domingo, 22 de enero de 2023

Cosas positivas de Bélgica: moviéndose

Creo que hay que volver a esta serie después de hacer balance de las últimas entradas y de comprobar, algo avergonzado, de que lo normal es que me dedique a dar cera a este país que me proporciona los garbanzos, y que algo bueno tendrá cuando no he tomado las de Villadiego con un corte de mangas.

Hasta ahora hemos visto que Bruselas no es una ciudad excesivamente cara, para ser una capital bastante postinera, y también hemos alabado los altos salarios (mejor no hablemos de los impuestos, también altos) y el sentido del humor local, de lo que hay numerosos ejemplos, pero, ahora que los días son cortos y que uno tiende a ponerse de mala leche cuando ve que a las cuatro y poco ya es de noche y, a veces, el día ha sido tan nublado y lluvioso que no está claro si se llegó a hacer de día, es el momento de buscar más ventajas a la vida de aquí.

Bélgica en general, y Bruselas en particular, está bien comunicada.

Es decir, tú puedes estar avinagrado toda la semana por el mal tiempo, pero, chico, si no tomas el viernes un avión para Canarias, Alicante o Vitigudino es porque no quieres. Bueno, y porque en Vitigudino no hay aeropuerto, porque, de haberlo, seguramente habría un vuelo que lo comunicara con Bruselas. En la época de los vuelos baratos, que ya veremos cuánto más dura, casi ahorras tomando un vuelo a España y pasando allí el fin de semana, donde los precios son sensiblemente inferiores.

He de reconocer que, desde que me quedé huérfano, ya no hago ese ejercicio de saltar un fin de semana a Valencia a ver a mis progenitores, cosa que hice con cierta frecuencia durante mi primer año en Bruselas. De hecho, durante mis primeros meses en Bruselas, con mis padres y hermanos en Valencia y mi familia inmediata en Moscú, pasé muchísimo tiempo en los cielos pululando entre los tres sitios.

Pero es que no sólo es el avión. En tren se planta uno en casi cualquier sitio en un plazo muy razonable, e incluso en coche se puede ir a lugares muy interesante, si es que uno se puede permitir pagar el combustible, claro...

¿Que quieres ir a París? A hora y media de tren está ¿Que a Londres? También en tren, en un ratito te plantas ¿Que te apetece ir a comer a Holanda? Entonces estás mal de la cabeza, porque no hay país en que se coma peor, pero, si te empeñas, tienes trenes para ir en nada a casi cualquier sitio de por allí. Incluso a España podrías ir en tren, pero, como eso ya tarda algo más, entre los aeropuertos de Zaventem y Charleroi tienes vuelos directos a casi cualquier aeropuerto de España. Leche, si es que hay vuelos hasta al aeropuerto de Castellón (con todos los respetos por Castellón, que quede claro).

Y es que, claro, alguna ventaja tenía que tener el hecho de que por aquí pasan los próceres de toda Europa, así como sus respectivas cortes y la caterva de funcionarios, grupos de presión y vividores varios que mantiene en pie todo este tinglado. Esa gente no es de aquí y de vez en cuando les entra morriña de lo suyo. Imagínate que eres finlandés y echas mucho de menos la nieve (porque lo que cae aquí no merece ese nombre, seamos claros). Pues nada, un fin de semana en Laponia no es ninguna tontería, porque, diantre, ¿quién quiere ver caer cuatro copos mal contados en Bruselas, pudiendo estar haciendo esquí de fondo en Rovaniemi?

Total, que esta entrada es un toque de atención para mí mismo, que no me estoy aprovechando lo suficiente de las posibilidades del país, cosa que debería hacer, antes de que se haga tarde, porque, la verdad, hasta a un tipo tan adaptado a los usos locales como yo le entrará la morriña y se irá, o ésa es la intención, a pasar el resto de sus días al lugar de donde procede.

Entretanto, vayamos cerrando esto, ¡porque hoy sí se hace tarde!

viernes, 20 de enero de 2023

El resultado de los ataques del monopolista

Después de unos días de locura, mayormente por culpa mía, que me meto en líos de los que me podría librar, vuelvo a estas pantallas a seguir escribiendo mi versión de lo que pasa a mi alrededor.

Y recordaremos que, durante los últimos meses del año pasado, mi proveedor de energía, esto es, de electricidad y gas, que además es la compañía de bandera del país, me estuvo dando la vara para que les pagara anticipos más jugosos, porque, de lo contrario, la factura anual de diciembre me iba a doler lo que no está escrito. Que estaba siendo malévolo y consumiendo más, y que los precios se habían puesto por las nubes.

¿Cómo quedó la cosa? Pues, efectivamente, en diciembre llegó la factura de regularización entre los anticipos que había ido pagando durante el año y lo que había consumido realmente. Lejos de las cantidades que la compañía temía que me iba a tocar pagar, el monopolista ha terminado por devolverme casi cien euros.

Pero el monopolista siempre gana: por mi bien, ha decidido por unanimidad fijarme el anticipo mensual en 210 euros, casi cien más de lo que venía pagando. Lo puedo cambiar, sí, y no excluyo que lo haga de aquí a poco, pero lo único que se me ocurre es que la Engie Electrabel tiene un morro que se lo pisa.

