viernes, 30 de enero de 2009

Subida a las barbas

- Papà no sap parlar rus, papà no sap parlar rus, nananana... (Papá no sabe hablar ruso, papá no sabe hablar ruso, nananana...).

Es un problema, ¿eh? Una criaja de nueve años que se ha criado toda su vida en Moscú y piensa que habla mejor ruso que yo, que lo estudio desde hace varios lustros, y se le puede subir a las barbas a su padre ¡A su padre! Que, para más recochineo, soy yo.

¿Debe consentir eso un buen padre? ¡No, no y no! Un padre debe ser un ejemplo de autoridad para su progenie y ser considerado un modelo, al menos, hasta su progenie tenga... digamos, quince años. Hasta entonces, un padre no puede consentir saber menos ruso que sus hijos.

- Abi, mante, ¿i per què dius que jo no sé parlar rus? (Abi, querida, ¿por qué dices que no sé hablar ruso?)
- Perque parles raro, i fas algunes faltes (Porque hablas raro y haces algunas faltas)
- Pero jo sé més paraules que tu (Pero yo sé más palabras que tú).
- No, jo en se més (No, yo sé más).
- ¿Fem la prova? (¿Hacemos la prueba?)
- D'acort (De acuerdo).
- A vore, ¿cóm se diu "got" en rus? (A ver, ¿cómo se dice "vaso" en ruso?)
- Стакан (Stakán).
- Molt bé, molt bé... a vore, ¿i cóm se diu "creïlla"? (Muy bien, muy bien... a ver, ¿cómo se dice "patata"?)
- Картошка (Kartoshka).
- Che, tambe has encertat (Che, también has acertado).
- Perque parle millor que tu (Porque hablo mejor que tú).
- ¿Me deixes un atra oportunitat? (¿Me dejas otra oportunidad?)
- T'en deixe una més (Te dejo una más).
- ¿I cóm se diu... cóm se diu... "legislacio"? (¿Y cómo se dice... cómo se dice... "legislación"?)
- ¿Qué?
- "Legislacio" ("Legislación")
- ¿"Legislacio? Mmmm... no ho sé (¿"Legislación"? Mmmm... no lo sé).
- Se diu "законодательство" (Se dice "zakonodatelsvo").
- Ah...
- Abi.
- ¿Qué?
- Jo sé més paraules que tú, jo sé més paraules que tú, nananana (Sé más palabras que tú, sé más palabras que tú, nananana).

miércoles, 28 de enero de 2009

Manifas (II)

Bien, pues, al tajo. La observación de un número razonablemente elevado de manifas en las inmediaciones de mi domicilio me lleva a deducir una serie de reglas.

1. La primera y más importante es que como las manifas son, por definición, concentraciones de personas, el Gobierno tiene una postura contraria a ellas, porque esas concentraciones son bastante imprevisibles y las carga el Diablo. A ver si aún iban a desviarse y arramblar con el Kremlin. A Luis XVI se le escapó de las manos una manifa y a los cuatro años lo guillotinaron. Chungo.

2. Por consiguiente, las autorizaciones para manifestarse deben concederse en lugares desde los que no sea posible acceder al Kremlin a pie. Por ejemplo, Otradnoe, a unos veinte kilómetros, como ya hemos dicho. Ese sitio es bueno, lo malo es que los organizadores de las manifas con unos cabezotas e insisten con machacona actitud en concentrarse en el centro de la ciudad. Che, con lo bonito que es Otradnoe.

3. Es posible conceder autorización para manifestarse más cerca del centro cuando la manifa esté orquestada por el propio Gobierno u organizaciones afines o suficientemente minoritarias o inofensivas. Entonces sí, pero...

4. Pero incluso en esos casos hay que asegurarse de que las cosas no se salgan de madre; si no, luego, todo son líos. El espacio autorizado para manifestarse no debe superar los quinientos metros cuadrados, que se rodean con una valla. Dentro se sitúan los manifestantes, a los que se deja acceder con cuentagotas y tomándoles los datos. Si algún transeúnte quiere tirar cacahuetes a los manifestantes, se le reconvendrá severamente.

5. Muy importante: las fuerzas de seguridad deben tener superioridad numérica sobre los manifestantes. Que se manifiestan cincuenta pacifistas en la plaza Pushkin (es el caso de la foto de la entrada anterior), pues hay que enviar unos doscientos milicianos, antidisturbios o soldados sin graduación para intimidar al grupúsculo.

