viernes, 10 de enero de 2014

El aterrizaje de Ro

Si los aterrizajes de Abi y de Ame ya se las traían, el de Ro no ha sido menos sonado. Ro es una auténtica conservadora, fanática del orden, de las jerarquías y del respeto a los que ostentan un grado superior. Es una posición interesada, porque Ro cuenta con ostentar grados de importancia en el futuro, y por supuesto cuenta con hacerse respetar cuando los ostente. Vamos, que yo no la querría de jefa ni jarto vino.

Esta posición encuentra su expresión más acusada en los regímenes totalitarios, como... sí, como la Unión Soviética. A sus trece años recién cumplidos, Ro (a diferencia de sus hermanos, que no van por ahí) ha pertenecido al consejo de su colegio soviét... estoooo... ruso, donde ha tenido una posición destacada. Nuestra mudanza (y la suya) a Bruselas ha truncado una prometedora carrera en la nomenklatura de algún sitio, porque esta chica iba destinada a alcanzar altas posiciones en Rusia. Lástima que no tener pasaporte ruso parecía un impedimento insuperable. Es verdaderamente lamentable que le den el pasaporte por el morro al pollino de Dépardieu, que lo más que tiene de ruso son las cogorzas que se ha metido, y no se lo den a Ro, que haría un uso mucho mejor del mismo y terminaría por poner orden en el país. Sí, ella lo haría.

De hecho, en la familia, quien más se ha opuesto a abandonar Moscú ha sido ella, y aun dice que su retorno es cuestión de tiempo, y que se va a estudiar allí... Derecho. Miedo me da. Como llegue a fiscal, es capaz de hacerme detener por una bronca que le eché cuando tenía tres años. Y es que los Pavlik Morosov de la vida nunca olvidan.

Entretanto, la muy j**** es la que me mejor se ha adaptado al colegio hispanohablante local. Está perfectamente integrada, saca buenas notas y se sigue quejando, claro, para no desmentirse a sí misma, pero con la boca imperceptiblemente más pequeña.

Sin embargo, obviamente, su llegada despertó expectación, también entre el profesorado. Su profesora de Historia, por ejemplo, para romper el hielo, se dirigió a ella el primer día de clase:

- Ro von Buchweizen... ajá... Ro, tú vienes de Rusia, ¿no?

- Sí, sí, vengo de allí.

- Muy bien, muy bien... ¿Y encuentras diferencias entre tu colegio de allí y éste?

- Bueeeeeeeeno... algunas sí que hay.

- ¿Qué es lo que te parece más curioso?

- Verá. En mi colegio en Rusia, todos los alumnos se levantan en cuanto llega el profesor y sólo se sientan cuando les dan permiso. Aquí no se levanta nadie...

A la profesora, tras años de desprecio del alumnado, esto le debió tocar la fibra sensible. Pero mucho mucho, porque se dirigió a la clase:

- ¿VEIS? ¡ASÍ HABRÍA QUE HACER SIEMPRE! ¡LO QUE HAY QUE HACER ES LEVANTARSE EN CLASE!

En bastante países europeos, probablemente habría conseguido ganar una posición de respeto, pero el alumnado de la clase de Ro está constituido por una recua de preadolescentes españoles con más mala sombra que un árbol en día de niebla espesa.

Desde esta conversación, cuando la profesora de Historia entra en clase, sus alumnos se levantan y le recitan el "himno de Historia", cuya letra viene a ser:

"...australopitecus, homo afariensis, homo ergastus, homo erectus, homo habilis, homo sapiens, homo sapiens sapiens..."

Respeto al profe siguen sin tenerle demasiado, pero, por lo menos, las etapas de la evolución humana se las van a conocer bien.

Algo es algo.