lunes, 27 de abril de 2009

Urgencias

- Que Ame tiene mucha fiebre y se queja de que le duele la barriga - dijo la niñera cuando la llamé por teléfono. Y, efectivamente, venía de tener casi cuarenta grados de fiebre aquella noche.
- Mmm... llame al médico, yo iré en cuanto pueda -me pilló algo descolocado la noticia, porque no estaba en mi lugar de trabajo habitual, desde donde hubiera podido salir corriendo, sino lejos y bastante liado, así que llamé a Alfina, que tampoco es que estuviera precisamente desocupada, y de hecho me costó bastante encontrarla, pero que encontró un hueco y se fue a casa.

Fiebre y dolor de vientre... ¿apendicitis? El caso es que era el tercer médico en tres días y no había manera de sacar qué pasaba.

El médico era de Medintsentr, a donde he ido ya alguna vez. Como vio que la cosa no estaba clara, decidió llevarse a Ame con Alfina a la policlínica y a analizar tocan. Sirena por Moscú, si alguien se pone delante peor para él y adelante. Debería dejar la pluma a Alfina, que es quien sufrió el asunto en primera persona, pero de momento la dejo en la ambulancia.

Yo me incorporé poco después. Llegué a mi puesto de trabajo, recogí corriendo mis cosas, dije que tenía que irme, volví pitando a casa, cogí el coche y me fui a la policlínica todo lo rápido que pude.

La policlínica es el centro médico que tenía, en los cada vez más lejanos días soviéticos, el monopolio de la atención médica a extranjeros. Un sitio limpio, cuidado, pero con dos defectos bastante molestos: que el personal médico no habla más que ruso y que son condenadamente burocráticos. El primer defecto puede parecer insólito en una policlínica especializada en extranjeros, pero es completamente cierto. Casi los únicos extranjeros que vivían en la Unión Soviética eran del cuerpo diplomático, que, cuando se ponían enfermos, acudían con personal de su embajada que les hacía de intérprete. Los intérpretes también eran elegidos por una agencia que tenía el monopolio de la colocación, pero ésa es otra historia, también muy entretenida.

El segundo defecto es que los médicos de la policlínica no mueven un dedo ni realizan un análisis si previamente el enfermo no ha pasado por caja y ha pagado a tocateja lo que le van a hacer. Es poco hipocrático, claro, pero la pela es la pela y aquí no se trata a ninguno de esos extranjeros aprovechados si no aflojan la mosca. Si eres el Embajador de Argentina, por ejemplo, lo normal es que si caes enfermo tengas un séquito de auxiliares que se ocupan de que ni te enteres de que las facturas del médico hay que pagarlas, porque ya lo hacen otros.

El problema viene si estás enfermo y no eres el Embajador de Argentina, ni siquiera el de Malawi. A mí me ha pasado llegar como he podido, con fiebre relativamente elevada, y decirme que, majo, podría estar agonizando, pero que tenía que pasar por caja. Y, en este caso, estamos en las mismas: para que alguien moviese un dedo e hiciera los análisis pertinentes a Ame, Alfina tenía que pagarlos previamente. Pero, claro, cuando tienes un niño de cinco años con fiebre alta y quejándose, mientras tu marido está clavado en un atasco a la altura de Krasnie Vorota, no resulta fácil pagar con una mano mientras arrastras al niño con la otra. Hay que decir que Alfina superó la prueba con prestancia y aligeró nuestra tarjeta de crédito con el brío necesario.

Los análisis no revelaron nada. A Alfina le dijeron que había que hospitalizar a Ame. De la policlínica llamaron a la "skoraya", o sea, a la ambulancia de urgencias, que nos llevaría al hospital infantil número 7, en Tushino.

A todo esto, yo me había zafado del atasco y estaba intentando aparcar cerca de la policlínica, cosa nada sencilla. Sonó el teléfono.

- Sí - era Alfina.
- Que dicen que a Ame no le encuentran nada, pero el niño se sigue quejando y lo quieren llevar a un hospital infantil que está en Tushino.
- ¿En Tushinooooo? ¿Tan lejos?

Miré por la ventanilla del coche y vi que en la fachada del edificio de enfrente de la policlínica había un letrero que ponía: "Hospital infantil". Tushino estaba a unos treinta kilómetros de allí. Es así, Rusia.

"Bueno", pensé, "ésta es la clínica de extranjeros de toda la vida. Si nos envían a ese hospital, será porque es un sitio de confianza."

- Yo estoy por decirles que nos lleven al European Medical Center -dijo Alfina.

