viernes, 14 de diciembre de 2007

Carta abierta

Estimado señor Presidente:

Es usted cojonudo. Qué digo cojonudo: es usted el gobernante más íntegro y más original de toda Europa, y aún diría que de todo Occidente si no me temiera que podría usted no sentirse identificado.

A lo largo de estos últimos años, usted ha estado percibiendo un problema acuciante, cual era el de la aparición indiscriminada de ciudadanos extranjeros, occidentales, varones en su práctica totalidad, gente de moral relajada y costumbres licenciosas, que, en su discurrir por éste su país, acababan arrejuntándose con mujeres eslavas, las cuales, enajenadas por los cantos de sirena del varón forastero, consentían en convivir con el mismo en heterodoxa actitud y en permanente escándalo, sin formalizar su relación ni ganas de hacerlo y dedicándose al desorden, a la lujuria y puede que a las conspiraciones judeomasónicas o a la apología del fascismo.

En previsora actitud, Rusia exige visado a los extranjeros que se encuenten en su territorio, y me atrevo a apuntar que con buen criterio, aunque sólo sea para proteger en lo posible a estas inocentes criaturas eslavas de las hordas de guiris desordenados que urden todo tipo de artimañas para sacarlas de su estado angelical y conducirlas a la locura y a la degeneración.

Pero Satán es mucho Satán, y estos torvos personajes, agarrándose a los resquicios que una legislación demasiado generosa les concedía, habían venido burlando las barreras que se alzaban ante ellos y, simulando dedicarse a los negocios, trampeando y mintiendo, se conseguían proveer de visados anuales de múltiple entrada a fuerza de desvirtuar la noble institución del visado.

No es de extrañar la preocupación de usted al pensar en esta malhadada situación, en las infelices niñas engañadas por tanto varón licencioso, en las madres de las pobres niñas deplorando en silencio la perdición de las mismas, en los padres entregados a la bebida exclusivamente por la deshonra que les acongoja, en los hermanos avergonzados por el pésimo ejemplo de sus hermanas, otrora inocentes e inmaculadas y hoy convertidas en piedra de escándalo por la hidra moliciosa del enemigo. En tanta pureza y virtud, en suma, puesta en peligro por vecindad tan desdichada.

Afortunadamente, no contaban estos emisarios del maligno con su visión de Estado ¡Qué gesto redentor ha tenido usted! ¡Qué ardid tan astuto! ¡Qué genial idea la de limitar los visados a un máximo de tres meses consecutivos de estancia, y poner de patitas en la frontera al que los sobrepase!

Este golpe maestro ha venido a enderezar la situación. Vemos hoy como los licenciosos extranjeros, enfrentados a la perspectiva de visitar cada tres meses los acogedores pero minuciosos y exigentes consulados rusos, agachan su sucia cabeza y consienten, tras años de convivencia escandalosa, en contraer matrimonio con las rusas a las que, vergüenza debería darles, despojaron de su contrastada inocencia; vemos como, acto seguido, comienzan a pedir permisos de residencia en calidad de esposos amantísimos, y no como antes, en que pretextaban cualquier despropósito para continuar amancebados. Vemos, en suma, cómo se forman familias como Dios manda.

Esta bitácora, paladina de las buenas costumbres y de la estructura familiar, se honra en surgir en un país en que la legislación familiar camina en la dirección correcta, no como en otros, abocados cada vez más a la molicie y al desorden y teatro de toda decadencia imaginable de las buenas costumbres. Ea, pues, señor Presidente, siga por la senda estrecha, pero satisfactoria, del deber cumplido y ponga todo tipo de trabas a la estancia de estos indeseables en suelo ruso; complique la gestión de visados; continúe haciéndoles pasar un infierno burocrático a la hora de pedir la residencia; que expíen de esta manera su execrable comportamiento pasado y que lamenten el día en que despojaron de su candidez a las niñitas que, desprevenidas, desconocían hasta qué punto podían terminar en una vorágine impensable al alejar sus planes de convivencia del noble varón ruso, dechado de virtudes y espejo de santos, y entregarse a esos elementos extraños, enviados de Belcebú, que sólo son capaces de propagar la perdición y el desastre.

3 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Sin comentarios..

Te dejé comentarios en los post anteriores alfito, jejejejeje...

Besitosssssss

Boots dijo...

Pregúntale a Cuchillín qué tal le ha ido su solicitud.... y a Amadeo...

Kloonich.

Alfor dijo...

Boots, ya lo sé, ya. Supongo que te habrás dado cuenta de que la entrada es de lo más sarcástico que he escrito. Me salió muuuy de dentro.