6. Obviamente, esta superioridad numérica se puede conseguir enviando tropas a tutiplén, pero, si las manifas fueran como las españolas, no habría forma de sacar ventaja numérica. Por tanto, es preciso mantener el número de participantes lo más bajo posible, lo cual no sólo se logra acotando la zona de la manifa con las vallas, sino acordonando la zona, cortando el tráfico si hace falta y, en general, haciendo la vida imposible a quienes intentan pasar a la misma. Haber llegado antes, pringaos.

7. Si gente especialmente díscola pretende incumplir alguna de estas reglas (y los díscolos más conspicuos son los de "La Otra Rusia" y los nacionalistas xenófobos), entonces leña al mono hasta que hablé inglés. Y, si lo aprende, leña hasta que hable chino.

Con lo cual, los habitantes de Moscú nos vemos libres de esa lacra, las manifas, que periódicamente paraliza ciudades pusilánimas y desgraciadas como Madrid. No. Moscú sólo se paraliza todas las mañanas cuando los peces gordos llegan a su puesto de trabajo y la milicia corta el tráfico y las calles por las que van a pasar. Pero al menos no se trata de elementos subversivos y piojosos, sino de próceres que velan por el bien del país. Menos mal que están ellos.

Por cierto que, en Madrid, las autoridades están aprendiendo de las rusas y están aplicando en pequeña escala las normas arriba indicadas, en particular la de dar leña. Curiosamente, no se meten con las manifas donde puede haber disturbios, sino que, supongo que para practicar, se lanzan a dar leches contra las manifas en las que saben que no van a tener respuestas violentas. Es el caso de la foto que ilustra esta entrada. Si queréis ver a la policía española en acción y no os importa pasar un poco de vergüenza al ver cómo las gastan ahí, y no en Rentería o en Hernani, el reportaje completo está aquí.

lunes, 26 de enero de 2009

Manifas (I)

En Moscú se convocan manifas con relativa frecuencia (y hemos estado en ellas, ¿os acordáis? Fue aquí y aquí). En España, por ejemplo, las manifas gordas se suelen convocar en Madrid, que es donde está el centro de decisión y, por tanto, la culpa de todo lo que pasa. Tú convocas tu manifa, juntas a gente, te desgañitas contra el Gobierno, hay algún policía por si acaso y, al día siguiente, El Mundo dice que ha habido un millón de personas y El País que como mucho eran cuarenta mil. O tú eres agricultor o ganadero, convocas tu manifa, metes tus cabras en la Castellana, cortas el tráfico, cabreas al personal madrileño que no puede desplazarse y, después de campar a tus anchas por la ciudad, te vuelves a la dehesa satisfecho de que Madrid se haya dado por enterado de tus problemas.

En Moscú, no.

En Moscú, las manifas contrarias al Gobierno, que son las que tienen gracia, están sumamente mal vistas... por el Gobierno. En España tampoco le gustan, claro, pero se suele aguantar. En Moscú las manifas, si son contra el Gobierno, lo son contra un gobierno extranjero. Por ejemplo, contra el gobierno estadounidense, estonio, georgiano, ucraniano, israelí... contra esos gobiernos sí es lícito manifestarse, cosa que ocurre con cierta frecuencia, pero sin pasarse mucho tampoco. También te puedes manifestar a favor de algo. Por ejemplo, a favor del Gobierno ruso. Eso está mejor visto. O conmemorando una fecha, como el 7 de noviembre, que es el único caso en que dejan chillar un poco, y sólo a los rojos, contra el poder; pero, claro, el poder se lo consiente porque los rojos están un poco provectos, cada año son menos, y lo de chillar se les da cada vez peor, porque a ver quién es el guapo que va con la boca abierta por Moscú un 7 de noviembre. Los rojos se quedan afónicos al tercer berrido.

Pero podría ocurrírsele a alguien, a pesar de todo, leer que en la Constitución rusa se habla del derecho de reunión y de la libertad de expresión, y convocar una manifa contra el Gobierno ¿Qué ocurre entonces?

