lunes, 11 de mayo de 2026

Hace veinte años

Cuando releo las primeras entradas de la bitácora, una de las cosas que me sorprende es la cantidad de comentarios que aparecen en muchas de ellas, incluso cuando no la conocía casi nadie. Yo no hice jamás la menor promoción de la bitácora. Normalmente, la gente aparecía por la bitácora porque eran amigos, porque yo había dejado algún comentario en las suyas (cosa que pasaba poco, eso sí) o vaya usted a saber por qué. La gran mayoría de los comentaristas de esta bitácora siempre han sido personas educadas y respetuosas y han aportado juicios y opiniones de gran valor. Lamentablemente, ha habido excepciones, casi desde el principio, en que hubo comentaristas con la comprensión lectora algo atrofiada que se ofendieron y pensaron que me estaba metiendo con su página y azuzaron a sus lectores a morder. Su página, a la que por cosas como ésa siempre me negué a mencionar en la columna de la derecha, sigue en línea, pero lleva años sin ser actualizada, más o menos desde poco después del comienzo de la Operación Bélica Especial o como se quiera llamar esa guerra. Y es que las bitácoras y los foros, como ya ha quedado dicho más de una vez, hace tiempo que sólo sobreviven a duras penas y, en el caso que nos ocupa, se agradece el esfuerzo del administrador por no dejar caer la página y seguir pagando el dominio, pero supongo que se estaba encontrando muy desasistido.

Por lo demás, eran tiempos felices, o eso me lo parece desde la distancia. Me divertía mucho con mi familia, cosa que, fuerza es reconocerlo, ha empeorado veinte años después. Mis hijos siguen siendo razonablemente divertidos y me lo paso muy bien con ellos, pero no hay color, comparando con cómo eran con cinco años. Bueno, quizá el que he escogido no ha sido el mejor ejemplo, porque, cuando se pone, mi hija mayor sigue siendo muy ocurrente e infantil, pero no estoy seguro de que a su edad sea ésa una evolución positiva.

Moscú era una ciudad muy interesante, en la que yo no paraba de descubrir cosas. Supongo que lo sigue siendo, pero, claro, hace doce años que no paso por allí y es poco probable que vuelva en un futuro próximo, mientras no haya vuelos directos y las cosas sigan tan complicadas como ahora mismo. Es una lástima, porque, para un economista, el hecho de encontrarse en una economía de guerra es un caso interesantísimo desde el punto de vista académico, además de que estoy seguro de que habría situaciones tan desmesuradas como las que ha habido por allí desde siempre.

Además, el hecho de escribir las entradas en la bitácora y de andar siempre ojo avizor para apuntar temas posibles me ayudo enormemente a la hora de aprender. Una cosa lleva a la otra y, cuando se quiere escribir una entrada, en muchas ocasiones tocaba ordenar los pensamientos de uno, cosa siempre útil, y en otras ocasiones correspondía, simplemente, investigar asuntos que ignoraba, cosa que, también, tiene una utilidad indudable. Todavía hoy, cuando converso con algún ruso, me miran un poco raro, como preguntándose cómo narices sé tantas cosas de la cultura rusa.

La verdad es que hay muchas cosas que echo de menos de aquellos tiempos. Llegado a la edad actual y a una situación más estable, la incertidumbre es menor y, aunque conservo ciertas ganas de liarla, no tiene nada que ver con las que tenía entonces. Me sigo apuntando a un bombardeo, no todos los cuales son confesables en una bitácora que se sigue preciando de respetar escrupulosamente el anonimato de quienes participan en ella, pero los bombardeos de Rusia, en sentido figurado, eran más divertidos. Por desgracia, en sentido estricto Rusia sabe mucho de bombardeos y últimamente lo está demostrando con creces. Pero eso es otra guerra. Literalmente.

La bitácora fue creciendo en visitas, para mi sorpresa, porque el objetivo de la misma nunca fue realmente tenerla, sino dar cauce a mis inquietudes redaccionales y, si acaso, levantar la mano y dar un acceso a mi vida a algunos conocidos que se comunicaban por este medio. También para mi sorpresa, salieron algunas entradas realmente chulas y algunas series de divulgación histórica (como ésta, pero hay más) que me tuvieron ocupado algún verano y en las que aprendí mucho).

Seguiré escribiendo este mes, si no hay temas más acuciantes, sobre lo que ha sido para mí mantener esta bitácora y sobre qué sucedía en aquellos primeros tiempos, pero para eso tendré que explicar un poco cómo era el modo de vida de una bitácora que sacaba, a lo largo de sus seis primeros años, tres entradas semanales con disciplina prácticamente prusiana. Pero eso será más adelante, porque hoy se hace tarde.

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