su campeonato de España con catorce años, pero su estilo, la verdad, no invitaba al entusiasmo. Tuvo la mala suerte de que le tocó vivir en España, y no en la Unión Soviética, y para sobrevivir se dedicó relativamente poco a la competición, y demasiado a las exhibiciones de simultáneas. Y, en las exhibiciones de simultáneas, jugando contra rivales muy inferiores a él, su estilo se fue haciendo más y más rutinario, viviendo de su superioridad estratégica y en el final. Tenía mucho oficio, pero así no se puede despertar el entusiasmo de la afición, además de que ya llevaba muchos años retirado. Ajedrecísticamente había "muerto" hacía bastante tiempo, algo más de treinta años, mientras que Korchnoi, que tenía exactamente su misma edad, prácticamente murió con las botas puestas, seguía siendo un jugador peligroso, y probablemente ya haya ganado el campeonato del cementerio. De Pomar no estamos tan seguros.

En España no tuvo ayuda, y no puedo decir que me parezca mal del todo, y que conste que soy ajedrecista y que, si en su día me hubiera dedicado a esto, cosa que no me planteé, probablemente habría conseguido algún título internacional. No estaba España entonces, ni lo está ahora, como para dar ayudas al deporte profesional. En los años de las vacas gordas y los constructores forrados sí que hubo bastantes ayudas, y España se convirtió en el país que organizaba los torneos con mayores premios de Europa y hasta del mundo, lo que sirvió para que nos visitaran jugadores de segunda fila de los países del Este que venían a llevarse nuestros premios. Así, por ósmosis, ha mejorado el nivel que tenemos, y bastantes jugadores han descubierto que en España se vive de miedo, se han quedado, se han nacionalizado, y ahora los tenemos como españoles.

Pomar, indudablemente, tenía talento, pero se malogró porque, para ser profesional, tenía que estar todo el santo día compitiendo y participando en agotadoras exhibiciones de simultáneas, y eso a la larga pasa factura, y a él le dejó un estilo demasiado posicional. En estas circunstancias, que llegase a ser el 40 del mundo tiene su mérito, pero no lo lleva al olimpo ajedrecístico y, al final, para ganarse los garbanzos tuvo que buscar un empleo, y así se convirtió en funcionario de Correos.

Como niño prodigio, es inevitable fijarse en el otro caso sintomático, Sammy Reshevsky, que nunca fue un jugador profesional, pero que seguramente tuvo más talento que Pomar, porque logró sobrevivir a la explotación de sus padres, que le hacían jugar sesiones y más sesiones de simultáneas para sobrevivir en los Estados Unidos de la depresión, y llegar a ser el único jugador no soviético, hasta la llegada de Fischer y Larsen, en tener posibilidades de ganar un campeonato mundial. Sammy Reshevsky sobrevivió a las simultáneas, había sobrevivido a los ocupantes alemanes de Polonia, sobrevivió a los soviéticos, se hizo agente de seguros (que era lo que le daba de comer), y aún tuvo ocasión de participar regularmente en torneos internacionales, con un estilo de superviviente verdaderamente único que le llevó a ser un contrincante muy temido por su habilidad para levantar posiciones medio perdidas. Sobreviviendo.

Su último intento de llegar a campeón mundial lo hizo con nada menos que 57 años, una edad a la que Pomar ya llevaba retirado varios años. Se consiguió clasificar en el torneo interzonas, pero cayó en cuartos de final del torneo de candidatos frente a un jugador con el que tenía mucho en común y del que se oiría hablar mucho en las décadas siguientes, pero que era bastante más joven que él: Víktor Korchnoi.

lunes, 6 de junio de 2016

Ha muerto la leyenda

Por fin encuentro algo de tiempo para volver por aquí, después de un mes avinagrado por el tiempo espantoso que ha estado haciendo en Bruselas. Finalmente, hoy ha salido el sol en Europa Central... pero no para todos.

Ha fallecido uno de los más grandes, al que está bitácora de refirió en una época relativamente lejana: Víktor el Terrible, un luchador. Hoy, que he vuelto al ajedrez activo, aunque mi nivel de forma está, lógicamente, a años luz del que tenía en mi mejor año, 1997, en que pasaba holgadamente de los 2200 puntos ELO, Víktor Korchnoi sigue siendo un ejemplo.

