viernes, 28 de enero de 2011

El nacionalismo ruso y yo (III)

A finales de la década de los noventa pateé buena parte de las regiones aledañas a Moscú, buena costumbre que ahora sólo sigo esporádicamente, porque mis fines de semana están dedicados a mil cosas, pero no a viajar. En estos periplos, acompañado por otros españoles, hicimos una visita a Torzhok, preciosa ciudad de pasado esplendoroso, pero presente polvoriento y arruinado, situada en la región de Tver.

En Tver, la capital regional, ya comencé a ver pintadas en las paredes por lo menos curiosas. ¡Judíos no! y ¡Fuera los judíos!, firmadas por un grupo que conocía por referencias llamado RNE, que no es Radio Nacional de España, sino "Russkoye Natsional'noye Edintsvo", o sea, "Unidad Nacional Rusa", grupo comandado por una especie de Führer calvo y con bigotillo, eso sí, llamado Aleksandr Barkashov.

Cuando hablamos de nacionalistas con la mollera vacía, no deberíamos referirnos a Barkashov. Barkashov no tiene la mollera vacía en absoluto (como tampoco Zhirinovsky, aunque a éste se le va la fuerza por la boca) y tiene una línea de pensamiento con la que se podrá estar de acuerdo o no, pero la tiene. Cuando hay una línea de pensamiento, por errónea que pueda ser, los que estamos enfrente normalmente podemos estar tranquilos, porque lo más sensatos es que no comiencen directamente a masacrarnos, sino que intenten explicarnos la línea de pensamiento. Si no, ¿para qué esforzarse en elaborarla?

Eso fue lo que pensé cuando nos desplazamos a Torzhok y allí, en medio de la plaza del pueblo, más solo que la una, nos encontramos a un jovenzuelo, pulcramente vestido de negro de arriba a abajo, seguramente pasando un calor insoportable, repartiendo pasquines, no sé si de Pamyat o de la RNE. Con su boina negra, podía pensarse que lo que repartía era el Zutabe, pero probablemente los nacionalismos vasco y ruso no mantienen excesivos contactos entre sí.

Mis compañeros de viaje se espantaron al verlo.

- ¡Un fascista! ¡Un fascista! - decían, mientras retrocedían asustados. El chaval, por cierto, ni siquiera nos había visto.
- ¡Vamos a hablar con él! - dije yo.
- Pero, ¿qué dices? - dijeron con voz de terror.
- Que vayamos a hablar con él.
- ¡Pero nos pegará!

Yo miré al chaval, pequeñín y delgadito, que lo más que debía haber pegado en su vida sería algún sello, y a nosotros cuatro. Cuatro. Y bien alimentados. Está visto que excluir la violencia en las relaciones con los demás hace perder la objetividad a las personas.

- Que no, caramba. Nos acercamos, le decimos que somos fascistas españoles, le preguntamos qué hace ahí y nos enteramos de qué es de su vida.

Ni por ésas. Mis compañeros de viaje me obligaron a largarme de allí por si detrás de la esquina había una banda de otros quinientos fascistas violentísimos que estuvieran limpiando Torzhok de escoria. Si era así, podrían empezar por barrer la calle y retirar los escombros, en lugar de por los extranjeros, pero bueno, cada cual tiene sus aficiones y sus prioridades.

Y es lástima, porque no he vuelto a encontrarme tan de cerca con la oportunidad de charlar con un pájaro de esta especie. No suelen volar solos, y cuando están en grupo realmente es mejor no acercarse mucho, por si se les olvida que su líder tiene una línea de pensamiento.

Pero ya digo que con estos, que por lo menos parecen chicos educados y guardan las formas, no hay demasiados problemas. Claro, ser blanco y no demasiado moreno ayuda, pero, así y todo, los incidentes violentos provocados por éstos se pueden contar con los dedos de una mano, y no estoy muy seguro de que empezaran ellos. El problema viene cuando realmente nos encontramos con nacionalistas de cualquier pelaje con la sesera de saldo, pero la musculatura en condiciones y la ganas de pelea a flor de piel. Ahí están, por ejemplo, los aficionados del Spartak, pero hay más, hay más...

Lo dejamos para la próxima, que hoy se hace tarde.

3 comentarios:

Al'bert dijo...

A mi me parece bien que vayan balizados con un uniforme negro, verde o lo que sea, pero reconocibles para poder salir por patas a tiempo...

Por cierto Alfor, hoy he visto un cartel de la gira de Iron Maiden. Pasaran por Moscu. Debo tirar todos sus discos? Me vas a dejar sin musica!

Fernando dijo...

Ja, ja, ja. ¡Qué bueno Alfor! Últimamente estás que te sales. Ya había oído hablar de los barkashovistas, un día nos hablas de esa línea de pensamiento.
Saludos
PS: por cierto, he estado buscando por internet y el cuadro del otro día no era el "Rusia eterna" sino el "Despierta Rusia" también de Glazunov.

Alfor dijo...

Al'bert, ya sabes que la mayoría no son tan fáciles de reconocer. Razón de más para preferir a éstos.

Y los Iron Maiden llevan acabados mucho tiempo. La última actuación en Moscú fue en agosto de 2008. Revisa la serie de "Músicos acabados" y verás el cartel.

Fernando, pues es verdad, el cuardo era ése. En cuanto a los barkashovistas, son gente especialmente peculiar. El propio Barkashov, que se metió monje de una secta ortodoxa hace unos años, y que tiene dos ex-esposas y seis hijos, es un elemento sumamente interesante.