Pues que debe pedir permiso. Si es en Moscú, lo normal es que quieras manifestarte en el centro, que es donde mola y donde te haces notar. Sin embargo, suele pasar que el permiso para manifestarte en el centro no te lo den y que te sugieran que te manifiestes en Otradnoe, por lo menos, que sólo está a veinte kilómetros del centro. En el caso de esos rebeldillos de poco pelo de "La Otra Rusia", en alguna ocasión se han juntado sin permiso ni nada. Otras organizaciones menos díscolas han obtenido el permiso y se han podido manifestar en un trocito de la plaza Pushkin o de la plaza Triumfalnaya.

¿Qué hace el Gobierno en estos casos? Bueno, teniendo en cuenta que vivo cerca de los puntos favoritos de manifas moscovitas, y aunque no tengo acceso al protocolo de actuación de las autoridades, tras bastantes observaciones he deducido algunos principios generales, los cuales trataré de poner por escrito en la próxima entrada.

viernes, 23 de enero de 2009

La caída del rublo

Esta entrada va de economía. Hasta ahora, la economía ha aparecido por esta bitácora muy a regañadientes, de refilón y de manera muy superficial. Ha aparecido para mofarme de los economistas y para hablar de divisas cuando se veían ya las orejas al lobo. Entretanto, el lobo no es que haya llegado: es que se está comiendo todo lo que pilla por delante, comenzando por las cada vez más magras reservas de divisas del BCR, otrora orgullo del país.

Y es que voy a tener que reconocerlo: a pesar de haberme mofado de los economistas, yo mismo soy economista y, lo que es seguramente peor, soy un economista converso, porque ni nací ni me crié economista. Y, si he mantenido la economía ausente de esta bitácora era porque se trataba de mi profesión y no creía yo que fuera bueno mezclar lo que me da de comer con este entretenimiento.

Pero, entre que ahora la economía está muy de actualidad y que ya mis quehaceres laborales se han separado de las grandes cifras y las echo de menos, voy a animarme a escribir alguna cosilla, eso sí, sin demasiado rigor técnico, porque ni es cosa de aburrirme yo ni de aburrir al personal.

La evolución más reciente de la economía rusa muestra un batacazo brutal del tipo de cambio del rublo, que en poco más de dos meses ha perdido la cuarta parte de su valor, a pesar de que el Banco Central de Rusia se ha dejado en el camino un porrón de millones defendiendo su cotización. El rublo vuelve a ser lo que había sido prácticamente siempre a lo largo de los últimos veinte años: hablando crudo, una divisa de chichinabo de la que todo quisqui intenta desprenderse cuanto antes para comprar euros, dólares, francos suizos, libras o yenes. Vamos, para no quedarse en pelotas.

¿Por qué ha pasado esto? Pues hay causas objetivas, la principal de las cuales es la tremenda caída del precio del petróleo, que rozó los 150 dólares por barril en verano y ahora supera por poco los 40. Frente a los que defendían que en realidad Rusia no dependía tanto del precio del petróleo, los hechos cantan. En realidad, el petróleo puro y duro es algo así como el 9% del PIB ruso, pero si le añadimos los servicios conexos y sobre todo los bienes y servicios que dependen directa o indirectamente de las petrolera, la actual situación es bestial. Hay quien calcula que, en realidad, el petróleo ronda el 25% del PIB ruso. Y que se te hunda el 25% es durillo.

Pero, frente a las causas objetivas, también las hay subjetivas, y es que la propia población rusa no tiene ninguna confianza en su propia moneda. Como les han guindao dos veces en los últimos veinte años hasta la camisa, el ruso de a pie, y no digamos el ruso potentado, se fía de su Gobierno en esto tanto como un soldado israelí de Bin Laden.

Y, aún así, hasta algo así como octubre, las cosas iban razonablemente bien. Parecía que era imposible lanzar un ataque especulativo contra el rublo, porque tras años de precios elevadísimos del petróleo, las reservas de divisas rusas eran las terceras del mundo. Parecía que el Banco Central no tendría problema alguno en controlar cualquier ataque y en mantener el tipo de cambio al nivel que mejor le pareciera. En octubre estaba tranquilamente a 34-35 rublos por euro y sobrado, que era el nivel de principio de año.