"¿Y hacer otra vez todos los análisis? ¡A ver si siguen sin encontrar nada!", pensé.

- Bueno, si nos han recomendado estos pediatras ir a ese hospital, yo creo que debemos ir. Ahora voy, que ya estoy aparcando.

Me reuní con Alfina y Ame, que seguía mustio y dolorido. El enfermero de la ambulancia ya estaba tomando nota del caso para enviarnos a Tushino. Pagué otra facturita, no faltaría más, bajamos al guardarropa a recoger la ropa y en el guardarropa nos encontramos a un señor bigotudo muy sonriente y simpático que hablaba español. Fuera, esperándole, había un coche que en un palito juntó al capó llevaba una banderita con dos franjas azul celestes horizontales a los extremos y una franja blanca con un sol amarillo en el centro.

El señor bigotudo sonriente era, pues, el Embajador de Argentina, que debía tener un hijo en tan mal estado como Ame, y que también iba al hospital de Tushino. Hay que decir que cosas como ésa me tranquilizan: si los de la clínica llevan nada menos que al hijo del Embajador de Argentina al hospital de Tushino, es que ese hospital debía ser un centro de vanguardia dotado de los últimos avances y donde los pacientes disfrutaban de todas las comodidades.

Hasta Alfina, siempre escéptica con la atención sanitaria rusa, olvidó que hay momentos en que no me debe hacer caso y consintió en meterse en la ambulancia, mientras yo volvía al coche y trataba de descifrar por dónde llegar a la dirección que me habían dicho. Pero la continuación queda para la próxima entrada.

4 comentarios:

Al'bert dijo...

Bueno hombre... Esperemos que no sea nada y todo se quede en un susto. Aprovechando que pasas por Tushino, date un garbeo por el mercado de "Baraholka", que igual encuentras alguna ganga... Pues sí que os mandan lejos!!!

Ya contarás en otra ocasión esos interesantes monopolios soviéticos, jeje...

Lo dicho: que se mejore y que no sea nada!

Fernando dijo...

Espero que todo vaya bien.
Saludos

Bruno dijo...

Por empezar, sigo en "-tan" es un verdadero infierno, encontrar una conexion Wi-Fi es como descubrir petroleo en el medio de NYC, almost impossible.

Con respecto al estado de Ame y que lo hayan trasladado a Tushino, no se que opinar, mi mayor enfermedad en la Federacion hasta ahora ha sido una gripe bastante livianita.

Que al hijo del Sr. Leopoldo Alfredo Bravo lo hayan trasladado alli no es signo de algo bueno, si por algo se destaca el servicio exterior de la Republica Argentina es por su mala atencion.

Con respecto al Sr. Bravo es un personaje criado en Moscu, en la Moscu stalinista, ya que su padre era embajador durante esa epoca, de hecho, su padre fue el ultimo extranjero en ver a "pepe" con vida. La dacha que posee la embajada Argentina es un regalo de pepe al padre de este señor.

Y con respecto al post anterior puede que no sea legal devaluar el €, desconozco la trama legal de BCE, pero en todo caso ¿no seria mejor pasar por alto este pequeño obstaculo para evitar la salida de la zona de Euro por parte de algunos paises? Digo la imagen del Euro y de la Union entrarian en juego si un pais o varios de ellos decidiesen salirse.

Saludos y espero que tu pequeño Ame se encuentre mejor.

Alfor dijo...

Al'bert, Fernando, si hubiera sido algo grave, os aseguro que no estaría escribiendo tan a la ligera del asunto. Que, cuando me ha pasado algo peor, por aquí ha pasado de puntillas. Pero muchas gracias por vuestro interés.

Bruno, duro con los Tanes. Es ahora cuando vale la pena zurrarse por ahí. Dentro de unas décadas hasta aquello estará civilizado y no será lo mismo.

Ah, y no sabes lo que te envidio porque lo más grave que hayas tenido haya sido una gripe. Yo también, pero mis niños me han dado unos sustos que no veas.

En cuanto al Embajador de Argentina, me quedo algo confuso, porque la persona que vimos no hablaba ruso y parece que el Embajador de Argentina sí lo habla. Quizá no fuera el Embajador, sino algún diplomático, el caso es que iba con el coche oficial número uno, además de con un intérprete.

Y, sobre economía, yo tengo bastante claro que nadie se va a salir de la zona euro, antes al contrario. Para que una cosa así ocurriera, la situación tendría que ser realmente desesperada, y no hemos llegado a ella.