viernes, 5 de diciembre de 2008

Democracia en Rusia

Rusia está de moda en España, joroba. El fin de semana pasado lo pasé por allí, entre Madrid y Valencia, en uno de esos viajes relámpago que me dejan para el arrastre, y todo quisqui que me topé y que sabía que andaba por aquí me preguntaba por esos rusos de Lukoil que insistían en comprar Repsol. No casitas en la playa, que de esos también hay, sino -¡ahí es nada!- la petrolera número uno.

Y luego están los periódicos. De repente, todo el mundo, pero todo, se ha convertido en un experto en Rusia de la leche, y señalan con el dedo a Moscú, llamando a la peña de aquí dictadores, mafiosos y cualquier cosa que se les pasa por la cabeza, menos bonitos. Habráse visto esta gentuza, que se quiere comprar Repsol, nada menos.

Lo malo de los que en España critican a Rusia es que se les ve una alarmante falta de conocimientos, y se les nota casi en cada línea que escriben, llenas de topicazos y de prejuicios. Criticar a Rusia es legítimo y probablemente incluso adecuado (que me lo digan a mí, que lo hago a diario), pero hay que hacerlo con un poquito de clase. Por ejemplo, la publicación pro-gringa por excelencia del sionismo internacional, famosa, entre otras cosas, por una línea editorial sumamente antirrusa, acaba de publicar un informe en profundidad que deja a Rusia todavía peor de lo que es habitual (que ya es decir), pero nadie, absolutamente nadie, podrá decir que es un informe indocumentado. Les saca las vergüenzas a la clase dirigente rusa en donde ha cosechado el fracaso más clamoroso de estos últimos años, cual es la política social, y no deja títere con cabeza ¡Y será por títeres!

Rusia no es una democracia, obviamente. Bueno, es más, es que la palabra "demócrata", que en España y en otros países es un elogio, cuando no una necesidad (y, si no, que nos lo digan a los que no presumimos de serlo, y así nos va), aquí es usada de manera despectiva. Aquí, un demócrata es un individuo vendido al extranjero, un occidentalista nauseabundo, un conspirador escondido y, ya puestos, un traidor a la patria.

Pues sí, Rusia no es una democracia, porque supongo que, para que exista democracia, lo menos que tiene que haber son demócratas, o al menos gente que pretenda serlo. También es verdad que en un país con un alto porcentaje de demócratas puede no ser una democracia, o ser una democracia tan enormemente imperfecta que llamarla así es desvirtuar el término (España es un ejemplo excelente).

Lo más parecido que ha habido a una democracia en Rusia es lo que hubo entre 1992 y 1998, más o menos. El período entre febrero y octubre de 1917 era algo similar a una, o por lo menos lo hubiera sido si hubiera tenido tiempo de perdurar. Teniendo en cuenta las calamidades que ocurrieron entre 1992 y 1998, con una inflación galopante, un cataclismo económico brutal, un robo descarado de los activos públicos, el repudio por parte del Estado de su propia moneda, el ridículo internacional, el presidente alcohólico y guerras perdidas contra cuatro guerrilleros mataos, no es de extrañar que la democracia esté sumamente desprestigiada en Rusia y que la cosa parece que vaya para largo.

El paradigma de partido democrático en la Duma es el nunca suficientemente bien ponderado LDPR, que significa en castellano "Partido Liberal Democrático de Rusia", y está dirigido por una de las personas más admiradas por este bloguero, que atiende por Vladimir Zhirinovsky y que es un auténtico crack, como creo que he dicho más de una vez. Es el único partido parlamentario que tiene la palabra "democrático" en sus siglas, y tiene de democrático lo que yo de esquimal. Los otros, el Partido Comunista, Rusia Justa y el hegemónico Rusia Unida, ni siquiera se preocupan de presumir de eso.

El informe del Economist que cité antes intenta hacer muy de pasada un interesante paralelismo entre la Alemania de Weimar y la Rusia actual, y la verdad es que el paralelismo, cuando se piensa un poco e incluso se lleva un poco más lejos, da escalofríos. Tenemos tantos parecidos que asusta. En la próxima entrada me pongo a ver cuáles encuentro. Yo no estuve en la República de Weimar ni en los comienzos del III Reich, pero he leído bastante sobre ella y, para compensar, en la Rusia postsoviética sí que he estado, y mucho, así que me puedo permitir elucubrar. A la próxima.

