lunes, 30 de noviembre de 2009

Educación gratuita

En España, de vez en cuando, y por lo que me cuentan los que viven por allí, surge periódicamente el debate entre la escuela pública y la privada, con ese caso intermedio que es la privada concertada. Parece que la pública es gratuita, que la privada cuesta un riñón, y que la concertada es gratuita, pero poco, porque con lo que recibe el colegio del concierto no les llega, así que tienen que completarlo con aportaciones, sólo hasta cierto punto voluntarias, de los padres, enmascaradas bajo diferentes subterfugios. En tanto no llegue el cheque escolar, que ojalá lo vea, tengo entendido que es así como está el percal por allí.

En Rusia, el concepto de concertada no existe, la privada no sólo cuesta un riñón, sino tres o cuatro, y la pública es la alternativa lógica para quienes no somos oligarcas dueños de petroleras y clubes de fútbol.

La escuela pública rusa es tan gratuita como la concertada española. La administración paga los salarios del personal docente, casi todos los manuales escolares (notable ventaja frente a España, por cierto)... y nada más, literalmente nada más. De esta manera, los padres, que tienen cierto reparo a que sus hijos estudien en una pocilga herrumbrosa y decrépita, utilizan un sistema autogestionario. Uno de ellos (mejor dicho, de ellas) se erige en administrador unos meses antes de que los niños se incorporen al equivalente a primero de primaria y organiza la recogida de fondos, el adecentamiento del aula y la compra del material básico. La cosa funciona sola, con un curioso sistema de sobreentendidos (o sea, por ejemplo, la escuela pública es gratuita, pero se sobreeentiende que hay que apoquinar), no hay ninguna norma que la regule y los profesores, esos héroes, intentan apartarse pudorosamente al final de las reuniones de padres, que se convocan bajo pretexto de ver cómo van los chicos, pero que, de hecho, son para recaudar fondos.

Y, como pasa lo que pasa, o sea, que basta escaquearse de las reuniones para no pringar pasta y hacerse el sueco para salir de rositas, la labor del administrador del comité de padres, cargo voluntario, es tirando a desagradable. Así es como se generan cartas como la que nos trajo Ro el otro día y que dejo traducida aquí para que no volváis a quejaros nunca de la escuela pública española. Si sabéis ruso y la queréis leer en su idioma original, pinchad la imagen.

¡¡¡Estimados padres!!!

Todos somos personas ocupadas y reunirnos es bastante complicado, por lo que no es muy razonable convocar una reunión de padres por un par de cuestiones. Por ello el comité de padres cree posible solucionar esta cuestión de la siguiente manera: escribir cartas sobre los problemas y necesidades de la clase y enviarlas con los niños. Será más sencillo para nosotros, los padres.

Si esta manera de actuar resulta más cómoda, en el futuro nos comunicaremos así. Debemos estar interesados en la solución de las cuestiones domésticas, ya que queremos que nuestros niños estén a gusto en el aula, en la cual pasan una gran parte de su tiempo.

Cuestiones:

1. ¿Vamos a hacer excursiones antes de Año Nuevo? ¿Y después?

¿Cuántas excursiones organizamos? ¿A dónde? ¿Puedes ustedes pagar por estas cosas? ¿Alguien puede tomar parte en la organización de tales excursiones?

(siguen tres líneas en blanco)

2. En nuestra escuela primaria se ha estropeado la fotocopiadora. A cada clase le corresponde pagar 1.500 rublos para adquirir otra.

3. ¡Y está al caer el Año Nuevo! ¿Vamos a decidir qué compramos a los niños? Por ejemplo, puzzles, libros, una bolsa con golosinas. Propongan, pero el precio del regalo no debe superar 300 rublos. Si tienen ideas, escriban. Si les da lo mismo, escriban también ¡No se avergüencen!

(otras dos líneas en blanco)

4. ¡También es Año Nuevo para los profesores! Tenemos la propuesta de otras clases, precisamente de nuestra escuela primaria, de recoger dinero juntos y hacer un regalo conjunto, ¡PERO!, queridos padres, si de repente alguno de ustedes tiene la idea y el deseo de comprar un regalo por su cuenta, escríbanlo también.
POR FAVOR. Y si, otra vez, les da lo mismo, escríbanlo también.