Eso sí, mis esfuerzos me ha costado. No puse la calefacción hasta mitad de noviembre, aprovechando que, hasta entonces, las temperaturas fueron bastante razonables. En ese momento, sin embargo, comenzó a hacer más frío y la casa se puso a quince grados, lo cual ya dolía, a despecho de todas las mantas y suéteres de que me había provisto; en fin, que puse la calefacción, pero sólo a dieciocho grados, que es como sigue ahora, algo por debajo de los diecinueve que recomiendan los políticos y bastante por debajo de los veinte del año pasado, con Ame todavía por aquí, y de los veintiuno de años anteriores, en que había presencia femenina (y friolera). Por la noche, la tengo normalmente a catorce, o sea, prácticamente no la tengo, pero estos días tengo una hija por aquí, me ha dado penica, y la he subido por las noches a dieciséis. Que no se diga.

He de reconocer también que tuve invitados desde Valencia a principios de diciembre, en esos días en que, gracias a los puentes que nos hemos dado, Bruselas se llena de españoles. Como venían de Valencia, y como me considero un buen anfitrión, decidí subir la calefacción a veinte grados, para que estuvieran a gusto en casa.

Ahora hace frío, la verdad. Andamos alrededor de los cero grados, a veces menos que eso, y nieva algo de vez en cuando. A regañadientes, pero voy a dejar el anticipo mensual donde lo han colocado los ladrones de la compañía, a sabiendas de que, en cuanto las temperaturas suban, que Dios quiera que sea pronto, mi consumo va a caer muy por debajo de lo que suponen esos chupópteros.

Para entonces, más vale que lo cambie todo antes de que sea tarde. Como ahora.

miércoles, 4 de enero de 2023

El último intento de liar la instalación de la cocina

Tras mover Roma con Santiago, como hemos visto en las entradas precedentes, la cocina estaba lista. La encimera, preciosa, tenía un aspecto impecable. Todos los muebles estaban en su sitio. El señor Vandenborre, jefe de la tienda causante de todas nuestras cuitas, había dado su brazo a torcer y, según entendí, había tenido lo que se llama un "gesto", consistente en no cobrar una cajonera que se había añadido al proyecto algo más tarde (y que, también, se había instalado más tarde), es decir, de perdonar unos ochocientos euros.

Así las cosas, envíe al servicio de mediación el siguiente mensaje de agradecimiento:

Madame,

Comme convenu, j'ai le plaisir de vous annoncer que le dossier en objet peut être clôturé. (Como quedamos, tengo el placer de anunciarle que el expediente objeto de este escrito puede cerrarse).

En effet, finalement l'instalation a été finalisée. Comme suggéré par vous, le magasin d'Ixinna à Drogenbos a eu un geste commercial (remise d'une facture supplémentaire pour un meuble de 40 cm de longueur). (Efectivamente, finalmente la instalación ha terminado. Como sugirió usted, la tienda de Ixina de Drogenbos tuvo un gesto comercial, el descuento de una factura añadida por un mueble de 40 centímetros de largo).

Je vous remercie vivement pour votre médiation, qui a été faite à notre entière satisfaction. J'espère que cette affaire aura permis également au magasin de découvrir quelques problèmes internes, et que finalement ils aient été resolus, ce qui va sans doute améliorer son service à la clientèle. (Le agradezco vivamente su mediación, que ha sucedido a nuestra completa satisfacción. Espero que este asunto haya permitido a la tienda descubrir algún problema interno y que éstos hayan sido solucionados, lo que seguramente mejorará su servicio a la clientela)

Je vous souhaite une excellente journée,

Avec mes salutations les plus sincères,

Alfor von Buchweizen

Y con esto podríamos concluir esta serie, pero no, las cosas no son tan simples como aparentan, y el dueño de Ixina no se ha hecho rico haciendo descuentos magnánimos a sus clientes, por muy insatisfechos que estén éstos. Efectivamente, no bien hube enviado el correo de arriba cuando llegó una factura de Ixina exigiendo el pago de unos seiscientos euros por el mueble en cuestión.

Bueno, pues si no hay mejor cuña que la de la misma madera, y la cosa ya funcionó una vez, habría que probar si funcionaba de nuevo, sobre todo teniendo en cuenta que el expediente estaba reciente. Así que escribí a mediación el siguiente mensaje:

Madame,

Malheureusement, je dois revenir sur mon message d'hier, compte tenu que le magasin de Drogenbos semble avoir parlé avec ma femme (qui, de loin, n'a pas le français comme langue maternelle). Elle avait compris que le magasin voulait oublier la facture, mais il l'ont envoyée peu après avec une remise très réduite, que, à notre avis, ne compense pas les ennuis produites par sa négligence. (Desgraciadamente, debo volver a mi mensaje de ayer, habida cuenta de que la tienda de Drogenbos parece haber hablado con mi esposa - la cual ni de lejos tiene el francés como lengua materna -. Ella había entendido que la tienda quería olvidarse de la factura, pero la han enviado poco después con un descuento muy pequeño, que, a nuestro entender, no compensa las molestias producidas por su negligencia)

