miércoles, 21 de octubre de 2026

Sacerdotes casados en Amberes

No hace tanto tiempo, publiqué una entrada a propósito de monseñor Johan Bonny, obispo de Amberes y enfant terrible del episcopado belga y yo diría que mundial. Tal y como está el episcopado belga, ser el enfant terrible del mismo ya nos da una pista de cómo debe estar la cosa para que monseñor Bonny destaque en el mismo por su actitud... innovadora.

Como todo sacerdote que cuestiona la doctrina de la Iglesia Católica es alegremente recibido por los medios de comunicación del siglo XXI, monseñor Bonny no carece de formas de expresar sus opiniones y de dar a conocer su pastoral y las medidas que adopta para ejecutar sus designios. En este caso, lo ha hecho en forma de entrevista en La Libre Belgique. La Libre Belgique, en su día, era un medio de comunicación liberalillo y confesionalmente católico, hasta que un buen día del postconcilio dejó de serlo y ahora se nos ha hecho neutro en materia religiosa, pero sigue siendo liberalillo. Yo diría que eso es una prueba más, por si hubiera pocas, que el liberalismo y el catolicismo no casan bien juntos y que, cuando las cosas se hacen incompatibles, el liberalismo se queda y el catolicismo sale por la ventana; en Bélgica los ejemplos sobran. Y en España la verdad es que podemos encontrar unos cuántos más.

A lo que íbamos, que se hace tarde demasiado pronto, el caso es que monseñor Bonny, con esa cara de buenazo que tiene, dijo sin despeinarse que esa idea que tuvo de consagrar como presbíteros a hombres casados ya la está ejecutando y que hay un grupo que discretamente está recibiendo la preparación necesaria. Y añadió que lo está haciendo por su 'estado de necesidad', ya que le quedan setenta sacerdotes menores de setenta años y el resultado es que van corriendo de campanario en campanario y ya no puede asegurar la asistencia religiosa en hospitales y cárceles.

Para colmo de males, buena parte (de hecho, la mayoría) de esos setenta sacerdotes con los que cuenta, menores de setenta años, son de origen extranjero y tienen algunas dificultades con el idioma flamenco. Si pensáis que en esa afirmación hay algún ribete racista incompatible de todo punto con la doctrina de la iglesia católica, es decir, universal, estáis en lo cierto. Recordemos que, en Flandes, los dos partidos políticos principales son la Alianza Neoflamenca, nacionalistas flamencos, y Vlaams Belang, aún más nacionalistas flamencos. Y recordemos que Bart De Wever, actual primer ministro y líder de la Alianza Neoflamenca, ha sido un porrón de años alcalde de Amberes, esa ciudad en la que monseñor Bonny tiene dificultades en encontrar vocaciones de hombres solteros (o viudos, vale).

Yo todo esto lo veo con curiosidad, más que otra cosa. Ya escribí hace poco que, en sí, la existencia de sacerdotes casados es una cuestión disciplinaria, no dogmática, y que hay sacerdotes católicos casados, sólo que no en el rito latino, al menos ejerciendo. La cuestión es espinosa y sólo el hecho de que sea monseñor Bonny el que la plantea la pone bajo sospecha. A mí me parece bien que quiera tener clero local, pero algo me falla en el razonamiento, porque se siguen ordenando sacerdotes, sólo que eso ocurre en África, no en Europa. Se trataría de trasladarlos, vaya. En Bruselas, sin ir más lejos, yo creo que la mayoría del clero es africano, pero son africanos francófonos, así que predican sin mayores problemas; todo indica que africanos neerlandófonos hay bastantes menos, como no los encontremos en Sudáfrica y me temo que son blancos, no son católicos y que tampoco se ordenan sacerdotes. Monseñor Bonny puede elegir entre enseñarles neerlandés a conciencia, lo cual no tiene nada de provocador, o hacerles un poco de menos y ordenar sacerdotes casados, lo cual sí es provocador y es la variante que monseñor Bonny ha elegido.

Yo tengo la sospecha, que puede ser equivocada, pero la tengo, de que a lo que tiene pavor monseñor Bonny es a quedarse solo con sus provocaciones. Porque los sacerdotes africanos que se vienen ordenando y que nutren las diócesis belgas en general, y la de Amberes en particular, tienden a ser ortodoxos en materia doctrinal. Yo, al menos, muchas veces, cuando veo que oficia un sacerdote belga blanco, estoy mucho más inquieto que cuando es negro. Es más, si yo fuera soltero, siendo además blanco y hablando el neerlandés un poco como puedo, pero hablándolo, y tuviera vocación sacerdotal, a buenas horas me iba a quedar en el seminario de Amberes para que me formaran los profesores que han llevado a la otrora católica Bélgica a donde está ahora. Me iría a los Países Bajos a formarme, ahora que parece que allí ya ha pasado lo peor y que están de vuelta de sus veleidades sesentayochescas y heterodoxias diversas. Me parece que el verdadero problema es que monseñor Bonny quiere sacerdotes que compartan sus ideas sobre el sexto mandamiento, mientras que, por otra parte, los que comparten sus ideas sobre el sexto mandamiento no tienen la menor intención de ordenarse sacerdotes y quedarse célibes.

En fin, veremos cómo queda el asunto, porque promete. Repito que monseñor Bonny ya no cumplirá los setenta años, así que debe darse prisa. Se le está haciendo tarde, como a mí mismo.

No hay comentarios: