lunes, 26 de abril de 2010

Gaudeamus igitur (I)

Nos encontramos en el departamento de lengua española de la Facultad de Economía Internacional de la UPM (Universidad Pijísima de Moscú). Dicho departamento asiste a los alumnos de la UPM que escogen como lengua extranjera, lógicamente obligatoria en la Facultad de Economía Internacional, nada menos que el castellano.

- Natalia Vladlenovna, tenemos un problemita.
- Diga, Ludmila Marlenovna.
- Como usted sabe, dentro de poco tenemos el concursito de todos los años entre nuestros alumnitos de español.
- Sí, sí, claro que lo recuerdo. Como que es dentro de una semana.
- Sí, una semanita.
- Eso.
- Y, bueno, siempre invitamos a un nativo de español a que forme parte del tribunal. Un nativito, para que los alumnos respeten al tribunal. Porque si estamos nosotras, Natalia Vladlenovna, no nos respetan lo suficiente.
- No nos respetan, no.
- Son muy traviesitos...
- Sí.
- Y necesitamos que el nativito que venga sepa algo de Economía Internacional, para que pueda hacer preguntitas a los alumnitos.
- Claaaro. Y la verdad es que nosotras sabemos mucho de español y un poquito de economía, pero no somos economistas. Somos lingüistas.
- Bueno, pues se acordará del año pasado, cuando invitamos a ese diplomático uruguayo tan amable y tan exquisito. Pues le he vuelto a llamar para que nos dé una ayuda... una ayudita.
- ¿Sí? ¡Qué bien!
- No, el pobrecito ya no está en Moscú. Se acabó su período de estancia aquí y se ha vuelto al Uruguayito.
- Qué pena... eran tan amable el señor ¿Y ahora qué hacemos?
- Tengo un conocidito. Voy a llamarlo a ver si nos ayuda.

* * *

Ahora nos encontramos en Zons Ra, entidad dirigida con mano de hierro por ese conocidito del párrafo anterior, y en la que presta sus servicios (a cambio de un precio, no vayamos a creer) un servidor de ustedes (en este caso, gratis total). El conocidito, que a los efectos de esta bitácora atiende por Oskarl, conversa por teléfono con Ludmila Marlenovna. Acabada la conversación, se pone la mano en la barbilla y pronuncia una palabra:

- Alfor...

A continuación, el conocidito aprieta un botón del teléfono y le dice a su secretaria:

- Frau Rottenmeyer, ¿podría ponerme con Alfor?

* * *

- ¿Que tengo que hacer quéeeee?
- ...
- ¿En la UPM? ¿La Universidad Pijísima de Moscú?
- ...
- Sí, ya sé que soy español y economista, pero, ¿qué c*j*n*s pinto yo por allí?
- ...
- ¿Que las profesoras quieren tener un nativo entre el tribunal para que los alumnos respeten al tribunal, y que no les respetan a ellas? No me extraña. Para que los alumnos de la UPM respeten a alguien, tiene que conducir un Lexus, por lo menos.
- ...
- No, Lexus no. Yo voy en bicicleta.
- ...
- ¿Que ya le ha dicho que sí? ¿Y no podría ir...? Leche, ha colgado.

* * *

Una semana después, me dispongo a volver a la universidad, aunque sea una universidad tan exclusiva como la UPM. En la próxima entrada sigue la serie.

5 comentarios:

Jose dijo...

jajaja, en ascuas me tiene por saber cómo fue todido. La próxima entrada promete.

Jose dijo...

Perdón, donde dije "todido" quise decir "todito", mejor aclarar el lapsus no sea que a muchos les dé por poner una "j" donde no es, jeje.

Orayo dijo...

Berenjenal.

Anónimo dijo...

Bueno, pues yo reúno los requisitos. Si quiere Ud., el año que viene que me lo propongan, y si hace falta me presento látigo en mano, a ver si se ríen, juas, juas,...
(Sí, sí,..., ya sé. Que haga testamento antes del viaje por lo que pueda pasar, je, je,..., asumo el riesgo).
Ditifet.

Alfor dijo...

José, huy, pues me temo que va para larga la serie. Pero, sí, la cosa tuvo miga.

Orayo, ¿mande?

Ditifet, ¡un voluntario! Enseguida difundo el hecho entre el profesorado de la UPM, que me quedé con sus teléfonos.