(ahora sólo hay una línea en blanco)

5. Compra de un IONIZADOR (de fabricación italiana, con ultravioleta) para el aula. Compremos de una vez un ionizador de aire. Ha llegado la temporada de los constipados (¡¡¡con síntomas iniciales, y también con restos de gripe, nuestros niños siguen yendo a clase!!!), y debe haber alguna defensa, y aire limpio. Un ionizador cuesta de media 4.000 rublos, y se puede encontrar algo más barato.
¡¡¡Que somos veinticinco personas!!! Escriban también sus respuestas y propuestas. (media línea, y gracias)

6. Todavía tenemos papel higiénico y jabón, pero creemos que hacia diciembre se acabarán las reservas de la clase.

7. Cuentas del dinero recogido en septiembre y octubre de 2009.

En la última reunión de padres decidimos que cada padre pagara 1.000 rublos para las necesidades de la clase hasta diciembre de 2009.

Suma recaudada: 21.500 rublos (no parece múltiplo de mil...)
Gastado: 18.727 rublos.

rotuladores del año pasado, 1.500 rublos; limpieza de ventanas, 1.000 rublos. Regalos a los niños por los cumpleaños, 3.000 rublos (aún hemos de devolver mil); necesidades domésticas (970 rublos); Día del profesor, 5.437 rublos (este año nos arreglamos sin flores); estores y bandejas, 5.500 rublos; botiquín para los niños (1.320 rublos) (tenemos comprobantes y cualquier padre, si lo desea, puede examinarlos).

Nos quedan 2.773 rublos.

8. Cada padre debe (realmente "debe") responder a la pregunta de qué cantidad de su presupuesto puede aportar para las cuestiones indicadas. Rogamos insistentemente que no dejen la solución a estas cuestiones en el fondo del cajón. Sería deseable resolverlas no más tarde del final de octubre de 2009. Y a los que no hicieron hasta ahora la aportación antes indicada, por favor, solucionen esto ¡¡¡No hay que solucionar los problemas financieros de uno a costa de los otros padres!!!

Representante del comité de padres - Menganita de Tal (madre de Marianita de Tal).
Mi teléfono: x-xxx-xxxxxxx
A todo esto, hay que recaudar unos 880 rublos de cada uno. Sin contar excursiones.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Komandirovka

La "komandirovka" es una de esas palabras que los extranjeros que vivimos aquí utilizamos directamente sin traducir. Ocurre con otras, como "remont-ремонт" o "rynok-рынок", que ciertamente tienen traducción al español ("reforma" y "mercado", respectivamente), pero cuya traducción es muchísimo menos expresiva que la palabra original, en ruso, incrustada en una conversación o un texto en castellano. Al dejarla en ruso, el emisor del mensaje no se limita a transmitir un concepto, sino todo un enjambre de sensaciones locales que se perderían con la traducción.

Una "komandirovka" es un viaje de negocios por iniciativa ajena, controlado con todo tipo de documentación que pruebe que has estado efectivamente en el lugar al que tu jefe te ha enviado, y no en la playa. Con eso, al empleado le pagan unos "gastos de viaje" radicalmente limitados por la ley tributaria rusa y que, una vez más, suenan mejor directamente en ruso: komandiróvochnye (командировочные). Pronunciadlo si podéis.

Lo normal es que los komandiróvochnye vayan al bolsillo del viajero (o al duty-free del aeropuerto, si se da el caso), porque lo habitual es que el huésped que acoge al trabajador viajero corra con los gastos de manutención. Y que gaste a saco paco, hasta el punto de que cinco días de komandirovka pueden arrruinar la dieta del más pintado. O de la más pintada.

Alfina no es ni mucho menos la más pintada, pero acaba de llegar de una komandirovka relativamente prolongada y, para mayor abundancia, tiene una hija observadora y sin pelos en la lengua. Así que, después de los besos y abrazos de rigor, Ro se quedó mirándola y dijo muy seria:

- Mamá, ¿eso es que tienes un bebé o que la camiseta se te ha quedado pequeña?