9 comentarios:

Achab dijo...

Entonces, ¿nos invaden de una santa vez o no?

Olestalkyn Estepaña dijo...

Espero que no hayas creído al pie de la letra los protocolos.
Rusia sigue siendo lo que históricamente siempre ha sido, por no extenderme.

miguel dijo...

El tiempo y la libertad "os" (les) hará fuertes!!

Por favor, qué opinas del papel de la Iglesia Católica ahí?

Es cierto que ha tenido que "renunciar" al proselitismo para poder "sobrevivir"?

Tiene futuro?

Alfor dijo...

Achab, yo creo que nos tendrán en vilo un ratito más. Como decimos los ajedrecistas, "la amenaza es más fuerte que su ejecución".

Olestalkyn, bienvenido. Lo de los "protocolos" me ha encantado, pero no sé si la gente lo habrá entendido bien. :)

Extiéndete, extiéndete, no te cortes.

Miguel, no estoy seguro de que la libertad nos haga fuertes, o más bien sea la fortaleza la que nos haga libres. En Occidente blasonamos de lo primero, no sé si con razón, y en países como Rusia creo que están por lo segundo, tampoco sé si con razón.

Como católico que soy, me tocas un tema sensible, sobre el que alguna vez he escrito, y hasta me han publicado algo. Pero, si puedes esperar algo, no lo quiero tratar en un comentario, sino con más sosiego, es decir, en una entrada (o en más de una).

miguel dijo...

Con razón o sin ella, en occidente como ahí, opino que la fuerza sólo puede generar esclavitud.No lo dudes.

Alfor dijo...

La violencia puede que sólo genere esclavitud, pero la violencia y la fortaleza no son la misma cosa, y yo hablaba de fortaleza.

miguel dijo...

Alfor,repasa mi escrito.Precisamente me refería a la fortaleza y no a la violencia.
Fortaleza derivada de fuerte(poderosa,pertrechada de poder que da la fuerza que tiene el poderoso sobre el que no lo es)

Fernando dijo...

Hola, no le doy ninguna credibilidad a The Economist en relación a Rusia, ¿qué confianza se puede tener en una publicación que defiende una cosa y su contrario con tal de atacar a Rusia? Recuerdo que poco antes de la "guerra" del gas entre Rusia y Ucrania se quejaba del precio subsidiado del gas ruso a Ucrania como residuo soviético, cuando pocas semanas después Rusia subió el precio para aproximarlo al precio internacional entonces The Economist protestó contra el "uso del gas como arma de presión contra Ucrania" ¿en qué quedamos?. En la red se pueden encontrar más ejemplos de las contradicciones del The Economist. Hace años un político de la administación Clinton dijo que "Rusia debía ser la Arabia Saudí del norte", o sea poner sus recursos bajo control de compañías occidentales mediante concesiones administrativas, como Rusia no acepta esto pues Rusia es una dictadura, etcétera, etcétera. Rusia no es una democracia perfecta, pero no desde que llegó Putin sino desde el bombardero de Yeltsin al parlamento, ahí empezó el presidencialismo y terminó el parlamentarismo. En mi opinión, no existe en ningún sitio democracia perfecta, todos son sistemas dirigidos, encima aquí nos creemos que somos libres.

Alfor dijo...

Fernando, estoy casi totalmente de acuerdo con usted. Pero en lo que pincha The Economist, si ha leído el informe, es no tanto en la falta de democracia, sino en la desastrosa política social rusa. Y ahí es donde duele, porque incluso los que no nos gusta The Economist tenemos que confesar que algo de razón tiene.

Y sí, en Occidente nos creemos que somos perfectos, y no lo somos.

Por cierto, democracia y parlamentarismo tampoco son lo mismo, en mi opinión. España es aproximadamente "parlamentarista", pero yo creo que está lejísimos de lo que entiendo por democracia.