Bien à vous,

Alfor von Buchweizen

En paralelo, el señor Vandenborre también recibió lo suyo de mi parte:

Bonjour Monsieur,

Mon épouse m'a envoyé le courriel que vous l'avez envoyé. (Mi esposa me ha enviado el correo que usted le había enviado)

Elle m'a avait dit pourtant hier que l'accord auquel elle était arrivé avec vous était d'oublier complètement la facture, compte tenu du service absolument inacceptable que vous, et en particulier votre gestionnaire M. Valencia nous avez rendu, avec un retard de quelques mois qui a eu de conséquences pécuniaires assez importantes (carrelages, peinture...), dont je dois vous considérer responsables, sans parler des plusieurs démarches et conversations et le temps que nous avons tout simplement perdu suite à la négligence de nos personnes de contact auprès de vous. (Sin embargo, ayer me había dicho que el acuerdo al que había llegado con usted era de olvidar completamente la factura, habida cuenta del servicio absolutamente inaceptable que ustedes nos han ofrecido, y particularmente su agente, señor Valencia, con un retraso de varios meses que ha tenido consecuencias económicas bastante importantes (chapado, pintura...), de las que debo considerarlos a ustedes responsables, por no hablar de las distintas gestiones y conversaciones y del tiempo que hemos perdido simple y llanamente como consecuencia de la negligencia de nuestras personas de contacto en su tienda)

Merci de prendre position sur cette question.

Bien à vous,

Alfor von Buchweizen

La respuesta de Vandenborre no se hizo esperar, qué va. Si hay que defender los intereses de una empresa, ahí están los jefes de tienda para hacerlo como sea:

Bonjour Monsieur,

J’ai bien eu votre épouse au téléphone et je lui ai dit que j’allais faire une remise commerciale de 30% et elle m’a remercié ! (Sí que hablé por teléfono con su esposa y le dije que iba a realizar un descuento comercial del 30%, ¡incluso me dio las gracias!)

Nous n’avons jamais parlé d’une remise totale. (Nunca hablamos de un descuento total)

Je veux bien revoir ma position et faire 50% de remise. (Acepto cambiar mi postura y hacer una rebaja del 50%)

J’espère que nous pourrons clôturer ce dossier dans ce sens ? (¿Espero que podamos cerrar con esto el expediente?)

Je vous prie d’encore nous excuser pour les soucis rencontrés avec IXINA (Le ruego nuevamente nos perdone por los problemas ocurridos con IXINA).

Bien à vous.

Charles  

Mi contestación llegó poco después. Entorné los ojos mientras leía el correo del jefe de la tienda y entreví claramente una bandera blanca por algún sitio, mientras retrocedía en sus posiciones. Era el momento de entrar a matar y acabar con la resistencia del adversario. No había llegado hasta aquí para pagar un solo céntimo más a esta peña. Así que...

Bonjour Monsieur,

Je vous remercie d'abord pour votre courriel. (Primeramente, le agradezco su correo)

Toutefois, je suis vraiment étonné du fait que vous ayez choisi de parler avec mon épouse, qui ne maitrise pas le français, plutôt qu'avec moi. (Así y todo, estoy realmente sorprendido que haya usted elegido hablar con mi esposa, que no domina el francés, en lugar de conmigo.)

Il est vrai que mon épouse a mené assez de conversations, en espagnol, avec M. Valencia, qui le parle presque parfaitement. (Es cierto que mi esposa ha conversado frecuentemente, en español, con el señor Valencia, que lo habla casi a la perfección.)

Après avoir été informés que M. Valencia n'était plus notre gestionnaire, je me suis rendu au magasin, j'ai parlé avec votre collègue Séverine, et j'ai lui dit que, puisque il n'était possible de parler en espagnol, il valait mieux de parler avec moi. Je lui laissé mon numéro de téléphone, et elle l'a utilisé, puisqu'elle m'a appelé pour s'assurer que la pose du plan de travail s'était produite. (Tras haber sido informados de que el señor Valencia había dejado de ocuparse de nuestra cuenta, fui a la tienda, hablé con Séverina, colega de usted, y le dije que, al no poder hablar en español, valía más hablar conmigo. Le dejé mi número de teléfono, y ella llegó a usarlo, porque me llamó para asegurarse de que la instalación de la encimera se había producido.)

Cependant, après avoir sorti cette facture, vous avez choisi de parler avec mon épouse plutôt qu'avec moi. Je veux croire que cela n'est qu'une erreur, sinon, c'est très méchant. (No obstante, tras emitir esta factura, usted ha escogido hablar con mi esposa antes que conmigo. Quiero creer que no es sino un error, porque, de lo contrario, es muy malvado.)

