viernes, 18 de septiembre de 2015

Réunion de chantier

El proceso de reforma de una casa es Bruselas es muy colaborativo. Hay mucha gente implicada y eso debe explicar, por una parte, lo caro que resulta aquí reformar una casa y, por otra, el poco desempleo que hay en Bélgica ¡Y cómo lo va a haber, si los belgas son únicos en inventarse empleos inútiles imaginativos! Ya vimos en la última entrada la espantosa historia del coordinador de seguridad y salud, y creo que volveremos a hablar de él. Yo no le he echado el ojo encima, pero no puedo terminar esta obra sin conocerlo personalmente. Me gustaría medirle la cara y la espalda, a ver cuál es mayor, pero no creo que me permita tales confianzas, por mucho que el cliente siempre tenga razón.

El caso es que, todas las semanas, hay una reunión de obra, en francés 'réunion de chantier', donde los distintos obreros, técnicos y artesanos implicados en el asunto se reúnen con los 'maître de l'ouvrage', que somos los dueños. El objetivo de la reunión es marear a los dueños hasta que acaben más despistados que un coordinador de seguridad y salud, y entonces se toman unos acuerdos por arte de magia que el arquitecto recoge en un acta de la reunión y quedan así para la historia.

Claro, uno experimenta nostalgia de lo fácil que era en Valencia, donde una cuadrilla de Carcagente tardó mes y medio en poner el piso a punto; o en Madrid, donde fue más caro, claro, que para eso es la capital, pero entre cuatro personas apañaron el asunto durante el verano. Aquí, estamos dando de comer a un ejército, y no se vislumbra el final.

En la reunión de obra, además, nosotros (uno u otro, y alguna vez los dos) aparecemos siempre, pero los demás nos dan plantón sin ningún problema a la que no les apetece presentarse un jueves a las ocho de la mañana. Los albañiles, que empiezan a trabajar incluso antes, suelen estar allí. El otro día me comentaban que había pasado por allí el coordinador de seguridad y salud y les había citado un real decreto, y que ahora estaban más tranquilos.

El fontanero también es madrugador, y por tanto un habitual. Si hablara otra cosa que no fuera flamenco cerrado incluso sería útil. La última vez sólo estaba él, y la conversación fue bastante difícil de seguir, pero con buena voluntad todo se consigue. Es posible que él aprenda algo de francés si seguimos conversando, o que nosotros logremos descifrar algo de flamenco.

El arquitecto llega más o menos cuando quiere, si llega, y se pone a hablar, según con quien, flamenco, francés y un curioso español con acento mejicano trufado de galicismos.

Y luego están los extras que aparecen de vez en cuando, como el cristalero, el técnico del gas, el electricista y, a veces, el encargado de los muebles de la cocina, aunque a éste lo hemos contratado nosotros aparte. Menos mal.

El caso es que esto ya debería ir llegando a su fin, porque cada reunión se descubren nuevas cositas que elevan el presupuesto cinco mil euros más, y a la bolsa ya se le ve el fondo.