miércoles, 30 de abril de 2008

Guías de altura

El otro día nos choteábamos un poco de la promoción turística moscovita, que efectivamente tiene serias lagunas. Entretanto, me he conseguido hacer con la guía turística oficial, en castellano, editada por el Gobierno de Moscú con el fin de hacer saber al mundo hispanohablante que Moscú es una ciudad fetén, fantástica, sensacional, hermosa como pocas y digna de ser visitada durante una larga temporada para pasarse el día con la boca abierta.

Después de leerla, me han entrado muchas ganas de saber quién es el cenutrio que ha perpetrado la traducción al castellano que luce el folleto. Dios mío, se han gastado una pasta bestial en imprimir un folleto con un papel estupendo, con unas fotos de primera y lo estropean poniendo a un paleto a traducir. De verdad que me gustaría saber quién ha sido, porque, manda narices, hay un número importante de nativos hispanohablantes que lo hubieran hecho de miedo; incluso conozco a bastantes rusos que hubieran hecho una traducción infinitamente mejor, como máximo con rusismos apenas imperceptibles, y alguno ni eso.

Pero no. Veamos el apartado de "Compras":

"La visita a cualquier lugar no se limita al conocimiento de su historia y cultura. Por eso Ud. poco probable querrá partir de Moscú, sin comprar algo de recuerdo. La capital le ofrece a los amantes de las compras posibilidades ilimitadas. Hoy sólo grandes centros comerciales se cuentan cerca de 600! En realidad, la ropa que está de actualidad en la temporada corriente y zapatos de modistas extranjeros en la capital cuestan en ocasiones dos veces más caras que en París o Milán. Un amplio surtido de no muy cara mercadería ofrecen los complejos comerciales y bazares."

Jau, gran jefe. Mi entender lo que traductor querer decir. Por los pelos, pero entender.

Otra joya:

"Moscú se está devolviendo más y más atractiva para empresarios rusos y extranjeros. Infraestructura moderna del negocio, infraestructuras científicas, bancarias y financieras, grandes ferias internacionales y actividades epecializadas, hoteles de clase mundial - esta ciudad única posee todo el éxito en el negocio".

Moscú se está devolviendo... ya...

Pero lo mejor es el párrafo de introducción a la persona de nuestro alcalde, Yuri Luzhkov.

"El alcalde de Moscú es el funcionario más alto de la ciudad. El gobierno de Moscú, encabezado por el alcalde de la ciudad, es el colectivo más grande y de más rango, que sirve al poder ejecutivo de Rusia."

En la jerigonza ésta que apenas se puede llamar castellano, pasemos por alto la puntuación desafinada, la semántica dislocada y la bárbara sintaxis que utiliza, y quedémonos con la primera frase. Aunque con un enorme complejo, en realidad, Luzhkov es un señor tan ancho como largo, y eso de que es el funcionario más alto de Moscú dice muy poco de la estatura del funcionariado municipal. Desde luego, el tío Yuri trata de disimular como puede que es un retaco esmirriado, posando sistemáticamente rodeado de gente de parecida estatura a la suya. Los altos que salen en las fotos donde está él salen bien lejos, pero, a veces, hay momentos en que su estatura queda de manifiesto. Como éste.

Claro, si me estuvieran rodeando estas chiquillas yo también me olvidaría de ponerme de puntillas, como suele hacer.

O si me estuvieran condecorando.

O si estuviera pronunciando un largo discurso al lado de un señor con gorra de plato. Al final, tanto estar de puntillas cansa.

De todas maneras, la táctica habitual de Yuri Luzhkov consiste en subirse a un... digamos, taburete, para que su estatura física no desmerezca su talla de estadista. Aquí le vemos ejecutando esa táctica.

