viernes, 31 de julio de 2009

Comentarii apud Baierem

Al leer el artículo que se ha marcado el señor Bayer, se me ha subido tanto la sangre a la cabeza que me resulta realmente difícil contenerme y no soltar una retahila de improperios. Es un increíble compendio de ignorancia, buenrollismo y corrección político-babosa, aderezado con la imprescindible dosis de leyenda negra que parece que todo anglófono debe obligatoriamente agregar a sus escritos sobre España.

El tío, hay que reconocerlo, no empieza mal del todo, indicando que hay paralelismos entre España y Rusia, cosa evidente, pero empieza pronto a tocar las narices:

Las dos se entregaron a ideologías mesiánicas, pues hay paralelismos entre el catolicismo fanático de la España posterior a la Reforma y el comunismo ruso. A la defensiva, y de manera intolerante con otros credos, cazaron herejes sin piedad y suprimieron el disentimiento. La policía secreta de Stalin aprendió con seguridad algún que otro método de la Inquisición española.

El señor Bayer, cuyo apellido es bastante elocuente, a la par que racial a su manera, y que seguramente contribuyó a abrirle las puertas del periódico en el que escribe, se atreve a comparar los cinco mil muertos mal contados de la Inquisición española entre 1479 y 1834 con los cientos de miles de purgados entre 1924 y 1953. Y los casos de tortura, que eran excepcionales en España, con la tortura sistemática de la URSS, que además terminaba siempre con "confesión", cosa que además no libraba al reo antisoviético de su suerte (por llamarla de alguna manera). Con la Inquisición, al menos, podías arrepentirte y entonces, todo lo más, te condenaban a unas penas que no es que fueran agradables, que desde luego no lo eran, pero que eran la envidia de los reos de la jurisdicción civil española y de los demás países europeos ¿Tolerancia? ¿En qué país había tolerancia en el siglo XVI?

Paso por alto su opinión sobre los respectivos siglos XIX. Encontrar paralelismos entre el XIX español, con cinco guerras civiles, un sinnúmero de golpes de Estado y la caída a la tercera división entre las grandes potencias, y el siglo XIX ruso, que marca su época de mayor expansión territorial, esplendor cultural y científico y el ascenso definitivo a primera división entre las potencias, no es nada sencillo, aunque el señor Bayer piensa que sí. Eso se quedará para otra entrada.

"Hoy, los regímenes que surgieron de las dos guerras civiles ya no existen en ninguno de los dos países, y España ha hecho la transición a una sociedad democrática."

Aaaah, España es una democracia y Rusia no. Creo que el señor Bayer tendrá que definir "democracia".

Sobre todo hay que agradecérselo al rey Juan Carlos, que resultó ser un hombre sabio y decente.

Seguro que Mitrofán no está totalmente de acuerdo. No voy a hacer sangre de esto, porque esta bitácora tiene una especial inquina por el actual Jefe del Estado español, así que me resulta difícil ser objetivo al escribir sobre él.

Pero el verdadero héroe fue el dictador español Francisco Franco, quien, a pesar de todos sus errores, comprendió que un monarca constitucional, un símbolo nacional que se situara sobre la lucha política y representara a todos los españoles, era lo mejor para traer la reconciliación. La restauración borbónica significó que ningún político pudiera aspirar a heredar el papel de Franco. También significó la continuidad histórica, volviendo a la abdicación de 1931 de Alfonso XIII (...)

Para empezar, don Alfonso no abdicó formalmente en ningún momento, pero bueno, ciertamente eso es lo de menos. Ahora bien, ¿Franco estaba pensando en todo eso? A mí que me da que no... pero el caso es luego sigue:

El poder en Rusia es unipolar, lo que significa que cada nuevo líder intenta ponerse los zapatos de José Stalin, y convirtiéndose en alguien risible o terrorífico, o las dos cosas. Lo mismo que Franco temió que pudiera ocurrir en España.

Aterrorizado debía estar, el hombre.

Por desgracia, la Rusia postcomunista nunca ha tomado en consideración imitar el ejemplo de España y recuperar un monarca constitucional. No hubiera sido una solución mágica para los distintos problemas de Rusia, pero hubiera aportado una base para construir una sociedad más sana.