Entonces llegó la famosa intervención del presidente del Banco Central de Rusia, que es un señor normalmente bastante discreto que se llama Sergey Ignatiev y que tenéis en la foto de arriba junto a su colega Trichet, del nuestro conocido BCE. Le preguntaron qué le parecía el tipo de cambio del rublo y él respondió que, en su opinión, se iría deslizando lentamente, sin pasarse, hacia abajo.

Vamos, que el hombre que controla él solito el tipo de cambio del rublo dice que él cree que va a bajar gradualmente. Yo creía que en Primer Curso de Presidente de Banco Central te enseñaban que nunca, nunca, nunca tienes que decir lo que va a pasar con las variables que controlas y que debes desmentir las devaluaciones hasta el mismísimo momento de hacerlas. Pues Ignatiev va y suelta esa perla.

¿Qué pasó después? Pues lo que hubiera pasado en cualquier sitio. Que, al grito de "tonto el último", todo el que tenía ahorrillos o cualquier tipo de activo en rublos se apresuró a cambiarlos a lo que fuera, con lo que la presión sobre el tipo del rublo fue de órdago. El Banco Central, enfrentado a una devaluación de golpe y porrazo muy lejana a la pérdida gradual que había prometido Ignatiev, tragó quina y tuvo que ir poniendo dólares y euros encima de la mesa para defender un tipo cada vez más indefendible, hasta el punto de que la cuarta parte de las reservas exteriores ha volado en un par de meses.

Y ahora, la pregunta definitiva: ¿Ignatiev es tonto del culo y se ha ido de la lengua o bien estaba pensando en algo cuando dijo lo de la devaluación gradual? O bien: ¿a quién ha beneficiado esta sangría de reservas, en lugar de haber devaluado de golpe y de un día para otro sin avisar, como hace todo quisqui?

La respuesta es que probablemente Ignatiev no es tonto del culo. Pero el resultado de sus palabritas y de la defensa gradual del rublo es que ha dado tiempo a los rusos (y, ejem, a algún que otro extranjero) de cambiar sus ahorros en rublos por las reservas de divisas del Banco Central, cosa que no hubiera pasado si de un día para otro el rublo se hubiera devaluado. Es decir, que el Banco Central ha subvencionado a saco paco a los rusos... pero no a todos, sino sólo, y sobre todo, a los más ricachones, que son los que tienen ahorros y que ni de lejos son la mayoría, ni siquiera la mitad, de la población.

Los rusos pobretones, que son la gran mayoría, no sólo no se han visto beneficiados con la medida, sino que les han tomado el pelo una vez más: las reservas de divisas, de las que en parte se podría decir que son dueños, han caído a saco y, debido a la devaluación, gradual o no, las presiones inflacionistas van a dejarles el bolsillo más vacío de lo que pudiera estar de por sí. La inflación del 2008 ha sido del 13,3% y el Gobierno dice que la del 2009 estará por el 12-13%: apuesto lo que quiera cualquier lector a que supera holgadamente el 15%, y que los salarios, en el mejor de los casos, se van a estar quietecitos.

En fin, la diferencia con las tomaduras de pelo de 1993 y de 1998 es que entonces prácticamente todo el mundo se quedó sin blanca, mientras que esta vez el Banco Central ha dado tiempo para que los que tuvieran dinero lo cambien y ahora tengan más todavía, porque se han quedado, además, con un buen tajo de las reservas de divisas.

Toma política social del Gobierno que preside el señor Putin. A todo esto, ¿alguien ha oído a los comunistas o a los de Rusia Justa, que se supone que son de izquierdas, decir algo? Yo no.

miércoles, 21 de enero de 2009

Operación Reconquista

Las cinco horas que ha costado recuperar la maleta no se las deseo ni a la plantilla del Bayern de Munich. El procedimiento consiste en llegar al aeropuerto, en este caso en vehículo privado, aparcar donde quepa (lo único que funciona bien en este aparcamiento son las maquinitas cobradoras para acceder al mismo; el resto es la jungla) y volver a la cinta de equipajes de donde se supone que debía haber salido en su día la maleta.

Para eso, hay que atravesar el pusto de aduana en sentido contrario al habitual. Detienen al viajero dos probos aduaneros, pulcramente vestidos de verde y con la prestancia que da su responsabilidad de defender el territorio ruso de los pérfidos contrabandistas que infestan Domodiédovo y causan perjuicios incalculables a la economía rusa, hasta el punto de que podrían ser, ellos solos, los causantes de la crisis que, ¡ay!, afecta al país.