Vamos, que una cosa es ser el funcionario de "más alto rango", o incluso, si me apura, "de mayor nivel" (eso sí, señor traductor) y otra muy distinta ser el más alto, aunque seguro que a Luzhkov le encanta que digan eso de él. En todo caso, con esto no termina lo que se puede contar de las guías turísticas rusas. Otro día continuaré con más cosillas sobre ellas (sí, vale, ya sé que hago muchas promesas. Si alguien las puede ir contando...)

lunes, 28 de abril de 2008

El bautizo

En el viejo Lada que nos llevaba por Moscú, el misionero se dio la vuelta y me dijo:

- Hicimos una especie de encuesta entre la gente que ha pedido bautizarse en los últimos años. Resulta que el ochenta por cien de todos los que nos han pedido el bautismo se han acercado a nosotros sin que nadie les dijera nada. Sólo el veinte por cien han venido de la mano de otras personas. Los ortodoxos dicen a veces, bueno, dicen muchas veces, que hacemos proselitismo, pero, ¿qué le dices a alguien que viene a ti y que quiere bautizarse? ¿Tenemos que decirle algo así como "No, tú eres ruso, y ahí tienes la Iglesia Ortodoxa. Vete con ellos"? ¿Cómo vamos a hacer eso a alguien que viene buscando algo y está delante de ti?

El sábado por la mañana estaba yo meditando sobre aquello que me había dicho el misionero varios meses antes. Y lo estaba meditando porque ahí estaba yo, delante del altar de la catedral, todo trajeado, ejerciendo de padrino en un bautismo de adulto. El catecúmeno, ruso hasta la médula, pasó en dos días de no haber recibido ningún sacramento al bautismo, confirmación y eucaristía; la penitencia y el matrimonio, no sé bien si por este orden, vendrán después.

Supongo que las cosas no tuvieron que ser fáciles para él, al igual que no lo deben haber sido para las multitudes que en los primeros años noventa se bautizaron masivamente en cuanto los popes comenzaron a salir de las catacumbas y la gente se fue dando cuenta de que sus antepasados estaban bautizados y ellos no. De una educación atea hasta la médula, pasando por un período de ruptura de todo el mundo que conoces, hasta la severa liturgia de la Iglesia Ortodoxa. En un par de años, pasas de un extremo a otro, habiendo sido educado en el extremo que has abandonado y sin conocer del todo lo que hay que saber en el extremo en que te encuentras.

- Recuerdo mi bautizo como algo muy impersonal -me decía un amigo del catecúmeno-. Allí estábamos todos en fila y el sacerdote iba pasando y echando agua. No había una atención personal.

El sábado sí la había. El sacerdote, que sólo tenía dos catecúmenos, pues la fecha de los bautizos masivos es la Pascua de Resurrección, y eso fue el mes pasado, se esmeró en el asunto a conciencia, con predicación y Salve en latín incluida.

- Bueno -dije-, quizá es porque el bautizo fue en los primeros noventa.
- Sí, fue entonces.
- Era una época en la que los sacerdotes tenían mucho trabajo.
- Puede ser.

Nunca antes había estado tan directamente implicado en un bautizo de adulto. La cosa tiene su miga, después de varios meses de catequesis y de acabar todas las reuniones preguntando al grupo si había alguna duda o pregunta. Nunca las hubo, y eso sí que era mosqueante, porque, ¿cómo que no hay dudas sobre asuntos como las herejías trinitarias? ¿Cómo no podía haber preguntas sobre las cuatro pinceladas de Cristología básica que tuve que limitarme a exponer por falta de tiempo para más? Nada. Todo estaba claro. Estuve a punto de pedir que me explicaran a mí algunas cosas que me cuesta pillar, pero me contuve.

Y he ahí que suena en mis oídos una frase de agradecimiento del catecúmeno, dirigida a mí, por haber cambiado su visión de la vida ¿Yo? ¡Si yo sólo pasaba por allí! ¡La de veces que me he dicho que las cosas estaban saliendo porque Otro estaba detrás, soplando! Soplando donde quiere, como siempre.

En fin.