Le vamos a decir al señor Bayer por qué lo del monarca constitucional estaba complicadillo en Rusia, ya que él no lo ve claro:

1.- Porque en Rusia jamás había habido la menor experiencia de monarquía constitucional. Todos los zares habían sido autocráticos hasta la médula. En España, propiamente, prácticamente nunca hubo una monarquía absoluta a lo Luis XIV, y sí que había experiencias anteriores de monarcas constitucionales, a partir de 1833.

2.- Porque no lo iba a apoyar prácticamente nadie. En España había corrientes monárquicas de distinto pelaje y cierto respaldo, por lo que Juanca tenía gente en quien sostenerse. En Rusia, los monárquicos que hay no sólo no son liberales constitucionalistas, sino que desde luego usarían la Constitución como papel higiénico.

3.- Porque el sistema tradicional en Rusia, le guste o no al señor Bayer, y el único que conciben los rusos, es aquel en que el que manda es el Jefe del Estado, llámese zar, emperador, jefe del Gobierno Provisional, secretario general del PCUS o presidente de la Federación Rusa. El sistema en que hay un figurín que está nominalmente a la cabeza, pero no gobierna, no vale aquí. Tampoco en Nueva York, donde vive el señor Bayer desde 1974.

4.- Porque existen bastantes dudas sobre quién es el Zar legítimo. El señor Bayer, que evidentemente sólo es monárquico, o algo así, desde anteayer, ha pasado por alto el detalle de que para instaurar la monarquía hace falta un monarca concreto; los que somos monárquicos desde hace mucho más tiempo sabemos que ése es un problema importante, y en el caso de Rusia es poco menos que irresoluble. Pero eso también lo dejaré para otra entrada.

Ah, y sobre que la sociedad española sea más sana hoy que antes de la llegada de Juanca, habría mucho que hablar. A lo mejor el señor Bayer podía haberse quedado unos cuantos meses más en Barcelona, aprender español e incluso visitar el par de sinagogas que hay. Porque, con "just a few days" se acaban escribiendo artículos como ése que casi me pone de mal humor hoy, pero que no lo ha conseguido.

Porque me voy de vacaciones. Durante el par de semanas que no voy a estar por aquí voy a ver si escribo sobre uno de esos asuntos históricos que tanto me gustan y que el Botas dice que no interesan a nadie. Bueno, pues vamos a ver.

miércoles, 29 de julio de 2009

Terreno resbaladizo

De entre los periódicos odiosos, ocupa un lugar destacado el Moscow Times. El Moscow Times no es un mal periódico, y posiblemente ahí reside su verdadero peligro; en que sus redactores son tendenciosos como ellos solos y, con una apariencia de objetividad, van soltando frasecitas y poniendo en relación hechos que llevan a una interpretación totalmente sesgada de las cosas que pasan. A mí me recuerda muchísimo a El País, un periódico sesgado que se las daba de independiente y que tiene auténticos especialistas en llevar el agua a su molino.

El Moscow Times es un periódico progre, sionista, proselitista, hipócrita, antirruso, políticamente correcto hasta la náusea y enormemente peligroso, porque su sesgo no se nota demasiado a primera vista y porque es la fuente de información principal, por no decir única:

a) de la práctica totalidad del cuerpo diplomático destinado en Moscú;
b) de los guiris que pululan por aquí (que ahora son menos, con la crisis, pero son);
c) y de infinidad de gente que vive en el extranjero, les interesa Rusia, pero no llegan a leer en ruso, y se empapan de lo que cuenta ese panfleto.

Y, en particular, el cuerpo diplomático de los países que tiran a negligentes yo diría que se nutre directamente de traducciones a su idioma natal de lo que cuenta el Timos, digo, el Times, con lo cual las informaciones que llegan a demasiados gobiernos extranjeros es precisamente ésa.

Normalmente, el panfleto está bien informado, lo que aprovechan sus redactores para escoger las informaciones que publican y las que ocultan en función de sus intereses. Pero, a veces, un columnista suyo se pasa una semanita en Barcelona y se dice "¡Hombre! Ahora que he estado una semanita en Barcelona, ya puedo escribir sobre España." Y, con la inmensa cultura hispánica adquirida en esa semana, aumentada con haber visto "Vicky Cristina Barcelona", con un paseo por las Ramblas y con enterarse de que hay una letra que se llama eñe y que no existe en inglés, se planta frente al ordenador y escribe un texto como el que reproduzco abajo y que no voy a comentar hoy, porque ya me he faltado bastante. Mañana más.

