lunes, 6 de agosto de 2007

El retonno (I)

En otra ocasión hubo una entrada que trató sobre el retorno a la ciudad desde uno de los aeropuertos de Moscú, el de Domodiédovo. Hoy, aprovechando la feliz circunstancia de mi vuelta a la capital rusa, voy a dedicarme a glosar la vuelta desde el prestigioso nido de la nunca suficientemente bien ponderada Aeroflot: el aeropuerto de Sheremetyevo.

En realidad, el choque y los sudores fríos empiezan unas horas antes, cuando, tras una semana de vacaciones, duras, pero vacaciones, asomo la nariz por el mostrador de facturación de Aeroflot en Barajas y me encuentro con una cola kilométrica, que, además, es una cola rusa, de las de "tonto el último" y "sálvese quien pueda". Y ojo, no son sólo los rusos los que hacen lo posible por colarse: hay españoles, curtidos por los años en Rusia, que han desarrollado una habilidad tan envidiable para ponerse inadvertidamente los primeros y hacerse con los mejores puestos en el avión, que no puedo sino envidiarles por no ser capaz, ¡aún!, de vencer los escrúpulos que me dio la educación germánica de orden, Reihenfolge y Schlange stehen, strikt der Reihe nach!.

"Uuuuuuffffff... se acabó la buena vida, y se acabaron las vacaciones", es el inevitable pensamiento que, con un escalofrío en la espalda, acude a la cabeza del viajero.

A partir de ahí, mientras hacemos cooooolaaaaaaa, podemos decir que hemos entrado en Rusia, aunque de hecho, la entrada en sí no se producirá hasta unas horas después. Y así, tras un vuelo nocturno y un duermevela agónico con el sueño, aderezado con las amables palabras de los auxiliares de vuelo, que me sacan de mi somnolencia ofreciéndome un llamado desayuno, a las dos de la mañana, y me dan a elegir entre carne o pescado, aterrizamos en Moscú, nos pasean por el aeropuerto (totalmente saturado ya a las siete de la mañana, como todo en Moscú), primero en el avión, luego en el autobús destartalado que nos lleva a la terminal y finalmente nos conducen hasta el control de pasaportes que, al menos, últimamente funciona con cierta rapidez, no como en otros tiempos.

Un último control, el aduanero, que no pasa normalmente de ser una mera rutina (eso sí, hay excepciones, por ejemplo aquí y aquí), y pasamos a la zona exterior.

De inmediato, un enjambre de taxistas piratas se arroja sobre el pasajero. El aeropuerto de Sheremetyevo es uno de los lugares más lucrativos de todo Moscú, por lo que, para disputarse su, digamos, control, no es que haya habido tortas: es que ha habido muertos. Finalmente, una de las "empresas" logró hacerse con el mismo e instalar una caseta de contratación de taxis, pero sigue habiendo espontáneos que se ofrecen al viajero por unos precios de escándalo. Si uno va a la caseta, por unos cuarenta euros puede disponer de un coche moderno excelente; el enjambre de taxistas tratará de ocultarte la caseta y de hacerte ver que sólo con ellos puedes salir de allí, mientras te persigue machacándore con sus "Такси, пожалуйста" (Taxi, por favor), "Куда мы с вами поедем?" (¿A dónde vamos?), "Недорого, такси." (Taxi, barato) y ofreciéndote precios de hasta ochenta y noventa euros por meterte en sus tartanas viejas. Si te ven avezado, ajustan más el precio y, si ven que regateas y que sabes cuánto te iba a costar la tarifa oficial, es posible sacar precios mejores, pero de la tabarra iniciática al llegar a Moscú no te libra nadie.

