martes, 2 de febrero de 2010

La grapadora ( y II)

- Buenas, ¿el agente de aduanas?
- Sí, dígame.
- Me llamo Alfor. Vengo de Zóns Ra, y resulta que nos han enviado un telegrama desde aquí. Parece que un ordenador que teníamos que recibir ha sido retenido como carga aduanera.
- Sí, les estábamos esperando.

"Creo que sabían que vendría. También podían haber enviado el telegrama antes del jueves por la tarde."

- Bueno, pues supongo que tenemos que hacer una declaración de importación, ¿no?
- Sí, así es, pero hay un problema.
- Claro, no faltaría más ¿Sólo hay uno? Entonces vamos bastante bien. A ver, ¿cuál es el problema?
- En la factura que nos ha enviado el remitente figura un ordenador.
- Bien, creo que es precisamente lo que queremos recibir.
- Pero el ordenador tiene una funda, una bolsa. Lo descubrió el aduanero al abrir la carga.
- Entiendo.
- Y, claro, la bolsa del ordenador y el ordenador son cosas distintas.
- Como el aceite y el agua. Tiene usted toda la razón.
- Tendremos que pedir que nos envíen una nueva factura desde el destinatario, porque si no la aduana podría elevar una acusación por tentativa de contrabando.
- No lo permita Dios. Pero, claro, obtener una factura a estas horas va a ser un poquito complicado ¿No cree usted que lo podríamos arreglar con una declaración en papel moneda?
- Bueno, yo creo que el aduanero tendrá en cuenta que no ha habido mala intención.

Meditación breve por parte del agente.

- Entonces, sí que podríamos poner la bolsa del ordenador y el ordenador en la misma declaración de importación.
- Estupendo.
- Claro que hay otra cosita. Poco importante, claro, pero es que el aduanero inspeccionó la carga muy bien.
- Es su obligación, claro. No seré yo quien se lo reproche.
- Y es que, dentro de la bolsa del ordenador, no sólo estaba el ordenador. Había algo más.
- ¿Algo más? ¿Y es...?
- Una grapadora.

Naturalmente ¡Cómo no iba a suponerlo! El tipo de logística de servicios centrales, siempre tan solícito. Como en Rusia estamos en la Edad Media y no conocemos los adelantos de la técnica, decide enviarnos un aparato sofisticado para que podamos unir papeles entre sí sin coserlos con aguja e hilo. Jo. Y encima el tío pensará que es un bienhechor de la humanidad, una ONG individual.

El muy capullo pensará que nos está haciendo un favor. Ellos, que nadan en la abundancia, renuncian a una de sus grapadoras para que nos montemos una orgía haciendo piercings a los papeles.

- Una grapadora, ¿eh?
- Sí. Y, claro, a lo mejor el aduanero no dice nada y la deja pasar, pero a lo mejor no le gusta la idea y decide no dejar pasar la carga.

Vamos, ya es que ni pregunté si la grapadora estaba en la factura.

- Quizá la podamos ncluir también en la declaración.
- Bueno, bueno, nos arriesgaremos ¿Qué valor le ponemos?
- Puf, tendría que verla. Venga, cinco euros, supongamos que es una grapadora de lujo.
- Bueno, pues la metemos.

La secretaria se puso a redactar en el ordenador con la agilidad de quien hace eso todos los días varias veces.

- Hay algo más.
- ¿Pero no había sólo un problema?
- Bueno, es uno, pero se repite.
- A ver, ¿qué más hay?
- Además de la grapadora, en la bolsa había grapas. Una caja de grapas.
- Parece normal.

Evidentemente, el de la ONG "Servicios Centales sin fronteras" pensaría que los primitivos habitantes de la oficina rusa no podrían utilizar el artilugio-para-unir-páginas-sin-coserlas así como así, y que hacía falta algo más. Claro. Y es que en Moscú seguro que no hay grapas. Pues nada, le metemos unas cuantas y a correr. Seguro que echó unas cuantas lagrimitas pensando lo bueno que era.

