miércoles, 5 de octubre de 2011

El viaje (IX): Plios

El programa del viaje decía que tardaríamos una hora en llegar a Plios. Quienquiera que lo redactara es evidente que jamás había hecho antes el viaje, porque de dos horas no bajó, y eso que el tránsito era la mar de fluido (sí, fuera de Moscú los atascos se desvanecen).

Plios es un lugar tranquilo, con unas vistas preciosas sobre el Volga. Por una vez, no lo fundó Yuri Dolgoruky, que parece que haya fundado más ciudades que Alejandro Magno. Fue fundado por Demetrio I, un zar semidesconocido y poco recordado, y cuyo único busto en Rusia se encuentra, precisamente, en Plios.

Eso de estar situado en una posición estratégica, junto al Volga, le vino bien a la población, que se fue desarrollando poco a poco, incluyó una fortaleza por si las moscas y los tártaros, y se convirtió en un lugar rico, con unos comerciantes bastante forrados.

En esto, llegó el tren, pero no a Plios. Llegó a Kíneshma, unas cuantas verstas más allá, y los comerciantes de Plios, primero poco a poco, y más adelante en masa, hicieron mutis por el foro y se trasladaron a Kíneshma a disfrutar del ferrocarril. Plios sufrió una especie de choque, y sus 2.500 habitantes se redujeron con velocidad, hasta que fue capaz de encontrar una alternativa económica para su subsistencia.

Esta alternativa consistió en el turismo. Además de estratégicamente situada y esas zarandajas, Plios es bonito, tranquilo y en verano incluso puede hacer buen tiempo. Los ricachones de Moscú se fueron dando cuenta y así es como Plios corrió de boca en boca como lugar de moda en los veranos de la segunda mitad del siglo XIX.

Además, llegó Isaac Levitán. Levitán era un pintor paisajista de, precisamente, la segunda mitad del siglo XIX, que pasó varios veranos en Plios y pintó bastantes cuadros. Lo más fácil ha sido reproducir alguno de ellos para ilustrar esta entrada sobre Plios, pero resulta que Levitán no era un pintor realista, y sus paisajes no están tomados literalmente del mundo real, aunque pueda parecerlo, sino que se los inventa él a base de cachos que va tomando de aquí y de allá. Muchos cachos los pilló de Plios y, de hecho, uno de los atractivos turísticos de Plios consiste en la casa-museo de Levitán, de quien hablan y no paran las guías turísticas que conducen por el pueblo las excursiones.

Sea como fuere, el pueblo sigue teniendo, hoy día, 2.500 habitantes, como a principios del siglo pasado. Sigue siendo muy chulo y muy tranquilo, con algunas dachas construidas con mucho dinero, y no estoy tan seguro de que haya sido con tanto buen gusto como dinero, y con una curiosidad que me venía rondando la cabeza y que iba teniendo muchas ganas de preguntar a algún lugareño: ¿Por qué las calles de las ciudades rusas antiguas, excepto en Moscú o San Petersburgo, mantienen los nombres con que las rebautizaron los bolcheviques?

La pregunta me venía rondando a la cabeza desde hacía algún, y ya iba siendo hora de formularla, ya lo creo.