miércoles, 12 de noviembre de 2008

Inventores

Para la última entrada en Ekaterimburgo, aquí tenemos al que se considera aquí como inventor de la radio, Popov. Sin embargo, a los que hemos estudiado con libros de texto españoles este señor no nos suena de nada, porque se nos enseñó que el inventor de la radio había sido Guillermo Marconi, un señor italiano.

Buena parte de los inventores rusos son responsabilidad de una de las personas más influyentes en la historia local, Pepe Stalin, y de sus derivas ideológicas posteriores a la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial. Es sabido que el movimiento obrero es internacionalista, y así es como los primeros bolcheviques, llegados al poder, no se cansaban de repetir aquello de "¡Proletarios de todo el mundo, uníos!".

Sin embargo, la cosa no duró demasiado. En los años inmediatamente anteriores a la guerra mundial, y durante la misma, las ideas patrióticas y nacionalistas rusas fueron reforzadas a piñón, hasta el punto de que en 1948 empezó una campaña, que al menos no fue tan sanguinaria como otras que había habido en la URSS. Se trataba de la "lucha contra la genuflexión frente a Occidente" (sí, uno pensaría que los efectos de la campaña todavía duran). La prensa comenzó a criticar a las personalidades demasiado aficionadas al arte occidental. En muchas minucias cotidianas se veían manifestaciones de esa "genuflexión", como por ejemplo, en llamar a un tipo de pan "francés"(французская булка). Pasó a llamarse "urbano" (городская булка). Para adelantar las cosas, en 1947 se había prohibido a los ciudadanos soviéticos casarse con extranjeros. Sí, hijos, sí, no os lo vais a creer, pero uno de los motivos que han traído aquí a tantos españolitos, algunos de ellos lectores asiduos de estas pantallas, era delito hasta no hace demasiado.

Y luego llegó lo de los inventores. Empezó a machacarse con que fue en Rusia donde se inventaron el barco de vapor, el teléfono, la radio y los aviones. Para casi cualquier invención o descubrimiento, ya fuera la penicilina o la lámpara eléctrica, resultó que había habido un ruso que lo había inventado antes. Y ahí entra Popov, un señor de la región de Ekaterimburgo que pasa aquí por ser el inventor de la radio, frente a la opinión del resto del mundo, que, de todas formas, tampoco es que lo tenga muy claro, la verdad sea dicha.

El pueblo ruso, por su parte, iba un poco más a la suya y, con bastante cashondeo, decía sobre esta campaña: "¿Rusia? ¡Rusia es el lugar de origen de los elefantes!" Pero a los chistes de la época soviética le dedicaré otra entrada, sobre todo al humor gráfico, que como testimonio es impresionante.

De momento, y para acabar, nos podemos quedar con este poema de Sergey Mijalkov, que es de aquellos años... y se nota:

Мы знаем, есть ещё семейки,
Где наше хают и бранят,
Где с умилением глядят
На иностранные наклейки,
А сало - русское едят!

Que, traducido con cierta libertad, es:

Sabemos que aún hay familias,
en que denigran e insultan lo nuestro,
en que miran con delicia
las etiquetas de fuera,
¡pero su tocino es ruso!

2 comentarios:

Alfred Muñoz dijo...

Maestro Alfor,
reflotando este tema que sigue siendo actual no sólo en Rusia, sino en cualquier lugar, donde los valores familiares (tratándose a una nación como una gran familia) hayan padecido alguna devaluación.

Me permito un aporte a esta noble causa, enviándole una versión más pulida (subjetivamente hablando) de aquella estrofa tan inocente, la que, como cualquier mensaje poético, intenta de manera sintética plasmar toda una idea. Fue un divertimento para mí que no soy un avezado en esto de las traducciones.
Un abrazo

Sabemos bien que aún hay gente,
Que de "lo nuestro" habla mal,
Posando su feliz mirada
Sobre las "marcas" importadas,
Comiendo carne nacional!

Anónimo dijo...

Si me permites una version aun mas pulida,te aconsejo que no intentes hacer la rima porque no siempre te saldra en una traduccion.

"Comiendo carne nacional!"? No, no dice nada de nacional, dice "salo" que es el tocino , o la grasa suya o como lo querais decir, pero nada de nacional, no lo dice por ninguna parte.