miércoles, 28 de abril de 2010

Iuvenes dum sumus (II)

La UPM (Universidad Pijísima de Moscú) cuenta con un alumnado selecto como pocos. Mi llegada a la misma tuvo lugar en un atardecer nublado, pero seco. En el exterior del edificio principal, justo debajo de la señal de prohibido aparcar, había una hilera brutal de Lexus, Mercedes, Toyota y algún Maybach. Entre ellos, se distinguían dos o tres Volkswagen de gama alta, avergonzados por su modestia y medio ocultos entre los grupitos de chóferes. Sí, amigos, la UPM no es precisamente la Facultad de Filosofía de la Universitat de València, no. Allí es difícil encontrar un poste libre para atar la bicicleta. Aquí, no. Aquí hay poderío.

- ¿Alfor von Buchweizen?
- ¿Ludmila Marlenovna?
- Sí. Le estábamos esperando dentro. Venga, venga, que le tenemos preparado el pasecito.

Sí. A los establecimientos de enseñanza no puede pasar cualquiera, y mucho menos a éste, donde se agolpa la futura élite del país. Por tanto, aquí funciona un sistema de própusk, ése que ya vimos hace unos años. Documento de identidad por aquí, conversación de Ludmila Marlenovna con el segurata por allá, y Alfor von Buchweizen que pasa al templo del saber local.

- ¿Había estado antes por aquí, Alfor?
- No, no, es la primera vez- le dije en ruso.
- ¡Oh! ¡Si habla ruso! ¡No esperaba que nos enviaran a alguien que hablara ruso! - dijo Ludmila Marlenovna en un español impecable, y ya seguimos en español, que está visto que le hacía ilusión.
- Pues ya ve. Poquito a poco, uno que ha ido aprendiendo algo.
- Fíjese. De todas formas, yo nunca me he arrepentido de dedicarme a la lengua de Cervantes.
- Es que Cervantes la usaba estupendamente.
- ¿Quiere dar una vuelta por la facultad, o vamos directamente al departamentito de español?
- Estoy a sus órdenes.
- Daremos un paseíto. Nuestros huéspedes suelen querer dar una vueltita por la facultad, porque les gusta ver a nuestras chicas, que son muy guapas.
- Si no lo dudo... pero...

Está visto que Ludmila Marlenovna, o no haría carrera en el Ministerio de Igualdad, o me ha visto una pinta varonil (y salidil) que pá qué.

Dimos una vuelta por el mareo de pasillos que es todo edificio público ruso, incluso el más atildado, y llegamos al departamento. Por el camino, grupillos de estudiantes se quedaban callados a nuestro paso, saludaban con una inclinación de cabeza a Ludmila Marlenovna y me miraban con curiosidad. Jo. Y eso que no llevaba la bicicleta, sólo la mochila anarcorrojinegra.

Al llegar al departamento, me presentaron a los profesores que había por allí. Un par de ellos se dedicaba al español económico; otro par al español jurídico, y otro par no sé muy bien a qué se dedicaba. Como la cabra tira al monte, y lo mío es el Derecho antes que la Economía, me puse a charlar con la profesora de español jurídico; pero se hizo la hora de empezar el concurso, y la profesora me dio una hoja con una serie de párrafos que parecían un temario de estudios.

- Es para que sepa qué es lo que estudian los alumnos y les pueda preguntar.
- Ah, vale...

Comercio internacional, economía, marketing, algo de logística, mercados financieros internacionales. Esquemático, pero ilustrativo. Luego, en el concurso, no le eché ni un vistazo a la hoja, pero estaba visto que se lo habían currado.

- ¿Vamos al concursito, Alfor?
- Vamos.
- Venga, Natalia Vladlenova, acompáñenos.
- Voy.

Una mi derecha, otra a mi izquierda, salimos del departamento y avanzamos bajo la atenta mirada de los estudiantes que respondían con monosílabos a los saludos que les digirían sus profesoras. Parecían cohibidos, los pobres. Claro, eran los que iban a participar en el concurso. A mí me miraban con una mezcla de pánico y curiosidad. Y eso que no llevaba la bicicleta, sólo la mochila falanjorrojinegra. Yo incluso diría que tenían más pánico que curiosidad. A saber qué les habrían estado diciendo sobre mí las profesoras los días anteriores. Pues se iban a c*g*r, lorito. Lo que les hubieran contado iba a ser poco comparado con lo que les iba a caer encima.

Entramos en la sala del concurso. Me senté en el centro y ellas a los lados. Me daba la impresión de que esperaban que el que llevara la voz cantante fuera yo. Pues a cantar. Ludmila Marlenovna se levantó, abrió la puerta de la sala y dijo hacia fuera:

- Que pase el primer alumnito. Comenzamos.

4 comentarios:

Orayo dijo...

¡Promete!

Una cosa... ¿Ludmila habla tanto con diminutivos (paseito, alumnito)?

Anónimo dijo...

En cualquier centro de formación superior prestigioso de Occidente, se justificaría una visita a las instalaciones, para enseñar laboratorios de experimentación avanzados, lugares donde famosos personajes crearon o dieron a conocer sus obras por primera vez, artilugios variopintos de incuestionable valor, etc., pero en la UPM nada de eso.(No, si desde que empecé años atrás a fisgonear en asuntos rusos o panrusos, llegué a la conclusión de que todos los sinsabores y amarguras quedaban sobradamente compensados en cualquier momento). ¡Aaaaatención!,...,¡Damas y Caballeros!: lo que justifica un paseo interno por la UPM es nada mas ni nada menos, queeeee:"...las chicas, que son muy guapas". Sublime. Vamos, me he quedado como decía un politicucho famoso tiempo atrás: "pasmao".
Gracias, D. Alfor.
Ditifet
P.S.: con esta nueva información, he procedido a guardar el látigo a su rincón en el trastero:-).

Behemote dijo...

Pobres alumnos... ¡miedo me das!

Alfor dijo...

Orayo, la gran mayoría de los profesores de español rusos de cierta edad (o de incierta edad) tienen dejes del español de Hispanoamérica. Ése es uno de ellos.

Ditifet, y luego no era para tanto lo de las chicas. Eso sí, sus papás debían estar forrados.

Behemote, no está mal que sufran por una vez en su vida. Total, cuando salgan de la Universidad, sus papás ya los colocarán y a vivir, que son dos días.