Acto seguido, sonaron unas carcajadas bastante sonoras que emitía su padre. Ro reflexionó un poco más y añadió:

- Bueno, supongo que es que la camiseta se te ha quedado pequeña.

Sí, sería eso. Nada que no pueda remediar una semana a base de verdurita.

(Esta vez no hay foto ilustrativa. Yo la había sacado, pero la cámara ha desaparecido misteriosamente)

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Caducidad

De vez en cuando navego por páginas en internet relacionadas, como ésta misma, con Rusia, lo cual a veces resulta muy útil para aprender cosas sobre el pasado ruso. En cambio, sobre el presente, la mayoría de esas páginas yo diría que despistan con más frecuencia de lo que parece.

Eso no es de extrañar. Y no es de extrañar porque el conocimiento de la realidad rusa caduca con mucha rapidez. Hay cosas que no cambian, vale; pero hay otras muchas que sí lo hacen, y hay que ver lo deprisa que cambian aquí, leches.

Anatoly Dobrynin es, seguramente, el más famoso de todos los diplomáticos rusos de todos los tiempos. Dirigió la embajada de la Unión Soviética en Estados Unidos durante la friolera de veinticuatro años, entre 1962 y 1986, y le tocó lidiar con la Guerra Fría en todo su esplendor, desde la crisis de los misiles hasta muy poco antes de la caída del muro. Durante su mandato se sucedieron seis presidentes estadounidenses y cinco secretarios generales del PCUS.

Los que le conocieron, en particular en sus últimos años como embajador, coinciden en que lo sorprendente no era que no tuviera prácticamente ni idea de la realidad cotidiana del país en el que estaba destinado. Eso no era sorprendente, porque en realidad es lo más habitual en los diplomáticos de alto copete, probablemente de cualquier país, y con más razón en el caso soviético, y ahora ruso, que yo diría que en su ministerio no les estimulan demasiado a salir de los muros de sus residencias y confraternizar con el pueblo.

En el caso de Dobrynin, lo verdaderamente sorprendente no era eso, sino que no tenía ni idea de la realidad en su propio país, la Unión Soviética. Parecía que viniera de otro sitio, y probablemente, a la vista de lo que cambió la URSS entre su entrada al cargo y la salida del mismo, algo de eso había.

Ésa es la impresión que se tiene al leer cómo pontifica por internet gente que lleva más de un lustro fuera de Rusia. Españoles, sí, pero no sólo españoles: tampoco bastantes rusos que sólo pasan por aquí un par de semanas al año de vacaciones parecen enterarse mucho de los avatares que sufren los residentes locales.

Hace unos años, creo que en 1997, una compañera asumió la tarea de buscar acomodo a un español que venía a pasar a Moscú unos cuantos meses. El español en cuestión no era novato en el país, sino que había estado cosa de un año en 1991. No mucho antes, pues.

El español envió por escrito sus preferencias de alojamiento:

"Quiero que me busquéis un piso de dos habitaciones a no más de diez minutos del metro. En el centro, o como mucho una parada fuera del anillo. Que no cueste más de cien dólares al mes."

En 1997, el conjunto de apartamentos que cumplían esos requisitos era el conjunto vacío. Mi compañera intentó hacerle ver al español que la variable precio debería ser un poco más flexible, ante lo que llegó una respuesta más o menos como sigue:

"A mí no me vengáis con que no se puede, que yo he vivido ahí y sé que no cobran tanto. A vosotros os engañan porque saben que es para extranjeros, pero claro que se puede sacar por cien dólares."

Después de una correspondencia por lo demás interesante, mi compañera decidió escaquearse del asunto y dejar al español que se cerciorara él mismo de las particularidades del mercado inmobiliario local. Finalmente, el español apareció por aquí y no tardó mucho en darse cuenta de que los conocimientos que pudiera haber adquirido en 1991 debían ser actualizados urgentemente, en particular en lo referente a los precios de las cosas, que se habían multiplicado varias veces. Pero, durante las primeras semanas, aún le aparecían retazos de su visión soviética de 1991 que le hacían a continuación estrellarse contra la realidad rabiosamente capitalista de 1997. Al final, creo que contrató por un par de meses un cuchitril diminuto alejado del metro por trescientos dólares y poco a poco fue superando el choque intertemporal. Nunca se atrevió a invitarnos a verlo, así que todos dedujimos que su vivienda era especialmente impresentable, en sentido literal.

