martes, 14 de diciembre de 2010

Aguafiestas

Los días son cortos. Mucho. Para los que están depres en España porque no hay tanta luz como en verano y porque salen del trabajo de noche (bueno, muchos también salen del trabajo de noche en verano, pero ésa es otra historia), que sepan que en Rusia sólo a partir de las ocho y pico hay cierta claridad, no mucha, y que a las cuatro de la tarde todos los gatos son pardos. Eso cuando sale el sol, porque muchos días, incluso semanas seguidas, todo lo que vemos es un cielo gris plomizo. Uno no sabe muy bien si ha amanecido o no.

Pero no todo son malas noticias, no. Pronto va a llegar el solsticio de invierno y las cosas van a cambiar, ya lo creo que van a cambiar. Los días comenzarán a hacerse largos, cada vez más largos, y ya se nos pondrán las mejillas de color de rosa y nos saldrán hoyuelos junto a los labios de las sonrisitas que nos vamos a echar.

El otro día, por ejemplo, yo estaba particularmente gozoso, a la vista de que la noche eterna tiene los días contados, y quise compartir esta sensación con nuestra mujer de la limpieza, que es la persona de mi trabajo que es más fácil encontrar desocupada.

- Marina, dentro de poco será el 21 de diciembre y los días van a ser largos, qué bien.
- Sí - no parecía contenta.
- Qué bien, ¿no?
- Sí, y luego llegará el 21 de junio y los días volverán a irse acortando y serán cada vez más cortos y será otra de noche todo el día.

Hala, a la porra el gozo y el buen humor.

5 comentarios:

beloemigrant dijo...

Y aquí en Piter peor... Está amaneciendo a eso de las 9:45. "El día" es sólo un accidente del día...

Babunita dijo...

¿A eso es a lo que se llama hiper-realismo en Rusia?

Alfor dijo...

Beloemigrant, cierto, en la entrada me ha embargado el moscucentrismo y he olvidado que hay sitios donde la oscuridad es mucho más prolongada.

Babunita, hiperpesimismo, diría yo.

beloemigrant dijo...

... y un amigo de Mursmansk ya lleva no sé cuántas semanas de noche polar...

inmigrante dijo...

Bueno, ya sabes la diferencia de un opritista y un pesimista. Que el segundo dice con tristeza "por no pueden ir las cosas", y el primero, saltando de alegría, grita "Sí pueden, síiiiiii".

Inmi