sábado, 31 de octubre de 2026

Otoño

Por una parte, se echa de menos el calorcito de los meses pasados. Excepto unos diez días de calor verdaderamente insoportable, ha hecho un verano estupendo. Apenas ha llovido, lo cual a los locales no les gusta nada y te dicen que hay sequía a la que pasa una semana seguida sin caer nada del cielo, pero, para un español, esto es gloria bendita. Y las temperaturas han sido, en general, más altas que de costumbre, pero sin llegar a los excesos ibéricos. Algo fantástico.

Esto no podía ser eterno, claro. A este paso, acabaríamos por morir, ir al paraíso, y no nos acabaría de gustar aquello. El caso es que las temperaturas han bajado bastante y ya estamos en pleno otoño. El tiempo no es lo que ha sido, vale, pero hay que quedarse con lo bueno, y lo bueno en este tiempo son los colores que adoptan los árboles, antes de que lleguen los inevitables días de viento y se queden completamente sin hojas. Como la naturaleza es sabia, en esta época hace más viento que de costumbre, para que los árboles se quiten de enmedio las hojas muertas, y éstas nutran el suelo. Como el hombre no es tan sabio como la naturaleza, ha construido ciudades asfaltadas y adoquinadas, donde las hojas muertas se acumulan, se mojan y resbalan que da gusto. Pero es que no se puede tener todo.




Dentro de unos días todo esto habrá pasado y lo que quedará será mucho menos verde, mucho menos amarillo y mucho menos rojizo. Será básicamente marrón, signo de que tenemos el invierno a las puertas o de que ha entrado ya, pero el invierno también tiene su encanto. Si lo tenía en Moscú, con temperaturas de veinte grados bajo cero y nieve embarrada, no digamos Bruselas, donde, al menos, las condiciones son bastante mejores y el bosque está ahí al lado.

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