- Sí, claro, pero es que es lo mismo que antes. La bolsa del ordenador no es el ordenador, y la caja de grapas no es la grapadora.
- Tiene toda la razón.
- Fíjese, son grapas marca "El Casco".
- Qué bonitas.
- ¿Las metemos en la declaración?
- Sí. No quiero que me acusen de contrabando de grapas.
- Bueno, pero es que hay un problema.
- Éste es nuevo, ¿no?
- Verá, es que ya no me caben tantas cosas en el formulario de declaración, y tengo que usar otro.
- ¿Sólo para las grapas marca "El Casco"?
- Sí, usted pensará que es un poco tonto, pero es que no cabe. Mire, mire...
- Sí, la verdad es que ya se sale del recuadro.
- ¿Qué hago?
- Bueno, pues usar otro formulario.
- Es que le tengo que cobrar treinta dólares.
- Mmmm... bueno, sólo es unas cien veces el valor de las grapas, aunque sean marca "El Casco". Adelante.
- A ver, escribo... y una caja de grapas marca "El Casco". Vale, ya está, ya podemos ir a la aduana.
- Adelante.
- Bueno, ya sabe usted que habrá otro problema.
- El del viernes, ¿verdad?
- Ya sabe usted que la aduana cierra a las dos, ¿verdad?
- Sí, señor, yo aquí sólo vengo en viernes.
- Y que si se usan los servicios aduaneros después de la hora de cierre, hay que pagar una tasa doble. Lo sabe, ¿no?
- Como dos y dos son cuatro.
- Pues ande, si ya lo sabe, vamos. Da gusto tratar con usted. Otros extranjeros no conocen esto y van muy perdidos. No sabe usted con qué gente tenemos que tratar en ocasiones.
- Me hago cargo, me hago cargo...

Al lunes siguiente, el ordenador estaba en la mesa del jefe.

- Jefe.
- ¿Sí, Alfor?
- Con su permiso, después de lo de la aduana del viernes, me he quedado con una grapadora y una caja de grapas de recuerdo.
- ¿Por qué?
- Es que son marca "El Casco".

viernes, 29 de enero de 2010

La grapadora (I)

Viernes, nueve y media de la mañana (hace algunos años ya). Sede central de Zóns Ra, entidad intergaláctica radicada en Moscú y cuyo objeto social consiste en invadir la Tierra Media con productos extramedioterrestres.

- Alfor...
- ¿Sí, jefe?
- Tenemos un problema.
- ¿Yo también?
- Tiene usted que ir a la aduana de Bútovo.
- ¿Ésa que está lejos, lejos, lejos...?
- No sé...
- ¿Y allí qué hago?
- Nos han enviado un ordenador portátil desde el extranjero.
- Eso es bueno, ¿no?
- Sí.
- Pues esperemos.
- No. La aduana ha dicho que no lo saca. Mire este telegrama.
- A ver... aduana de Bútovo... ordenador... carga aduanera... despacho interrumpido... sí, jefe, parece que no lo sacan de allí.
- Pues podría ir usted a sacarlo.
- Pero si yo...
- Es que es usted el que sabe de estas cosas.
- "Estas cosas" siempre pasan en viernes, ¿verdad?
- ¿Ah, sí?
- Bueeeeeeno... voy p'allá. Deme el albarán, la factura proforma, el telegrama, un sello redondo, un montón de papeles con membrete y júreme que tengo carta blanca hasta para vender su alma al diablo.
- ¿Al diablo?
- Déjelo, déjelo.

* * *

Dos horas de atasco después. Aduana de Bútovo. Edificio administrativo.

- Hola.

Silencio.

- Hoooooola.

Levantamiento de cabeza, lento, por parte de un tipo vestido de verde con una gorra descomunal.

- Hola.
- Soy Alfor von Buchweizen, y vengo de Zóns Ra a recoger un ordenador portátil que nos han enviado desde nuestra sede intergaláctica.
- ¿Y a mí qué?
- Que me han dicho que está aquí.
- ¿Quién se lo ha dicho?
- Lo pone en este telegrama que nos han enviado ustedes.
- A ver, deme. Pfff, pfff, pfff, vaya a hablar con el subjefe del puesto, en el despacho 414.
- ¿Por dónde se va?

Silencio.

- Eeeeeeh... que por dónde se va.
- Salga por esa puerta y pregunte en información ¡Yo qué sé!

