martes, 23 de octubre de 2012

Expats

Moscú, en esta época del año, y en casi todas, es un lugar bastante polvoriento y embarrado, con una circulación caótica, servicios muy mejorables y todo tipo de defectos para la gente de a pie. Pero no todo el mundo es gente de a pie, y esa gente debe tener un sitio digno para vivir.

De entrada, dejémoslo claro: no me puedo quejar, ni mucho menos. Es más, todas las noches, doy gracias a Dios delante de mis hijos, para que éstos lo escuchen, por las condiciones de vida de que disfruto; pero sigo viviendo en el Moscú de a pie, en el centro, con polvo, barro, charcos y botellas rotas esparcidas por la calle.

En Moscú hay unos cuantos sitios en los que vive la gente que no va a pie. Algunos son de rusos, como Barvija, donde está la residencia presidencial y las residencias de los próceres que no sólo tienen el riñón bien cubierto, sino que tienen cubierto el riñón de toda su familia, y hasta se lo pueden extirpar y cambiar por uno de oro, si fuera práctico el asunto.

Y otros son de expats.

¿Qué es un expat? Una definición aproximada podría ser que el expat es un extranjero enviado por su multinacional a Rusia (prácticamente siempre, a Moscú) para desempeñar funciones directivas en su sucursal moscovita. Se supone que las empresas no se animan a dejar los puestos "top" en manos de directivos rusos (que no abundan, cobran un ojo de la cara, y tienen unos dejes bastante difíciles de comprender para alto directivo extranjero), y mandan extranjeros con ganas de engordar rápidamente su cuenta bancaria.

Un rasgo exclusivo del expat es que no habla ruso. Ni ganas de aprenderlo. Es más, si habla ruso se siente un bicho raro y entra en el mismo círculo de sospechas de los directivos rusos y su comportamiento inclasificable. El expat pasa por aquí unos cuantos años, rara vez más de cuatro, se forra, al segundo año suele comprender que toda su experiencia anterior no sirve para gran cosa en Rusia, pero no sabe cómo explicárselo a sus jefes y prefiere mantener un perfil bajo (toma anglicismo) y dejar pasar el tiempo hasta su hui... cambio de destino. Tampoco pisa demasiados callos entre sus compañeros y subordinados rusos, porque una de las características del mercado de trabajo moscovita es que el paro es cero y que la rotación de personal es mareante, y no es cosa de que la gente se te enfade y se pire. Y los aumentos de sueldos que se van ofreciendo son directamente obscenos. Sí, ya lo sé, si eres español y estás en un país con más de cinco millones de parados y sueldos-bonsai, se te están poniendo los dientes largos. Qué le vamos a hacer.

Uno podría suponer que los hijos de los expats, en esa edad en que son como esponjas, aprenderían ruso con facilidad. No, hijos, no. Los hijos de los expats van al mediocre colegio angloamericano que pille más cerca del (lo voy a decir) "compound" en el que residan, donde la matrícula es más cara que un MBA en una universidad prestigiosa y les dan clase, no tendría ni que decirlo, en inglés. Más de uno seguramente habla mejor tagalo que ruso, aunque este último lo tenga como asignatura voluntaria los viernes a las cinco de la tarde.

Los "expats" son, en una abrumadora mayoría, hombres. La paridad y la igualdad son una chorrada monumental en este ámbito. Salen de casa prontito, y tienden a llegar tirando a tarde, cosa que, con los atascos que afligen Moscú, es de lo más normal. Hay casos graves de engorde durante el primer año de estancia del hombre occidental en Moscú. Entre la comida basura, las tartas, las fiestas de cumpleaños en el trabajo, el sedentarismo, los atascos y que directamente tienes que tener una voluntad firmísima para hacer deporte, la panza del directivo deja de ser dibujable con una regla, para serlo con un compás.