- ¿A dónde va usted?
- A recuperar una maleta -y les enseño el parte, la declaración sellada, el talón de equipaje y poco menos que el título de graduado escolar.
- Pase por la otra puerta.

Allí no había nadie y los probos aduaneros estaban rascándose la barriga, pero pasar, lo que es pasar, por allí no se podía, a pesar de que el montón de maletas se veía a menos de diez metros y no había más barrera que los cuerpos de los servidores públicos. Cierto es que rascarse la barriga, en el caso de los aduaneros allí presentes, era una labor que, de llevarse a cabo con la minuciosidad requerida, podría prolongarse mucho tiempo.

Me dirigí a la otra puerta, donde hice algo de cola, claro, y conseguí pasar sin más problemas, con lo que me metí en la oficina donde la antevíspera había hecho los papeles. Casualmente, estaba de turno la misma persona del otro día, "ji-ji-no-podemos-llevarle-la-maleta", que me vio y me reconoció inmediatamente.

- ¿Viene a buscar la maleta?
- Sí- "si le parece, habré venido adrede a charlar contigo, no te joroba".
- Pues vaya a buscarla ahí detrás.

"Detrás" era el espacio que había entre los ventanales de la sala de recogida de equipajes y una fila de sillas atadas entre sí, y donde jamás he visto tanto equipaje amontonado. Había como cien metros cuadrados atestados de maletas, bolsas, esquíes y todo tipo de cosas que la gente factura. "La peraaaaaa, aquí voy a pasar días hasta encontrar mi maleta", pensé. En realidad, no fue tanto. En cosa de diez minutos la localicé y yo ya pensaba que me piraba y punto, pero no, me detuvo una señora rusa gruñona (lo cual no es totalmente redundante, pero a mí me lo ha parecido durante un momento), que me metió en una garita para registrar el hallazgo.

- ¿Y no puedo mirar si falta algo?
- No. Ya lo mirará después ¿Es que no ve que la aduana ha sellado el equipaje?

Miré un poco mejor, y entonces vi unos hilitos blancos que alguien había cosido con aguja en las cremalleras, unidos por un plomo pequeñito. Debía ser cosa del Cuerpo de Costureros del Servicio Federal de Aduanas.

La señora rusa gruñona y yo nos acercamos al puesto aduanero, donde un probo funcionario, quizá algo desganado, se apartó las legañas, vio los papeles e hizo un gesto con la mano.

- Hala, váyase - me dijo la señora-. Si quiere comprobar si está todo, ábrala.
- ¿Y los sellos?
- Pues quítelos.
- ¿Yo?
- Yo no -y se fue.

Hecho esto, contuve mis ganas de estrangular a alguien, pasé por el pasillo verde bajo la mirada de los dos probos aduaneros anteriores, que seguían rascándose la barriga y que, a estas alturas, seguramente ya tendrían las uñas bastante roídas, pagué el aparcamiento y salí de allí, sólo para enfrentarme a la madre de todos los atascos y llegar a casa tres horas después con el repertorio de tacos, insultos y maldiciones absolutamente agotado.

¿Cuál es el objetivo del asunto? Probablemente, en tiempos de crisis, las transacciones internacionales bajan y los aduaneros, cuya retribución se basa en las... ejem, dádivas de los viajeros sospechosos de contrabando, han decidido diversificar sus fuentes de ingresos, porque consta que una... dádiva lo suficientemente generosa sería suficiente para remover todos los impedimientos legales que la Aduana rusa, en estricto cumplimiento de su función, no tiene más remedio que observar. Y, si no, aquí hay un reportaje que, aunque tendencioso y preparado por el odioso panfleto proyanqui imperialista, parece apuntar a que Aeroflot está exenta de dichas incomodidades, sin que necesariamente deba deducirse que la Aduana castiga especialmente a las líneas aéreas extranjeras ni al aeropuerto de Domodiédovo. Claaaaaaro que no.