Aunque no con tal extremo como en aquellos años, hoy día ciertos cambios en Rusia siguen siendo vertiginosos. Hay cosas inmanentes, rígidas, pétreas, que son así y posiblemente nunca cambiarán (no sé, por ejemplo, las colas) Pero otras dan bandazos tremendos, así que cualquiera que no haya visitado Rusia en los últimos, pongamos, cinco años, no debería decir que conoce Rusia, sino, todo lo más, que conoce la Rusia del último año en que estuvo.

Así que, cuando veáis a algún pontífice de internet sentar cátedra sobre Rusia, aunque sea tan ruso como Dobrynin o haya pasado en Moscú más años que Carrillo, no toméis sus palabras como la verdad absoluta. Porque aquí muchas cosas cambian con velocidad y dejan el conocimiento acumulado tan caduco como, posiblemente, algunas de las primeras entradas de esta bitácora. Que, quieras que no, ya van teniendo su edad.

lunes, 23 de noviembre de 2009

A vueltas con la política monetaria

El Banco Central de Rusia no es un ejemplo de independencia, ni de transparencia, pero, a diferencia de los bancos de la zona euro, excepto el BCE, tiene algo muy importante: todo lujo de herramientas monetarias, lo que le permite devaluar de golpe, devaluar poco a poco, recortar tipos, incrementar tipos, cambiar de objetivos y, en suma, hacer lo que le dé la realísima gana. El Banco de España, con supervisar entidades de crédito (bueno, últimamente también se dedica a gestionar alguna, mal que le pese) ya tiene bastante.

La última vez que en esta bitácora se escribió de economía, el rublo se terminaba de desplomar, el crédito estaba estrangulado, el PIB se estaba pegando un batacazo de época y las reservas exteriores se habían reducido en un tercio. Y, en un artículo del Handelsblatt, se le brindaban diversas soluciones al Banco Central. Había una solución más que no proponía el artículo del Handelsblatt, sino yo mismo, consistente en que el Presidente del Banco Central, Serguei Ignatiev, pusiese una velita a San Sergio de Radonezh para que los precios del petróleo volviesen a subir.

No dispongo de información sobre si Ignatiev leyó esta bitácora y se puso a comprar velitas y a fijarlas ante los iconos de San Sergio, pero el hecho es que, sea como fuere, los precios del petróleo vuelven por sus fueros. No por sus fueros del verano de 2008, poco antes de despeñarse desde una altura de 140 dólares USA por barril, pero al menos sí por unos fueros lo suficientemente respetables como para que las reservas de divisas vuelvan a inflarse, para que vuelva el superávit en la balanza por cuenta corriente y, con ello, la elección tradicional del Banco Central en los últimos años: ¿inflación o tipo de cambio?

Hasta ahora, el BCR había optado por mantener el tipo de cambio controlado, básicamente comprando dólares y euros para evitar que el valor del rublo se disparara. Claro, si compras dólares y euros con rublos, lo que estás haciendo es darle a la maquinita de imprimir billetes e inundar el país de rublos. Y, si hay más rublos, pero las mismas cosas que comprar o vender, entonces el resultado es que tienes encima una inflación del quince. En este caso, además, literalmente, porque ése fue precisamente el porcentaje de inflación en alguno de los años inmediatamente anteriores al actual. Como, además, el tipo de cambio se movía un poquito a favor del rublo, el resultado es que con los dólares o los euros podías comprar cada año que pasaba cosa de un veinte por ciento menos que el año anterior. Si cobrabas en euros, lo tenías chungo.

La inflación es un auténtico coñazo. No es que sea mala de por sí, dentro de ciertos límites, pero es latosa y pone de muy mal humor a la peña cuando ve que los precios suben, con lo que da sensación de que las cosas van peor de lo que van en realidad.

Yo diría que con buen criterio, Ignatiev ha decidido (o le han hecho decidir) ponerle coto a la inflación, y señalar tal objetivo como prioritario. Eso pondrá más contenta a la población y dará mucha más estabilidad, pero también tendrá consecuencias desagradables.

