lunes, 30 de agosto de 2010

Valentin Serov

Tver mola mucho, incluso hoy, cuando la mayoría de sus monumentos antiguos están hechos una pena, pero la tarde la pasamos en Domotkánovo, un pueblecito a unos diez kilómetros de la ciudad en donde nos enseñaron el único museo de Rusia dedicado a un pedazo de pintor: Valentín Serov. En realidad, Domotkánovo no es sino un caserón y un terreno con varias casitas que, en su día, perteneció a un íntimo amigo de Serov y donde éste se metía en plan gorrón siempre que le parecía bien. Se ve que los artistas siempre han sido un poco golferas.

Como Serov, gorrón o no, es pero que muy bueno, sus obras no están en el museo que lleva su nombre. Lo único que hay allí son copias, y algunas veces no demasiado logradas. Las obras originales están en la Galería Tretyakov, en el Museo Ruso, o en el Museo de Pintura de Minsk. No obstante, nos pasearon por las cuatro salas de la casa mientras la guía y directora del museo nos ponía al día de la biografía, vida y milagros de Serov y de su anfitrión.

El caserón donde vivieron los dueños y el pintor está en estado ruinoso, hasta el punto de que nos advirtieron severamente de que no se nos ocurriera acercarnos demasiado a las paredes por si caía algo desde arriba. Y es que, tras la revolución, los dueños acabaron por poner pies en polvorosa, con buen criterio, y Domotkánovo pasó a manos de un koljós, una especie de cooperativa laboral agrícola, que tal fue el sistema con el que los comunistas organizaron mayormente la producción agrícola en la Unión Soviética. El koljós debía saber algo de cultivar patatas (y aun de esto habría mucho de que hablar), pero lo de conservar edificios estaba definitivamente fuera de sus habilidades, de manera que el caserón principal pasó a almacén de áperos y, con el tiempo, a nido de ratas a medio derribar, estado en el que permanece aún hoy, a despecho de que el koljós haya desaparecido y el caserón, como toda la propiedad adyacente, haya pasado a formar parte de los bienes con los que se ha dotado al museo. Como edificio principal del mismo, sin embargo, se usa la antigua casa de invitados y sus cuatro habitaciones.

A la salida de la visita nos pusieron la mesa en el bosque, al aire libre, porque el clima lo permitía y hasta lo exigía, tal es el calor que habíamos pasado dentro de la casa. Además, la cena consistía mayormente en productos cultivados y elaborados allí. Así, los tomates sabían realmente a tomate, el queso estaba muy bien y la smetana y el requesón estaban para chuparse los dedos. Entonces salieron a relucir unas jarras de un líquido de color marrón.

- ¿Eso que es?
- Eso es nuestra famosa domotkánovka - dijo la directora.
- Famosa... ¿qué?
- Domotkánovka. Todo el mundo está de acuerdo en alabarla.

Evidentemente, era una bebida alcohólica. Muy alcohólica. Puesto que la servían y hasta la alababan, supuse que no me quedaría ciego si la probaba. Se fue sirviendo todo el mundo, y la gente levantó sus vasitos.

- ¡Por el viaje y por habernos conocido! - gritó uno.
- ¡Por el viaje y por habernos conocido! - respondimos todos, y nos echamos los vasos a los labios.

Pffffff... qué sensación. Tragué un poco de aquel mejunje infernal y pillé enseguida un pedazo de pan para que lo empapara y no se paseara por mi estómago destrozando las paredes.

Los demás no se dieron tanta prisa en comer. A los demás les gustó. Bueno, la verdad es que ni siquiera habían protestado mucho del hotel, así que no sé de qué me estaba asombrando.

- ¡Qué bien! ¡Qué fuerte!
- Es un buen samogón, sí, señor.
- Sírvame más.
- ¿Le sirvo a usted? - me preguntó mi vecino de mesa.
- No, déjelo, todavía me queda un poquito en el vaso.
- Vale, vale...