Russia Needs Its Own Juan Carlos

20 July 2009

By Alexei Bayer

It is hard to spend a few days in Spain without noting many similarities with Russia. Located at the opposite ends of Europe, both countries were unified early in the modern era in a struggle against a Muslim invader. Both ruled over other European lands and were feared and despised by their weaker neighbors. Both were given to messianic ideologies, as there are parallels between the fanatical Catholicism of post-Reformation Spain and Russian communism. Defensive and intolerant of other creeds, they relentlessly hunted heretics and suppressed dissent. Stalin’s secret police certainly learned a trick or two from the Spanish Inquisition. The two countries found themselves in a very similar situation at the end of the 19th century. Although overshadowed and snubbed as Europe’s laggards, they were catching up fast, not only in terms of economic progress and industrialization but also in the arts. They had an enlightened, civic-minded and thoroughly modern bourgeoisie. The artistic efflorescence in Barcelona bears an uncanny resemblance to Russia’s Silver Age.

The similarity runs deeper, as the modernist veneer was applied in both countries to what was essentially feudal society. Divisions appeared, culminating in bloody civil strife. The end in both cases was similar: the suppression of bourgeois modernity, even though in Russia it was the left that won and in Spain the right—despite Soviet support for the Republicans in the Spanish Civil War. In the end, even deeper fault lines were created, surviving into the final quarter of the 20th century.

Today, the regimes emerging from the two civil wars no longer exist in either country, and Spain has made the transition to a democratic society. It has, above all, King Juan Carlos to thank for this; he turned out to be a wise and decent man. But the real hero here was Spanish dictator Francisco Franco who, for all his faults, understood that a constitutional monarch, a national symbol standing above the political fray and representing all Spaniards, was best suited to bring about reconciliation. The Bourbon restoration meant that no politician could aspire to inherit Franco’s role. It also represented historical continuity, going back to the 1931 abdication of King Alfonso XIII and bridging a painful period in Spanish history. It created an independent source of authority that could arbitrate among conflicting economic, political and separatist forces.

This is exactly what the Russian political system lacks. It still has not found true legitimacy, which makes every new ruler attack his predecessor in order to assert his claim to power. The Soviet era remains a highly controversial subject. Its wounds and rifts have been papered over by mass-media legends, but they have not been healed. Power in Russia is unipolar, meaning that every new leader attempts to step into Josef Stalin’s shoes, becoming either comical or frightening, or both — just as Franco feared could happen in Spain.

Ironically, one of the greatest victims of Russia’s political system is Prime Minister Vladimir Putin. He clearly wants to leave politics and enjoy the wealth he has apparently amassed. However, if he gives up power, his hand-picked successor, President Dmitry Medvedev, will either be eaten alive by Byzantine intriguers in the Kremlin or, if he succeeds in building his own power base, he may turn on Putin — just as Putin attacked the era of his predecessor, Boris Yeltsin.
Unfortunately, post-Communist Russia has never considered emulating Spain’s example and bringing back a constitutional monarch. It would not have been a magic solution for Russia’s various problems, but it could have provided a foundation to build a healthier society.

Alexei Bayer, a native Muscovite, is a New York-based economist.


Podéis comentar todo lo que queráis. Yo me lo guardo para la próxima entrada.

lunes, 27 de julio de 2009

Ludopatías (II)

Hace dos años, el Gobierno ruso lanzó una prohibición del juego que entraría en vigor el 30 de junio de 2009, lo cual fue una sorpresa mayúscula, porque no estamos acostumbrados a ver a un Gobierno plantando cara al poderoso negocio de los casinos y otros antros de perdición, y menos al ruso, al que solemos suponer muy proclive a no molestar a los que tienen mucha pasta. De hecho, al ver que el plazo de cierre era de dos años, quien más quien menos pensó que algo pasaría entretanto. Probablemente los propios dueños de los casinos fueron de los primeros que lo pensaron.

