miércoles, 10 de diciembre de 2008

Comparaciones odiosas: los parecidos

En la última entrada había quedado en hacer un poco de historia ficción, que será muy del gusto de los que creen en el determinismo histórico. Curiosamente, uno de los deterministas históricos más destacados es nada menos que Karl Marx, un alemán con muchos seguidores en Rusia, lo cual pone en relación una vez más (y van...) ambos países, y autoriza hasta cierto punto lo que va a seguir.

Yo no soy determinista, y mucho menos determinista histórico, pero de vez en cuando me gusta jugar a serlo, y lo que me ha salido con este juego es una serie de puntos de coincidencia entre la Alemania de Weimar y la Rusia de Bielovezhaya Puscha. También los hay de discordancia, pero eso queda para otro día. Veamos en qué se parecen:

1.- Una gran potencia que pierde una guerra. La Primera Guerra Mundial, en el caso alemán, y la guerra fría en el ruso.

2.- Territorialmente se ve amputada. Alsacia, Lorena, Eupen, Malmedy, partes de Prusia, Memel... por un lado; las repúblicas soviéticas no rusas por otro, con un elemento especialmente doloroso en Crimea.

3.- Minorías étnicas propias fuera de las ahora reducidas fronteras del imperio. Los Sudetes, Siebenbürgen, Austria misma, el Sarre... están llenos de alemanes étnicos, frente a rusos sorprendidos fuera de sus fronteras en las repúblicas bálticas, en Ucrania, en Asia Central...

4.- Se intenta superar la etapa autoritaria con una democracia que no se sabe muy bien cómo funciona, porque no lo ha hecho nunca. Friedrich Ebert era un demócrata, y Yeltsin estaría borracho más a menudo que sereno, pero también era un demócrata.

5.- Inflación galopante y una moneda que sólo sirve para jugar a los cromos. La hiperinflación de 1923 en Alemania sigue estudiándose en los libros de texto; la de 1992-1994 en Rusia con su estrambote de 1998 empieza a aparecer en los manuales de economía más recientes.

6.- Cuando la cosa parecía que se enderezaba un poco, llega otra crisis económica mundial. La que le tocó a Alemania fue la de 1929 y la que tuvo que padecer Rusia fue la crisis "asiática" de 1998 (pero la actual de 2008-¿? también nos puede valer, y la de 1992-1994, aunque más local, tampoco fue manca). Especialmente doloroso resulta el papel de dos personas a las que les toca bailar con la más fea. En el caso alemán, el canciller Heinrich Brüning, que se encontraba, según sus palabras, "a cien metros de la línea de meta", cuando llegó su cese en 1932. En el caso ruso le podemos dar ese papel posiblemente al actual ministro de Hacienda, Aleksey Kudrin, que está resistiendo la tentación de abrir la enorme hucha que tiene... porque sabe que, con la corrupción que hay en Rusia, como la abra, del dinero que hay dentro nunca más se sabrá.

7.- El paro aumenta a saco. En Rusia, más que el paro, el subempleo o la conversión de muchas fábricas en centros ocupacionales donde sobra la mayoría de la plantilla.

8.- El nacionalismo comienza a experimentar un auge importante. En Alemania el ejemplo más claro es Hitler, pero no es ni mucho menos el único: Kurt von Schleicher, Franz von Papen o Paul von Hindemburg no eran precisamente internacionalistas (y el propio Brüning tampoco). En Rusia, todos, pero todos los partidos políticos, son nacionalistas. De hecho, la jugada maestra del Kremlin consistió en minar al partido hegemónico de la década de los noventa, el Comunista, pagando a uno de sus miembros, Dmitry Rogozin, para que fundase un partido nacionalista y socialista (qué mal suenan las dos palabras juntas, ¿verdad?), llamado "Rodina" (Patria, literalmente), que les quitó un buen porrón de votos a los rojos y les ha dejado groguis hasta hoy.