Si uno es un viajero de bajo coste, como yo, y le resultan caros los cuarenta euros (bueno, eso seguro), tiene otra posibilidad: el transporte público desde el aeropuerto. Pero, como se hace tarde y tengo sueño, mejor dejo esta experiencia inenarrable para la siguiente entrada.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Uf, Aeroflot... yo viajé a Varsovia con esa compañía y todavía recuerdo al piloto quitándose los cascos y golpeándolos contra el suelo porque según le dijo al copiloto "no oía más que zumbidos". Los pasajeros pudimos verlo porque la cortina de flores (sí, sí, cretona de flores) que separaba la cabina del pasaje estaba descorrida "por si acaso" (de nuevo según dijo el piloto al copiloto). Inquietante.

Esther Hhhh dijo...

Apuff, Alf, Maaaaadre del amor hermoso, ainsssssss En fin, has llegado, que es lo importante, jejejeje.. A ver que pasó y como saliste del aeropuerto para llegar a casa, estoy esperando el capítulo ya.

Besitossssss

BAR dijo...

mmmm, lo único que puedo pensar al leer tu post, es que quiero viajar yaaaa!!!

un beso

Alfor dijo...

Gin, debe hacer tiempo de eso, porque ahora los aviones que usan en los vuelos internacionales son Airbus y Boeing y no hay cortinillas de flores. En cambio, en los vuelos internos (por ejemplo, el del otro día desde Anapa) siguen usando los Tupolev y los Yak, que se hicieron famosos en España por la desgracia de los militares que murieron. Algún vuelo en Yak me ha tocado hacer. Dejo el relato para otra entrada.

Pero, en serio, los pilotos rusos son muy buenos y la ventaja de la mediocre técnica de comunicaciones de los Tupolev es que estoy casi seguro que los teléfonos móviles no interfieren con ella, o no la perjudican mucho más. Lo cual, aquí, es una ventaja enorme.

Esther, a ver si mañana me pongo.

BAR, qué mal debéis estar en Méjico cuando lees esta entrada y te entran ganas de viajar a Moscú. ;) Desde luego, te garantizo que de aburrido no tiene nada.

Operación Matrioska dijo...

QUerido Alf,
aunque me he pasado algunos años llevando a cabo esa labor tan honorable, de defender tanto a Aeroflot como a los pilotos rusos por su seguridad, me temo que ahoro hay que hacer una corrección sobre los segundos.
Hace años, la fama de los pilotos rusos en el mundillo aeronáutico era envidiable. Y los pilotos de vuelos de pasajeros eran imcomparables con los de las´líneas occidentales, entre otras razones porque tenían que hacer alrededor del doble de horas de vuelo antes de coger un avión con personillas dentro.
Aunque Aeroflot sigue siendo una de las compañías más seguras del mundo (y no desccarto que sea la más segura), estamos viendo como cómo pilotos mal preparados, con poca experiencia y, peor aún, entrenados en aviones soviéticos, están entrando en esas otras líneas menos conocidas internacionalmente. Tampoco hay que descartar la falta de entrenamiento de pilotos experimentados en su "traslado" a los modelos Airbus y Boeing. En parte son la causa de esa "ola" de accidentes que hemos tenido en los últimos años. (También habría que tener en cuenta, por supuesto, las "penalizaciones" que sufren los pilotos por aterrizajes abortados, gasto de combustible excesivo, .... por parte de sus compañías aereas ).
En fin, que me enrollo. Es lo que pasa por tener amigos pilotos, y no pasarlo nada bien cuando me subo en esas toneladas de metal que vuelan...

Alfor dijo...

Botas, bien pudiera ser como tú dices. Yo creo, como tú, que Aeroflot sigue estando muy bien en cuestión de pilotos (aterrizan que da gusto), pero de las otras líneas y de las cuestiones tras el telón estás más puesto.

Yo no sé nada de esto, pero lo que he oído por parte de alguna compañía es que el mantenimiento en aeropuertos es más bien malo, con lo que da lo mismo que sea un Iliushin o un Airbus (éste es más sofisticado, con lo que supongo será más difícil de mantener). Si no lo pones a punto como se debe, supongo que la cosa tiene su peligro.