Porque una de las cosas que tendrá que hacer Ignatiev es dejar de comprar dólares y euros y de inundar el mercado con rublos calentitos, recién salidos de la impresora. Como consecuencia, la gente tendrá muchos petrodólares y pocos rublos y lo que pasará es que el precio del rublo subirá, porque lo de ir con dólares a comprar o a pagar salarios no funciona.

Como el precio del rublo subirá, también subirán los precios de las cosas que se fabrican en Rusia. Y, por tanto, los gringos y nosotros, los uropeos, podremos vender nuestros cachivaches en Rusia, porque, medidos en rublos, serán mucho más baratos. Eso puede que le guste a la peña, que podrá comprar cosas más baratas, pero desde luego no a los fabricantes rusos, que verán que sus bienes no se los compra nadie, porque los que vienen de fuera son más baratos y mejores.

Además, así como ahora hay fabricantes extranjeros que hacen de tripas corazón y se vienen a construir fábricas en Rusia y a pelearse con los milicianos y demás chusma con gorra y uniforme, como el rublo comience a ponerse caro dejarán de hacerlo, porque será igualmente caro producir aquí y les saldrá más barato producir en su país y traer aquí lo que sea.

Para evitar que su competitividad se les vaya a tomar viento y que la inversión extranjera productiva se dedique a hacer cortes de manga, el Gobierno ruso ha tomado medidas de las que hacen torcer el gesto a los librecambistas de toda la vida. Por un lado, ha metido a saco varios aranceles de importación prohibitivos; por otro, ha sustraído el control de los aranceles de exportación a la Duma, de manera que ahora los puede imponer directamente el Gobierno (que desde luego es más rápido a la hora de tomar decisiones); finalmente, ha regado la Rossiyskaya Gazeta (que es, ya lo vimos, el lugar donde se publican las normas) de una pléyade de lo que llamamos barreras técnicas a la importación. Es decir, no te ponemos un arancel del 30% que te deje seco, pero pretextamos que tu producto no cumple con unas misteriosas normas sanitarias y no le dejamos entrar; o lo sometemos a más inspecciones que un cargamento de armas enviado a Afganistán; o te machacamos con unos precios mínimos tales que parece que hayas usado oro para fabricar tus cachivaches.

El resultado, claro, es que la peña extranjera se cabrea. Ya están las cosas bastante chungas con la crisis y tal para que encima venga el ruso y decida que en su casa no se vende un clavo que no sea ruso. Sin embargo, en una economía con tantísimos desequilibrios como la rusa, no tengo ni idea de qué otra cosa pueden hacer para que alguna magnitud no se les pegue un batacazo. De momento, parece que han decidido que, al menos, la inflación deje de ser uno de esos desequilibrios brutales, y luego ya irán equilibrando otras cosas. A ver qué sale de todo esto.

De momento, no sé vosotros, pero yo iría a comprar rublos.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Músicos acabados (VI)

Ya hacía tiempo que esta sección no era actualizada, y no es porque no hayan faltado candidatos a rellenarla, no. Por Moscú ha vuelto a pasar Isabel Pantoja y también ha vuelto a pasar Julio Iglesias, que supongo que a estas alturas ya tendrá el visado de múltiple entrada. Él sí que va a poder ir presumiendo por ahí. Hey.

Pero eso no es todo. Dentro de poco vienen los chicos (bueno, no tan chicos) del póster de la izquierda. Nada menos que Motörhead, con los treinta años sobre el escenario más que cumplidos y cuyo líder debería estar cerca de cobrar una pensión de jubilación. No me imagino yo al Lemmy cotizando como autónomo a la Seguridad Social, pero luego esa gente te sorprende. Tampoco me lo imagino jubilándose el año que viene, la verdad; al contrario, al Lemmy sólo la muerte debería bajarle de los escenarios. Killed by Death.

Bueno, pues no es la primera vez que vienen a Moscú, por lo que cabe suponer que su acabamiento era manifiesto ya desde antes. Sin embargo, vuelven para confirmarlo y, al ver los carteles, no puedo evitar cerrar los ojos y escarbar en la memoria para retrotraerme al lejano 1986, si no me equivoco, en que la banda de los Motöres actuó en una ciudad de la que seguramente no habían oído hablar nunca y de la que quizá tampoco volverían a saber nada después. La ciudad era Valencia, y el escenario para su actuación fue el pabellón municipal de la Fuente de San Luis (la Fonteta, para los amigos), donde jugaba, y sigue jugando, el equipo de baloncesto de Valencia.