La guía ya nos había advertido de que no habría mucha cantidad del brebaje ése, así que, contra la costumbre de los rusos de ofenderse si alguien no bebe, en esta ocasión hicieron una excepción y pensaron que, si no bebía yo, saldrían a más. Todos contentos.

Uno de los objetivos de la ingestión alcohólica, como sabemos todos los que hemos tenido diecisiete años alguna vez, consiste en desinhibirse. Los españoles, con el tiempo, ya nos desinhibimos solos, a veces incluso demasiado, pero los rusos siguen bastante cortados a edades avanzadas y continúan con la ayuda etílica.

Hay que decir, eso sí, que la ayuda funciona. Treinta y pico tíos que por la mañana no se conocían de nada, en cuanto estuvieron un poco chispas y apareció una señora del museo con un acordeón, se pusieron a cantar con muchísimas ganas. Conseguimos destrozar "Podmoskovskye vecherá" y casi todas las canciones más conocidas; se cantaron tantas canciones de la guerra (la de 1941-1945, que es la única que ha habido y habrá) que estuve por mirar por encima de la valla, a ver si había algún malvado Gruppenführer acechando.

Y luego estaban las dos señoras que se sentaban justamente frente a mí. Pero a ésas les toca capítulo aparte.

viernes, 27 de agosto de 2010

Más zonas cursi

¿Pensabais que únicamente Moscú era un lugar de concentración de la cursilería rampante y suspirante? Pues nada de eso. La coentor y la cursilería afectan universalmente a toda Rusia.

A los rusos hay que comprenderlos. Se han pasado la tira de años sometidos al bolchevismo uniformizante, comprando los mismos muebles, vistiendo las mismas ropas y haciendo las mismas cosas. Se acabó el comunismo, y les ha entrado la sed por destacar, por destacar como sea y a costa de lo que sea. En España, nos hemos dedicado a comprar coches y viviendas que no nos podemos permitir; en Rusia, de las viviendas pasan bastante, pero de los coches no y, de propina, hacen ostentación de un montonazo de cosas que a nosotros, en España, aún no se nos han ocurrido.

Por ejemplo, a la hora de declararse a una mujer. En España, el chico dice a la chica algo así como "¿Quieres salir conmigo?", por las buenas y, como mucho, tras haberla invitado a una fanta, o incluso a dos. La chica acepta, o no, y ya tenemos, o no, una relación en marcha que luego ya veremos si termina en la vicaría y hasta que la muerte los separe o como el rosario de la aurora.

Aquí, no.

Aquí a las chicas hay que mimarlas mucho, lo cual, para un español, es muy cansado. Los rusos las tienen muy mal acostumbradas, les regalan flores a troche y moche, cargan con sus abrigos (y cómo pesan los condenados), las acompañan a casa (y algunas pueden vivir lejísimos) y, en suma, las hacen sentir como princesitas de cuento de hadas. Todo ello para que cuando llegue la pregunta mágica, la chica les dé el sí.

Pero como hay mucho ruso regalando flores, pelando la pava, besando los pies, llevando el quintal de abrigo de pieles que llevan, cediendo el paso cortésmente y regalando el oído de la rusita con lindezas, destacar resulta difícil. En lo tocante al cortejo, casi todo está inventado y no hay mucho que hacer ¿No? ¡Claro que sí! La cuestión es echarle imaginación al asunto y distinguirse del vecino y, en eso, los rusos son únicos. Si hay que ser hortera, se es, pero distinguirse es una obligación.

¿Que a tu chica ya no le caben más flores en su casa, ni en la de la vecina?

¿Que ya no se te ocurren más zalamerías que escribir en los SMS?

¿Que ya habéis visto todas las películas de todos los cines de la ciudad, y a tu chica ya hasta le cuesta abrir esos ojos tan bonitos que tiene, de tanta penumbra que ha padecido entre cines y teatros?

¿Que ya tiene más zapatos que Imelda Marcos, y no le da tiempo a ponerse ni la mitad?