- Como iba diciendo, pudo ser muy impersonal el bautizo de entonces, pero porque había mucha gente ¿Cómo podría ser de otra manera?
- Sí, pero ustedes tienen otro estilo... - dijo el amigo del catecúmeno.
- No hay para tanto. Prácticamente todo es exactamente igual entre las Iglesias Católica y Ortodoxa. Bueno, la liturgia es distinta y hay un par de diferencias doctrinales no demasiado importantes.
- Es posible - dijo él-. De todas formas, cuando veo a la Iglesia Ortodoxa, me da la impresión de que somos esclavos de Dios. Ustedes, en cambio, son como sus niños.

viernes, 25 de abril de 2008

Falsificación de bolsas

En Rusia uno se puede encontrar todo tipo de producto falsificado. Se piratean discos, se piratean películas, se copian productos, ideas... lo que sea. Puede que no se llegue a los niveles de China, pero, si no se llega, ello es porque los rusos son muchos menos que los chinos y, claro, tendrían que dedicarse exclusivamente a eso a tiempo completo para llegar a esos niveles. Y hay otras cosas a las que dedicarse.

Discos, películas... todo eso está muy bien, pero, ¿habíais visto alguna vez falsificadores de bolsas? Pues aquí tenemos y, si no, fijaos en la foto que le saqué a la bolsa de una señora que estaba sentada junto a mí y que la verdad es que se mosqueó un poco al ver que le sacaba una foto a la bolsa que llevaba. En todo caso, lo único que podemos asegurar es que ninguno de los que ha intervenido en el proceso de producción de la bolsa tiene ni pajolera idea de inglés y que ha escrito "Princess" como Dios le ha dado a entender (y la verdad es que no se lo dio a entender muy allá).

Bueno, también podemos asegurar que los de Disney no han sido. Ellos, hasta ahí, llegan.

miércoles, 23 de abril de 2008

Accidentes

Pataplaf, leche que te crió. Dos coches se chocan en plena calle céntrica. Maldiciones diversas, gritos, palabras soeces, pitidos desesperados de los coches que venían detrás y que esperan a que los conductores afectados directamente por el choque dejen de felicitarse mutuamente y la calle quede libre... un accidente de libro.

En España, los conductores, puede que mascullando maldiciones, o puede que no, apartan sus coches para no entorpecer el tráfico, sacan los formularios del seguro y se ponen a pergeñar un parte con mayor o menor fortuna, mientras las cosas siguen su curso, los nervios se calman y los planchistas españoles ven como aumenta su negocio.

Pero, ¿qué pasa? Los conductores del primer párrafo no mueven los coches de su sitio. Se quedan de pie, mascullando maldiciones, a pesar de la lluvia que está cayendo, sin importarles la gresca que se está montando en la calle ni los coches que se van amontonando en las dos direcciones de la calle.

¿Y por qué ocurre esto? Básicamente, porque el accidente no ha ocurrido en España, sino en Moscú.

En Moscú, el conductor que se mueve no sale en la foto. Como a cualquiera de los dos maromos al volante se le ocurra mover un centímetro el coche de donde está situado, se la ha ganado pero buena, porque la milicia, cuando llegue, le va a poner las peras a cuarto enseguida. Y con la milicia, hijos míos, no se juega.

La cosa tiene prehistoria. En España, y en todo occidente, se inventaron unas cosas llamadas seguros obligatorios de daños a terceros, que todo conductor debía tener so pena de multazo y tentetieso. Con lo cual, la cuestión de dirimir la culpabilidad en los accidentes, con ser importante, no era decisivo, porque quedaba el consuelo de que de los daños al conductor inocente se iba a ocupar el seguro.

Aquí, no.

Aquí lo de los seguros obligatorios de daños a terceros no se les ocurrió al mismo tiempo que en el resto de Europa. Vamos, de hecho es que no se les ocurrió en absoluto, sólo lo instauraron hace unos pocos años y muy a regañadientes. Aquí el conductor culpable tenía que pagarlo todo, pero todo lo que se hubiera roto de resultas del accidente, y los planchistas rusos son caros y los sueldos del personal bajos, así que determinar quién de los participantes en el accidente era culpable era crucial ¿El resultado? Que determine la culpabilidad un ente probo, imparcial e incorruptible: la milicia de tráfico ¿Cómo? ¿Que esos gañanes son probos, imparciales e incorruptibles? Hombre... es lo que hay.

