Es que no es él. En realidad, la plaza está dedicada al doctor Jean-Baptiste Jourdan, que se llamaba exactamente igual que el mariscal, pero eso es lo único que tenían en común. El doctor, en realidad, era un médico y filántropo, concejal bastante tiempo en San Gillis, que hizo mucho por la atención sanitaria a los más desfavorecidos y legó buena parte de su fortuna, que debía de ser respetable, para la construcción de asilos y hospitales. A éste, sí.
La plaza Jourdan es muy diferente a la plaza Flagey. Estéticamente no hay color. Los edificios que rodean o que forman la plaza Jourdan son agradables a la vista y, lejos del panorama de tiendas que jalona los bordes de la plaza Flagey, aquí nos encontramos con todo tipo de bares y restaurantes, ninguno de ellos demasiado elitista para lo que es Bruselas. Y también nos encontramos a la friterie del lugar, que, en este caso, es probablemente el chiringuito de patatas fritas más conocido del mundo. Vale, es posible que eso no sea decir mucho, porque no me consta que los chiringuitos de patatas fritas sean conocidos en general, pero, si hay alguno del que se sepa algo, ése alguno es, fuera de toda duda, Maison Antoine, que ocupa buena parte del centro de la plaza Jourdan.
Las comparaciones serán todo lo odiosas que se quiera, pero ¡anda que no son útiles! Si nos ceñimos a las dimensiones físicas, Maison Antoine triplica o cuadruplica a Frit Flagey. Los precios son similares y la calidad es mejor que no la comparemos demasiado, porque el colesterol lo carga el diablo... y las friteries, pero seamos generosos y démosles por empatados. Las colas son mayores en Maison Antoine, básicamente porque son dos, mientras que en Frit Flagey hay una sola. El tiempo de espera en hora punta, según me parece a mí, es mayor en Frit Flagey, y el volumen de negocio, en mi opinión, es mucho mayor en Maison Antoine. Los restaurantes y cervecerías de la zona han llegado a un acuerdo de simbiosis con Maison Antoine: uno puede pedirse las patatas fritas o las fricadelle en Maison Antoine y consumirlas sentado en las cervecerías de la plaza, donde es suficiente con que se pida la bebida. Con este acuerdo, yo diría que todos salen ganando: Maison Antoine se beneficia de que puede contar con los asientos de las cervecerías como propios; las cervecerías se benefician de limitar mucho su cocina y, además, la buena fama de Maison Antoine les trae clientes, mientras que, como se sabe, donde se saca margen es en las bebidas. Y los clientes nos beneficiamos de no tener que sentarnos en medio de la plaza, como pasa en Flagey, sino de poder combinar papeo con priva en un local decente y sentados como unos señores. No será la comida más sana del mundo, desde luego que no, pero, eso sí, le saca de apuros a las tripas y, total, una vezEl público de la plaza es de lo más variopinto...
Angela Merkel pasa por ser una de las visitantes más asiduas de la plaza, en los tiempos en que pasaba por Bruselas todos los meses y se alojaba en el hotel que hay al fondo de la misma. Además, se dice que le encantaban las patatas fritas de Maison Antoine y que con cierta frecuencia se pasaba por allí, con su séquito y guardaespaldas, a apretarse una ración, supongo que regada con cerveza, aunque, siendo ella alemana, no sé si se arriesgaría a consumir cerveza belga, cabreando a sus votantes, o pediría cerveza alemana. Otra cosa es que se la pudieran servir.
Sea como fuere, aquí hay de todo. La cercanía al barrio europeo hace que abunden los residentes del mismo. El barrio europeo, con una excepción en la que no sé si entraremos, está bastante muerto fuera de las horas de oficina y los eurócratas, lobistas y otra eurofauna diversa tienen cerca la plaza Jourdan como lugar de esparcimiento, comercio y bebercio. Pero, además, aquí he visto jubilados, todo tipo de guiris, y más teniendo en cuenta que en la plaza o a dos pasos de la misma hay un restaurante griego bastante decente y uno sardo altamente recomendable. Total, que aquí se hablan todas las lenguas posibles, con el predominio del francés como lingua franca, pero seguido de cerca por el inglés.
Mis vivencias en la plaza Jourdan son relativamente numerosas. He ido a cenar bastantes veces, a comer unas cuantas, he asistido a conferencias, saraos y hasta misas en un lugar a dos pasos de la misma, e incluso un año hice de catequista en ese lugar. He probado las patatas y las salchichas de Maison Antoine, y es cierto que son una tentación para el paladar basto que me caracteriza a veces, pero, claro, uno es consciente de que, a ciertas edades, hay excesos que se pagan.
Vamos a dejar la plaza Jourdan y, en la siguiente entrega de esta serie, nos desplazaremos a otra plaza bruselense, que no sé si será la excepción marchosa del barrio europeo (eso es la tentación fácil) o algo un poco menos conocido, pero más entrañable.
Lo que sí que será, será otro día, porque hoy se hace tarde. Que no me acerque aún a la plaza Jourdan a apretarme unas patatas...