No pasa nada. Siempre te queda el recurso de proclamar tus sentimientos a los cuatro vientos y, para ello, nada mejor que recurrir al marketing y contratar vallas publicitarias. Serà per diners. Y así, uno sale del hotel de Tver espantado por lo que ha visto y se encuentra con esta imagen que le reconcilia con el género humano.



"¡Nadiusha! ¡Te quiero! Tu Konstantin"

Después de esto, como Nadiusha no se dé por enterada...

miércoles, 25 de agosto de 2010

Reseña de libros


Hace un par de semanas, apareció una entrada sobre los manuales que se emplean para la enseñanza del ruso en España. La entrada, basada en mi experiencia propia, no era muy elogiosa que digamos, y daba pocas esperanzas al comentarista que pedía consejos para aprender ruso en España.

Sin embargo, otro comentarista ha tenido la gentileza de compartir su experiencia y de recomendar un manual que conoce. Así que en la entrada de hoy toca hacer una pausa sobre mi experiencia con los hoteles de Tver y con el viaje organizado ruso en general, y ceder la palabra al comentarista, que aquí ha firmado con el seudónimo de Ditifet.

De la pág. 5 a la 40 hay una introducción general. De la 43 a la 67, Gramática. De la 67 a 223, Palabras y frases frecuentes. De la 225 a 302, Vocabulario básico. Todo el libro está escrito en ruso, salvo sus correspondientes traducciones al español y catalán de las palabras, frases, y vocabulario. En realidad está pensado para rusos que quieran viajar a España/Cataluña y necesiten tener unos conociemientos mínimos de palabras y expresiones elementales. Es de tamaño reducido, y cabe en bolsillos grandes.

Desconozco los manuales actuales que se utilizan en Rusia para aprender español, aunque hace algunos años pude ver dos de ellos. Además de parecerme métodos de tortura mental en lugar de libros de enseñanza, no creo que fuera posible aprender español con ellos, y sólo podían acarrear sentimientos de impotencia y frustración a sus víctimas. Así que a los amigos rusos que tenga interesados en aterrizar por España, pero que no deseen hacer un curso de español, en mi opinión les puede resultar de interés esta pequeña obra. También para aquellos que se establezcan para vivir en Cataluña, y quieran empezar a practicar el catalán.





  • 309 pàgines

    11,0 x 18,0 cm

    RUSTICA

  • Preu

    10,5 €

  • Referència

    OMAG758

  • ISBN

    9788482644653

  • Gènere

    -

  • Segell Editorial /
    Colecció



    LA MAGRANA



    VARIA

  • Data de publicació


    31/05/2003



Guia de conversa ruso - català -
castellà



MONTSERRAT BAYARRI



LOURDES MANS






  • RBA Libros
    ·



  • Qui som
    ·



  • Nota legal
    ·


  • Castellano


  • Es interesante que los catalanes se hayan esforzado en disponer de material en catalán para quienes quieran aprender ruso. Y no es malo, ni mucho menos; al contrario, me da la impresión que con frecuencia es mejor que los textos que sufrimos en castellano. Hace muchos años, pero muchos, ya ni recuerdo por qué, gané un premio en la Escuela de Idiomas, y la directora del departamento de ruso me hizo entrega del mismo. Por fortuna, el premio era flexible en su materialización.

    - ¿Tienes el Nogueira? (es un diccionario)
    - Sí, ya lo tengo.
    - ¿Y el libro de textos?
    - Pues también.
    - ¿Y los casetes (fijaos si hace tiempo) con canciones soviéticas?
    - Sí, también los tengo.
    - Ah, pero seguro que no tienes el diccionario catalán-ruso.

    Me quedé mirándola con cara de tonto, preguntándome para qué narices quería ella ese diccionario de catalán, puesto que hablaba tanto catalán como yo estonio. Supongo que la editorial se lo habría regalado, o que había que gastarse el presupuesto del departamento para compra de libros y no consiguieron encontrar nada mejor.

