miércoles, 12 de diciembre de 2007

Erre que erre

Abi, Ro y Ame, que son españoles y no pueden serlo más, sin embargo son absolutamente imposibles de distinguir de los niños rusos con los que van al colegio o a la guardería. Al fin y al cabo, en Rusia pasan algo más de nueve meses al año, que ya dan de sí para mimetizarse lo suficiente con el entorno. El problema, a veces, viene en los otros casi tres meses, como mucho, que transcurren en España.

Como yo no soy objetivo, porque les oigo todos los días, presto bastante atención a cómo reaccionan en sus conversaciones con los demás. De momento, durante los primeros días siguen conversando en ruso entre ellos, pero al cabo de una semana pasan al castellano, o al valenciano, lenguas que en Rusia sólo usan hablando con sus padres, y siguen así hasta que llega la hora del retorno.

Abi y Ro, en esto, tuvieron suerte. Debido a que sus padres no hablaban ruso con ellas, no tuvieron más remedio que aprender otra lengua, y hacerlo bien. Y, en efecto, también son imposibles de distinguir de los niños españoles corrientes y molientes. A veces ha habido alguien que se ha empeñado en decir que tenían acento, pero ésos marisabidillos sabían que se trata de niñas que viven todo el año en Moscú y habrían dicho que tenían acento ruso así hablaran como castellanas viejas.

Ame salió más pícaro y se escaquea lo que puede de hablar en castellano o en valenciano. En este sentido, le ayuda que, a diferencia de sus hermanas, siempre cuenta con alguien dispuesto a entenderle y contestarle en ruso: sus propias hermanas. Quizá por eso, su pronunciación de la erre es manifiestamente mejorable.

Y es que la erre es una letra que se las trae. En castellano, tenemos una erre recia y vibrante y una más suave, pero no mucho más; en alemán, tienen una erre palatal que me hizo sudar tinta cuando me eduqué con ellos. Mi profesor, que había nacido en Prusia Oriental y cuyos padres salieron por piernas en 1944 huyendo del ejército rojo, me consolaba diciendo:

- No pasa nada. Puedes mantener la erre española, que es igual a la del dialecto de Prusia Oriental.

Mal consuelo, teniendo en cuenta que el dialecto de Prusia Oriental está más muerto que Carracuca. Pero bueno, siguiendo con las erres, el inglés tiene de todo, desde una especie fricativa hasta una casi inexistente... y el francés... madre mía, el francés, con su erre gutural y gangosa... más o menos como la pronuncia Ame, por otra parte.

El ruso tiene dos, como el español. Una se parece mucho a nuestra erre suave, pero es más suave todavía, y la otra, la erre blanda, tiene un matiz palatal bastante complicado de atrapar y que delata con bastante evidencia al hablante no nativo.

Quizá eran consideraciones como éstas las que pasaban por la cabeza de Ro, el otro día, a la hora de cenar. A Abi costó bastante convencerle de que era española; con Ro no ha habido que hacer un esfuerzo especial; de hecho, parece convencida de su nacionalidad y, en cada caso, quiere saber con quién se juega los cuartos.

- Papá...
- ¿Qué?
- Ame, ¿qué es? ¿Es español?
- ¿Español? ¡Claro! Igual que tú.
- Entonces, ¿por qué tiene acento?

4 comentarios:

Alfina dijo...

Estoy segura que todos pero todos esos distintos tipos de Rr se le pasaban a la niña por la cabeza antes de hacer la preguntita...

Menos mal, se me ha quitado un peso de encima... si nos han salido tan "pedritas" ya se a quién han salido...

Ginebra dijo...

Por si le consuela en mi casa cada uno hablamos con un acento diferente (menos mal que solamente somos cuatro) pero todos tienen la desfachatez de decir que la que parece de fuera soy yo (efectivamente soy de fuera pero ¿ellos no se oyen, o qué?)

Alfor dijo...

Alfina, bueeeeno, quizá exagere un poquito. Pero sólo un poquito.

Ginebra, y usted que lo diga. Acaban de presentarme a un cocinero "español", dicen que el único de Moscú, con un acento argentino que tira de espaldas.

Esther Hhhh dijo...

Jajajaja, Alf, estoy completamente con Alfina, Está clarísimo a quien se parecen estas niñas, jajaja. A Ame, por ser más pequeño, le daremos el beneficio de la duda... jajaja.

Por cierto, según me enseñaron en las pocas clases de alemán, la R alemana y la francesa se parecen un poco ¿no? Te pregunto por saber, que de alemán tú sabes como que muchísimo más que yo, jejeje...

Besos