Concernant la facture elle-même, je ne sais pas d'où est-ce qu'elle arrive. À l'époque, M. Valencia avait reconnu qu'il s'était trompé lors de la commande (il a commandé des meubles différents à ceux que nous voulions), et qu'il prendrait sur soi tout supplément qui arrive. Nous avons payé le solde totale en octobre 2015 (oui, ça fait sept mois. SEPT). Après avoir payé, nous n'avons eu que des ennuis avec vous: retards injustifiables, appels infructueux, visites au magasin au cours desquelles la responsabilité était toujours de quelqu'un d'autre, promesses inaccomplies... Ce n'est qu'après d'avoir introduit une réclamation auprès du service consommateurs, vraiment désespérés, qu'une réaction de votre part est finalement arrivée. Ne pensez pas qu'on a l'habitude de présenter des réclamations formelles. On se sentait complètement méprisés. (En cuanto a la factura, no sé de dónde sale. Entonces, el señor Valencia había reconocido que se había equivocado al hacer el encargo -encargó muebles diferentes a los que queríamos- y que se haría cargo de cualquier suplemento que viniera. Pagamos la suma total en octubre de 2015 - sí, hace siete meses. SIETE-. Tras pagar, no hemos tenido más que problemas con ustedes: retrasos injustificables, llamadas infructuosas, visitas a la tienda en las que la culpa siempre era de otro, promesas incumplidas... No ha sido sino tras haber reclamado ante el servicio de consumo, realmente desesperados, que llegó una reacción de su parte. No piense que tenemos la costumbre de presentar reclamaciones formales. Nos sentíamos totalmente despreciados.)

On a dû payer des frais de déplacement supplémentaires pour les carreleurs et les peintres qui sont venus en vain, parce la cuisine n'était pas encore terminée. On a dû payer des heures supplémentaires à nos ouvriers. On a dû cuisiner, à défaut de plan de travail, sur quelques tables de bois avec des trous qui faisaient couler les liquides dans les meubles. On a vraiment eu l'impression qu'Ixina se moquait de nous! (Hemos debido pagar gastos de desplazamiento adicionales para los chapistas y los pintores que vinieron en vano, porque la cocina no estaba terminada. Hemos pagado horas adicionales a los obreros. Hemos debido cocinar, a falta de encimera, sobre algunas tablas de madera con agujeros que hacían pasar los líquidos a los muebles. Hemos tenido realmente la impresión que Ixina se burlaba de nosotros.)

Même après la pose du plan de travail, un trou restait pour un meuble qui aurait dû être commandé depuis des mois! Et qui n'a été placé qu'il y a deux semaines. (Incluso tras poner la encimera, quedaba un hueco para un mueble que hubiera debido ser encargado desde hacía meses. Y no fue colocado sino hace dos semanas.)

Et maintenant vous sortez du chapeau une facture, malgré le constat de M. Valencia que c'était sa faute lors de la commande, et essayez de nous la faire payer. (Y ahora usted se saca de la chistera una factura, a pesar de que el señor Valencia aseguró que era su culpa al hacer el encargo, e intenta hacérnosla pagar.)

J'ai bien envie, moi aussi, de clôturer le dossier, mais refuse de payer pour le mauvais service qu'on a reçu, surtout quand M. Valencia nous avait dit que c'était sa faute et qu'il prendrai sur soi la responsabilité. (Yo también quiero cerrar el expediente, pero me opongo a pagar por el mal servicio que hemos recibido, sobre todo cuando el señor Valencia nos había dicho que era su culpa y que asumiría la responsabilidad.)

Bien à vous,

Alfor von Buchweizen

Por supuesto, el servicio de mediación recibió una copia del correo. A partir de aquí, las comunicaciones cesaron completamente, pero la factura se quedó sin pagar.

Con esto termina la saga de la instalación de los muebles de la cocina. Fue muy duro, la verdad, y me temo que estas entradas dedicadas al asunto no hacen justicia a la verdadera dimensión del mismo. Se nos dijo que nuestro gestor, el ya conocido Alain, o señor Valencia, ya no trabajaba allí, cosa que quiero creer, claro, porque ya hemos visto que no era el trabajo de su vida. Según la persona que se hizo cargo de los asuntos que llevaba al dimitir o ser despedido, que eso nunca me quedó claro del todo, no éramos los únicos en tener problemas con los asuntos que se habían quedado pendientes. Por si fuera poco, la tienda iba a ser remodelada completamente, y así fue. Por razones diferentes, básicamente para hacer la compra, pasábamos con cierta frecuencia por delante de la tienda y estuvo patas arriba durante bastante meses. Al final, reabrió, no sé, ni quiero saber, con qué gestores ni con qué jefe de tienda, pero desde aquellos luctuosos acontecimientos no he vuelto a poner el pie en una tienda de instalación de cocina, básicamente porque hasta hoy, y toco madera, la cocina funciona bien y, salvo que los números del panel del microondas (chino) han desaparecido casi por completo, el resto no ha tenido mayores problemas. El horno, en particular, debe ser una especie de obra de arte, porque una vez vino un operario a cambiar una pieza y se deshizo en elogios hacia él, casi por contraste con la opinión que le merecía el microondas.