Técnicamente, el juego no quedaba prohibido totalmente, sino restringido a cuatro zonas específicas situadas en puntos bastante distantes de las grandes ciudades. Es conocido que Rusia tiene un montón de puntos distantes de cualquier sitio, así que eligió cuatro... agujeros, colocados en Kaliningrado, Altai, el Mar de Azov y un cuarto del que ni me acuerdo, pero no tiene mayor importancia, porque, si montas un casino en cualquiera de ellos, los jugadores ricachones lo más probable es que ni te miren y, puestos a viajar, se vayan a Mónaco, que desde luego es un sitio mejor organizado.

Y el caso es que se acercaba el final del plazo y nadie se acordaba de ampliarlo ni mucho menos de derogar la ley. Para sorpresa de todos, resultó que el Gobierno ¡iba en serio! y faltaban pocos meses para reaccionar.

Hay que reconocer que el grupo de presión de propietarios de casinos se lo curró. Primero advirtió de la gente que se quedaría en el paro y de los ingresos que perderían en impuestos las arcas públicas, pero el Gobierno siguió en sus trece, porque anda que no tiene guasa que los propietarios de casinos sean precisamente los que lamenten los problemas sociales que pueden producirse.

El segundo intento de esquivar el golpe fue mucho más fino y difícil de prever. Una asociación de jugadores de póker consiguió que el póker fuera incluido en la lista de actividades deportivas, por lo que, tachán, si era un deporte y tenía incluso una federación, era una actividad digna de respeto y hasta promoción, con lo que los casinos se transformarían en clubes "deportivos" de póker. Genial, ¿verdad?

Lo malo es que el Gobierno iba realmente en serio. Y, en estos casos, nada les para.

Putin, nada menos que Putin, dijo que nones, que ni se les ocurriera la ideíta de hacerse pasar por clubes deportivos; paralelamente, el Ministro de Deportes, Mutkó, descubrió muy oportunamente que al inscribir el póker como deporte no habían obtenido la aprobación de la manera apropiada, mediante una orden ministerial, sino con una vulgar aprobación administrativa inferior, y es que en Rusia pasan muchas cosas oportunamente, no os lo podéis ni imaginar; ya sé que en España también, pero lo de aquí es tremendo. Así que a ver quién era el guapo que se ponía farruco y abría clubes de póker.

Y así, llegó el 30 de junio y los señores hicieron juego por última vez. Como en el Banzai, el casino de la foto de arriba, situado justo enfrente del Shan-Gri-La y del que ya están desmontando los letreros. Y, oye, no ha pasado nada.

¿Y qué hacen ahora los ludópatas impenitentes? Pues esperemos que corregirse de su vicio y llevar una vida menos excitante y derrochona, pero la cosa no está clara. Quedan los casinos por internet, pero Putin ya ha dicho que ahora va a por ellos también, así que, querido ludópata, al menos te queda el consuelo de que prácticamente todos los demás vicios imaginables están bastante extendidos en Rusia, con lo que sólo te quedará escoger el que más agradable te resulte. Si, de paso, no te deja totalmente en la ruina a ti y a tu familia, incluso habremos ganado algo.

viernes, 24 de julio de 2009

Ludopatías (I)

El edificio de la foto es el del mítico cine Rossiya, en la plaza Pushkin, en cuyos bajos operaba el casino Shan-Gri-La, uno de los más grandes de Moscú, si no el que más, abierto día y noche y en el que se han dejado los cuartos los individuos más pudientes de Rusia. Pero eso era antes, antes del 30 de junio, fecha en que se cumplía el plazo de cierre de todos los establecimentos de juego en Moscú. Con ello, el Shan-Gri-La ha pasado a mejor vida, han desaparecido los matones de peinado e intelecto totalmente planos que me miraban despectivamente mientras trataba de abrime paso entre los cochazos que aparcaban delante de la puerta y no dejaban pasar a los peatones, y se han esfumado los susodichos coches.

Esta tarde, en lugar de maquinones interminables apelotonados en las aceras, con sus conductores echando un sueñecito en su interior mientras sus amos se envilecían, incluso había sitio para aparcar. Lo nunca visto.