* * *

Despacho 414. Puesto aduanero de Bútovo. Viernes, doce menos cuarto de la mañana. Golpecitos en la puerta. Toc, toc.

Silencio.

Toc, toc.

Más silencio.

Abro la puerta un poco, lo justo para asomar la cabeza. Hay un tipo vestido de verde detrás de una mesa, leyendo el periódico.

- Hola.

Nada.

- ¡HOLA!

Ahora sí. La cabeza del tipo se levanta del periódico.

- ¿Qué quiere?
- Vengo de Zóns Ra a recoger una carga que nos ha llegado. Nos han enviado este telegrama.
- Ya.
- ¿Qué hago?

Encogimiento de hombros.

- ¿Esto qué es?
- Un ordenador.
- ¿Un ordenador?
- Portátil.
- Pues está bajo control aduanero.
- ¿Sí?
- Vaya a ver al agente de aduanas y haga una declaración.
- ¿Le sirve una carta oficial con el membrete de Zóns Ra?
- Si no la imprime en papel higiénico, no me sirve.
- Vaaaale, ya me voy.

* * *

Puerta del despacho del agente de aduanas de Bútovo. Viernes. Siempre viernes.

(continuará)

miércoles, 27 de enero de 2010

Divertimento matemático-aduanero

La aduana rusa requiere una exactitud y perfección encomiables, a veces lejos de las posibilidades del común de los mortales. En los comentarios a la última entrada se citaba un caso en que un envío por DHL no llegaba a su destino. Es un caso común. DHL España y DHL Rusia son dos mundos distintos: los primeros no paran de tomar envíos prometiendo que los entregarán, y los segundos no paran de encogerse de hombros y de echar las culpas de no entregarlos a la aduana.

Y digo yo, ¿no será posible formalizar matemáticamente un poquito este desenfreno? Voy a intentarlo.

Rusia es un país con una buena dosis oriental, y ya se sabe que en Oriente los números tienen una simbología especial. Los números que simbolizan la perfección son el 3 (como la Santísima Trinidad) y el 7 (como los siete sacramentos, los siete sabios de Grecia, o las siete maravillas del mundo). La imperfección, en cambio, la simboliza el 6, un intento fallido de llegar a la perfección, que es el 7. Creo que todos sabemos que el famoso número 666, el de la Bestia, es un triple intento (fallido), por llegar a la perfección.

El número fatídico, obviamente, es el 13 desde que ése fue el número de los comensales en la Última Cena. Y tenemos otro número que podemos utilizar, que es el 40. El 40 simboliza un largo tiempo de paciencia, como los cuarenta años de travesía del desierto del pueblo elegido, los cuarenta días de ayuno de Jesucristo, o la propia Cuaresma. Un tiempo laaaaaargo.

Imaginemos que un procedimiento aduanero ruso es una ecuación matemática, y sea ésta ecuación la siguiente:

x2 = 9

Las soluciones son, naturalmente, 3 y -3, pero obviemos en este ejercicio las soluciones negativas, que no tienen sentido. Tres, pues, el número perfecto. Hay que ser perfectos para llevar a buen término el procedimiento aduanero.

¿Y si no lo somos? ¿Y si, por ejemplo, encomendamos nuestro envío a, por ejemplo, DHL España, que sabe de las aduanas rusas tanto como yo de las nigerianas? Eso es un error fatídico (es decir, un trece) que pone de su parte el remitente en su parte de la ecuación, la izquierda. Y, como lo pone de su parte, le ponemos un signo de más.

x2 + 13 = 9

y, por tanto:

x2 = 9 - 13 , o sea: x2 = - 4

¿Qué solución tiene el problema después del error? Claro, la solución es, como todos los que hemos currado con números complejos sabemos, 2i. Pero hay un problema, y es que esa solución no es real. Es una solución puramente imaginaria, y no esperéis en las aduanas ninguna imaginación, ni simpatía, ni nada.

Entonces, ¿qué hacemos?