Y ahora pasaremos a otro tema, que no sé muy bien cuál será, pero creo que vamos a dejar por algún tiempo el servicio al cliente en la bendita ciudad de Bruselas y en el Reino de Bélgica en general. Pero eso ya lo veremos en otro momento, porque hoy se hace tarde.

domingo, 1 de enero de 2023

2023. Propósitos de año nuevo

En primer lugar, feliz año nuevo a todos los lectores. Poco a poco se va iniciando una costumbre, por lo demás lógica, que es la de hacer una parada el 1 de enero de cada año, echar un vistazo atrás a ver cómo fue el año que terminó y, paralelamente, aguzar la mirada hacia adelante con el fin de pergeñar una especie de programa de trabajo para el año que empieza.

2022 estuvo lleno de tropezones, comenzando por mi propio contagio de Covid, precisamente el 1 de enero del año pasado. Recuerdo que me hice algunos propósitos, que están pulcramente recogidos por escrito en esta entrada, y que vamos a repasar.

Las setenta entradas que esperaba escribir durante el año se han quedado finalmente en sesenta y dos, lo cual significa que la cifra de mil quinientas entradas se alcanzará en las próximas entradas, de seguir con el ritmo actual. Han sido cinco entradas más que en 2021 y nueve más que en el pandémico año de 2020, con lo cual, vale, no se han alcanzado los objetivos, pero menos mal que me los puse, porque, si no, a saber cuántas hubieran sido.

Para este año, yo creo que sí que procede llegar a las setenta entradas, a ver si "apruebo" en 2023 el objetivo que era para 2022.

La serie sobre mandamases de Bruselas ya se terminó exitosamente, con lo cual este objetivo si que lo he cumplido sin mayor problema que el cuidado que hay que tener cuando uno se mete con los asuntos contemporáneos. Como ya he escrito alguna vez, es fácil criticar a Aníbal, porque difícilmente van a venir los cartaginenses a tenérselas tiesas con uno, pero ponte a criticar a cualquiera de los reyes reinantes, y verás. O a hablar de Qatar, sea bien o mal.

En cuanto a las series sobre viajes por estos andurriales, algo ha habido, como el viaje a Tournai o a Gembloux, pero debo aplicarme más. En mi descargo, sólo puedo decir que mis fines de semana no han estado todo lo despejados que me hubiera gustado. En todo caso, voy a ser generoso conmigo y voy a darme un aprobado raspadillo. Un propósito para este año es añadir otros dos lugares a la serie de viajes por los Países Bajos.

Lo del propósito de poner etiquetas es algo que he venido haciendo de tarde en tarde, y casi sistemáticamente con las nuevas entradas, así que vale, lo he hecho. Para este año me propongo ser algo más ambicioso y tratar de poner etiquetas a las entradas del pasado que no las tengan.

Y, como cosa nueva de este año, debería poner orden en la barra de la derecha, que contiene las bitácoras (el "blogroll") que he venido siguiendo mientras estuvieron vivas, pero me temo que vivas sólo sigue una, y en algún caso, desgraciadamente, ni siquiera está vivo el autor, así que va llegando la hora de sentarse con calma y reemplazar la lista de la rusosfera, hoy caduca e irrelevante, por alguna bitácora que tenga algo que ver con Bélgica. Yo sigo teniendo interés por Rusia y seguro que sigo echando un vistazo a la prensa rusa y a contar por aquí lo que lea en ella y me resulte chocante, pero, seamos claros, esta bitácora ya no va sobre Rusia, sino sobre lo que a su autor le pasa en Bélgica, ese país por lo menos dual que le da de comer.

Y eso es todo. Lo de meterme en algún berenjenal, que era un propósito del año anterior, vamos a dejarlo, como así lo dejé con buen criterio el año pasado, porque, si no, luego, todo son líos. Y, entretanto, como ya me quedó claro que los lectores de esta bitácora felicitan todo lo que se pueda felicitar, lo cual me parece una buena idea: ¡Feliz Navidad! (seguimos en la octava), ¡Feliz Año Nuevo! y ¡felices Reyes Magos!, aunque éstos vengan dentro de unos días. Portaos bien, y procurad ser puntuales, que no se os haga tarde.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Esperando la instalación de la cocina

Tras la intervención de los burócratas belgas, las cosas comenzaron a volverse convulsas, pero, por fortuna, también para nuestros negligentes proveedores. De momento, nuestro gestor español de segunda generación desapareció del panorama para no volver a reaparecer. El señor Valencia únicamente resurgió durante las conversaciones que esporádicamente tenían lugar con los representantes de la tienda, y no precisamente para elogiarlo.

El director de la tienda era el señor Vanderborre, o eso decía él. Supongo que le debió llegar el toque desde la central de la empresa diciendo que tenían una queja a través del servicio de consumo, que ellos ponían en su propaganda que estaban adheridos al sistema de mediación, y que resolviera el jaleo o se atuviera a las consecuencias. No sé yo si habrá muchos clientes que recurran al servicio de mediación, pero, por la velocidad en que trataron nuestro caso, yo diría que no, así que lo recomiendo encarecidamente a todo el que se encuentre en un marrón como ése.

