lunes, 23 de octubre de 2006

Eficacia burocrática

Uno se da cuenta de lo que se está perdiendo cuando, como yo, llega a Valencia (ciudad natal, localidad de promisión y, puestos a exagerar, tierra que mana leche y miel, i la millor terreta del món)y, en una mañana, consigue: sacar un billete de tren, hacerse fotos, hacer un par de gestiones en el banco, otra en un hospital, obtener el certificado para renovar el carné de conducir, tramitar la renovación del mismo, hacer la compra, buscar un cerrajero, comprar una cámara y tramitar la devolución del IVA y hacer la copia de un mando a distancia, con la única ayuda de una bicicleta (y, lamentablemente, de un saco de euros).

En Moscú, cada una de esas cosas llevaría toda la mañana, y el conjunto de las mismas ocuparía cosa de una semana. He de reconocer, sin embargo, que el hecho de estar avezado a las colas rusas me ha ayudado muchísimo, sobre todo cuando recuerdo ahora el arte que he empleado para colarme en la RENFE, antes las protestas que musitaban los que hubiera debido ir delante, pero acabaron yendo detrás. Y es que me quejo de vicio: si no fuera por mi estancia en Moscú, mi descaro y mi desenvoltura en esas situaciones no serían lo mismo.

2 comentarios:

Alfina dijo...

pero qué salero y desparpajo!

Esther Hhhh dijo...

Y que lo digas Alfina... Se nota que está feliz de estar en "la millor terreta del mon" (a lo que yo añado "i que ningú ho dupte")
Lo cierto es que nos damos cuenta de lo bueno de las cosas malas en estas circunstancias... Que haría, Alforfoncito mío sin esas enseñanzas aprendidas en tu odiada y a la vez amada Moscú... Y por cierto, ya que estamos ¿aún sueñas con ser embajador en Mogolia? Perdona, es que me vino a la cabeza, creo que Moscú ya es demasiado pan comido para ti, jejeje...
Besitos