domingo, 26 de abril de 2026

Monseñor Bonny sigue dando de qué hablar

Imagen tomada de HLN

Nos hemos pasado todo el 2025 sin mencionar a monseñor Bonny, obispo de Amberes, en esta bitácora, lo cual es una rareza manifiesta. Monseñor Bonny, que será una bellísima persona, no tengo la menor duda, es el obispo belga encargado de sorprender a la feligresía con sus declaraciones, por decirlo suavemente, rompedoras con el status quo en la Iglesia Católica. Su cruzada (llamémosla así) venían siendo los homosexuales, el acompañamiento pastoral que se les hace y la posibilidad de bendecir (y casar, a la que nos descuidemos) parejas homosexuales. Ya puesto, podía añadir a los adúlteros, aunque, claro, él no los llama así, porque suena muy feo, sino 'divorciados vueltos a casar' o algo similar que no moleste ni ofenda, no faltaría más. Últimamente estaba muy callado, no sé si averiguando por dónde sopla el viento en Roma, pero acaba de volver por sus fueros y ahora ha declarado que está considerando ordenar sacerdotes casados, y además da la fecha de 2028, que está ahí mismo, para hacerlo. Toma ya.

En sí, y a diferencia de otras salidas de pata de banco de monseñor Bonny, lo de ordenar sacerdotes casados no es una barbaridad incompatible de todo punto con la doctrina católica. Sabemos que san Pedro tenía suegra. Las iglesias orientales, no sólo las ortodoxas, sino también las católicas, ordenan hombres casados y no se ha hundido el mundo. Más recientemente, los sacerdotes anglicanos que se han convertido al catolicismo y que estaban casados han seguido siendo sacerdotes, ahora católicos, sin dejar a sus esposas, en su ordinariato especial y tampoco se ha hundido el mundo. Es decir, que así como en otros casos (sí, la ordenación de mujeres) la puerta está cerrada a cal y canto y monseñor Bonny, por muchas ganas que le ha echado, no ha conseguido hasta ahora que se abra ni una rendijilla, en el caso de la ordenación de hombres casados nuestro obispo de Amberes se encuentra con una puerta que lleva algún tiempo entreabierta, a la espera de que alguien le dé una patada y venza su resistencia.

Para espantar al personal, cosa que está visto que le encanta, monseñor Bonny lo que ha hecho es dar una fecha no muy lejana para, por su cuenta y riesgo, ponerse a ordenar. Para el fin de 2028 quedan, como mucho, dos años y medio, tiempo en el que es bastante difícil, y más viendo la parsimonia del papa reinante, que se tome una medida que legalice una práctica semejante. Porque, sí, esa práctica es ilegal en la Iglesia Católica de rito latino, a la que fatalmente pertenece la diócesis de Amberes. Otra de las pegas es que digo yo que monseñor querrá ordenar a gente a la que haya formado previamente; vamos, que antes de que haya sacerdotes casados, tendrá que haber seminaristas, casados si se quiere.

Al parecer, uno de los motivos que están detrás de esta propuesta, aunque no sé si llamarla así, es que una diócesis como la de Amberes tenía unos mil quinientos sacerdote hace cincuenta años y hoy debe andar por los cien. En todo caso, es una reducción de proporciones enormes, pero en realidad de las mismas proporciones que ha experimentado la feligresía. Monseñor Bonny debe pensar que la feligresía disminuye por el inmovilismo de la jerarquía y zarandajas semejantes y que él, que lleva diecisiete años de obispo de Amberes, no tiene responsabilidad ninguna y que se ve forzado a tomar medidas ante la que está cayendo. Así que, en sus visitas a lo largo y ancho de su diócesis, ha pasado por sus unidades pastorales y, al parecer, ha encontrado laicos casados, con buena formación, a quienes los feligreses aceptarían con facilidad como párrocos, encargados de la unidad pastoral, o como los queramos llamar. Y quiere ordenarlos dentro de un par de años.

Hace la tira de años, el asunto del celibato sacerdotal ya fue materia de esta bitácora, ya lo creo. Uno de los comentaristas de aquel entonces escribió que los sacerdotes ortodoxos, que ésos sí que pueden estar casados, no tienen tantas ocupaciones como los católicos y que muchas veces se limitan a oficiar una vez a la semana, lo cual les deja tiempo para atender a sus familias. No lo sé, pero es posible que así sea. Yo sigo siendo escéptico, la verdad; estamos acostumbrados a sacerdotes que están siempre, o así debería ser, a disposición de la feligresía y, si los tenemos casados, se iba a acabar ese modelo, además de que tendrían que trabajar en otro lugar para mantener a su familia, que puede ser bastante numerosa si, como se espera, cumplen a pies juntillas lo indicado por la moral católica. Es verdad que en algunos sitios, y Amberes parece ser uno de ellos, no están para virguerías: tienen un problema de vocaciones enorme, se les están muriendo los curas que tienen y no les da para cubrir el esqueleto en que, como ya he escrito alguna vez, se ha venido convirtiendo la Iglesia Católica en Bélgica. A este paso, dentro de poco escucharemos el grito: ¡Alfor, calienta, que sales!

Monseñor Bonny cumplirá este año 71 años. Le quedan cuatro más para presentar la renuncia. Se le está haciendo tarde. Como a todos.

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