Eso sí, algo he sacado del asunto: un juego de plomos auténticos del Cuerpo de Costureros Aduaneros, que son ésas cosas con pinta de espermatozoide vago de la foto. Para que luego digan que la Aduana no trabaja. Y, por si cae algo más, he presentado una reclamación a Iberia, porque, aunque ellos se han lavado las manos mejor que un procurador romano del siglo I, lo cierto es que quien perdió la maleta fue ella.

martes, 20 de enero de 2009

Mal de muchos

Esto publicaba ayer The Moscow Times, el panfleto imperialista y proyanqui, frecuentemente acusado por los rusófilos de tendenciosidad, amarillismo proamericano y de ser esclavo de los intereses antirrusos. Les cedo la palabra.

Airlines Barred From Delivering Lost Bags
19 January 2009
By Natalya Krainova / The Moscow Times

Did your bag go missing en route to Moscow? Don't expect the airline to deliver it to your doorstep.

Passengers are being told that they have to make the trip back to the airport to claim their baggage after authorities abruptly decided to start enforcing a five-year-old regulation that requires passengers to escort their own bags through customs.

The change is already creating headaches for people traveling to Russia, and an air industry expert could not recall another European country that requires passengers to pick up their own bags.

Travelers with missing luggage have typically signed waivers allowing airlines to take the bags through Russian customs once they are found and then deliver them to the owners.

These waivers, however, do not give the airlines the legal right to carry the luggage through customs, said Alexei Fomin, a customs officer at Domodedovo Airport.

"Before, it was just all being done illegally," Fomin told The Moscow Times in an interview.

The authorities are now enforcing a 2003 government regulation that says passengers must clear lost luggage through customs themselves unless they give power of attorney to another person or legal entity, Federal Customs Service spokeswoman Natalya Semikina said.

Airlines that have been delivering lost baggage without power of attorney have been violating the law, Semikina said.

Neither customs officials nor the airlines interviewed for this report could say exactly when the recent enforcement of the law began, offering estimates ranging from late November to last Wednesday.

The airlines, however, insisted they were not informed of the original 2003 law and placed the blame squarely on authorities for lack of enforcement.

Delta Air Lines had previously asked passengers to compose a handwritten note giving permission to the airline to clear the lost bags, which were then delivered at its expense, said Leonid Tarasov, head of Delta's operations in Russian and the CIS.

With the rules now being enforced, however, airlines will be unable to offer such a service because their are no notaries public in the customs control area who could sign off on power of attorney rights, Tarasov said.

"They understand that there is no notary there," Tarasov said. "That's how Russian laws work: It's easier to ban something than to solve a problem."

If customs officials have not been enforcing the law for several years, "it's not the fault of the airlines," said Aage Duenhaupt, Lufthansa's head of corporate communications in Europe. "We always abide by the law."

Lufthansa will compensate passengers for taxi expenses to travel to the airport from the Moscow area to collect lost luggage, Duenhaupt said by telephone from London.

Swiss International Air Lines will do the same for its passengers, said spokeswoman Yulia Fyodorova.

British Airways will "apologize to our customers and pay compensation for their unplanned travel" to the airport, said spokeswoman Victoria Mezhenina.

Delta, however, will not be able to compensate passengers for trips due to the cumbersome tax paperwork that would be involved, Tarasov said.

Not all airlines were aware of the ban of delivering lost baggage. Aeroflot spokeswoman Irina Dannenberg said the airline had been delivering lost luggage up until the New Year and that she was unaware of any changes. She said she could not say whether Aeroflot might compensate passengers who have to retrieve their lost bags.

The changes are catching passengers by surprise. Simone, a German citizen who asked that only her first name be used, said she learned about the new rule from a customs official after standing in a long line at the lost luggage desk at Domodedovo Airport on Jan. 12.

Simone said she spent three hours on the telephone with Lufthansa the next day trying to establish her suitcase's whereabouts and another four hours the following day driving to Domodedovo and back.

"With six years expat experience in Russia … I am able to deal with such situations, but there were many foreigners losing their nerves," she said by e-mail Friday.

In Europe, it is the responsibility of the airline to deliver delayed baggage to the address indicated by the passenger, said Stephanie Lericollais, a spokeswoman for the Association of European Airlines.

She said she had never heard of a system in Europe or the United States in which travelers are required to collect their lost luggage themselves. "It's more comfortable if luggage is delivered home because the airport can be far away," Lericollais said by telephone from Brussels.

Still, there appear to be ways to skirt the new rule, though not necessarily legally.