Para que la milicia de tráfico pueda determinar quién es culpable, a algún iluminado se le ocurrió que lo mejor sería que pudieran investigar el accidente sin alterar la posición de los coches. Ese iluminado, él no sé si lo sabe, pero se ha ganado la caldera más caliente del infierno. En cuanto hay un accidente, el carril donde ha tenido lugar se paraliza y, si los protagonistas del suceso son, pongamos por caso, un autobús contra un camión, se pueden paralizar seis carriles y, a la larga, media ciudad. Eso dura hasta que la milicia llega al lugar de autos; entonces, con bastante pachorra, sacan una cinta métrica y se ponen a medir distancias, que si fulanito ha desplazado a menganito tantos metros, que si venía por aquí o por allá, que si su velocidad supuesta era ésta o la otra. Vamos, que a veces el único daño es que le han cascado a un coche el retrovisor, y hay cuatro milicianos midiendo por aquí o por allá, tanto que parece que haya habido varios cadáveres y los milicianos le quieran hacer el trabajo al forense.

Entretanto, claro, los coches se van amontonando. En el accidente de la foto, que tuvo lugar anteayer en la Bolshaya Nikitskaya, sólo hay un carril en cada sentido. Un sentido quedó bloqueado, y los coches que estaban en él, en lugar de esperarse y resignarse, decidieron que para machos ellos y que allí pasaban sí o sí, con lo que invadieron el sentido contrario. Los del sentido contrario se mosquearon lo suyo, y el conductor del coche de vanguardia debió decir para sí que ni de coña me avasallas, y que te vas a meter la chulería donde te quepa, con lo que se plantó en medio de la calle, que ya quedó taponada hasta que llegara la milicia.

Vamos, que el único que consiguió pasar fue un ciclista que se coló por entre los coches, que le miraban con cara desencajada, con toda la envidia (no mucha) que se puede tener a un ciclista en día de lluvia. El ciclista vio el jaleo y decidió hacer la foto que ilustra esta entrada.

Y, si toda la calle está bloqueada, ¿cómo consigue la milicia llegar hasta el lugar del accidente? Qué buena pregunta. Es lo mismo que pensé yo cuando seguí subiendo por la Bolshaya Nikitskaya, con toda la calle en mi sentido para mí solo, y me encontré a un coche de la milicia atascado a casi medio kilómetro de la zona cero.

lunes, 21 de abril de 2008

Corresponsales (III): El Mundo

Siguiendo con la saga de corresponsales que comenzó el otro día, le toca ahora al corresponsal del periódico "progre" de derechas (el "progre" de izquierdas será el protagonista de la próxima entrega). Daniel Utrilla, a diferencia de su colega del diario monárquico-liberal, no tiene un estilo seco en absoluto. Muy al contrario, es un poeta cazado en un oficio de corresponsal, capaz de sacar punta a casi cualquier situación. Cuando se le lee, da la impresión de que escribe de política porque no le queda más remedio, pero que, cuando realmente disfruta con la escritura, cuando puede poner toda la sal que le apetece, es cuando escribe de las muchísimas cosas del día a día que le pasan a la gente de la calle.

En eso ha logrado auténticas proezas, ayudado de un estilo que yo llamaría exuBerante, si no fuera porque, en su periódico, la palabra "exuPerante" probablemente sería mal recibida. Por ejemplo, véase su blog. La verdad es que no es un blog propio, sino compartido por otros corresponsales de Europa, pero aparecen cosillas suyas, y se le nota la retranca. No dejéis de ver su entrada sobre los taxistas piratas, ni su entrada inaugural, muy propia de su estilo. Y, claro, cuando uno tiene retranca al escribir sobre Rusia, se le echan encima los enterados que saben más que nadie, acusándole de desinformador y de poco menos que rusófobo ¡a él! El caso es que hace unos días que yo, que detesto los "chastniks" y que me he llevado algún disgusto con ellos, tuve que subirme a uno y suscribo de cabo a rabo todo lo que cuenta. Y más después de ver al individuo de la foto que ilustra su entrada sobre "chastniki", que, gracias a Roberto, ya apareció por aquí en una ocasión.

En fin, que nos dure mucho el corresponsal, porque difícil será encontrar a uno capaz de ver las cosas con ese punto de abstracción sin dejar por ello de estar dentro de las cosas. Entretanto, aprendamos un poco de sus giros, de su vocabulario y de su estilo, que probablemente embrida para no exagerar unas tendencias que son más culteranas que conceptistas, pero que se adivinan incluso bajo el lenguaje que se ve constreñido a emplear.

viernes, 18 de abril de 2008

Mendigos

El otro día andaba conversando con un español que lleva poco tiempo por aquí y salió un tema de conversación poco frecuente.