Hay dos soluciones posibles. La primera es echarle paciencia, paciencia y paciencia y aguantar un tiempo largo, devolviendo el envío a su origen o haciendo complicadas operaciones de cambio de régimen aduanero mientras a los aduaneros les da la risa. Como ya sabemos, el tiempo largo lo simbolizamos con el número 40 y representa una pérdida (con signo negativo, pues), para el remitente. Así pues:

x2 - 40 = - 4

Por tanto:

x2 = 36

¡Ajá! Aquí sí hay solución, y es 6. Peeeeeero, como ya hemos visto, el 6 simboliza la imperfección. Y así es: para cuando hayamos terminado el procedimiento aduanero, el destinatario ni se acordará de que tenía que recibir un envío de nuestra parte. Eso sin contar las tarifas de almacenaje, que son como para mear y no echar gota.

¿No hay otra solución? Pues seguramente sí. Como en otras ocasiones hemos visto, una "generosa contribución" al bienestar personal del aduanero encargado de nuestro caso puede hacer milagros. La contribución debe ser la cantidad perfecta ¿Y cómo la simbolizamos? Pues con nuestros números perfectos. Nuestro primer número perfecto es 3 (vaya, el que hubiera sido la solución al principio), pero, si lo utilizamos en la ecuación, nos queda:

x2 - 3 = - 4

Ponemos el signo negativo porque, claro, para nosotros la "contribución generosa" significa un desembolso. Pero parece que va a haber que desembolsar más, porque:

=> x2 = - 1

y, por tanto:

x = i

Peeeero i sigue siendo una solución puramente imaginaria. No es real.

Vamos a desembolsar algo más. A ver si sirve nuestro segundo número perfecto, el 7. Ojo: ya es más caro que la primera solución.

x2 - 7 = - 4

y así:

x2 = 3

Y, por fin, tenemos solución: . Es cierto que se trata de una solución irracional.

Pero, al menos, es real.

Moraleja: En vuestras relaciones con la aduana, sed perfectos y no os equivoquéis ni en una coma.

De lo contrario, podéis acabar haciendo el número.

lunes, 25 de enero de 2010

Aduanas

Las aduanas rusas son el quebradero de cabeza más frecuente de quienes, por hache o por be, desempeñan su profesión o ejercen actividades en Rusia. Ese guardían de la frontera, ese cancerbero de lo eslavo, siempre está dispuesto a sorprendernos con nuevos requisitos, con trámites inesperados, con travesuras a cual más juguetona.

El Servicio Federal de Aduanas es el organismo que se encarga de mantenernos entretenidos a sus seguidores. Este organismo, y en particular su departamento jurídico, no pierde ripio de lo que cuece en los escalones superiores del poder, pero parece tener una manera particular de ver las cosas. El procedimiento funciona, o aparentemente funciona, de la manera que sigue:

1. Un organismo gubernamental con competencia para ello aprueba algo. Lo que sea.

2. El Servicio Federal de Aduanas, nunca suficientemente ponderado, podría decir durante la tramitación las consecuencias que tiene la aprobación de ese "algo". Pero, en lugar de decir algo en voz alta y recia, parece que lo dice por lo bajinis, y como frontándose las manos pensando en el jaleo que se va a montar.

3. Justo antes de que ese "algo" entre en vigor, el Servicio Federal de Aduanas lanza su munición de golpe en forma de tropecientas órdenes de desarrollo de eso que va comenzar a aplicarse. Como resultado de esas órdenes, los oficiales de los distintos puestos de aduana se llevan las manos a la cabeza, comienzan a estudiarlas, y todo se para unos días.

4. Se me olvidaba decir que la fecha favorita del Servicio Federal de Aduanas para que entren en vigor sus circulares es el 1 de enero. El 1 de enero las sorpresas son mucho mayores y la diversión no tiene límites y, por si fuera poco, los siguientes diez días son festivos, con los que puedes tomar las de Villadiego y no dar ninguna explicación hasta que la gente haya vuelto. Además, el 1 de enero sueles pillar a todo el mundo con la guardia baja: ha terminado el año, se ha cerrado el ejercicio, y mucha gente respira aliviada pensando en los días de asueto que te puedes pillar.

5. Entonces, ¡zas!, es el momento ideal para que el Servicio Federal de Aduanas haga una de las suyas. Si no estás en el ajo, resulta muy divertido. Cuando lo estás, se te queda una sensación de impotencia del quince, pero, claro, si no tienes sentido del humor y no te ríes con la broma, pues no haber venido.

