martes, 12 de febrero de 2013

El intelectual y el alma rusa (III)

Siguen las aventuras del intelectual. Hay que reconocerle que raja de todo, y que no hay tema con el que no se atreva, como los tertulianos españoles. Hoy le toca hablar del alma rusa, y el tío es radical: niega su existencia como ente diferenciado. Diferenciado de las demás almas, se entiende, no del cuerpo puro y duro, espero.

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Valeri Vyzhutóvich: ¿Qué es la misteriosa alma rusa? ¿Sólo es misteriosa para los extranjeros? ¿O es que el propio ruso no es capaz de entenderse a sí mismo?

Yuri Pivovárov: Honradamente, esta combinación de palabras me hace reír ¿No es misteriosa el alma polaca? ¿Y la alemana? ¿Y la francesa o la armenia? Señor, ¡la de almas misteriosas que hay! Lo mismo se refiere al clásico dicho: "ni se puede entender Rusia con la razón, ni medir lo general con un metro". Dicho, queda bonito. Pero, si uno se pone a pensar... Toda mi vida he trabajado en un instituto científico cuya función consiste en analizar las ciencias sociales occidentales. Y he aquí que muchos científicos, entre ellos yo mismo, hemos llegado a la conclusión de que hay muchas categoría y conceptos inaplicables a una sociedad no occidental. Por ejemplo, la física es física en cualquier parte. La química es química en cualquier parte. La fisiología es fisiología en cualquier parte. Pero, digamos, la economía, las relaciones interpersonales, o la estratificación social, son diferentes en todos los sitios. Sin embargo, en el mundo dominan la Sociología occidental, el Derecho occidental, la Filosofía occidental. Porque precisamente Occidente es quien ha creado la ciencias sociales contemporáneas, y se han convertido en universales, para todo el mundo ¿Y qué es una ciencia social? Es un modo de comprensión del mundo. Pero, cuando este modo de comprensión se traslada a las sociedades china, india, árabe o rusa, no siempre funciona. Y, en este sentido, "la misteriosa alma rusa", "no se puede entender Rusia con el corazón" y las demás metáforas poéticas expresan realmente la inabarcabilidad para los europeos de algunas de nuestras realidades. En mi tesis doctoral investigué uno de los modelos estadounidenses desde el punto de vista de su aplicabilidad para el análisis de la sociedad rusa. Y llegué a la conclusión de que no es aplicable. Por cierto, que el autor del modelo, un estadounidense, confirmó que no era aplicable. Y reconoció que se equivocó al considerar su modelo como universal.

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Yo, la verdad, siempre he pensado que eso del alma rusa era un camelo, en el mejor de los casos, o una excusa para ir a su bola y no tener que dar explicaciones mínimamente racionales de las burradas que hacen, en el peor; por eso, la opinión de Pivovárov sobre la inexistencia de un alma rusa diferenciada me cae simpática.

Pero, ¡cómo son los profesores universitarios de pedantes! Y no digamos si son intelectuales. En lugar de decir simplemente, "vale, tío, a otro perro con ese hueso del alma rusa, somos como todo quisqui", comienza a sacar sin venir a cuento su tesis doctoral y sus triunfos en las justas académicas contra un estadounidense que tuvo que reconocer su error y la superioridad intelectual de Pivovárov.

Lo cual, por otra parte, es una demostración de que el alma rusa no tiene nada de particular: todos los profesores universitarios postineros de todos los países en que he tratado alguno son exactamente igual de fatuos.

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En el próximo capítulo, Pivovárov va todavía más allá ¿Se puede ir más allá que negar la existencia del alma (rusa)? Sí, se puede. En la siguiente entrada, Pivovárov se atreve con el mito yacente más conocido de Rusia, en el centro mismo de la cual sigue, de cuerpo presente y con un saludable color amarillo.

Pivovárov va a por Lenin. Y tira a matar.