9.- El nacionalismo llega al gobierno. Enero de 1933 es la fecha clave en Alemania; diciembre de 1999 es el equivalente en Rusia. Ojo: no estoy comparando a ambos líderes, Dios me libre. Pero sí es cierto que se trata de dos nacionalistas. Ésa es toda su similitud.

10.- La situación económica mejora radicalmente. En Alemania, con una política económica de gasto (construción de autopistas... y rearme) que hoy llamaríamos keynesiana, además de por el cambio de ciclo a partir de 1934; en Rusia, por el maná de los petrodólares.

11.- Llega el victimismo por la última guerra perdida, tanto más cuanto que ninguno de los ejércitos, alemán ni ruso, ha sido derrotado claramente. En Alemania, la Primera Guerra Mundial terminó sin que hubiera un sólo soldado aliado en suelo alemán, y sí muchos alemanes combatiendo fuera de sus fronteras, mientras una revolución en el interior hacía imposible la continuación de la guerra. Que la guerra estuviera perdida militarmente, como lo estaba, no impidió a los nacionalistas alemanes aducir que la habían perdido a causa de una puñalada por la espalda (la "Dolchstosslegende"), mientras el ejército había permanecido invicto.

Con Rusia pasó lo mismo. El ejército soviético no fue derrotado, pero el país desapareció disgregado en un montón de repúblicas. La mentalidad revisionista está escondida (en Alemania no lo estaba), pero existe.

12.- El país vuelve a una política exterior agresiva. En Alemania, está la anexión de Austria de 1938. En Rusia no hay un paralelo exacto, pero el posible Estado único Rusia-Bielorrusia nos puede servir para el caso, con todos los matices del mundo. La utilización de la energía como arma para recuperar el mando es, al menos, más aceptable que los T-34.

13.- El país pasa a mayores y la arma un poco más gorda. En el caso del III Reich, la más gorda es la anexión de la región de los Sudetes, que en este caso se completó con la creación del Protectorado de Bohemia y Moravia y la República de Eslovaquia. En el caso ruso, este mismo verano hemos tenido lo que técnicamente no es anexión todavía de Osetia del Sur y Abjasia, pero tiene similitudes inquietantes. Eso sí, hay que reconocer que Georgia sigue existiendo y que, de momento, no ha quedado reducida, pongamos por caso, al Protectorado de Kartli-Kajetia y la República de Imereti.

Chicos, lo siguiente es volver a pasar a mayores. En el caso alemán, la ocupación de la ciudad libre de Danzig en agosto de 1939... y ya sabemos lo que pasó después.

¿Cuál podría ser el equivalente ruso? Todo apunta a Crimea, pero no creo que sea enseguida. Una fecha interesante es 2017, cuando vence el arrendamiento de la base naval de Sebastopol, donde está surta la flota rusa del Mar Negro y que tiene una importancia estratégica fundamental para Rusia.

En cualquier caso, antes de las Olimpiadas de Invierno de 2014, en Sochi, lo más probable es que no pase nada, porque ahí hay que dar una buena imagen, claro.

Ah, por cierto..., como en la Olimpiada de Berlín de 1936. Hasta entonces la Wehrmacht se estuvo quietecita: las anexiones de verdad comenzaron después.

Y, hasta aquí, los parecidos. En la próxima me dedicaré a las diferencias.

2 comentarios:

Angel dijo...

Отлично! Me ha gustado mucho este post. Se aparta de la línea realista-surrealista rusa, pero debo felicitarte por este ejercicio histórico. Espero que nunca más lleguemos a ver una kristallnacht, aunque los (silenciados) episodios de ataques xenófobos contra ciudadanos de algunas de las ex-repúblicas soviéticas dan mucho que pensar.

Alfor dijo...

Ángel, gracias por el piropo. Yo creo que de la Kristallnacht estamos lejos, pero eso lo dejo para la segunda parte del post.