6. La peña se da cuenta el 11 de enero, o así, de que algo pasa en frontera y de que los teléfonos móviles, por poner un caso actual, se están poniendo por las nubes porque todo lo que iba a entrar está detenido en los puestos fronterizos. Entonces pone el grito en el cielo, mientras el Servicio Federal de Aduanas pasa por el lado silbando y, como mucho, dice que eso ya se veía venir, que la normativa lleva diez días en vigor y que ellos sólo cumplen la normativa superior que tienen que aplicar.

Este año, la sorpresa del 1 de enero ha sido la unión aduanera entre Rusia, Bielorrusia y Kazajstán. Se suponía que ello podría simplificar las cosas, al haber un arancel único, entre otras cosas, pero, como sabemos los que llevamos aquí algún tiempo, no merece la pena simplificar las cosas, pudiendo complicarlas.

En este guirigay indescriptible, que no hay quien entienda, a alguien se le ha ocurrido que no sabe mucho de aduanas y que estaría bien que alguien le instruyera (bueno, a él y a los compañeros de trabajo que lo deseen, menos mal). Y aquí se produce un error fundamental por mi parte. Bueno, últimamente estoy atravesando una racha calamitosa y estoy metiendo la pata a diario, pero, con mi experiencia, en cuanto salió la idea de que alguien diera una charla sobre aduanas, debí haber dicho que a mí también me hacía muchísima falta y que yo también quería asistir.

Pero no lo dije.

M**rd*.

Bueno, tengo tres días para preparar algo.

viernes, 22 de enero de 2010

Plataforma per Moscou

En España están de juerga con el empadronamiento de los inmigrantes irregulares, o ilegales, o como se les quiera llamar. El Ayuntamiento de Vich, antiquísimo municipio catalán, ha decidido dejar de empadronar a los inmigrantes ilegales que se le presenten, supongo que pidiéndoles presentar un visado a la hora de tramitarles el empadronamiento. La cosa es chunga, porque el certificado de empadronamiento es un documento que da acceso a cosas bastante importantes, por ejemplo a la escolaridad de los hijos, o a la universal sanidad española.

En España, empadronarse es algo bastante facilón. Yo mismo lo hice hace unos días, porque, ya que el Ayuntamiento de Valencia se empeña en retenerme en su padrón, al menos que me tuviera registrado en mi piso, y no en el de mis padres, que ya tengo edad de irme de su casa. Con el DNI y el último recibo de la luz, que además el funcionario encargado vio muy por encima, y en dos minutos, asunto arreglado. La víspera había estado allí y me había encontrado con una larga cola en la que me daba reparo hablar en castellano, porque no estaba seguro de que me entendieran. En Vich, por lo visto, se han propuesto reducir drásticamente el tamaño de la cola.

La cosa ha salido a la luz, supongo, por el morbo que da que la principal fuerza de la oposición en Vich sea un partido supuestamente ultraderechista llamado Plataforma per Catalunya y liderado por Josep Anglada, vicense de pro y que, al parecer, venía reclamando dicha medida desde hacía tiempo. Ni que decir tiene que casi todo quisqui bienpensante en España se ha tirado a la yugular del Ayuntamiento de Vich, con el resultado de que la propaganda que le han hecho a Plataforma per Catalunya y a su líder Anglada es fenomenal. Vamos a ver qué pasa en las próximas elecciones catalanas, que vienen dentro de poco.

La cosa me ha llamado la atención, porque, al lado de Moscú, Vich es un paraíso de integración multicultural, su alcalde un hermanito de la caridad y el propio Josep Anglada un peligroso izquierdista que no pone puertas a la dilución de la personalidad ciudadana en medio de un mar de recién llegados.

Para empadronarse en Moscú, amigos, y obtener la ansiada propiska, que da derecho a vivir en la capital rusa, hay que pasar tal laberinto de Creta que ríete del Minotauro. Desde luego, si eres inmigrante ilegal y, cándido de ti, te presentas a inscribirte, no es que no te vayan a empadronar, eso desde luego, es que desde el padrón avisan directamente a la policía para que te entrullen como paso previo a ponerte de patitas en la frontera. Para empadronarte necesitas un visado, sí, pero no uno cualquiera, sino uno que, en la práctica, es insólito que te concedan y que implica que tengas a la gente de los servicios secretos colgada de ti para ver de qué pie cojeas. Y, como hemos podido comprobar, cuando un comunista o ex-comunista insiste en saber de qué pie cojeas, suele ser para darte la zancadilla en ese pie.