El tío siguió siendo durísimo hasta sus últimos días. El año pasado, después de haber sufrido un ictus y en un estado físico lamentable, sin casi poder hablar, se atrevió a aceptar un desafío contra Wolfgang Uhlmann en una exhibición previa al Zurich Challenge, el torneo del año en Suiza, y Víktor Lvovich, al fin y al cabo, ha muerto suizo.

Wolfgang Uhlmann, que hoy tiene 81 años, está en un estado físico que ojalá tenga yo a su edad. De hecho, aún juega en la Bundesliga en primera división, y la primera división de la Bundesliga es el torneo por equipos más fuerte del mundo, así que no es que nos hallemos ante un abuelito retirado. Pues bien, Korchnoi le ganó una partida y le empató el encuentro, habiendo pasado un ictus. Olé.

Hoy tenemos una leyenda viva menos. Descanse en paz.

jueves, 12 de mayo de 2016

Cambios de costumbres

Como diría Ro en uno de los accesos adolescentes, los terroristas han ganado.

Bueno, Ro lo dice cuando no le dejamos ir al centro porque hay una redada en curso y se espera un pepinazo de un momento a otro. Nosotros le decimos que puede ir a muchos sitios que no son el centro y donde se lo puede pasar uno muy bien en pandilla, pero, mira por dónde, si no puede ir al centro, no hay nada que hacer, hemos cedido ante el chantaje terrorista y, en consecuencia, los sarracenos han ganado.

A mí me joroba mucho que los sarracenos ganen, pero creo que me jorobaría mucho más que hubiera un pepinazo que se llevara a Ro por delante. No tengo vocación de pariente de víctima del terrorismo.

Sin llegar a tales extremos, sí es verdad que se aprecia un cierto cambio de costumbres entre los habitantes de Bruselas. Ya hace algunas semanas, precisamente desde los atentados, que el tráfico en Bruselas está peor que nunca. Y no sólo de coches, que también. Es que hay más motos que nunca, y más ciclistas que nunca. Y el otro día entré en el metro y estaba prácticamente vacío, un lunes por la mañana en hora punta. Vale que el lunes por la mañana no es el día favorito del, ejem, laborioso pueblo belga, pero he tomado el metro otras veces en lunes por la mañana y había bastante más gente.

Todos los indicios apuntan a que el belga con posibles ha resuelto dejar el transporte público para quien no tenga más remedio que usarlo, y pasarse al transporte privado.

Y tan privado. Hace unos días, por motivos que no vienen al caso, dejé la bicicleta en casa y me fui con Alfina al trabajo en coche. Entre atasco y atasco, me entretuve mirando los coches que nos acompañaban, y no había ni uno, pero ni uno, que tuviera más pasajero que el propio conductor, lo cual es una de las probablemente peores características del tráfico belga: que, por muchas proclamas ecológicas que el gobierno lance, el ciudadano hace de mangas capirotes y va a la suya y pasa olímpicamente de compartir el coche con nadie, eso que en francés fino se llama covoiturage. Porque eso de ir a la suya es tremendamente belga. Es verdad que todavía no hemos llegado a los extremos absurdos de atascos que hemos vivido en Moscú, pero, si les damos tiempo, no tengo dudas de que vamos en esa dirección, por mucha capital de Europa que presuma de ser.

Va a tener razón Ro: los terroristas han ganado. No parece sino que fueran pagados por el lobby de las petroleras.

domingo, 1 de mayo de 2016

Decimo anno

Estoy seguro de que el 1 de mayo de 2006 no tenía la menor esperanza de llegar hasta el día de hoy, exactamente diez años después, escribiendo otra entrada en la bitácora (la sigo llamando bitácora, claro que sí), ¡y anda que no han pasado cosas en estos últimos diez años! Atentados terroristas, cambios de países, viajes de aquí para allá, por la antigua Unión Soviética, por la vieja Europa, y dando tumbos por las Españas (bueno, eso mucho menos), líos, follones, niños creciendo... Vamos, que no ha caído el muro de Berlín porque había caído ya y del suelo no pasa, que, si no, a ver.

Y esta bitácora también ha cambiado mucho, desde la regularidad suiza de las entradas en los primeros años, en una cadencia totalmente previsible de lunes-miércoles-viernes, hasta el caos descuidado de la actualidad, en que como mucho encuentro tiempo para escribir algo a vuela pluma una vez por semana, y gracias.

