lunes, 2 de noviembre de 2009

La milicia contra Miles (I): El accidente

Era un domingo, día lluvioso, como casi todos. Estaba aparcando en batería junto a mi casa, con cierta prisa, porque debía salir rápidamente en otra dirección. De repente, noté que algo iba mal: había rozado el coche que estaba aparcado a mi lado.

No le había hecho mucho, pero allí había una rozadura. No le di mucha importancia. Llovía, no sabía de quién era aquel coche, y no podía dejar una nota en el parabrisas sin que la lluvia la desintegrara, así que me fui a hacer mis cosas y, al día siguiente, redacté una educada nota de disculpa, asumiendo toda la culpa del incidente, y dando todos mis teléfonos para que el dueño del coche pudiera localizarme y pudiéramos hacer un parte para el seguro. Como seguía lloviendo, metí la nota en una carpetilla de plástico y la sujeté con el parabrisas.

En España, después de que el dueño del coche me hubiera localizado, hubiéramos rellenado los papeles del seguro, porque el acuerdo era total, y nos hubiéramos separado tranquilamente.

Aquí, no.

Pocas horas después, encontrándome en mi trabajo, sonó mi teléfono.

- ¿Sí?
- Gospodin Alfor, soy Tatiana Aleksandrovna. He leído la nota que me dejó en el coche.

Era la vecina de un par de casas más allá.

- Ah, sí. Permítame disculpame de nuevo. Como ya le escribí, estoy dispuesto a asumir toda la culpa ¿Cuándo quiere que quedemos?
- ¡No sabe lo que me alteré! El coche es nuevo, ¿sabe? Bueno, he llamado a la policía de tráfico. Dicen que enviarán a alguien para hacer el parte ¿Cuándo estará usted por casa?
- Ahora estoy en el trabajo. Podría estar en casa sobre las seis.
- ¿Y fue usted quien lo hizo? Porque yo siempre le veo en bicicleta. Seguramente sería su mujer, ¿no?
- No, no, fui yo. De verdad.
- Bien, pues le llamaré a las seis cuando la milicia esté a punto.

Primer punto interesante: la milicia, o policía de tráfico, siempre interviene en los asuntos. En España, cuando hay acuerdo, como en este caso, ni se asoman; aquí lo hacen siempre, aunque en teoría no tendrían por qué hacerlo, pero, en la práctica, los seguros sólo pagan si ven un atestado de la policía con el sello puesto. Eso explica, además, por qué los seguros obligatorios son tan baratos: la gente, con tal de no vérselas con la milicia y pasar varias horas de torturas y sobornos sobreentendidos, se paga sus averías y pasa del seguro. Porque la milicia, y ya lo hemos visto alguna vez, y creo que no vamos a tardar en verlo de nuevo, es un cuerpo corrupto hasta la médula, hasta el punto de que sus componentes ven la percepción de "recompensas" como algo normal y éticamente aceptable. Que es el punto en que la corrupción es incurable.

A las seis, la vecina llamó.

- Gospodin Alfor, ¿dónde está su coche?
- Pues al otro lado de la casa.
- Me han dicho en el seguro que debemos colocar los coches exactamente como estaban cuando se produjo el accidente. De lo contrario, le podrían detener por huir del lugar del delito.

"¿Delito?"

- Bueno, vamos a ver qué podemos hacer.

La vecina colocó su coche donde estaba la víspera, después de esperar un buen rato a que se fuera el coche que lo ocupaba. El sitio de al lado estaba ocupado, pero la vecina conocía a la dueña, que era otra vecina que estaba paseando al perro. La vecina accedió a cambiar su coche de sitio, y entonces yo entré (esta vez sin rozar a nadie, ya sería el colmo) justo donde estaba. Bueno, si hubiera dejado el coche tal y como estaba en el momento del roce, o sea, rozando al otro coche, taparía totalmente el paso y provocaría un desastre en el vecindario. Así que lo retrasé dos metros para dejarlo bien aparcado.

- Bueno, ya está.
- Vamos a esperar a que lleguen. Me han dicho que vienen a pie, que tienen el cuartel aquí al lado.

Efectivamente, a los cinco minutos vimos a dos figuras rollizas con chalecos reflectantes acercarse hacia nuestra casa.

Hasta entonces, todo había ido bien. Hasta entonces.

6 comentarios:

josema dijo...

Buenos días,
Le sigo puntualmente cada mañana antes de empezar el trabajo. Es algo tan esperpéntico e hiperbólico lo que cuenta que parece increíble. Es una anécdota digna del mismísimo Gila. Un saludo

Doctor Fronkonstein dijo...

Espero impaciente la segunda parte de la historia, pero me imagino la situación y la pareja de la policía que se acerca hacia vosotros transmite de todo menos seguridad.

Es un placer seguir este magnífico blog.

Saludos.

Boots dijo...

Oye Alfor, creo que nuna te mande el link de mis pequeños ejercicios artísticos...

http://www.youtube.com/watch?v=otvypTRbcgo

http://www.youtube.com/watch?v=vEY_a3LEYpM

Anónimo dijo...

Mira que tener un Seat en Rusia, ya son ganas de que te cacen.
Saludos.

Alfor dijo...

Josema, bienvenido y gracias por su comentario. Ojalá fuera mentira o exagerado lo de esta serie. No lo es ni un poquito.

Doctor Fronkonstein, gracias por el piropo. Hombre, seguridad, lo que es seguridad, pues es verdad que no transmitían mucha. Hubiera preferido que, en lugar de ellos, hubiera venido... no sé, Maribel Verdú, por ejemplo, pero claro, uno no puede permitirse elegir en ciertas situaciones.

Boots, el segundo no se me carga, pero ya lo iré intentando. Cuando rodaste el primero ibas de mal rollo, ¿no?

Anónimo, no crea, que este año, además de ése, se vendieron otros doce. En el concesionario están la mar de contentos.

Alfor dijo...

Boots, la música del segundo corto, además de Mozart, también es de Carl Orff. Ojo con esos títulos de crédito.

Diossss, qué manía tenéis algunos con las sotanas.