miércoles, 10 de agosto de 2011

Impostores (IX): el ladrón de Pskov

No, las vidas de Demetrio Ivánovich no habían terminado todavía, aunque ahora iban a proseguir bastante lejos, lejos del sur o del oeste de Rusia, que era donde había florecido en sus anteriores vidas. Esta vez estamos en enero de 1611, sólo un mes después del enésimo asesinato de Demetrio Ivánovich, que no hay forma, ni la habrá, de que fallezca de muerte natural.

Y hemos de trasladarnos a Nóvgorod, ciudad amenazada por los ejércitos suecos, que la tomarían en verano de aquel año de 1611, pero que en enero estaban ocupados en Korela, una ciudad a las orillas del lago Ladoga que les había prometido Basilio IV si le ayudaban. Allí, en el mercado de Nóvgorod, se produjo una nueva resurrección de Demetrio (que a estas alturas, recordemos, incluso estaba canonizado), cuando un menda, cuyo verdadero nombre era seguramente Sidorka, salió a grito pelado diciendo que era el zarevich Demetrio, salvado milagrosamente. Ooootra vez. Estaba visto que al Demetrio no había forma de enterrarlo.

De Nóvgorod lo echaron con cajas destempladas; en Ivangorod, más al norte, ya en marzo, repitió la jugada, diciendo que no había muerto en Kaluga, sino que se había salvado milagrosamente. Allí le creyeron, y sonaron campanas y le hicieron fiestas.

Pero la calidad de los distintos demetrios iba decayendo rápidamente. Si el primero era un tipo inteligente, fino y agradable, y el segundo era un zafio, pero listo como el hambre, éste tercero ya no estaba en condiciones de dar mucha guerra. El impostor pidió parlamentar con los suecos, pero un embajador de los mismos, que había conocido de cerca al primer falso Demetrio, dijo sin lugar a dudas que se trataba de un falsario, con lo que Carlos IX, el rey de Suecia, que debía ser un antecesor del dueño de IKEA, que incluso en Rusia se jacta de que todo lo hace legal y sin sobornos, prohibió todos los contactos con él y se puso a combatirlo.

Pseudodemetrio III, que es como ha pasado a la historia, consiguió reunir un pequeño ejército y pidió a la ciudad de Pskov que se sometiera, y la verdad es que Pskov estaba por la tarea, pero no terminó de decidirse.

En aquella situación, Moscú y el oeste de Rusia estaba en manos de los polacos, el norte, incluida ya Nóvgorod, en manos de los suecos, excepto la facción del Pseudodemetrio III. En el sur, donde había gobernado el Pseudodemetrio II, la situación era totalmente confusa, y en el este se había organizado, a partir de Nizhny Nóvgorod, una resistencia ciudadana espontánea dirigida por Minin y el príncipe Pozharsky, a la que se iban uniendo distintas ciudades rusas. El lío continuaba.

Pseudodemetrio III se dedicó a saquear los alrededores de Pskov, pero el ejército unido de suecos y novgorodianos que le perseguía le hizo largarse de allí por piernas en agosto de 1611 y quedarse en Gdov, una pequeña ciudad junto al lago Chúdovo, unos cien kilómetros al norte de Pskov. Los suecos, que no pudieron entrar en Pskov, intentaron atraérselo, pero él dijo que tururú y se dedicó todo el otoño a combatir a los suecos, en general sin mucho éxito. Después de todo, su formación no era militar, y el ejército sueco, en aquel tiempo, era la flor y nata de Europa y no tardaría en poner en jaque a los mismísimos tercios españoles, cuánto más a una tropa desdichada como la del impostor aquél.

Pskov era un punto aislado en medio de un mar de ejércitos suecos y polacos, aunque prácticamente inexpugnable (el que haya estado allí y haya visto el Kremlin, en la imagen de arriba, sabrá lo que digo). De hecho, ha padecido innumerables asedios y sólo ha caído tres veces, siempre ante los alemanes: en 1240, 1918 y 1941. Visto que el único ejército ruso en la zona era precisamente el de Pseudodemetrio III, le abrieron sus puertas al pretendiente en diciembre de 1611. Las cosas comenzaron a mejorar para el usurpador, y algunas ciudades rusas, incluso de lejos, le reconocieron como zar.

Pero ya digo que la calidad de los demetrios iba empeorando. Sidorka comenzó a dedicarse a la mala vida y, lo que es peor aún para la popularidad de uno, a dársela pésima a los habitantes de Pskov, que siempre han sido muy celosos de lo suyo. Las cosas se le torcieron y tuvo que salir huyendo de Pskov en mayo de 1612, antes de que le corrieran a gorrazos, perseguidos por los habitantes de la ciudad, que le alcanzaron a los dos días.

Pseudodemetrio III, el ladrón de Pskov, fue encadenado y conducido a la ciudad. En el camino, una patrulla polaca atacó a la partida de Pskov. Éstos mataron al pretendiente y se dieron a la huida.

¿Es el final de Demetrio Ivanovich, por fin? El de Demetrio Ivánovich, sí; pero a esta historia todavía le queda un poco más, porque, ¿no habíamos dejado en la última entrada a Marina Mniszech en Kolomenskoye, embarazada?