A Moscow-based businessman said in an interview Friday that one of his employees flew to Moscow from abroad in mid-December and caught a connecting flight to Siberia. The airline lost the employee's luggage, and despite the fact that he was already in Siberia, customs officials demanded that he return to Moscow to claim the baggage, said the businessman, who spoke on condition of anonymity.

"Needless to say, the problem was only solved by the exchange of money," he said.

Ezekiel Pfeifer and Carl Schreck contributed to this report.

lunes, 19 de enero de 2009

2009: Odisea en Domodiédovo

Domodiédovo es uno de los cuatro aeropuertos de Moscú, situado a unos cuarenta kilómetros del centro, lo que, teniendo en cuenta los atascos, puede suponer no menos de dos horas y más frecuentemente tres o cuatro de camino. Es el más moderno y el que acoge los vuelos de Iberia, en cuyo vuelo desde Madrid llegábamos mi familia y yo tras una nochecita toledana. La gente sale con prisa del avión para pasar cuanto antes el primer embudo de un aeropuerto internacional ruso, el control de pasaportes. De esta forma las carreras por los pasillos son moneda corriente.

Suelo participar en ellas con bastante éxito cuando voy solo, pero usando la cintura para colarme entre la gente sin arrollarla. No toda la gente dispone de cintura ni de la sobriedad requerida para este ejercicio, y entre la gente que carece de tales cualidades estaba el troglodita beodo que en la última entrada por poco no se lía a tortas con otro pasajero. El troglodita se puso detrás de Ame, que apenas se había despertado el pobre y caminaba torpemente por el pasillo, le dijo que se apartara y por poco no le empuja.

No es normal que eso se haga a un niño de cinco años, salvo en un caso extremo de salvajismo como el que estábamos padeciendo. Para mi alegría, vi que el tipo llevaba dos enormes bolsas en las manos, con lo que le cogí y le zarandeé un poco para que dejara de abusar. Luego el tipo se metió en la cola más larga y tardó más que nosotros en salir.

La siguiente batalla tuvo lugar en la cinta de equipajes. Tres maletas llegaron sucias, pero enteras; la cuarta, precisamente la que tenía el jamón, no llegó en absoluto.

- Está en Madrid - dijo una encargada con las ganas que tiene alguien que está a las siete de la mañana trabajando -. Rellene esta declaración aduanera.

Lo hice. Después le di mis datos personales y la dirección.

- Su maleta llegará en el vuelo de esta tarde. Le avisaremos para que venga a recogerla.
- ¿Que yo tengo que venir a recogerla? ¡Está de broma! La maleta me la envían ustedes a casa.
- No, ji ji, no podemos.
- ¿Cómo que no pueden?
- No. La aduana no nos deja. Desde hace un mes los pasajeros que hayan perdido una maleta tienen que venir ellos mismos a recuperarla.

Observemos el dato lingüístico. La encargada sutilmente deja caer que la maleta la he perdido yo. La línea aérea y los servicios del aeropuerto bastante harán con acercármela un poquito.

- Oiga, esto no puede ser. Deme ahora mismo el libro de reclamaciones.
- No, nosotros no tenemos.

A pesar del mal tiempo que habíamos tenido en España, se me estaba poniendo la cara de un color que ni un turista podría igualar tras un mes en Canarias.

- ¿Que no tienen?
- No. Vaya a la representante de la compañía aérea.
- ¿Dónde está?
- Fuera, pasada la aduana.

Pues aquí tenemos el dato. Barajas es un caos indecente, pero si le unimos a Barajas una dosis de burocracia aduanera rusa, la mezcla es letal.

La peregrinación por la aduana, por la oficina de ventas de Iberia y por la oficina del aeropuerto fue bastante inútil. El aduanero veía totalmente lógico que tuviera que ir yo a recoger la maleta. La señora de la oficina de ventas me ofreció el libro de reclamaciones mientras se sonreía sarcásticamente, y la chica de Iberia sólo me abrió la puerta tras un par de puñetazos iracundos en la misma. Todos parecían sorprendidos de ver a alguien tan cabreado, en lugar de conformarse con el destino, como hacían los demás, agachar la cabeza y obedecer dando un balido.

Está visto que tres semanas en España es mucho tiempo. A ver si dentro de un par de días me he acostumbrado a la docilidad local y me dejo pisotear...