lunes, 9 de julio de 2018

El mejor de la barra de la derecha

El poco tiempo de que dispongo para conservar mínimamente viva la bitácora ha tenido como efecto que haya descuidado bastantes tareas que deberían formar parte del mantenimiento más elemental de la misma. Una de ellas consiste en echar un vistazo a los enlaces que yo mismo propongo en la barra de la derecha. Todos ellos hacen referencia a bitácoras que seguía cuando estaba en Moscú y tenía suficiente tiempo (o ilusión, vaya usted a saber) como para echar un ojo a la actualidad de la rusosfera. Al llegar a Bélgica, durante los primeros meses, seguía con un ojo y un pie en Rusia, así que no dejaba de seguir lo que pasaba por allá, y la barra derecha tenía una utilidad incluso personal.

Con el tiempo, sin embargo, la temática de la barra derecha se ha quedado disociada de la evolución de la bitácora. Qué le vamos a hacer. Le sigo teniendo mucho cariño a Rusia, porque, ya se sabe, una vez que sale uno del país, y sólo entonces, es cuando puede convertirse en rusófilo, pero el cariño no paga las facturas, y al fin y al cabo donde me gano las lentejas es en Bélgica.

Sin embargo, finalmente, y aprovechando que en julio Bélgica se para hasta tal punto que ni siquiera hay disturbios con las victorias de su selección en el Mundial de fútbol, he podido escribir alguna entrada y echar un vistazo a la barra de la derecha.

Me llamó la atención, en un primer momento, el hecho de que la bitácora de Rusadas llevara tiempo sin actualizarse. Miguel, el autor de la misma, siempre había sido un bloguero indomable, de los de entrada prácticamente diaria. Entré un poco mosqueado en la última entrada, del 31 de marzo de 2018, y me llevé el mazazo al leer el mensaje, escrito por su viuda, de que Miguel había fallecido en abril.

Inevitablemente, he tenido que recordar la entrada de esta bitácora en que Miguel fue el protagonista absoluto, cuando, allá por febrero de 2012, decidió borrar su bitácora entera, dando un susto a todos sus seguidores. Volvió al cabo de muy poco tiempo, y no puedo evitar pensar si, en aquel entonces, la reacción que tuvo no sería causada por alguna mala noticia sobre su salud, que ha terminado por fallarle. Nunca dijo nada a quienes le seguíamos, salvo en el último párrafo de su última entrada.

Miguel, además de un autor excelente, con unas entradas muy cuidadas y documentadas de manera exhaustiva, tenía algo más importante todavía. En un tiempo en el que cualquiera con acceso a un teclado se cree el rey del mambo, él era tan amable en sus comentarios como lo era con sus entradas. Escribió muchos comentarios en esta bitácora, y todos ellos fueron comedidos y atinados. Incluso quizá tuvimos la ocasión de haber compartido una cerveza, aunque, eso sí, sin ponernos de acuerdo sobre la cerveza de qué zona es la mejor. Ahora lamento mucho no haber hecho algo por seguirle la corriente y haber buscado la forma de quedar, porque Miguel debía ser de esas personas con cuya sola proximidad ya aprendes algo.

De momento, nos queda su bitácora, pero a los que lo apreciamos siempre nos quedará, igualmente, su recuerdo. Entretanto, espero que haya encontrado la paz y que Dios lo tenga en su gloria.

Y, para llegar hasta allí, nunca es tarde.

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