miércoles, 29 de julio de 2026

Habilidad forestal

Mientras España arde por los cuatro costados, quizá no vendría mal echar un vistazo a cómo se gestionan los bosques por otros andurriales, mismamente en Bélgica. Es verdad que en Bélgica no hace mucho calor prácticamente nunca y que llueve con cierta frecuencia, por lo que el riesgo de incendios es bastante menor, suponiendo que lo haya. Es también verdad, por lo tanto, que la comparación con lo que pasa aquí es por lo menos dudosa, pero nunca está de más reflexionar y tratar de buscar, no sé si una solución, pero al menos una idea alternativa, porque ahora mismo creo que no vamos a ningún sitio tal y como van las cosas, en que no hay verano en que las llamas den un mordisco importante a nuestros montes.

He oído estos días un montón de opiniones, que si el ICONA era la leche, que sí los políticos salen en la foto cuando se apagan los fuegos, pero no cuando se previenen... Un montón de ideas. Yo tengo otra más, con la misma autoridad de los que han lanzado las anteriores. Y es que no tengo muy claro cuándo empezaron a torcerse las cosas, pero sospecho que una fecha como la de 1855 quizá tenga mucho que ver. Es la llamada Desamortización de Madoz, por Pascual Madoz, ministro del gobierno progresista de entonces, y que consistió básicamente en privatizar los terrenos comunales, esto es, los pertenecientes a los ayuntamientos, de los que se aprovechaban los habitantes de los pueblos, según como decidían ellos mismos sin injerencia exterior. Los liberales son así, supongo, y más si son progresistas. Se les mete en la cabeza una cosa y que van a salir ganando a corto plazo, y adelante. Ellos son de los piensa que las cosas en los tiempos pasados se hacían siempre porque sí y para privilegio de las manos muertas, mientras que la propiedad privada mola, incluso que mola más cuanto más grande es. La propiedad comunal no mola, sólo la privada. Ya.

A corto plazo, eso sí, el tesoro público recaudó lo suyo. También a corto plazo, se creó nuevamente una clase de propietarios y terratenientes que, naturalmente, se pusieron a sacar rendimiento de su adquisición, en forma de talas para vender madera, de roturación para cultivar y todo tipo de prácticas excluyentes del uso de los demás. Porque, sí, también a corto plazo, muchos habitantes de los pueblos que llevaban una vida justita, pero aceptablemente digna, aprovechando su parte del uso que les correspondía de las tierras comunales, resultó que se vieron con una mano delante y otra detrás. La desamortización no sólo creó una clase de propietarios progresistas de izquierda, sino también una clase de proletarios, curiosamente de derecha hasta que bastantes se rebotaron, que no tuvieron otra que ponerse al servicio de los primeros.

A largo plazo, la jugada ha venido suponiendo lo que estamos viendo hoy. Primero, la despoblación y, casi como consecuencia, el decaimiento y el incendio. Nadie va a quedarse en un pueblo aislado donde va a malvivir, pudiendo ir a donde sea, y así es como se degradan las cosas. Se degradan las casas desocupadas, pero también se degradan los montes asilvestrados de los que nadie cuida porque ya no queda nadie.

En Bélgica, no hay despoblación y eso es un factor muy favorable. Es verdad que es un país con una geografía muy diferente a la española: la densidad poblacional es mucho mayor, las comunicaciones son relativamente sencillas y no hay zona del país en las que no haya cerca una población de importancia, con la posible excepción de las Ardenas. Así y todo, las Ardenas son una aglomeración poblacional insoportable comparadas con según qué lugares en España. El caso es que en Bélgica los bosques públicos y privados están cuidadísimos. Que sí, que llueve más, es cierto, pero también es verdad que los propietarios se lo curran y, cuando el propietario es público, se cuida mucho el acceso, en forma de conservación de sendas, delimitación de terrenos y limpieza y explotación de los recursos madereros como Dios manda.

El otro día, estuve paseando por el Kauwberg, que ya visitamos en otra ocasión. Releyendo aquella entrada, recuerdo que me pronunciaba por dejarlo como estaba, pero no ha sido eso lo que ha pasado. Durante los últimos años, ha habido algunas intervenciones, que no me duelen prendas en reconocer que lo han dejado mejor; todos los senderos están bien cuidados y han colocado estratégicamente vados en forma de tocones de troncos que permiten al paseante circular por allí incluso cuando la lluvia, que caerá tarde o temprano, inunde la zona y convierta los senderos en un lodazal. Las partes privadas, que las hay y lo cierto es que no les veo la menor utilidad para sus dueños, están cuidadosamente valladas, pero de manera que son permeables para la fauna local. En fin, que aquello está cuidado. Como está cuidada la gran mayoría de los espacios forestales en Bélgica. Y no, cuando voy a España a triscar por los montes, cosa que ocurre menos de lo que me gustaría, pero ocurre, no tengo la misma impresión ni mucho menos, lo cual es normal, porque en demasiadas partes de nuestro país ya no queda nadie.

Si reconocemos que la causa última de la despoblación de las nueve décimas partes del territorio español es la dichosa desamortización de Madoz (y la anterior de Mendizábal, que tuvo como víctima los bienes eclesiásticos, pero también a quienes vivían de ellos, que no eran sólo los monjes), cosa que yo creo firmemente, en algún momento habrá que dar la vuelta al calcetín y pensar en dar poder a los municipios. No sería la primera vez: los distintos gobernantes españoles de la Edad Media, con muchos menos medios que ahora, llevaron a cabo una política de repoblación que les salió bastante bien y que les llevó a tener una distribución territorial que ahora ni siquiera podemos imaginar, con bastante menos gente de la que ahora atesta las ciudades españolas y protesta porque allí la vivienda está carísima.

Es lo que se llamaba entonces conceder fueros. Una palabra que ahora está denostadísima, pero que, en su día, funcionó estupendamente. Todo es ponerse, pero no veo yo a nuestros políticos actuales por la tarea de llevar a cabo una política territorial digna de tal nombre. Yo sólo espero que no se nos haya hecho tarde, como a mí ahora, que tengo un montón de cosas que hacer.

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