¿Y los comentarios? ¡Anda que no ha habido cambios, ahí también! De comentar sólo conocidos y familiares en los primeros meses, la bitácora pasó a hacerse polémica allá por noviembre de 2006, e incluso pudimos disfrutar de un troll propio durante un par de años. Un troll comunista, que a saber por dónde andará ahora y si se habrá pasado al voto útil de Podemos, él que era más bien de UCE, creo recordar, o de alguno de esos partidos que tuercen el gesto ante los de IU, por claudicantes con el capital.

A partir del 2 de diciembre de 2012, fecha en la que la temática de las entradas dejó de tener por teatro Rusia, Moscú y sus circunstancias, las cosas han cambiado muchísimo. Bruselas, que era una ciudad aburrida e insoportable, según las noticias que nos llegaban a los que no vivíamos en ella, ha resultado ser un lugar de difícil calificación, pero aburrida desde luego que no lo es. Espero no ser el culpable de esta transformación, pero la coincidencia está ahí.

En fin, diez años, mil doscientas y pico entradas y unos cuatro mil comentarios, a ojo, son las estadísticas. Daría el número de visitas, pero no tengo datos fiables, desde luego no de los primeros años, así que quedémonos con el hecho de que son muchas menos que en sus meses de esplendor, que son los meses inmediatamente anteriores a mi salida de Rusia, y con el hecho de que estamos de cumpleaños. Dos lustros, una década.

martes, 26 de abril de 2016

A ver a quién detenemos hoy...

Esta vez el dibujante de tebeo es español, pero esta escena es tan ilustrativa de lo que ha hecho la policía belga (cualquiera de todas las que tienen) durante las últimas semanas, deteniendo gente a troche y moche para que luego los jueces los vayan soltando sistemáticamente, que no me resisto a ponerla aquí.

Luego supongo, o quiero suponer, por la cuenta que me trae al vivir aquí, que las cosas no son exactamente así, pero han dado una impresión que se parecía peligrosamente a que no sabían qué hacer y se ponían a recuperar el terreno perdido en los últimos veinte años.

Pero no exageremos tampoco: al menos, que yo sepa, ninguno de los detenidos era la suegra de ningún policía.

viernes, 22 de abril de 2016

Represalias

Las comparaciones son odiosas, sí, pero, cuando escribes un examen, y yo llevo varios cientos a mis espaldas, una de las cosas más apreciadas por los correctores es la capacidad de relacionar conocimientos, lo cual, en muchas ocasiones, nos lleva a comparar. Así que yo creo que eso de que las comparaciones son odiosas es una frase que utilizan sobre todo aquéllos que corren peligro de salir vapuleados de las comparaciones.

Por lo tanto, aquí va una comparación de dos países en que ha habido un atentado terrorista-islamista en sus respectivos aeropuertos principales. Los dos países son, como casi siempre, Bélgica y Rusia.

El otro día se produjo la dimisión de la ministra belga de Transportes, que es la señora de la foto, Jacqueline Galant, por haber hecho caso omiso de todos los informes que le decían que la seguridad del aeropuerto de Zavemtem era una calamidad. Para eso no era necesario, ciertamente, hacer informes, sino que bastaba con pasarse por allí, pero es cierto que en algún sitio tienes que empezar a controlar, y en ese sitio tienes una cola y aglomeraciones de gente sí o sí.

La señora de la foto es un típico producto partitocrático. Su padre era alcalde con los social-cristianos, y ella se pasó al Movimiento Reformador, el actual partido en el gobierno, liberal, masoncillo, y todas esas cosas que se les suponen. Entró de ayudante del entonces ministro de Asuntos Exteriores, y padre del actual primer ministro, Louis Michel, y medró rápidamente hasta sustituir a su padre como alcaldesa (y ahí sigue, por cierto, que los cargos no son incompatibles), y luego acceder al cargo de ministra de Transportes en el gobierno del hijo de su antiguo jefe. Algo sabrá de transportes, ciertamente, pero una cosa es construir un carril-bici en su pueblo y otra ocuparse de las líneas férreas y los aeropuertos de todo un país, aunque sea pequeñito, como lo es éste.