La actuación fue tremenda. Pero tremenda de verdad. La peña se lo pasó de miedo, y así fue como el pabellón quedó en tal estado que el Valencia Basket Club no pudo entrenar en toda la semana. Hay quien dice que, a la hora de jugar el siguiente partido, en las gradas todavía olía a... bueno, mejor no sigo.

Pues ésta es la banda, acabadísima, que viene a Moscú el próximo 19 de diciembre a ver cuántos viejos rockeros quedan por aquí.

Mmm... el 19 de diciembre... a las siete de la tarde... en Luzhniki.

Mmm... vaya, vaya, así que el 19 de diciembre por la tarde.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Prensa escrita (III): Moskovsky Komsomolets

Me costó un montón encontrar la noticia de la reunión de Medvedev con los líderes de la oposición en el Moskovsky Komsomolets. En su lugar, en primera página había un artículo sobre un meteorito que había caído en un pueblecito de Letonia, en las que el titular tenía unas letras tan grandes que parecía maravilla que hubiera moldes capaces de imprimirlas; además, había una importante sección de cotilleos sin confirmar en primera página, con gente que a mí ni me sonaba, y alguna referencia a signos del zodíaco.

Sólo con pena y trabajo conseguí hacerme con el artículo perdido en una página interior. Y es que, seamos claros, el Moskovsky Komsomolets es un periódico de marujas o de morbosos, con unos periodistas cuyas fuentes son más falsas que un contrato de compraventa de la Giralda y que buscan los instintos más bajos del ser humano para despertar su interés. En resumidas cuentas, se trata de un diario sensacionalista. Si lo tuviera que comparar con un diario español, escogería "Público": diario progubernamental de calidad mejorable en busca permanente del escándalo.

Mi última profesora de ruso era una ávida lectora del Moskovsky Komsomolets. La buena mujer había estado toda su vida dando clase a alumnos de ruso de nivel nulo, que no sabían ni el nominativo de Moskvá, pero entonces llegué yo y a la segunda clase, cuando vi que me intentaba explicar la conjugación del presente, le dije que dejase la gramática para sus alumnos de primero y que a mí me enseñase a escribir, y bien. Finalmente llegamos a un acuerdo consistente en que yo escribiría redacciones a saco paco, que ella corregiría, y que ella buscaría textos periodísticos para hacer comentarios de texto en clase.

¿Y cuáles eran sus fuentes de textos para comentar? Efectivamente, era el nunca bien ponderado Moskovksy Komsomolets, concretamente su primera página. Recuerdo el título del primer texto: "Psicofonías repetidas atormentan a los habitantes de un edificio de cinco plantas" (Los edificios de cinco plantas, o jruschiovkas, son unas mierdas de casa que se caen a trozos, con lo que, en el fondo, no es de extrañar que haya espectros que se quejen). El segundo también fue bueno: "Unos expertos descubren ratas de tres metros en los túneles del metro de Moscú". En estas circunstancias, me costaba mucho aguantarme la risa durante los comentarios de texto, y mi profesora, que sería maruja y crédula, pero no tanto, al final se daba cuenta de que yo no creía mucho en los espíritus, ni en las psicofonías, que posiblemente eran las fuentes de información habituales de los periódistas de MK, ni me importaba demasiado que Alla Pugachova estuviera a punto de casarse con Filip Kirkorov y que él le hubiera regalado un dromedario en lugar de un anillo de compromiso.

Al final, claro, aquello no podía acabar bien. Yo conseguí cierto nivelillo escribiendo ruso, pero un buen día mi profesora se hartó de mi indiferencia extrasensorial y se fugó con un antiguo alumno suyo de las fuerzas armadas de la Republica Democrática Alemana, supongo que ya reconvertido para otra causa menos impopular en su unificado país. Yo, por mi parte, decidí que mi cupo de profesoras frikis ya estaba cubierto con ella (bueno, sin olvidarnos de las cinco anteriores), y no he vuelto a tener profesores de ruso desde entonces.