    - Pues no, no tengo el diccionario catalán-ruso.
    - Pues ahora sí que lo tienes.

    Y me entregó dos tomos de un diccionario catalán-ruso y ruso-catalán que me llevé a casa algo perplejo. Lo curioso es que luego los terminé utilizando, y que la verdad es que es un diccionario bastante mejor estructurado que el Nogueira y muy sencillo de manejar. Y, si supiera catalán, ya sería la leche, pero así y todo me ha servido de ayuda en muchísimas ocasiones, al menos hasta que dejé de lado los diccionarios bilingües.

    Así que ni mucho menos hay que mirar de perfil el libro que nos recomienda Ditifet por el hecho de que una parte esté en catalán. Al contrario, eso es una recomendación, porque en Cataluña deben tener unos departamentos de ruso muy buenos, porque les salen cosas muy notables y que pueden servir de mucha ayuda. Así que ahí queda la referencia.

    lunes, 23 de agosto de 2010

    El hotel "Turist"


    Os aseguro que en mi vida he estado en hoteles indecentes como pocos, pero el Hotel Turist, de Tver, se lleva la palma de la indecencia.

    Uno de los del grupo, en vista del calor que estaba haciendo, preguntó si en el hotel había aire acondicionado. Almas de cántaro...

    La guía sonrió nerviosamente y dijo que no, que no había aire acondicionado.

    - Cuando lleguemos al hotel, yo estaré abajo y, si no les gusta la habitación, podemos ver si se puede cambiar. Miren si hay agua caliente, si las sábanas y las toallas están limpias.

    Y, efectivamente, no había que darlo por hecho.



    Llegué a la habitación y me sentí rejuvenecido. El olor a calor pegajoso y el aspecto general de aquel sitio, que en España no valdría para celda de castigo, me quitó quince años de encima, porque era el tipo de tugurios por los que me movía cuando me iba los fines de semana a conocer Rusia por mi cuenta... hace quince años. Después, los viajes de trabajo ya eran a hoteles decentes. No de cinco estrellas, pero sí decentes.




    El agua caliente, tras bajar a recepción medio grupo a ver qué pasaba con ella, resultó que sólo salía después de dejar correr el agua un cuarto de hora.



    Las sábanas y las toallas parecía que no estaban mal del todo, a diferencia de las manchas de la pared, que supongo que eran de la grasa sudorosa de anteriores huéspedes. Así que dije que bueno, que vale. Es verdad que al abrir el armario había salido una polilla enfadadísima, pero, bueno, siendo sólo para una noche, por una polilla tampoco iba a armar un jaleo.

    Por la noche la cosa empeoró cuando descubrí que alguno de los anteriores inquilinos había pegado chicle en el respaldo de una de las sillas. Menos mal que había dos sillas.



    Luego vi que quienquiera que hubiese arreglado la habitación no consideró necesario cambiar el vaso del cuarto de baño, donde el anterior huésped había tenido el detalle de tirar un sobre de pasta de dientes, posiblemente ignorante de que había una papelera estupenda. Tuve que lavarme los dientes bebiendo directamente de una botella que había comprado. Porque del agua local y de su olor metálico no me fiaba nada.

    En un rinconcito, uno o varios de los huéspedes que me precedieron en el uso y disfrute de la habitación habían creado un pequeño cementerio de las moscas y mosquitos que tuvieron la osadía de pretender compartir su estancia con ellos. Es reconfortante ver que la afición por la caza menor no se extingue.



    El desayuno era potente: dos salchichas con arroz y una taza de té. Empezando el día con energía.

    Cuando ya salía, no pude contenerme y tuve que preguntar a la recepcionista, como si fuera a volver por mi cuenta, cuánto costaba una habitación.

    - Mil doscientos rublos, la individual; mil ochocientos, la doble.
    - Gracias - respondí, conteniendo la risa.

    Pues eso, la individual anda por el equivalente a treinta euros, y por el equivalente a cuarenta y cinco la doble. Para lo que es el hotel, un timo, porque el precio justo sería que te pagaran por dormir en esa habitación. Y, aun así, conmigo que no contaran.

