jueves, 21 de agosto de 2008

Blogueros muertos (y VI): en acción.

Liao-Yang, 18 de junio de 1904 (5 de junio)

Acabo de mandaros el siguiente telegrama: "Salud buena, llego después de quince días de ausencia y cuatro de no interrumpidos combates."

Pasaron tantas y tantas cosas en tan poco tiempo que me es en extremo difícil daros cuenta ni de una pequeña parte siquiera de los tristes e interesantes hechos en los cuales fui espectador y actor.

Como ya os dije, estaba yo en Vafandian como ayudante del general Samsonoff, que dirigía las operaciones de la vanguardia con gran energía e inteligencia, cuando nos mandaron al general Simonoff (de los cosacos), más viejo todavía, quien asumió el mando de los cuatro escuadrones y de la segunda batería (6 piezas) de cosacos de la Transbaïkalia, que mandaba el general Samsonoff. Estas tropas habían alcanzado el primer éxito contra la caballería japonesa, el 30 de mayo (17 de mayo), cuasando grandes pérdidas a la infantería y destrozando un escuadrón japonés, hasta aniquilarlo. Desde el día en que Samsonoff dejó el mando, asiste a todo movimiento, pero sólo en las más críticas situaciones se acude a él; después, es sólo un mero espectador que va con las tropas.

El 12 de junio (30 de mayo), después de haber llegado dos regimientos de infantería y una batería de montaña, tuvimos el combate nocturno, del que ya os hablé, con 17 heridos y 4 muertos.

El 13 (31 de mayo), los japoneses avanzan; nosotros creemos que fatigados por el modo como día y noche les hostilizamos sin cesar, quieren simplemente "dar un paseo" para alejarnos momentáneamente y poder más tarde recuperar sus posiciones. El general Samsonoff nos ordena dejar una pequeña reserva en Vafandian y avanzar con el resto de nuestras tropas a derecha e izquierda del ejército: el enemigo se hallaba entonces a doce kilómetros hacia el Sud.

Vivaqueamos a cinco kilómetros al norte de Vafandian. Cuando estábamos sólo a dos kilómetros, recuerdo que "Jack" se quedó atrás... La noche es obscurísima; con permiso de mi jefe, deshago camino, a trote largo, y hallo a mi pobre perro, desesperado, y dando vueltas alrededor de mi abrigo solitario. Parto de nuevo, pero no puedo en manera alguna encontrar a mi jefe, el general Samsonoff. Regreso al vivac, me abrigo con mi capote, y me tiendo al pie de un palo de telégrafo, al que amarro mi caballo; son las tres de la madrugada, hace mucho frío, y "Jack", agradecido, se me acerca mucho y me da calor. A las tres y media apunta el día, y me permite ver que junto a mí está la infantería: es el primer regimiento de tiradores del Emperador. Comoquiera que en mi maletín tengo un poco de chocolate y azúcar, me dirijo al coronel y a dos oficiales del primer regimiento y se lo ofrezco. En cambio, ellos me dan un bizcocho... ¡Pobre coronel! Al medio día estaba muerto con su ayudante. Era hermoso y bravo tipo, de gran aspecto militar y querido de todos sus oficiales y soldados que hoy le lloran. La esposa tiene veintiún años, y sirve en el hospital de la Cruz-roja. La vi en Vanselin, tres días después, cuidando los heridos, y la dije que su marido me había hablado de ella, con cariño, la misma mañana de su muerte: la pobre lloraba como una chiquilla, pidiendo el cadáver de su esposo, que enterrado con tantos de los nuestros, descansa en las posiciones de Vafangou, hoy en poder de los japoneses.


* * *

Con esto dejo la correspondencia de don Jaime, con esta muestra de que, en las guerras, al fin y al cabo, es mucho mayor la suma de las pérdidas que la de las ganancias. Cosa que, en estos tiempos revueltos que se nos están avecinando por aquí, quizá convendría recordar.

Don Jaime permaneció en el frente hasta el final del año 1904, en que pidió licencia para regresar a Europa, cosa que hizo de la complicada forma que vimos en la entrada anterior. De todas formas, aprovecharé para recordar los episodios finales de la guerra, bien conocidos, pero que no viene mal apuntar. Port Artur se rindió a los japoneses en los primeros días de 1905, dejando a los rusos en una situación muy desfavorable. No sólo sus fuerzas de infantería en Manchuria habían centrado sus operaciones en la continuación de la defensa del puerto, sino que, para ayudar a la misma, había salido la flota rusa del Báltico, dando prácticamente la vuelta al mundo. La suerte final de la guerra se iba a decidir en dos batallas, una terrestre, la de Mukden, que fue un auténtico desastre para el ejército ruso, que se vio arrojado de Manchuria.

La otra fue un desastre naval. La flota del Báltico se enteró de la rendición de Port Artur estando en el Océano Índico. Prácticamente incomunicada del mando, decidió intentar alcanzar Vladivostok y unirse a la pequeña flota rusa que seguía allí, ya que la que estaba surta en Port Artur, obviamente, se había perdido. Pero, a la hora de elegir ruta, eligió la más corta, pero más arriestada, que pasaba prácticamente junto al Sur del archipiélago japonés, cerca de Tsushima. La flota japonesa consiguió interceptarla y les dio mamporros hasta que se cansaron: sólo tres barcos escaparon del desastre y alcanzaron Vladivostok.

La paz se firmó por mediación de los Estados Unidos (quién lo diría) en la ciudad de Portsmouth. Según los historiadores rusos que he leído, Japón estaba al límite de sus fuerzas, mientras que Rusia, superadas las dificultades logísticas iniciales, estaba lanzando contra Japón sus fuerzas más importantes y conservaba posibilidades de ganar la guerra. Eso es seguramente verdad, pero no es toda la verdad. Rusia estaba padeciendo la primera revolución y las cosas se estaban poniendo francamente feas para el Gobierno del Zar, así que las reflexiones de los historiadores mencionados quizá sean muy optimistas. Yo más bien creo posible que la continuación de la guerra pudiera llevar a una situación como la que se dio en 1917-1918, cuando los alemanes ganaron la guerra, al menos en el frente Este, en buena medida por la completa descomposición del ejército y de la retaguardia rusos. Y es que las cosas se estaban poniendo feas.

Y hasta aquí mi verano de erudito histórico aficionado. Ahora, vuelto ya a Rusia, voy a ponerme con asuntos actuales, que los hay a montones, porras.