jueves, 22 de septiembre de 2011

En San Petersburgo de nuevo

Sinopsis: El Levante derrota al Madrid y Fadrique, fanático madridista, puede ser una amenaza para mi integridad, por lo que decido poner pies en polvorosa. Mi huida de Moscú tropieza con un taxista local, probablemente merengue, que intenta obstaculizarla en vano.

San Petersburgo me recibió con el tiempo desapacible que suele ser habitual. En la estación tardé media hora en poder conseguir un taxi, porque estaban todos en distintos atascos; finalmente, me pusieron uno y llegué a mi hotel, un buen lugar para pasar desapercibido unos días hasta que otro equipo ganara al Madrid y Fadrique canalizara sus iras hacia otro objetivo.

Mi hotel estaba lleno, pero lleno, de turistas españoles. Yo pensaba que estábamos en crisis, pero por otra parte jamás he visto tantos turistas españoles en Rusia como este año. Como llegaba muerto de hambre, me senté en una mesa a comer del buffet libre, y pedí permiso a dos personas que ya estaban sentadas allí:

- Would you mind if I seat here?

El hombre me miró con cara de preocupación. La mujer estaba enfrascada en el desciframiento de los entremeses y no pareció escucharme, y menos entenderme, pero acertó a decir:

- ¿Qué ha dicho ese señór?
- Creo que ha preguntado si puede sentarse ahí.
- ¿Son ustedes españoles? - les pregunté, aunque a las claras se veía que sí, y andaluces, por más señas.
- Sí, sí, somos españoles ¿Usted también?
- También.

Se trataba de una pareja que formaba parte de un grupo de turistas españoles. Habían visitado algo de San Petersburgo, aún les quedaba por visitar Tsarkoie Seló y Peterhof; después seguían el viaje hacia Moscú.

- Lo que pasa es que hace muy mal tiempo. Nosotros somos de Málaga, y claro, aquí es que llueve mucho y hace frío.
- Sí, eso es lo que tiene Rusia ¿Y les está gustando la ciudad?
- Mucho, mucho. Y usted, no es turista, ¿verdad?
- Pues no. Yo vivo en Moscú.
- ¿Y ha venido aquí por alguna razón?
- ¿A ustedes les gusta el fútbol?
- Hombre, algo sí.
- ¿Y de qué equipo son?
- Del Málaga.
- Yo es que soy del Levante...
- ¡No me diga más! ¡Mourinho le quiere meter el dedo en el ojo y CR9 dice que le tiene envidia por ser rico y guapo!
- Es posible, es posible... y, claro, me estoy escondiendo.
- Bueno, de momento en este hotel estará bien. Incluso nos han puesto un restaurante español.
- ¿Qué?
- ¿No lo ha visto al entrar?
- ¿El qué?
- Pues que el restaurante del hotel es español. Éste en el que estamos.
- ¡Dios mío! - miré al letrero del restaurante. Con letras rojas y amarillas, el nombre "Sevilla" destacaba entre los tonos oscuros de la pared.
- Bueno, pues encantados de conocerle. Nosotros nos tenemos que ir, que nos esperan para ir a Pushkin.
- Ése es el nombre soviético. En tiempos del zar era Tsarskoie Seló.
- ¿Charcoseló?
- Pushkin, Pushkin, usted diga Pushkin.
- ¿Puskins?
- Eso.

Mis improvisados compañeros se fueron a su excursión, y yo me quedé pensando que hacía algún tiempo que no había una entrada en la bitácora sobre "crítica gastronómica".

Pues eso se va a acabar. Y pronto.

2 comentarios:

lugh dijo...

Que gracia, paisanos mios por esos lares. Mi mujer justo estuvo en Peter hace una semana, pero no de turista. Lo que no se yo si les hizo mucha gracia a los malagueños eso de comer en un restaurante llamado "Sevilla"...solo por eso de la rivalidad. Los españoles estan por todas partes. La crisis es un invento para manipularnos...

Alfor dijo...

Lugh, los malagueños estaban encantados con Sevilla, tanto más cuanto que uno de los malagueños, aunque vivía allí, había nacido en Córdoba. A los españoles las rivalidades regionales o locales se nos desvanecen en cuanto cruzamos los Pirineos.

Las únicas rivalidades que no desaparecen nunca, al parecer, son las futbolísticas, mecachis.