    - ¿Qué tal la habitación? - me preguntó la guía al día siguiente.
    - Es admirable. Jamás había visto esto en mi país.

    viernes, 20 de agosto de 2010

    En Tver (II)

    En la orilla izquierda del Volga se encuentra el renombrado monasterio Cadete de la Ascensión, fundado en 1265. Las crónicas dicen que su fundador fue el cadete Grigorii, que servía al prínicpe Yaroslav, y cuenta una leyenda entera sobre el infeliz Grigorii, que perdió a su novia, a la cual se la llevó el príncipe, y que decidió por ello tomar los hábitos. El monasterio Cadete tiene la triste gloria histórica de ser el lugar de encierro de dos personalidades destacadas: Maksim Grek y el metropolitano Filipp, a quien llegó aquí su final a manos de Malyuta Skuratov. Filipp fue primero depuesto por Iván el Terrible por haber criticado abiertamente sus injusticias, y después asesinado por su negativa a bendecir al Zar por su heroísmo "castrense" para "pacificar" Novgorod. El monasterio fue incendiado por los oprichniki. Hasta hoy se conserva la celda de Filipp, donde tuvo su final martirial. Sobre la celda se construyó un templo. La propia celda es visitada por los fieles y asombra por su fresco, que representa a Filipp reprochando al Zar que hubiera entrado con los oprichniki en la iglesia con la cabeza cubierta. Las reliquias del santo fueron trasladadas primero al monasterio de las Solovkí, y después a Moscú.



    Los bolcheviques tenían especial manía a los monasterios. De hecho, los cerraron todos, hasta el punto de sólo hay un monasterio ortodoxo en suelo ruso que jamás fue cerrado, el de Pechory. La razón no es que los comunistas lo perdonaran, sino que entre 1920 y 1945 Pechory no perteneció a Rusia, sino a Estonia, que era independiente y carecía de los odios ateístas de los soviets. Para 1945, Stalin se había calmado algo y ya no buscaba tanto sus enemigos entre el clero (al que tenía bastante infiltrado), sino entre judíos, médicos, barrenderos, agentes de seguros... uff, no sigo que me canso... bueno, Stalin buscaba enemigos por cualquier lugar.

    El monasterio de la Ascensión fue simplemente mutilado. Le quitaron los muros, unas cuantas iglesias, los edificios comunes necesarios para la vida monástica, dejaron una iglesia monda y lironda (la de la foto) y le agregaron un birloncho indecente y una zona verde por delante.

    De entre los demás monumentos de la antigüedad en Tver hay que señalar el monasterio femenino de la Natividad, situado a la orilla del río Tmaka, con un icono prodigioso de la Virgen, y el monasterio masculino de la Ascensión, a cuatro verstas de la ciudad, con las reliquias de su fundador, San Arsenio.

    En este monasterio fue encerrado el zarevich Alejo Petrovich, y la iglesia de Alejo es un recuerdo de este hecho.

    Ahora está hecho hasta tal punto un desastre que los guías turísticos lo evitan pudorosamente. Tras el golpe de Estado que comúnmente se conoce como Revolución Soviética, los bolcheviques, en su línea, comenzaron a desmontar partes del monasterio, de donde ya habían tirado a los monjes, para usarlas como material de construcción, ya en 1930. Después montaron dentro del monasterio un taller de reparación de aviones, y en la catedral, directamente, una tienda. cuando en 1941 los soviéticos se retiraron de Kalinin (como sabemos, así se llamaba Tver entonces) ante el avance de la Wehrmacht, volaron la catedral, el refectorio, dos iglesias, la residencia y una capilla. Tras la guerra se montó un almacén de material militar y, ya definitivamente, perdió la consideración de monumento protegido. Hoy están intentando recuperar algo y volverlo a proteger, pero me da a mí que lo tienen chungo.

