Pues ya iba yo a seguir con las vivencias de cuatro españoles tratando de cocinar un "shashlyk", como dejé dicho, cuando me he encontrado con una noticia impactante de última hora, y es que hay pasajeros españoles sensiblemente peores que los pasajeros rusos que he criticado en otras ocasiones (en ésta y en ésta otra), y encima son famosos. A saber lo que haría el sujeto éste para que al comandante se le hincharan las narices y, a medio vuelo transoceánico, decidiera que ya estaba bien y que se volvían a Barajas a desembarcar al energúmeno.Parece que el tal Melendi, que debe ser alguien que se pone tos los días, como la luna de una de sus canciones, y la mujer que iba con él, que menuda pájara debe ser, debía andar en un estado realmente lamentable para que ¡en clase "business"! decidieran que no le daban más de beber. Dios mío, si casi recuerdo con veneración el par de viajes que he hecho en business. Si las azafatas no paraban de ofrecerme lo que quisiera, e incluso ponían morritos de contrariedad cuando les decía que no, que ya no podía ingerir nada más y que si quería algo ya se lo pediría.
¡Mira que no darle más de beber al pobre hombre! ¡Qué vergüenza! Ya me imagino su próximo disco, que seguro que incluye algún tema dedicado al auxiliar de vuelo que le redujo y al comandante que tomó la decisión de mandar el viaje a freír espárragos y volverse a casa. O a los pasajeros de clase turista, que debían estar flipando.
Yo no sé qué hubiera pasado en Aeroflot, compañía mucho más indulgente con el bebercio, pero que tampoco tiene contemplaciones cuando la cosa se tuerce. Quizá estaríamos lamentando la prematura retirada de la escena de una de las figuras más prometedoras de la canción española por una inoportuna lesión en la garganta.
Pero de Iberia, la verdad, no me esperaba esta reacción. Se ve que la compañía se está haciendo progresivamente intolerante, reaccionaria y hasta fascista. A partir de ahora voy a volar más con ellos.