Los "expats" no suelen estar solos, sino que vienen acompañados por sus mujeres. Las mujeres de los "expats" son un tema aparte. Alfina conoce el tema mucho mejor que yo, pero me voy a atrever a dar algunas pinceladas sobre el asunto. La típica mujer de "expat" tiene un problema gravísimo: no sabe cómo rellenar las catorce horas del día en que no está durmiendo. Catorce horas, tú. Una eternidad. Para muchos de nosotros, disponer de catorce horas diarias, aunque sólo fuera una semanita, sería la mejor de las glorias, y no digamos si además disponemos de pasta en abundancia. Estas señoras, en cambio, como no hablan ruso ni lo aprenden (el ruso es imposible de aprender, como todos sabemos), y eso limita bastante su capacidad de movimiento, tienen varias opciones. La más obvia, y probablemente la mejor, es dedicarse a asuntos de caridad, cosa que hacen las mejores de entre ellas (y, a Dios gracias, hay bastantes). Eso puede ser un trabajo a tiempo completo, porque anda que no hay miseria y gente con problemas en Moscú, y en Rusia en general; el problema es que no todo el mundo sirve para eso de la caridad. Corres el peligro de ver y comprender que hay gente desafortunada, que no tiene asegurado comer ni cenar caliente (ni frío), que no tiene acceso a la higiene más básica y que vive peor que la mascota de muchas de ellas. Y, como es posible que eso revuelva la conciencia un poquito, y eso puede hacerte sentir mal, pues para eso mejor nos dedicamos a la segunda de las actividades que se pueden hacer con mucho dinero y catorce horas diarias libres, que es perder todo el tiempo que se puede y poner verde a alguien. No siempre al mismo, por supuesto.

En esta bitácora ya hemos entrado en un centro de concentración de "expats" en una ocasión. La entrada próxima vamos a atrevernos a hacerlo de nuevo. Di que sí, hombre.

5 comentarios:

Miguel dijo...

Es una sensación mia o tus palabras denotan cierto tono irónico en lo que respecta a los "expats" y a sus parejas? Me ha hecho particular gracia eso de que si aprenden ruso les empiezan a mirar raro en sus empresas de origen, jajaja

keithania dijo...

Buen tema, me has enganchado :) Y no, no se nota naaada el tono irónico ;P

Roberto Carlos Garcia Garcia dijo...

Creo que hay que diferenciar una cosa. Te refieres a los Expats Premium, pero están los Expats del montón, que comparten con los anteriores que ganan dinero pero mucho menos, claro. En todo caso, no para quejarse (en mi caso personal ninguno se ha quehado).
Los Expats del montón pueden estar en Moscú, pero tambien en Chaikoski. Como tienen que defender los intereses de la empresa no les queda otro remedio que aprender a defenderse en ruso a toda máquina (y aún así tardan más de un año en "hacer que hablan ruso"). Compran en el super del barrio, van al cine o al gimnasio (si hay) y consideran divertido irse a una dacha el fin de semana.
La verdad es que estar expatriado en Rusia con 30 años y soltero puede ser considerado como un gran plan, aunque es verdad lo que comentas de que ves cosas en el día a día que te remueven las entrañas, pero el balance final creo que es positivo.
Esos Expats del montón suelen caer en las redes de la hija de algún vecino.
Alguno se casa y todo.
Pero eso nos lleva a otros temas que ya has tratado afortunadamente en otras entradas.

Fernando dijo...

"Sí, ya lo sé, si eres español y estás en un país con más de cinco millones de parados y sueldos-bonsai, se te están poniendo los dientes largos. Qué le vamos a hacer".
¡Quién nos ha visto y quién no ve, Alfor! ¿Cómo se ve por Rusia la crisis económica en general, y la española en particular (si es que se habla de ella)?
Saludos
PS: sigo pensando lo que dije ya aquí en otra ocasión, vivir en Rusia y presumir de no saber ruso es una catetez.

Alfor dijo...

Miguel, sí, quizá algo de tono irónico sí que haya... :D

Keithania, ¿de verdad? ¿No se nota? ;-)

Roberto Carlos, tienes toda la razón, pero lo que tú llamas "expat del montón" es lo que aquí se llama "chusma". Yo soy chusma. Me temo que tú también, cuando estabas por los Urales. De hecho, en los Urales no hay ni puede haber "expats", sino chusma. Un expat es un tipo de alto standing, en Moscú o Píter, no más, y además, por humilde que sea (los hay), siempre le sale algún ramalazo que no puede controlar.

Pero sí, tienes razón en la distinción. Esta entrada, y la siguiente, va de expats high-end. O razonablemente high-end.

Fernando, se habla de la crisis, maldición, y de la española en particular, y con un regustillo de venganza (Schadenfreude es la palabra alemana; no sé cómo traducirla correctamente) por haber pasado por lo mismo. Y encima está el "amigo" Mas haciendo relaciones públicas (lamentablemente, con todo éxito para él y sus fines).