    Entre los monumentos de Tver es imprescindible incluir también el palacio construido bajo Catalina II; en el palacio había un jardín, en el cual el historiador Karamzin leyó a Alejandro I los primeros capítulos de su trabajo. En una de las alas del palacio hay un museo, verdadero orgullo de Tver. Aquí se han reunido alrededor de quince mil objetos diferentes, que de una u otra forma describen la vida pasada de la región. Todo lo que puede interesar al historiador, al arqueólogo o al amante de la antigüedad, está aquí a la vista: tumbas, iconos, modelos, alhajas, ropa, armas, monedas, escritos y así sucesivamente.

    El museo está abierto a diario y puede ser visitado gratuitamente desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde.




    Bueno, se conserva algo de todo lo que pudo ver Gilyarovsky en su viaje, no vayamos a creer. El palacio, en los turbulentos tiempos revolucionarios, se convirtió en la sede la cheka de Tver, cuyo nombre en fino era el siguiente: "Comisión Extraordinaria para la lucha frente a la Contrarrevolución y el Sabotaje". Lo de la lucha frente a la contrarrevolución les salió bien, indudablemente, pero, a la vista del cochambroso estado en que se encuentra ahora mismo el edificio, donde no hay nada que pueda interesar ni al historiador, ni al arqueólogo, ni al amante de la antigüedad, cabe preguntarse si no hubiera sido mejor dejar hacer a los saboteadores.

    miércoles, 18 de agosto de 2010

    DEP

    En Tver (I)

    En el siguiente capítulo, tras describir los comienzos del Volga, Gilyarovsky llega, como yo, a Tver. Y dice así:

    Si el turista alcanza Tver desde el lado de la vía férrea, se encontrará con una gran incomodidad: la lejanía entre la estación y la ciudad. No hay un precio fijo para los cocheros, pero los precios habituales para los trayectos entre la estación y la ciudad, o hasta el muelle, es de 25 a 30 kopeks; dentro de la ciudad entre 10 y 15 kopeks; de la ciudad a la estación, entre 30 y 40 kopeks, y al muelle entre 15 y 20 kopeks. En el tranvía eléctrico que une la ciudad con la estación y la fábrica de la cooperativa "Tverskaya Manufaktura", la tarifa es de 5 kopeks por trayecto. El mejor hotel es el "Central", en la calle Tryojsvyatskaya, en el centro de la ciudad, cerca del muelle, con un excelente restaurante. Las habitaciones cuestan entre 50 kopeks y tres rublos al día. Aquí hay todo tipo de comodidades, incluyendo teléfono (se puede hablar con San Petersburgo y con Moscú). Más baratos son los hoteles "London", en la esquina entre la Tryojsvyatskaya y la Semionova, y el "Miller", junto al muelle.

    Aaaaahh, los hoteles de Tver. Van a ser materia de una próxima entrada, ya lo creo. Pero sigamos con Gilyarovsky.

    A partir de Tver comienza el curso del conocido como Alto Volga, si no contamos la parte del Volga hasta Tver. A partir de Tver comienza la navegación regular, que en algunos lugares se detiene por completo por la poca agua.

    La ciudad de Tver se distingue por una disposición pintoresca a ambas orillas de Volga. A través de la orilla derecha discurre el riachuelo Tmaka, mientras que la izquierda la atraviesa el río Tvertsá. De esta manera, los tres ríos dividen a la ciudad en las siguientes partes: Central, Zatmatskaya, Zavolzhkaya y Zatveretskaya. Entre las partes Central y Zavolzhkaya hay dos puentes: el ferroviario y el de pontones; las demás partes de la ciudad también están unidas por puentes. En la ciudad, pues, hay puentes, agua corriente, gas, electricidad, tranvía y otros logros de la civilización, pero todo esto no sirve ni de lejos a toda la población de la ciudad, pues muchas partes de la ciudad están completamente privadas de comodidades.