Y es que a veces da la impresión de que, si hay algún vicio no muy extendido en Rusia, ello es porque los rusos no se han enterado de que existe. En cuanto se enteran, o en cuanto deja de estar prohibido, se dedican a él en cuerpo y alma. Porque lo de los extremos es algo curioso en un país donde la dedicación exclusiva a algo, malo o bueno, es moneda corriente. Aquí están los santos más santos, los científicos más brillantes y los mejores ajedrecistas, pero también los tipos más borrachos, los trabajadores más vagos y los perdularios más enfangados.

La ludopatía es uno de esos vicios que estaba por ahí, esperando a salir a la superficie. Antes de la Revolución existen abundantes testimonios de lo más lamentable entre la nobleza rusa, y no sólo entre hijos de papá, que también, sino entre gente por lo demás cultivada y con talento. Pushkin era un jugador más perdido que un alcohólico en La Meca, y la novela "El jugador", de Dostoyevsky, no se le ocurrió precisamente al autor mientras paseaba por los parques de San Petersburgo, sino que tiene mucho de autobiográfica.

Después del obligado paréntesis de los tiempos bolcheviques, los casinos, tragaperras, casas de juegos y todo tipo de tugurios salieron a la superficie, y con ellos la latente ludopatía de demasiada gente se puso rápidamente de manifiesto. Como en España, después de 1977, en que recuerdo que los cines de toda la vida se transformaban en bingos (bueno, o en salas pornográficas), para disgusto de los niños que íbamos al cine, en Rusia, y en Moscú en particular, la situación se descontroló y aparecieron calles enteras totalmente dedicadas a los juegos de azar, por las que daba un cierto resquemor pasear.

La última vez que el Gobierno quiso reprimir un vicio a golpe de decreto fue con la ley seca de Gorbachov, dirigida contra el alcoholismo y que resultó un fracaso completo, porque puedes prohibir la producción y la venta de alcohol, pero había que ver lo rápidamente que desaparecía el azúcar y las patatas de las tiendas, y no era precisamente para hacer buñuelos. Resultó peor el remedio que la enfermedad, y la profusión de alcohol casero de pésima calidad, hasta hoy, es una de las causas de que la esperanza de vida de la población masculina rusa haya estado hasta hace nada por debajo de los sesenta años.

Esta vez, el Gobierno ha dejado tranquilo el vicio de la bebida, supongo que dando por perdida la batalla, y la ha emprendido con un vicio que, por más reciente, quizá supone que está menos insertado en la sociedad. Y así se ha propuesto erradicar el juego; pero la descripción de cómo está saliendo la cosa la dejo para la próxima, que hoy se hace tarde.

miércoles, 22 de julio de 2009

Músicos acabados (IV)

Este año todavía no había escrito sobre los músicos que actúan en Moscú y que, como ya sabemos, con eso escriben su epitafio musical. Porque, ya sabéis, el músico moderno extranjero que actúa en Moscú, casi por definición, es una vieja gloria que ya no hará nada de provecho.

Pero hete aquí que nada menos que Britney Spears se une al grupo de acabados. Britney, que ha conocido tiempos muchísimo mejores, estaba haciendo un intento por enderezar su carrera después de hacer tantísimas tonterías que es difícil pensar que no hiciera a propósito muchas de ellas. Pues se acabó, chica. Por si no había caído bastante bajo con todo lo que ha hecho últimamente, ahora se le ha ocurrido venir a Moscú. El acabóse. De momento, ha intentado disimular un poquito y, en su concierto de San Petersburgo, ni siquiera ha hecho noche allí, sino que se fue en su avión privado a dormir a Estocolmo.

Pero eso no la librará del desastre, no. Ayer por la noche actuó en Moscú. Pobrecilla. Si hasta el momento estaba medio pirada, no quiero ni pensar lo que puede hacer a partir de ahora.

Aparte de Britney Spears, podemos hacer otra pregunta al respecto de este curioso fenómeno de artistas acabados. La noticia musical de este verano ha sido el fallecimiento de Michael Jackson, pero ¿musicalmente podíamos esperar algo de él o estaba acabado? Acudimos a la prueba del algodón y ¡tachán!, comprobamos que Michael Jackson actuó en Moscú en 1993 e incluso una segunda vez en 1996, lo cual deja pocas dudas al respecto. Fans de Michael: lamentamos su muerte tanto como el que más, pero musicalmente no iba a dar más de sí (como se demostró fehacientemente con sus apariciones de los últimos años).

