La ejecución de la sentencia ocasionó nuevos debates entre los partidos representados en el Parlamento de Bruselas. El Partido del Trabajo, algo así como Podemos, pero en Bélgica, propuso directamente hacer oídos sordos, lo cual se aproximaba peligrosamente a ciertas categorías delictivas. Los demás partidos, que no dejan de ser gente de orden, terminaron por establecer un período transitorio bastante particular: hasta el 1 de enero de 2026, no pasaría nada, pero, llegada esta fecha, la cosa iba a cambiar bastante. Los conductores de vehículos que infringieran la norma que les prohibía circular por la zona de bajas emisiones y fueran pillados por las cámaras que se supone que están en los límites de la región recibirían una advertencia en su buzón de correos. No, una multa, sino una advertencia. A partir de ahí, se abría un plazo de tres meses durante el cual no habría advertencias, ni multa, pero, pasados tres meses a partir de la advertencia, comenzarían a llegar las multas. 350 euros por cada infracción. Ahí es nada.
Para otra cosa no sé, pero, para recaudar, los belgas son tremendamente eficaces, así que comencé a hacer planes. Podía vender el Topomóvil, un buen coche perfectamente mantenido, pero me iban a dar cuatro chavos, y más en el contexto de abundancia de vehículos expulsados de Bruselas. Así que lo que decidí es ni pensar en venderlo, sino llevarlo a Valencia, donde sigue sin haber zona de bajas emisiones, y usarlo por allí mientras estuviera por aquellas latitudes. Como esperaba recibir advertencias en cuanto cruzara en algún sentido la frontera regional bruselense, me dije que para el 1 de abril de 2026 el Topomóvil tendría que haber cruzado la frontera belga para no volver a hacerlo en sentido contrario nunca más.
La ejecución de esta operación queda para otra entrada. En ésta bastará decir que aproveché que la Semana Santa caía en fechas idóneas para llevar a cabo el traslado.
Los días pasaban, y la resolución de largarse estaba tomada, pero las advertencias seguían sin llegar, y eso que crucé la frontera regional casi cada día que me sentaba al volante, que tampoco eran tantísimos. Supongo que alguien en el gobierno regional estaba pendiente de dar la orden, pero la iba retrasando mientras estuviera en funciones, para pasarle el marrón al siguiente y evitar soliviantar aún más de la cuenta a la ya de por sí levantisca población bruselense, que no en vano se declara en huelga todos los meses por motivos bastante menos respetables.
En éstas estábamos cuando Boris Dilliès, el de la foto, que llevaba bastante años como alcalde de su pueblo, que también es el mío, o al menos el que habito, consiguió ser nombrado presidente regional. Digo yo que habrá tenido algo que ver en la solución que ahora se ha adoptado. Los coche diésel Euro-5 y gasolina Euro-2 siguen estando prohibidos, vale, pero ahora podrán circular por la zona de bajas emisiones si pagan 350 euros anuales, o sea, la cantidad de la multa prevista, que no se les volverá a imponer durante un año. Para los no residente en la región de Bruselas que se acercan esporádicamente por estos lares, o usan su coche no guay para ir a trabajar o a lo que sea por aquí, se les impone una multa de ochenta euros, que no se les volverá a imponer en un mes.
Lo llaman multa, supongo que para reírles las gracias a los jueces del Constitucional, pero tiene el efecto económico de un impuesto sobre los coches que no cumplen los requisitos que le gustaría al gobierno regional ¿No es genial? Quedan contentos los jueces, queda contento el gobierno regional (que tiene un déficit galopante), quedan contentos los verdes y el único que no queda contento es... el ciudadano contribuyente, cada vez más contribuyente.
Al final, va a dar la impresión de que todos los problemas tienen solución con una subida de impuestos. Y de que esto vale tanto para izquierdistas como para liberales sedicentes como el todavía alcalde de Uccle y presidente regional.
Vamos a ver cuál es la siguiente subida de impuestos. Porque lo de reducir el gasto no lo estoy viendo, pero, lo de aumentar los impuestos, aunque sea so capa de multas, está clarísimo.
Toda la maniobra, por otra parte, deja algunas cosas en el aire, por ejemplo sobre mi movilidad en Bruselas y sus aledaños y otras cuestiones que iré tratando en sucesivas entradas. Al menos logré sacar el Topomóvil del país antes de que se me hiciera tarde. Que, por cierto, es lo que está pasando ahora.
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