sábado, 19 de julio de 2014

Decíamos ayer...


Decíamos ayer...

Bueno, en realidad no fue ayer. Fray Luis de León se tiró unos cuantos años entre la clase que precedió a sus asuntillos con la Inquisición, y la posterior a la misma. No es mi caso, que ni tengo cuentas con la Inquisición, ni he estado ausente tanto tiempo desde mi última aparición. Sin embargo, lo que decíamos ayer es que los moscovitas se las ingeniaban para no pagar por aparcar en el centro, y para hacerlo impunemente. Y es que a algún avispado se le ocurrió que el ayuntamiento de Moscú lo que hacía era enviar a un coche con cámara a fotografiar las matrículas de los coches, y a crujir a quienes no hubieran pasado por caja, cosa que se hace introduciendo el número de matrícula en el aparatejo que se han inventado.

Básicamente, hay dos métodos de eludir el asunto. El primero es universal, y el segundo sólo para los titulares de matrículas no estándar. El método universal consiste en, simplemente, ocultar la matrícula con un trapo cualquiera o ensuciándola mucho. La fotografía deja la matrícula ilegible, y la multa no llega a emitirse. Es lo que pasa cuando se abandona el honrado método tradicional de poner a legiones de agentes de la ORA a peinar las calles, y se les sustituye por una fría máquina. Yo pensaba que en Moscú, con las masas de tayikos dispuestos a currar por un remedo de salario, la sustitución del hombre por la máquina tardaría en producirse, pero se ve que los tayikos están todos muy ocupados, construyendo y reformando pisos, y en Tayikistán han debido cerrar el grifo de salida de mano de obra semiesclavizada.

El segundo método testifica igualmente que los fautores del sistema de pago por aparcar todavía tienen que pulir defectillos. Como vimos en una serie de entradas, los distintos tipos de matrículas que se pueden ver por Moscú son bastante variados; sin embargo, cuando uno trata de introducir el pago en el sistema informático, si no tienes una matrícula "normal", tararí que te vi. Uno se explica que los coches del ejército, de la policía, o los célebres EKX de los servicios secr... estooo... de los servicios de seguridad estatal passssen ampliamente de pagar por el aparcamiento, pero ¿y los diplomáticos?

En el curso del viaje que hicimos, quedamos con unos amigos que, aunque no son estrictamente diplomáticos, sí que trabajan en una embajada y, al ser extranjeros, tienen derecho (y, en realidad, incluso obligación) a llevar una bonita matrícula de color rojo, con los numericos en blanco monísimo y un código de país que no se corresponde con los números y letras de serie de los coches de matrícula nacional estándar. Nos contaban que, cuando supieron del asunto, ni cortos ni perezosos, un día que aparcaron por el centro fueron a pagar, como todo hijo de vecino, y descubrieron que a sus padres no les consideraban vecinos y que la máquina no aceptaba el código de matrícula que introducían. Total, que, quieras que no, nuestros amigos no tuvieron más remedio que dejar aparcado el coche sin pagar. Y jugársela, claro.

Lo de jugársela es relativo. Sí, existe la inmunidad diplomática, y raro será el miliciano que le busque las cosquillas a un diplomático, pero, puestos a ser estrictos, el procedimiento cuando un diplomático se desmanda en la carretera consiste en tomarle los datos y hacer llegar la queja al Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, que, a su vez, transmite la protesta al embajador del país cuyo representante ha resultado infractor de a saber qué norma. El embajador no creo que haga mucho, pero no debe ser un asunto agradable que te llamen a capítulo.

Vamos, que el segundo método consiste en tener una matrícula rarilla. La de los diplomáticos no está al alcance de todos, vale, pero la extranjera sí. Uno matricula su coche en Bielorrusia o en Lituania y, a partir de entonces, ancha es la Estepa.

Dicho esto, no critiquemos demasiado a los rusos. Hace unos días, viajamos a Madrid con nuestro coche, y con su matrícula belga, lo dejamos allí para tenerlo cuando las vacaciones y llevarlo de vuelta a su fin, y lo primero que se le ocurrió a mi suegra es que, si aparcaba en la ORA, no sabrían a quién mandar la multa y que seguro que no pasaba nada.

Nada más que avisaran a la grúa, claro.