Para terminar, veamos un par de ejemplos de artistas fosilizados que aparecen por aquí. Con la crisis, este año son claramente menos que los anteriores, pero vamos a destacar a dos de ellos.


Los primeros artistas de otra época son los Pet Shop Boys. Lo sorprendente es que incluso han dicho que han sacado un nuevo album. Obviamente, como se ve en el póster, no podemos saber ni siquiera qué aspecto tienen. Hay que reconocer que, como Michael Jackson, ya habían pasado por Rusia, momento a partir del cual empezaron a sacar recopilatorios. Toda una señal.

Pero, una vez más, y como el año pasado con Julio Iglesias, el artista más acabado del año también es español.



¡Sí! ¡Es él! Perdón, ¡es aquél! Nada menos que Raphael viene a confirmar su acabamiento. No es la primera vez. Raphael ya tenía fans a saco en la Unión Soviética, y la prueba es que no actúa exactamente en Moscú, sino en la sala de conciertos de Barvija, que es un pueblecito cercano a Moscú donde viven las personas con el riñón mejor cubierto de Rusia, por no decir del mundo entero. De todas formas, no se escapa del destino que se descarga sobre los músicos que vienen aquí: ¡estar acabado!

lunes, 20 de julio de 2009

Estados de ánimo

El retorno a Moscú después de una estancia en España, aunque sea tan corta como la que acabo de concluir hace unas horas, viene asociado a un sentimiento de desazón, primero, y más adelante de cabreo. Y no se trata sólo de que en España vienes de unas vacaciones, mientras que a Rusia vas a currar. No, hay algo más y, para describirlo, voy a generalizar con cierta confianza, porque se trata de sensaciones que comparten unánimemente todos los españoles residentes en Rusia que vuelven después de unos días en el terruño. Si los rusos que lean esto se ofenden, ajo y agua y, a una mala, que echen un vistazo al párrafo de introducción de esta bitácora.

El primer síntoma de que las cosas están empeorando se produce en el aeropuerto de, en mi caso, Madrid, cuando te diriges a la puerta de embarque y la ves literalmente tomada por rusos y más rusos. Uno pensaría que en los vuelos entre España y Rusia el pasaje estaría repartido a partes aproximadamente iguales entre ambas nacionalidades, ¿verdad? Pues de eso nada. Ya sea el vuelo de Iberia, o ya lo sea de Aeroflot, la abrumadora mayoría de los pasajeros son rusos, lo cual, a ojo, ya indica que España le hace a los rusos mucho más tilín que Rusia a los españoles.

Sea como fuere, el caso es que llegas a la puerta de embarque y adviertes de golpe que las vacaciones han terminado y que vuelves a darte de leches contra esa realidad rusa en la que eres, y siempre serás, un elemento extraño. De momento, los aviones van llenos a rebosar, con los rusos que han saqueado a conciencia el duty-free y que apelmazan las bolsas de Aldeasa en los compartimentos de equipaje de mano, haciendo tintinear las botellas unas contra otras. Algunos, los fumadores, han acumulado tabaco como para ahumar media Siberia, no sé muy bien por qué, pues siempre he creído que el tabaco es muy barato en Rusia, pero bueno, mejor para Aldeasa... y peor para los que agradeceríamos un rinconcito para embutir nuestra mochililla de mano entre tanta bolsa, bulto, instrumento musical y cachivache indefinible.

El viaje puede discurrir razonablemente bien o, por lo menos, como siempre. Ahora bien, al llegar a Moscú, la gente se pone nerviosísima, salta de sus asientos, aferra sus bultos como puede y una marabunta salvaje invade los pasillos del avión desafiando las leyes de la física y abriéndose paso entre codazos hacia la puerta.

No es descortesía o, al menos, no es sólo descortesía: es que la gente ya toma posiciones para la inmediata carrera hacia el control de pasaportes. En estos tiempos de crisis diríase que el control de pasaportes, que durante algún tiempo mejoró bastante, se ha hecho más farragoso, severo e insoportable que de costumbre. Dos metros en el avión pueden significar ganar, o perder, cinco puestos en la cola del control de pasaportes, y eso puede muy bien convertirse en media hora de retraso. Así que no esperéis lindezas entre los que estamos hechos a estos viajes; esperad codazos, empujones, bloqueos y carreras por los pasillos.

