viernes, 11 de julio de 2008

Alemanes en Rusia (I): Honecker

La relación de los alemanes y de los rusos siempre ha sido tormentosa. Los alemanes tienen la tendencia a considerar a los rusos como gente inferior, mientras que los rusos consideran a los alemanes como gente fundamentalmente antipática que no les quieren bien. De hecho, los rusos y los alemanes se vienen dando de tortas desde el siglo XIII hasta hace literalmente cuatro días con resultado diverso, pero durante tanto siglo ha habido amplios períodos de tregua en los que se han llevado razonablemente bien. Una de las causas de que durante algún tiempo se llevaran bien es que los sucesores de Pedro I emparentaron con nobles alemanes, por lo que la mayoría de los zares tenían mucha más sangre alemana que rusa y, en algún caso extremo, como el de Catalina II la Grande, no tenían ni una miajita de sangre rusa. Quizá por eso no sólo no puso el menor pero a la inmigración masiva de alemanes y a la colonización por parte de los mismos de las tierras del Volga, donde permanecieron hasta que a Stalin le parecieron gente peligrosa, posiblemente colaboracionista y en todo caso peligrosamente burgués-imperialista, con lo que les dio una patada hacia Asia.

Así que esta serie se va a dedicar a algunos alemanes que han hecho carrera por aquí a pesar de la tradicional hostilidad de ambos pueblos. Curiosamente, algunos alemanes han sido gente muy reconocida por aquí a pesar de no haber pisado Rusia en su vida. El caso más representativo de esta última especie es el de Karl Marx, que posiblemente no previó en vida que con el tiempo acabaría de héroe en un país que, con toda seguridad, no le despertaba demasiadas esperanzas de triunfos revolucionarios.

También ha habido, en todo este tiempo, judas en ambos bandos. El judas ruso más evidente es el general Andrei Vlásov y su gente (de ésos ya escribí una vez, pero volveré a hacerlo), mientras que entre los alemanes, también tenemos bastantes judas, el más claro de los cuales aparece en la foto de arriba y atendía por el nombre de Erich Honecker. Erich Honecker fue el último dirigente del "primer estado socialista en tierra alemana" (erster sozialistischer Staat auf deutschem Boden), la República Democrática Alemana, y un lacayo bastante evidente de la Unión Soviética, como, en general, lo eran la mayoría de los dirigentes del KPD de entreguerras. Como responsable de seguridad de la RDA, estuvo detrás de la construcción del muro de Berlín, de los ejercicios de tiro al boche de los Vopos a los que intentaban huir del paraíso socialista y, más tarde, cuando su antecesor Walter "Barba de Chivo" Ulbricht (otro de los judas más conspicuos) empezó a chochear demasiado, pasó a dirigir el cotarro demokrátiko-alemán en estrecha colaboración con Leónidas Brezhnev. Cuando se acabó el chollo, el muro, la RDA y hasta la mismísima URSS, se encontró procesado hasta los ojos y se salvó de la condena por un cáncer de hígado y una oportuna sentencia del Tribunal Constitucional... de la RFA. Es lo que tiene el estado de Derecho.

En la foto está en uno de sus momentos de gloria, en visita oficial a Moscú y pronunciando un sentido discurso en honor de un antecesor suyo, que hizo lo que pudo en su día por lanzar a las masas a revolucionar Alemania y, con ese noble fin, sometió al Komintern y estalinizó de arriba a abajo la organización que dirigía, el histórico Partido Comunista de Alemania, por lo que consiguió pasarlas canutas desde que Hitler llegó al poder y, para compensar, un monumento en Moscú en la misma plaza en la que Honecker está pronunciando el discurso de la foto, para conmemorar el centenario de su nacimiento. Seguro que los más aficionados a la historia ya sabéis quién es, pero, por si acaso, la siguiente entrada va sobre él y sobre el aspecto que, hoy, tiene esa misma plaza.

4 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

En resumen: Alemanes y rusos se llevan algo mal... Suele pasar con algunos vecinos, Alfito, ;-P

Besitos

PD: Y hablando de vecinos, ya ves tú, me ha venido a la cabeza la señora... ¿Paca? sí sí, esa erúdita que limpia en la escalera, ahora no recuerdo, si de la finca donde tienes tu piso en Valencia, o en la que viven tus padres. ¿Para cúando otra de sus lecciones?

Alfor dijo...

Estherita, no sé, supongo que cuando pase por Valencia habrá dejado algo en el ascensor. Pero voy a tardar un poco en ir por allí.

Juan dijo...

Como argentino descendiente de alemanes de Rusia, mas precisamente alemanes del Volga eran mis bisabuelos, se que en general los rusos no han sido los favoritos de los alemanes, aunque tampoco hay grandes odios.

Si bien mis abuelos cuentan lo que los parientes que se quedaron alla tuvieron que pasar en Rusia con Stalin, en la epoca en que los alemanes eran deportados a los campos de concentracion y demas, nunca escuche de mi familia discursos de odio hacia los rusos y ese tipo de cosas. Hay relatos muy duros, hay memoria familiar muy amarga, pero por suerte veo que hemos podido separar la paja del trigo, y no relacionamos a todo lo ruso con ese periodo tan duro de la historia.

Donde yo vivo tambien hay muchos otros argentinos descendientes de alemanes del Volga y creo que lo viven mas o menos como yo. Era feo para nuestros mayores cuando los apodaban rusos, supongo que mucho mas feo de lo que debia ser para los españoles que no era gallegos, que los apodaran gallegos, pero el comentario "contra" los rusos no pasaba de alli, de negar rotundamente que fueran rusos.

Y se sentian alemanes, y quisieron seguir siendo alemanes a toda costa; no aceptaron la rusificacion por ningun medio, y se vinieron a America. Hoy sus descendientes somos argentinos felices de ser argentinos, y de poder contar la historia.

Un abrazo

Alfor dijo...

Juan, bienvenido y muchísimas gracias por su interesantísimo testimonio. Verá usted, yo diría que los alemanes no acaban de apreciar esa gran regla del marketing, según la cual las cosas no son como son, sino como se perciben. Y los alemanes tienen serios problemas para que no se les perciba como un pueblo con un insoportable complejo de superioridad. Es cierto que es algo que comparten con los ingleses, con los franceses, y quizá con algún otro. No con los españoles, que tendremos muchos efectos, pero, hoy día, no ése.

Para los españoles, que nos llamen gallegos no representa, en general, la menor molestia. En sí, no es ofensivo, salvo que alguien lo use con ánimo de insultar, pero entonces insultaría el ánimo, no la palabra.

Sin embargo, fíjese que usted mismo revela que sus ancestros se negaron a hacerse rusos y siguieron siendo alemanes a toda costa, mientras que de usted dice con orgullo que es argentino, y feliz de serlo. Algo ha cambiado ,¿no? :)