martes, 12 de febrero de 2008

Cocina para exiliados (IX): sangría. El vino.

Una de esas cosas que se escriben un poco sin pensar, pero se escriben, es que hay que acompañar la comida con la bebida. Y, por supuesto, no hay bebida más española que la sangría. Hay quien prefiere el calimocho, pero uno de sus ingredientes, decididamente, no es español, aunque se encuentre en todo el mundo, Moscú incluido, y por tanto sería, aparentemente, más fácil de elaborar.

Pero ello no quiere decir que la sangría sea imposible, en absoluto. En primer lugar, veamos los ingredientes, para hacer unos cinco litros. No, no voy a decir para cuántas personas, como en las recetas de comidas. Eso depende de cada uno.

Tres litros de vino peleón.
Un litro y cuarto de naranjada.
Un chorrillo de ron o, ya que estamos aquí, de vodka.
Fruta: un par de naranjas, otro de manzanas, y hay quien le echa plátano.
Azúcar al gusto (y más vale que os guste mucho).
Un tantico de canela.

Y ahora pasemos a analizar algunos ingredientes que, en Rusia, son más problemáticos que de costumbre, comenzando por el ingrediente fundamental: el vino. Efectivamente, y ya me adelanto, Rusia no es un país que se distinga por su producción de vino, aunque no vayamos a creer que el vino le es totalmente ajeno. Durante muchos años hubo viñedos en toda la zona del Mar Negro, y allí se producía un vino, que, dicen ellos, era bastante potable y rivalizaba con los franceses (eso me permito dudarlo, pero, no habiéndolos probado, no voy a negarlo radicalmente).

Luego llegó Gorbachov. Y con él llegó la Ley Seca rusa, y con la ley seca llegaron unas arrancadas de viñedos que ríete tú de la Política Agraria Común; y así, lo que pudiera quedar de cultura del vino en la Unión Soviética se vio sustituido definitivamente por la cultura del licor casero. Porque el vino lo pudieron prohibir, pero las patatas, el azúcar y los alambiques caseros no. La gente se mosqueó con Gorbachov. Por ésta y por otras cosas que no vienen ahora al caso. Y así, no es de extrañar que acabaran votando a un alcohólico lamentable como presidente (la Ley Seca ya había sido abolida con anterioridad).

Ahora hay viñedos nuevamente en la zona del Mar Negro, y poco a poco van haciendo un vino dicen que potable, pero yo estoy lejísimos de ser un enólogo y me resulta difícil juzgarlo. Fijaos si tendré poco de enólogo que la única bebida alcohólica que me gusta es... la sangría. De hecho, cuando veo a alguien (incluso a algún compañero de trabajo) lanzarse a decir frases pedantes sobre el sabor, el aroma, el contrasabor y Dios sabe qué matices gustativos del vino, pienso cuánto ganaría el mejunje con algo de naranjada, fruta, azúcar y canela. Pero, de momento, sólo lo pienso. Alguna vez diré lo de "el Emperador está desnudo", a ver qué pasa.

El vino peleón ruso es sensiblemente más caro que en España (en fin...) y muchas veces creo que le echan azúcar, cosa que habrá que tener en cuenta al echárselo, pero últimamente ya se encuentra, incluso en garrafillas de tres litros de precio razonablemente asequible. Muchas veces lo traen de España a granel y lo embotellan aquí, así que, más o menos, viene a ser lo mismo que tenemos allí.

Los demás ingredientes no tienen ningún misterio y se encuentran en cualquier tienda de alimentación, quizá hasta en el "produkty" más desdeñable, aunque la canela puede requerir meterse en un supermercado de los modernos. Quien algo quiere...

Y hasta aquí hemos llegado hoy, que esto se hace largo. Mañana ya pasaremos a la elaboración propiamente dicha.

6 comentarios:

Ginebra dijo...

Nunca le he visto el chista a la sangría, la verdad.

keithania dijo...

Hombre, el vino ucraniano no está mal, es más afrutado que un Rioja por ejemplo y de calidad vale la pena. Los vinos de Crimea, como el de Masandra, son muy interesantes.

Esther Hhhh dijo...

mmmmmm sangríaaaaa.. Hombre yo no suelo ponerle naranjada, le pongo gaseosa y en cambio además del ron o el vodka (o ambas cosas que la sangria otra cosa no, pero sufrida es un rato) le añado licor 43 o cointreau y un poquito de cascara de naranja y algún cacho limon a veces también, unas rodajitas...

A ver, a ver como la preparas Alfito jejejjejejejejejeje

PD: no vayas a bebértelo tú solo, por Dios, que ya eres padre de familia, jejejejjeje

Alberto dijo...

Lo de echarle vodka a la sangría es algo que suscribo y que he practicado.
Siguendo los pasos de Buchweizen y habiendo residido en Alemania también, he de decir que mis sangrías alemanas no llevaban vodka sino Jägermeister.

Alfor dijo...

Ginebra, no se preocupe. Usted debe ser una persona culta y la sangría es cosa del populacho. En el fondo, a mí también me gustaría que no me gustase, pero ya ve... :)

Keithania, bienvenida. Es verdad que el Masandra está bueno y que, en general, estos vinos tienden a ser más dulces, pero esto es todo lo que mi paladar acierta a distinguir. Algún enólogo al que he preguntado me ha mirado con cara de indulgencia cuando le he preguntado si eran buenos, pero la verdad es que a mí me gustaban más que otros que eran varias veces más caros.

Estherita, ¿y has probado a echarle alcohol 96º? Creo que potencia mucho los efectos.

Alberto, ¿así que Jägermeister? Buena elección. Efectivamente, como dice Esther, la sangría es sufrida y admite ser adaptada a la situación concreta y a los ingredientes disponible. Supongo que en eso consiste su grandeza. :D

Esther Hhhh dijo...

Ejem... Estoooooooo Alf, no me hagas hablar..... Sí, la he probado con alcohol de 96º y es posible que tú también, en cierta nochevieja creo, o quizá otra fiesta, celebrada en cierto lugar donde nos conocimos... Que años aquellos, jajajajaja

Besitossss