jueves, 30 de diciembre de 2010

El retorno de doña Margarita

Echando un vistazo a algunas entradas de la primera época de esta bitácora, se puede ver que en aquel entonces la temática de la misma era más amplia y aparecían personajes que no tenían absolutamente nada que ver con Rusia. Como es natural, estos personajes aparecían en el curso de las entradas alusivas a mis viajes a España y, como estoy en España (en Valencia, para ser exactos), en estas fechas tan entrañables, tiene su lógica que reaparezcan de nuevo.

Efectivamente, como los lectores más veteranos quizá hayan adivinado, me estoy refiriendo a doña Margarita.

Doña Margarita es esa vecina metomentodo, paladín de todas las causas posibles en una comunidad de vecinos, sargento impenintente y terror de tirios y troyanos; esa vecina que en Moscú apenas existe, porque es una gran ciudad, porque no hay comunidades de vecinos y porque las zonas comunes de los edificios son un estercolero, aunque los vecinos parezcan no darse cuenta.

En mi finca, en Valencia, nos estamos enfrentando al problema de la inseguridad ciudadana. Tenemos una reja en la entrada que no termina de cerrar bien y que, por ello, cuesta mucho de colocar correctamente, por lo que muchas veces queda abierta. Nunca había pasado nada serio. El mayor peligro era que se colaran los falleros infantiles del casal que funciona en el bajo y se quedaran hablando hasta las tantas, lo cual era menos peligroso para nosotros que para ellos, porque al llegar a casa ya les ajustarían las cuentas sus padres por llegar tarde.

En esto, al llegar a casa esta tarde, me he encontrado en el ascensor, convertido en algo así como un tablón de anuncios, el siguiente cartel:



No me cupo duda: a pesar de que el mensaje carecía de firma y de que doña Margarita vive en el primero y es dudoso que necesite el ascensor, la autoría del mensaje era muy probablemente suya, a tenor de las peculiaridades estilísticas y ortográficas presentes en su contenido. A propósito del mismo, y debidamente traducido al castellano, el mensaje decía:

¿Quién abre la puerta de la calle? ¡No hay voluntad ni vecindad!

El mensaje revela la insatisfacción de doña Margarita con la colaboración vecinal a la hora de garantizar la seguridad de la finca. La explicación de todo esto llegó cuando abrí el correo atrasado del último mes y medio largo que llevaba sin pasar por el piso y encontré el acta de la última reunión de la comunidad de vecinos, en la que había la siguiente mención específica a asuntos de seguridad:

Se recuerda (creo que no hace falta que diga qué vecina insistió en este punto) a los señores propietarios que deben cerrar correctamente la puerta de la calle, pues de lo contrario pueden llegar a acceder delincuentes a la finca. En las últimas semanas llegaron a entrar unas personas ajenas a la finca hasta el ascensor y se enfrentaron a uno de los vecinos (sí, a ésa vecina). Por fortuna, no hubo que lamentar ninguna desgracia personal.

Menos mal. Parece que los delincuentes salieron ilesos.