Pero vamos con el asunto. Hay que reconocer que, aunque no destacan demasiado el asunto, al menos le dedican dos artículos. El primero es descriptivo y se parece demasiado a lo descrito en Rossiyskaya Gazeta y que ya vimos, hasta el punto de que caben sospechar de de que en ambos casos podría coincidir la identidad del autor. El segundo es un análisis político y no tiene desperdicio: resulta que nunca hubo fraude electoral y que la culpa de los resultados es de la oposición, que lleva veinte años cayendo en picado. Lo tenemos en este enlace. Y aquí se traducen un par de párrafos, aunque todo el artículo no tiene desperdicio.

Selección natural

Los resultados de las elecciones han mostrado qué partidos habrá en el próximo parlamento

El pasado sábado, en el encuentro de Dmitri Medvedev con los jefes de los cuatro grupos parlamentarios, se ha puesto de hecho punto final a la discusión, que ya duraba tres semanas, sobre las elecciones del pasado 11 de octubre. De acuerdo con los expertos que analizaron las elecciones, los propios partidos determinaron sus resultados, así que las elecciones "concuerdan con las preferencias de los votantes."

Los analistas políticos tienden a analizar la victoria de Rusia Unida describiendo por qué perdió la oposición. Así, el director del Centro de Coyuntura Política, Aleksey Chesnakov, está convencido de que "la principal causa del fracaso en las elecciones de tal o cual fuerza política hay que buscarla en la falta de solución a un antiguo problema de la vida política rusa: el constante agotamiento del electorado propio de los viejos partidos." El analista supone que "la mayoría de ellos se enfrenta a una caída del nivel de apoyo de los electores."


El artículo sigue. Para aquellos lectores a quienes les interese la política rusa, puede ser aleccionador. En todo caso, el comentarista de MK se mantiene fiel a la versión oficial de: ¿Fraude electoral? ¡Nooooooo! y busca las causas de los resultados electorales en la inopia de la oposición, no siendo causalidad que exculpe del desastre a Rusia Justa, que resulta un poco rarillo llamar partido opositor. Teniendo en cuenta que utiliza como fuente el Centro de Coyuntura Política, que es hechura del Kremlin, algo así como si le preguntaran a FAES qué conclusiones extrae de la derrota de los sociatas en las últimas elecciones europeas, no es extraño que las conclusiones del articulista sean las que son.

La próxima entrada de la serie ya se dedicará a publicaciones no tan obsequiosas con el Kremlin, aunque tampoco estrepitosamente enfrentadas. Va llegando, pues, la hora de escibir sobre Nezavisimaya Gazeta.

lunes, 16 de noviembre de 2009

La caída del muro

Estamos de conmemoración. Hace veinte años que el muro de Berlín cayó y la mayoría de los protagonistas de entonces está de gira recordando su participación en los hechos. De todas formas, hay algún que otro protagonista que es un poquito más ninguneado que el resto. Y uno que es especialmente sobrevalorado.

Egon Krenz, sucesor de Erich Honecker al frente de la RDA, es cualquier cosa menos santo de mi devoción. Pero, en la entrevista que hace El País suelta al menos una verdad como un puño (en su caso, en alto).

P. Usted dijo que Gorbachov es un traidor. ¿Por qué?

R. No soy capaz de pensar con la simpleza que me achacan algunos. Yo confiaba en Gorbachov. Incluso después de su doble juego a nuestras espaldas respecto de la unidad alemana, en 1989. Tuve en él la esperanza de un socialismo renovado. Pero desde que dijo que su meta en la vida fue vencer al comunismo, yo respondo: no me lo creo. Es una excusa que se le ocurrió después de 1991. Sólo recuerda lo que le conviene. Lo que le salió mal lo convierte en sus supuestas intenciones políticas. Me parece falsario. Putin describió el hundimiento de la Unión Soviética como una catástrofe geopolítica del siglo XX. Gorbachov no es inocente de esa catástrofe.


Egon Krenz y yo probablemente no estemos de acuerdo en casi nada, pero su opinión sobre Gorbachov, personaje perjudicial donde los haya, la firmo encantado.