    La orilla derecha del Volga es más bella que la izquierda; aquí es donde se encuentran las mejores calles: Millionnaya, Tryojsviatskaya, el bulevar Mironositsky. En la calle Millionnaya están las mejores tiendas y casas, el palacio, la catedral, el instituto, la escuela, la duma, la asamblea nobiliaria, etc. Para pasear está el jardín urbano con el restaurante "Kukushka". Lo que es distracciones, en Tver casi no las hay; no hay un edificio especial para el teatro, así que las representaciones se realizan en las instalaciones de la asamblea nobiliaria.


    Entretanto, las cosas han cambiado: ya hay teatro fijo, construido en tiempos bolcheviques con el estilo de todos los teatros bolcheviques, es decir, clásico a rabiar y con columnas, porque "el pueblo tiene derecho a las columnas". Lo tenéis en la foto de arriba.

    Además de los edificios administrativos localizados en Tver, hay muchos establecimientos científicos y de enseñanza, sociedades deportivas y varios clubes; hay una biblioteca pública municipal y se editan algunas publicaciones periódicas.

    En la ciudad hay muchas iglesias antiguas, de ente las cuales atrae especialmente la atención la catedral de la Transfiguración en la calle Millionnaya. La grandiosidad de la construcción asombra al ver el templo desde el exterior, y el esplendor y riqueza del interior aumentan la fascinación general, que no puede transmitir ninguna descripción. Los frescos antiguos, el arte pictórico, el oro, plata y las piedras preciosas producen una impresión imborrable.

    En la catedral, en un relicario de plata, descansan los restos del príncipe Mijaíl Tverskoy, traicioneramente asesinado por los tártaros y elevado a los altares. El 24 de julio se realiza una procesión por las calles de la ciudad con las reliquias del santo príncipe.


    Las cosas han cambiado un poquito desde 1908. Es bien sabido que los comunistas le tenían ojeriza a la religión y, si no es bien sabido, hay numerosas entradas en esta bitácora que apuntan esa tendencia. Así le fue a la catedral de la Transfiguración, que fue volada en la noche del 3 al 4 de abril de 1935. Había sido construida en 1290, por lo que era el edificio más antiguo de la ciudad, además de su valor religioso.

    El arzobispado ortodoxo de Tver y Kashin está por la reconstrucción de la iglesia. Bueno, en realidad, está por la construcción de una copia, porque del original no quedó piedra sobre piedra, pero parece que se conservan datos que permitirían edificar algo similar, tal y como se hizo en Moscú con la Catedral de Cristo Salvador.



    Obviamente, no puedo poner una foto con el estado actual de la catedral, que debía estar más o menos donde estaba el pollo ése de la estatua, que atiende por Kalinin y que era el presidente-títere de la URSS cuando quien realmente cortaba el bacalao era el secretario general del Partido Comunista, a la sazón Pepe Stalin. Los comunistas rusos no se conformaban con dedicarse calles, sino que iban a lo grande y se dedicaban ciudades enteras, y así fue como Tver pasó a llamarse Kalinin hasta que la URSS, un buen día (y tan bueno), se desmoronó, y las nuevas autoridades municipales decidieron que ya estaba bien de cachondeo con el nombrecito y que se iban a llamar Tver, como toda la vida.

    Más allá del río Tmaka, atrae la atención del turista la iglesia de la Trinidad Blanca, construida en el siglo XVI. Esta iglesia no brilla por sus adornos, pero es valiosa por su antigüedad: por sus sólidos muros y los antiguos frescos.

    Ésta sí que se conserva enterita. Los bolcheviques no la tomaron con ella y se limitaron a sabotear todo intento de restauración y a dejarla morir de vieja, cosa que no ocurrió, de manera que ha llegado hasta nuestros días en buena forma y ha sido oportunamente recuperada para el culto. La estuve visitando, pero no le saqué ninguna foto (efectivamente, no brilla por sus adornos, es tirando a sosilla), así que en este caso no podremos comparar el pasado con el presente.

    En la próxima entrada creo que tendremos más suerte...