Digo lo de arriba porque me llegó el siguiente correo:

Chers Monsieurs

Nous avons lu attentivement votre mail relatif à la commande et le placement d’une cuisine par le point de vente de Drogenbos. (Hemos leído atentamente su correo sobre el encargo y la instalación de una cocina a cargo del punto de venta de Drogenbos)

Après réception de celui-ci, notre animateur réseau a immédiatement pris contact avec le responsable du magasin de Drogenbos, de manière à étudier avec lui toutes les possibilités de résoudre ce problème auquel vous êtes confronté. (Tras recibirlo, nuestro responsable de red ha contactado inmediatamente con el responsable de la tienda de Drogenbos, con el fin de estudiar con él todas las posibilidades de resolver el problema al que usted se enfrenta)

Comme dans notre réponse du 3 mai 2016, le suivi du dossier se passe donc au niveau du magasin de Drogenbos. (Al igual que en nuestra respuesta del 3 de mayo de 2016, el seguimiento del expediente pasa, por lo tanto, a la tienda de Drogenbos).

Restant à votre disposition, nous vous prions d’agréer l’expression de nos salutations distinguées.

Kristieno RONALD - Ixina
Assistante Commerciale Réseau
Commercieel Assistente Netwerk

El señor Valencia, antes de ser despedido, reconoció que algo había salido mal, cosa evidente donde las hubiera, y se ofreció a tomar sobre su propio margen las modificaciones del proyecto. El señor Vandenborre intentó hacerse el sueco respecto de esto, pero de alguna manera olí que el señor Vandenborre había perdido bastante poder de negociación y que (¡por fin!) quienes teníamos la sartén por el mango éramos nosotros. Y me dispuse a dar sartenazos sin piedad.

Finalmente, la encimera vino. Vino desde Portugal, en uno de los fenómenos más raros que he visto, porque la trajeron los mismos instaladores, portugueses también, en una furgoneta que venía de Portugal, con matrícula portuguesa y todo. Al parecer, los belgas les enviaban varios encargos, ellos los preparaban en Portugal y luego los embarcaban en la furgoneta, se hacían el trayecto Portugal-Bélgica durmiendo en la misma, llegaban a Bélgica, ejecutaban la instalación y, completado el trabajo, se volvían a su casa a escuchar fados y comer bacalao. Simple y, hay que reconocerlo, eficaz. Durante un tiempo he de reconocer que llegué a creer que no había operarios belgas en absoluto, y que para cualquier trabajo había que traer gente de fuera, porque el personal local no realizaba trabajos manuales.

Para dejar esto claro, debo añadir que, más adelante, he coincidido con operarios belgas, al menos un fontanero y algún otro, que trabajan estupendamente, pero no deben abundar demasiado, me temo.

El caso es que la cosa estaba prácticamente terminada y sólo quedaba el último intento del señor Vandenborre por corregir la cuenta de resultados de aquel expediente.

Pero este intento forma parte ya de la siguiente entrada, que hoy ya se está haciendo tarde.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Marroquíes

El hecho de que esta bitácora lleve renqueante desde hace algunas semanas se debe exclusivamente a la falta de tiempo, pero no a la falta de materia, porque no, no han faltado cosas que relatar durante este tiempo. Una de ellas se refiere al Mundial de Qatar, ese país que soborna a diestro y siniestro para conseguir buena imagen y, una vez se conocen sus manejos, obtiene exactamente lo contrario.

La selección belga de fútbol, conocida, sobre todo localmente, como los "diablos rojos", no ha tenido una buena actuación en el Mundial. Ganaron el primer partido, eso sí, pero no pareció nada convincente, al menos a juzgar por lo que decían los aficionados al fútbol que me rodean. Por mi parte, yo en todo el mundial no vi sino medio partido. Con lo que paso del fútbol, mucho me hubieran tenido que pagar los cataríes para hacerme ver algo más.

Al día siguiente del partido que los diablos rojos ganaron a los canadienses, un compañero de trabajo, belga él, se asomó por mi despacho preocupado por que el juego de su selección no le acababa de gustar. Como España acababa de ganar a Costa Rica por una paliza, aunque no vi el partido, pude hacer como que me ufanaba un poco, pero poco más podía hacer.

Claro, ahora sabemos que el grupo de Bélgica fue el más duro del mundial, en el que se acabaron encontrando dos de los semifinalistas, pero eso no se podía saber entonces. El caso es que, en el siguiente partido, los diablos rojos (o los "diables rouges" o los "rode duivels", según la versión lingüística local que nos guste más) tropezaron contra la selección marroquí, y la cosa se puso mal, pero no tanto por la posible eliminación de los belgas (que se hizo realidad poco después), sino porque nos hemos dado cuenta de que demasiados marroquíes están, literalmente, por civilizar, y curiosamente son precisamente aquéllos que viven en los países que presumen de ser civilizados, porque los marroquíes que se han quedado en Marruecos han celebrado sus triunfos con alegría, como es natural, pero sin desmandarse más de lo que es normal y hasta deseable.

Los de Bruselas, no.