- Y los sin techo, aquí, ¿qué hacen? En España te los encuentras en los cajeros automáticos o en algún pasaje subterráneo, ¿y aquí?

El mismo hecho de que el tema de conversación sea poco frecuente dice muy poco de nosotros. Efectivamente, para los extranjeros que vivimos por aquí, que por regla general somos gente más o menos acomodada, pero que en todo caso no somos pobres de solemnidad, el encuentro con los que lo pasan realmente mal tiene algo de perturbador. Por una parte, en muchas ocasiones, al menos en Moscú, la pobreza y el alcohol van de la mano, hasta el punto de que es difícil decir si fue primero el alcoholismo el que contribuyó a degradar al individuo, o si fue primero la degradación y luego, como colofón, el alcoholismo. La verdad es que los casos que, por alguna referencia, he podido conocer apuntan más bien hacia lo primero.

No siempre es así. Entre los mendigos que se ven en las calles de Moscú no escasean las ancianas pensionistas, que normalmente suelen recibir limosna; pero no es probable que sean ellas los sin techo que a veces también se ven. Es de suponer que contarán con alguna vivienda y que sus pensiones, aunque menos miserables que hace unos años, sean seguramente insuficientes para cubrir sus necesidades mínimas en una ciudad tan sumamente cara como Moscú. La limosna hace, en estos casos, de complemento de la pensión.

Sin embargo, no es lo normal. El sin techo típico es un personaje muy degradado y convertido en un desecho social tan evidente que apenas habrá quien le dé limosna, tal es la aprensión que inspira, alimentada por la certeza del destino que tendrá la limosna que le diéramos y por el olor a suciedad y alcohol que desprenden.

¿Dónde pasan la noche estos sujetos? El de la foto, que tomé hace unos meses, eligió para ello las escotillas de ventilación de la biblioteca Lenin, a pocos metros de la Plaza Roja, envuelto en unos harapos, porque, aunque de la escotilla sale aire caliente, es fácil ver que las temperaturas, como sucede tan a menudo en Moscú, bajan de cero.

Hasta no hace mucho, el recurso más habitual de los sin techo era colarse en un portal. Las puertas de acceso de los portales moscovitas estaban abiertas, sin cerradura o, en todo caso, eran fáciles de abrir. Las cosas están cambiando y, aunque sigue siendo relativamente fácil colarse en los sitios, cada vez más los vecinos instalan porteros automáticos más o menos fetén.

En todo caso, no es una suerte envidiable. Más le valdría a las autoridades de Moscú tomar cartas en forma de campañas de prevención contra el alcoholismo. Pero no parece lo suyo, en un país donde el alcohol es una especie de religión. En todo caso, para campañas, la que más me ha gustado es la que vi en Lovaina, hace unos cuantos meses.



2 minuten hierop staren is zo goed als heel de avond alcohol drinken.

En cristiano: Mirar aquí durante dos minutos vale tanto como beber alcohol toda la tarde.

Probadlo y decidme cómo es la resaca. Yo no me atrevo.

miércoles, 16 de abril de 2008

El ensayo

¿No os habéis quedado nunca encantados viendo los logros de los rusos y de los habitantes de otras repúblicas antiguamente soviéticas en el deporte y en las más diversas disciplinas artísticas? Los mejores músicos, los mejores gimnastas, los mejores ajedrecistas, los mejores bailarines, los mejores patinadores, y una larga lista de disciplinas en que los rusos son la pera limonera, muy por delante de los segundos, aunque ahora los chinos comienzan a acercarse mucho.

¿Cómo lo hacen? Bueno, yo hasta ahora había pensado que eran gente especialmente dotada para estas disciplinas, además de disfrutar de un ambiente en que se valora la afición al arte. Pero eso era hasta ahora. Ahora ya tengo una idea de cómo se consiguen estos resultados.