En Rusia, no se andan con chiquitas: el atentado similar tuvo lugar en 2011 en Domodiédovo, y quien ha pagado allí el pato ha sido el dueño del aeropuerto, Dmitry Kamenschik. Sí, el dueño. Allí, durante los salvajes años noventa, pasaron cosas de aúpa, y una de ellas de ellas fue que uno de los aeropuertos más importantes del país acabó en manos de, básicamente, una persona física, el de la foto, que era dueño de probablemente la principal agencia de viajes de Rusia entonces, East-Line (la de veces que les habré comprado billetes... era mucho más fácil que ir a Aeroflot). En lugar de meterse en el petróleo o en el aluminio, como otros, Kamenschik se dedicó al sector servicios, y hay que reconocer que, en Rusia, la aparición de su agencia de viajes fue un cambio muy agradable. No es de extrañar, viendo las alternativas, que los negocios le fueran de maravilla.

Kamenschik es muy probablemente un típico producto de la Rusia de los noventa, pero el tío se lo curró. cuando él tomó el mando, Domodiédovo era un completo estercolero, un pesebre infecto indigno, no ya de Moscú, sino de Salvacañete. En pocos años lo dejó impecable, superó claramente a Sheremetyevo, el aeropuerto de Aeroflot, que tuvo que renovarse o morir, y hasta ganó al gobierno tres juicios por la propiedad del aeropuerto. En Rusia, ganar, no tres, sino un solo juicio al gobierno tiene un mérito sin parangón alguno. Pues él lo logró.

Tendrá que ganar un cuarto, porque el asuntillo del atentado ha dado con sus huesos en... no, no en la cárcel, al menos no de momento. Está en arresto domiciliario, y se lo acaban de prolongar. Yo, personalmente, le deseo suerte. Porque ése, de transportes, sí que sabe un rato. En cambio, de detener terroristas suicidas decididos a todo no tiene ni idea, pero me temo que de eso no sabe ni él, ni prácticamente nadie.

sábado, 16 de abril de 2016

Las joyas de la Castafiore

'Las joyas de la Castafiore', uno de los últimos álbumes de Tintín, es bastante diferente a los demás. En lugar de desparramarse por todo el ancho mundo, la acción tiene lugar prácticamente por completo en el castillo de Moulinsart, residencia del capitán Haddock y, por añadidura, de Tintín y del profesor Tornasol. Le falta poco para cumplir las tres unidades del teatro clásico, cosa insólita en casi cualquier tebeo, y no digamos en Tintín.

No salir de Bélgica permité a Hergé lo que estoy seguro es un desahogo profundo, porque lo he vivido, y lo sigo viviendo, prácticamente a diario. Veamos una escena.


Dejando aparte lo del teléfono, porque ya llegará el momento de hablar de Belgacom y sus esbirros, centrémonos en el marmolista, señor Boullu, pero sirve para electricista, albañil, fontanero y todo tipo de currito doméstico. Son muy amables, y prometen servir al cliente con enorme diligencia. Sigamos viendo. Un par de escenas después, es el capitán Haddock quien se tropieza con el escalón roto, con mucha peor suerte que el profesor Tornasol, porque se hace un esguince y no puede irse a Italia, a donde estaba saliendo de estampida para no tener que coincidir en su castillo con la Castafiore, que venía de visita. No sólo coincide con ella, sino con el plomo de Serafín Latón, agente de seguros que viene a visitarle, otro tipo belga como pocos.


Las esperanzas del capitán Haddock en la profesionalidad de su marmolista parecen irse desvaneciendo. Ojo a la excusa del marmolista.


Pero eso no es todo. El marmolista acaba por pasar de ponerse al teléfono y utilizar un escudo humano, lo cual, ahora que llevamos semanas para poner la encimera de la cocina y mi paciencia se ha terminado, me pone del humor que puede suponerse. Y ojalá la encimera fuera todo lo que faltara.


Varias páginas después, se ha hecho público un falso compromiso de boda entre el capitán Haddock y Bianca Castafiore, el castillo se ha llenado de periodistas, la Castafiore ha perdido, y encontrado, sus joyas, Hernández y Fernández han vuelto a hacer el ridículo... y el peldaño sigue sin arreglar, pero el marmolista tiene excelentes razones para no hacerlo.


Siguen pasando las páginas, los acontecimientos se han precipitado, y el capitán Haddock incluso se ha recuperado del esguince... pero el peldaño sigue sin arreglarse, y lo que te rondaré, morena.


Normalmente, los álbumes de Tintín acaban bien. Éste acaba así, como se ve en la siguiente imagen, y le cedo la pluma a Hergé. Yo no tengo ninguna duda de que sabía de lo que estaba hablando, y doy fe de que Bruselas está plagada, porque son una plaga, de los señores Boullu de la vida. Y todos tienen trabajo, tú...