No sé yo lo que habrá pasado en vuestras ciudades, porque marroquíes hay hoy en día por doquier, pero en la mía, después de la trifulca que se montó tras la victoria de la selección de Marruecos contra la belga, todo el mundo (excepto los marroquíes, claro) ansiaba la eliminación de Marruecos. No por antipatía personal contra sus jugadores o técnicos, que seguro que son buenos chicos y en todo caso juegan bien al fútbol, sino por pura seguridad personal. Después de la victoria contra los belgas, los alrededores de la estación de Midi quedaron literalmente destrozados. Lo peor de todo es que la cosa continuó. En octavos de final, como seguramente todos recordaremos, la selección de Marruecos eliminó a la española en los penaltis. Quisó la suerte, o la desgracia, de que yo no estuviera atricherado en casa, que hubiera sido la opción más segura de haber sido posible, sino en la oficina, y de que me tocara volver a mi domicilio poco después de que terminara el partido, sin saber el resultado todavía.

Al pasar por la plaza Flagey, no hizo falta más. Ya me enteré de quién había ganado. Comenzaron a pasar coches ondeando banderas marroquíes y, en la propia plaza, un grupo de chavales con una sonrisa de oreja a oreja desenvolvían una bandera de Marruecos. No parecía que fueran a ser muy violentos, pero, por si acaso, comencé a pedalear más fuerte, también debido a que hacía un frío del quince. Ahí parece que los marroquíes se limitaron a celebrar la victoria sin provocar destrozos, sino con la alegría, totalmente aceptable, de quien ha recibido un alegrón.

Cuando la selección de Marruecos se enfrentó a la portuguesa, que fue su siguiente víctima, yo estaba recogiendo en coche a una conocida, y sus hijos, que vive en Jette. Entre el sitio al que íbamos y el domicilio de Jette, era preciso pasar por Molenbeek, un municipio casi completamente arabizado que ya protagonizó un apasionante viaje en los albores de esta bitácora en Bruselas. Pues bien, en las calles no había ab-so-lu-ta-men-te nadie, y no creo que fuera únicamente por la temperatura de dos bajo cero que nos tocaba los carrillos. En cambio, los bares de la zona estaban hasta los topes de marroquíes y morisma varia, que estaban viendo el partido. Afortunadamente, para cuando se produjo el desenlace yo ya estaba bastante lejos de allí, pero la cosa se saldó con un número considerable de detenidos.

Naturalmente, yo iba con Portugal. Bueno, yo iba con cualquiera que se enfrentase a Marruecos y tuviera posibilidades de acabar con aquella agonía. Una vez pasado el partido de Portugal, ya daba un poco igual, porque, estando Marruecos en semifinales, iba a jugar dos partidos más de todas todas. Finalmente, Marruecos perdió esos dos partidos. Francia los eliminó y Croacia los dejó sin el tercer puesto. A mí, que no me convence el fútbol en absoluto, normalmente me entra un sentimiento de alivio cuando termina un torneo como el Mundial, pero, en esta ocasión, el alivio fue incluso mayor.

A todo esto, la jarana se produjo igualmente en las derrotas de Marruecos, que se saldaron con la detención de varias decenas de personas, armadas con... bueno, con bengalas y petardos, o sea, nada que pueda asustar a un valenciano, pero cuyo uso en Bruselas está bastante limitado. Está visto que, cuando uno se prepara para liarla parda, el resultado es lo de menos.

La conocida a la que fui a recoger a Jette trabaja en el consulado español, un lugar frecuentado por un porcentaje bastante elevado de personas que son españoles únicamente por el pasaporte que esgrimen, porque ni conocen apenas el español ni tienen, o eso me parece, mucha afición al país que les ha dado su ciudadanía. Dicen por allí los que saben de esto que hay marroquíes que están perfectamente adaptados y que ni participan en estos tumultos ni les hacen la menor gracia, y no seré yo quien les desdiga. Que los instigadores de todo esto son unos adultos con menos sensatez que una fiambrera, pero que cuentan con bandas de menores de edad a quienes ponen a destrozar todo lo que se encuentre en la calle, a sabiendas de que, al ser menores, no corren peligro de ser encarcelados.

Así y todo, no le veo el menor sentido a todo esto. Si han ganado el partido, ¿qué más quieren? Está muy bien que estén contentos y quieran celebrarlo, claro que sí, pero ya está. No hay que romper nada. De hecho, en Marruecos no hay narices para atreverse a romper nada, supongo que porque la policía local debe bromear más bien poco y no debe cortarse nada en deslomar al que se desmande lo más mínimo, cosa que la policía belga se pensará mucho antes de hacer.

Tiene que haber algo más que la alegría desenfrenada. Tiene que haber una frustración muy grande en un segmento de población que jamás se ha adaptado al modo de vida occidental, y no hay más que pasear por alguno de los barrios que han tomado para comprobarlo, y que reacciona con una especie de furor atávico que seguro que no todos comparten, porque, si lo hicieran, estaríamos en guerra civil, pero que le resulta muy propio a un importante segmento de la población emigrada, e incluso a sus descendientes después de varias generaciones. Se trata de un partido de fútbol, no de la yihad, leches, y la selección de Marruecos ha ganado un partido, no ha conquistado Al-Ándalus, pero estos chicos parece que lo han interpretado como el comienzo de su liberación y de la imposición del Islam en Europa.