El sábado pasado por la tarde fui a la escuela de música a acompañar a Abi, que tiene el concierto final del curso la semana que viene. Abi toca el piano y el violín, pero en el concierto participa dentro de uno de los tres coros infantiles de la escuela, y el sábado por la tarde tenían uno de los últimos ensayos. Los padres ocupamos las últimas filas de la sala para hacer de público y que el ensayo tuviera mayor realismo. Bueno, la verdad es que padres, lo que es padres, había bien pocos; yo diría que, quien más quien menos, había aprovechado el buen tiempo que hacía (y que ya no dura, maldición), para irse de parranda y dejar a los niños en manos de los abuelos, que eran los que estaban por allí.

La directora del coro distribuyó a los niños, que tendrían entre ocho y diez años, en tres filas. Abi, que es de las más pequeñas del grupo, se quedó en la fila inferior, en una esquinita, de pie, muy seria y sin mover un músculo. Empezó el ensayo. La primera obra era una cantata religiosa, con la misma letra del Padrenuestro.

- Padre Nuestro... - empezó el coro.

- ¡Alto! - gritó la directora - ¡Miradme todos a mí! ¡Tú! ¿A dónde estás mirando? Empezamos de nuevo, Padre Nuestro.

- Padre Nuestro...

- ¡Alto! ¡No me lo puedo creer! ¡Que me tenéis que mirar a mí! ¡Cretinos! ¡Tú! ¿Otra vez mirando a qué? ¡Fuera de mi ensayo! ¡Y no vengas al concierto!

El niño aludido se quedó petrificado en el sitio.

- ¡Fuera! - y la directora extendió el brazo hacia la puerta.

El niño, con unos ojos como platos, bajó de su segunda fila y con el labio inferior moviéndose visiblemente, se fue al fondo de la sala. Su abuela salió de la sala con él. Yo tenía ganas de toser, pero no me atrevía. Miré a Abi, que estaba tiesa como un palo en su sitio, y le hice un gesto con la mano en plan ¡Vaya tela! Abi lo vio, pero lo único que hizo fue mover un poquito la mano derecha, como para devolverme el saludo sin que nadie lo viera, mientras el brazo derecho seguía pegado al cuerpo.

- ¡Volvemos a empezar! ¡Ya!

- Padre Nuestro, que estás en los cielos...

- ¡Alto! ¿Qué es esto? ¡Tú, fuera!

Y una niña fue también eliminada. No se atrevió a irse y se quedó en el centro de la sala, delante de los padres, viendo el ensayo.

- ¡Qué clase de pueblo es el nuestro! ¿Por qué tengo que chillar para que me hagáis caso? ¡No necesito esto! ¿Por qué tengo que quedarme un sábado por la tarde haciendo esto? ¡Cantad bien! ¡No habléis! ¡Hasta los loros pueden hablar! ¡Lo que quiero es que cantéis!

Otros dos niños fueron despachados antes de llegar a "hágase tu voluntad". Las filas del coro se empezaban a espaciar peligrosamente, y Abi tuvo que colocarse más al centro. La directora, que evidentemente tenía una voz magnífica, hacía retumbar las paredes con los berridos que soltaba. Los niños ni se movían.

- ... así en la Tierra como en el Cielo...

- ¡Alto! ¡Qué clase de idiotas tenemos hoy entre nosotros! ¡Ya está bien! ¡Estamos en un coro, y yo soy su directora, y si no os gusta, fuera! ¿Has oído? ¡He dicho fuera!

Las bajas ya eran tremendas, pero, por fin, la composición del coro pareció satisfacer algo a su directora.

- ¡Bien! ¡Está visto que echas a algunos idiotas que han venido, y todo comienza a sonar mejor!

Yo seguía sin atreverme a toser.

Al final, terminó el ensayo. Abi vino a donde estaba yo.

- ¿Estás bien? - le pregunté, preocupado.

Me miró con cara de no entender nada.

- Sí, claro ¿Por qué no?
- No, no, por nada.

Salimos de la escuela y tomamos el camino de casa.

- ¿Qué tal la directora del coro?
- Ah, muy bien. Nos quiere mucho.
- Abi.
- ¿Qué, papá?
- Creo que voy entendiendo por qué no me haces ni puñetero caso cuando te digo amablemente que hagas los deberes.