A estas alturas el españolito que vuelve a Rusia ya ha comprendido que las colas ordenadas las dejó hasta su próximo viaje a la patria y que lo suyo es adaptarse a las condiciones locales. Además de lo antedicho, el vuelo nocturno (apurando la estancia en España, por supuesto) le habrá dejado con un mal cuerpo como para hacer juego con la mala leche que se le está poniendo. El policía de fronteras será, además, su primer choque con la administración pública rusa. Un tío que ni le mira, como no sea para asegurarse de que la foto del pasaporte se corresponde con la realidad, ni le habla, a no ser para dar alguna orden seca.

Si la maleta llegó bien y los aduaneros no dan la tabarra, el viajero saldrá a la sala de llegadas, donde un enjambre de tipos mal encarados le abordarán diciendo "taxi, taxi", "nedorogo". Adiós a los cómodos coches último modelo, que se ven sustituidos, si aceptas los servicios de los taxistas espontáneos, por unos cacharros que funcionan de puro milagro y un conductor que reparte maldiciones y palabras soeces y que parece que esté haciendo un favor al viajero por los dos mil rublos que a éste le toca apoquinar. Si vas en tren, lo único que haces es aplazar el encuentro con los taxistas, que quizá no se produzca en el aeropuerto, pero sí en la estación de tren de destino, en condiciones parecidas a las anteriores.

En fin, que si vas en taxi, te vas a encontrar un atasco del quince; si vas en tren y en metro, como es mi caso, vas a circular en el vagón de metro con un enjambre sudoroso en contacto directo con tu cuerpo. En todo caso, tu mala leche, agriada por la noche en blanco, te recordará que las vacaciones quedaron atrás y que no sólo vas al trabajo, sino que, además, vives en la ciudad más grande de Europa y que a los moscovitas no les pagan para ser simpáticos.

Y aquí me tenéis, baldado, soñoliento y con unas ganas de coger la cama que no veáis. La tropa se quedó en España, dichosos ellos, y yo estoy de rodríguez durante las próximas semanas. El año pasado, en circunstancias similares, me dediqué a dar unos paseíllos en bicicleta y a ir al médico. A ver en qué me ocupo en esta ocasión. De momento, a mejorar de humor tras haber echado un sueñecito...

viernes, 17 de julio de 2009

500

Esta entrada es un poco especial, porque, si las cuentas de Blogger no fallan, esta entrada es la número quinientos. Quinientos, tú.

Quizá sea el momento de hacer una pequeña pausa, volver la cabeza y ver lo que ha ido quedando detrás, desde que, un buen día de primavera de 2006, poco después de la hasta ahora última mudanza y recién conectado a internet, me pusiera delante del teclado sin saber demasiado bien qué escribir, pero con unas ganas enormes de hacerlo. Las ganas, y eso debe quedar claro, me siguen acompañando, y no hay quizá mejor prueba que las entradas, las cuales comenzaron siendo relativamente lapidarias, y han ido aumentando de longitud hasta convertirse, a veces, en auténticos rollos macabeos. Claro que yo lo he pasado bien escribiéndolas y, para mí, eso es lo que cuenta.

Como he dejado en alguna de las entradas de los cumpleaños, mi intención inicial consistió, curiosamente, incluso en escribir menos. Alejado de los míos, se me ocurrió que con una bitácora que pudieran visitar podrían estar al día de lo que nos va sucediendo a mí y la tropa que me rodea; pero resultó que a los míos, al menos a muchos de ellos, lo de leer les estimula mucho menos que a mí escribir, con lo que las entradas, poco a poco, comenzaron a escribirse mucho menos pensando en ellos, y mucho más en el mero hecho de describir lo que, en general, venía siendo nuestra vida por Rusia.

Y así, como una cosa lleva a la otra, comenzaron a aparecer temas, y lectores desconocidos y bienvenidos, y así hasta hoy.

Pues eso, que no sé a vosotros, pero a mí me está gustando la experiencia. Estoy aprendiendo mucho, y creo que tengo cuerda para rato. El fin está cada día más próximo, pero entretanto vamos a disfrutar del camino.