Creo que nos quedan algunos años de diversión con fenómenos como éste. Después de los años de diversión, no estoy seguro de que lo que nos depare el futuro sea tan divertido.

Sólo espero que no sea tan tarde como el momento de terminar esta entrada.

sábado, 24 de diciembre de 2022

Feliz Navidad

Bueno, pues ya hemos llegado al día de Nochebuena. Sinceramente, yo esperaba que esta fuera la entrada número mil quinientos de esta bitácora, pero no ha podido ser, a despecho del buen ritmo que estaba llevando hasta entrado noviembre. Sin embargo, el final de año ha sido duro tanto en el frente laboral como en el académico, y no me ha dejado tiempo para veleidades literarias. Yo no sé qué pasa, pero todo quisqui se deja sus miserias para el último mes del año, lo cual obliga a quien más, quien menos, pero desde luego a mí, a dejarse las pestañas si quiere irse de vacaciones con la conciencia tranquila. Si a eso añadimos mi inconsciencia al inscribirme en un máster a distancia, con tareas a realizar en plazos perentorios e improrrogables, pues ya tenemos el belén montado, y en ningún momento mejor dicho que en estas fechas.

De hecho, estoy escribiendo esta entrada, que ya digo que no es la milésima quincentésima, sino la milésima cuatrocentésima octogésima sexta, que tampoco está tan mal, y lo estoy haciendo con un sentimiento de alivio por haber podido entregar dos trabajos el día de ayer. Me hubiera gustado mejorar algo la presentación y algo del contenido, pero no tenía tiempo para esas zarandajas y los entregué en el estado apenas presentable en que estaban anoche. La alternativa hubiera sido un suspenso inmisericorde, tanto en convocatoria ordinaria como extraordinaria, lo cual me lleva a algunas reflexiones sobre el modelo universitario español del siglo XXI, pero eso es materia de otra entrada.

La de ésta es la Navidad, que deseo muy feliz a todos los lectores de la bitácora que todavía no la hayan abandonado (y a los otros, también, suponiendo que lleguen a enterarse). Si Dios me da tiempo, arrestos y fuerzas, espero recobrar la regularidad de antaño, aunque ya sé que escribo lo mismo todos los años y no termino de cumplirlo salvo en algún arranque en que coinciden la disponibilidad temporal y la inspiración. Este año apenas he salido de casa o de la oficina en diciembre, así que no estoy muy puesto en cómo las autoridades de los distintos municipios manejan la transformación de una fiesta religiosa en una civil. En Bruselas, el gobierno municipal sigue poniendo en la Grand Place un nacimiento, además del espectáculo de lucecitas que cada año va mejorando, de modo que, supongo que a regañadientes, reconoce que la festividad tiene que ver con lo que pasa en el pesebre que se alza sobre el suelo del lugar más reconocible de la ciudad.

Comoquiera que eso es lo que se conmemora esta noche, animo a los lectores a que, después de la cena de Nochebuena, y aunque sea para bajarla y digerirla sin demasiados empachos, se acerquen a las misas de Gallo de medianoche que haya donde residan. Por esos avatares de la vida, me ha tocado pasar estos días en la capital de España, he buscado dónde hay misa a medianoche y no creáis que la cosa está sencilla. Me estoy encontrando con misas de Gallo a las siete, a las ocho e incluso una, que yo no sé en qué estará pensando el párroco en cuestión, a las cinco de la tarde. Finalmente, fuera de la de la Catedral, que la verdad es que me pilla lejos, he tenido la fortuna de encontrar una posibilidad a cosa de media hora andando desde mi casa, o diez minutos en bicicleta. Me doy con un canto en los dientes.

Nos estamos haciendo blandengues ¿Qué es eso de celebrar misa de Nochebuena a media tarde? Nuestros abuelos, que serían toscos e incultos, pero no les importaba sacrificarse por lo que realmente importa, no hubieran entendido cosas como ésas. Mis abuelos paternos, sin ir más lejos, eran religiosos a su manera, una manera por cierto no muy ortodoxa, pero iban a misa dos veces al año: Todos los Santos y misa del Gallo, obviamente a las doce de la noche. Nunca supe por qué precisamente ésas dos, pero, si sería importante para ellos la misa del Gallo, que era una de las dos veces al año que dejaban su casa, fría, enorme, destartalada y situada en una esquina aislada del pueblo, para recorrer el kilómetro aproximado que les separaba de la iglesia parroquial.

Pues a eso voy yo esta noche, si Dios quiere y nada se tuerce. No es sólo, que también y sobre todo, un acto de culto: también es un acto de respeto a la Tradición de nuestros mayores, que no hubieran entendido esta moda de católicos light de ir a misa a media tarde para luego hincharse a turrón, como si los partos tuvieran lugar a media tarde, cosa que, los que tenemos hijos, sabemos que no es lo más habitual.

Amén, pues, ¡y feliz Navidad a todos!