miércoles, 27 de mayo de 2009

Burócratas

A estas alturas, ya todo el mundo está al cabo de la calle sobre la burocracia soviética, heredada por la Rusia actual. Una burocracia que se extendió más allá de los límites del Estado y que ha terminado por abarcar a toda entidad rusa, que se ahoga en una maraña de papeles, trámites, permisos, sellos, poderes, firmas y toda clase de trabas que merman su productividad.

No es extraño que ello haya resultado así. Al fin y a la postre, en tiempos soviéticos todo era estado, hasta el quiosco más insignificante del lugar más apartado de Chukotia y, como la mayoría de quienes vivieron entonces siguen haciéndolo ahora, y esas prácticas tienen un arraigo difícil de erradicar, los trámites se eternizan, se multiplican y se enroscan unos con otros en un nudo que ríete del gordiano. Aquí quería ver yo a Alejandro Magno deshaciendo nudos con su falange macedónica.

Pero los rusos, que ahora son gente bastante viajada y saben que lo suyo no es normal, aunque se ven incapaces de salir del laberinto kafkiano en que están sumidos, tienen mucho sentido del humor (bastante más que los rusófilos, por ejemplo) y, cuando se les interpela sobre esto, tienen una frase a punto, que sueltan entre risas: "Claro que es un lío, Alfor ¿Para qué hacerlo sencillo, si se puede hacer complicado?"

Y uno se pregunta: ¿siempre ha sido así en Rusia, o esto de la burocracia y la complicación innecesaria es una actitud relativamente reciente y provocada por la necesidad socialista de ocupar a toda la población? Veamos un caso ilustrativo, aunque remoto en el tiempo.

En 1515, unos cuatro siglos antes de la Revolución Soviética, un virtuoso monje, David, fundó un monasterio a unas setenta verstas al sur de Moscú, cerca de lo que hoy es la ciudad de Chéjov. El monasterio lleva aún hoy el nombre de Davidovo Pustyn, el Desierto de David. Recordemos que "Desierto", en sentido religioso, no es una cosa arenosa inmensa como el Sahara, sino un lugar alejado en que rezar y meditar en tranquilidad, aunque esté en mitad de un bosque. Así ocurría con Davidovo Pustyn, un lugar hermoso, feraz y con buena tierra, que daba de sobras (y sigue dando) para mantener sin problemas a una comunidad de monjes. Otro día hablaremos un poco más de Davidovo Pustyn, porque el lugar encierra más interés de lo que parece y ha sido teatro de sucesos oscuros en los últimos tiempos.

El buen David, que debía ser más dado a la oración que a la jardinería, se hizo famoso sin embargo por otra cosa. Dicen los libros que David, que digo yo que andaría algo desficioso, se dedicó un tiempo a plantar árboles con las raíces hacia arriba.

Claro, en condiciones normales, así no se hacen las cosas. David, que debía ser un monje tan terco como virtuoso, rezó mucho porque los árboles crecieran, a pesar de todo, y efectivamente, los árboles, plantados al revés y todo, crecieron como es debido y, según parece, aún hoy día, los monjes de Davidovo Pustyn continúan plantando árboles con las raíces hacia arriba.

Será todo lo milagroso que se quiera, pero a mí me da que el monje David fue el primer burócrata ruso. Mira que el tío pudo haber plantado los árboles como todo el mundo y haber dedicado sus oraciones a otras causas en la que él tuviera menos mano, pero, ¿para qué hacer un procedimiento sencillo, si complicándolo también sale?

4 comentarios:

Fernando dijo...

Hola Alfor, curiosa esa frase "¿Para qué hacerlo sencillo, si se puede hacer complicado?". Yo se la oí por primera vez a un demógrafo francés con el que yo colaboraba refiriéndose a la estadística británica. Esa frase no debe de ser rusa.
Que agarre y crezca una planta sembrada al revés no tiene nada de milagroso; la célula vegetal es así, se adapta al entorno con el que está en contacto.
Saludos

Obocelibel dijo...

Recuerdo que para poner la valla de la obra, me refiero a la valla temporal típica de hormigón prefabricado que se puede por todas partes en este país, necesitamos 17 firmas sobre un plano. Yo creo que esto es fruto de muchos crudos inviernos pasados encerrados en sus casas, dándole a la cabeza. ¿Quien sabe que puede llegar uno a pensar en esas condiciones?

Bruno dijo...

Inmi... cuando regrese a Buenos Aires, en verano (boreal) marcamelos que los prendo fuego.
Y si no estan de acuerdo conmigo es porque mucho no lo quieren al camarada Led B. por algo sera no?

Alfor dijo...

Fernando, ese francés debía ser descendiente de algún ruso emigrado. :)

Y lo de la planta no será milagroso, vale, pero hay que ser retorcido para plantarla al revés, ¿no?

Obocelibel, si en España nos arriesgamos a que proliferen las vallas de hormigón prefabricado como hongos, sin ningún control y sin permiso del departamento de festejos (y de otros quince departamentos) del municipio correspondiente, es que somos unos irresponsables y unos dejados. :)

Bruno, evidentemente, los editores de Monarhicheskaya Gazeta no le tienen la menor simpatía a ningún camarada. Por cierto, cuando los vea, deles un saludo de mi parte con mis mejores deseos restauradores. Viva el Zar legítimo.