Es más. En Vich, hasta hoy, nadie está planteando negar el empadronamiento a los españoles, ni a los extranjeros que hayan entrado legalmente en España (que los hay, y en abundancia). En Moscú, durante muchísimo tiempo, y aún quedan residuos, un ruso no moscovita, salvo enchufe mayúsculo, tampoco podía empadronarse por aquí. Durante el período bolchevique, directamente no le dejaban entrar salvo con una especie de salvoconducto, y luego le exigían la propiedad o alquiler de una vivienda (durante el comunismo, obviamente, lo de la propiedad de una vivienda no era ni planteable). Los que llevamos años por aquí sabemos que la práctica totalidad de las viviendas moscovitas que se alquilan son de estranjis total y que un contrato de alquiler registrado y con un sello oficial es una rareza de coleccionista. Con lo que, incluso para un ruso, permanecer legalmente en Moscú era, y es, una empresa complicadísima.

Así que, si puede ser, molaría traer por aquí al consistorio municipal de Vich al completo, aunque sea tras las próximas elecciones municipales y para entonces el alcalde ya sea Anglada. Si les dejáramos unos meses al cargo de las operaciones y aplican los principios que quieren poner en práctica en Vich, aquí mucha gente iba a respirar aliviada.

miércoles, 20 de enero de 2010

Visiones de la historia

El mes pasado, en mi última visita al museo Pushkin, ya comentada en su día por aquí, tuve la gran suerte de coincidir con una exposición temática sobre cuadros históricos del siglo XIX. Como la mayoría de los lectores de esta bitácora habrán sosechado, el arte me gusta, y la historia casi más todavía, así que no perdí ripio de la misma. La muestra era muy buena, e incluía, por ejemplo, el famoso de cuadro de Marat fiambre en su bañera, por David, además de una importante muestra de autores franceses, ingleses y también de algún ruso, de quienes tocará hablar en otra ocasión (Vaznetsov y Nesterov, dos fueras de serie, sobre todo el segundo).

De españoles había cuatro pequeños grabados de Goya, de la serie de los desastres de la guerra, que no sé yo muy bien si llamar históricos, y menos en el tiempo en que fueron dibujados. El de Marat recién difunto no era histórico cuando apareció, vale, porque David, que era amigo del finado, tomó unos apuntes allí mismo, en el lugar del suceso, con lo que más es un grabado periodístico que otra cosa, pero yo creo que David sí tenía la intención de que aquello que pintaba fuera a pasar a la historia, mientras que de Goya no veo tan clara la intención.

Las dos señoras que observan el cuadro y que aparecen en la fotografía de arriba son las últimas que pude observar. En Moscú, quizá más que en otras ciudades, hay toda una legión de seguidores de la cultura atentos a los acontecimientos que se desarrollan en la ciudad, y hay que incidir en que en Moscú hay muchos más eventos culturales que grados bajo cero. Que ya es decir. La diferencia con otras ciudades europeas es que, además, asistir a los eventos culturales en Moscú suele ser muy barato, en particular para los pensionistas, mientras que en otros sitios puede ser caro. La semana pasada, forzado por las circunstancias y el penoso tiempo que hacía, estuve un par de veces en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en Valencia, y visitarla con frecuencia no es algo que esté al alcance de todos los bolsillos. Eso sí, también vi la exposición de Sorolla y ésa era gratis, y lo hubiera sido del todo si hubiéramos logrado esquivar la tienda que había a la salida. Como no lo conseguimos, salimos de allí con un buen puñado de euros menos...

En Moscú, en cambio, un pensionista puede pasarse el día yendo de museos sin más limitaciones que la que le imponga su físico, e incluso pararse ante cuadros como el que estaban observando las señoras y que aquí debajo viene reproducido.



- Mira, mira, Ira (Irina, para las amigas), qué cuadro más horrible.
- ¿Qué es?
- Vamos a leer lo que pone abajo.
- ¡Oh! A esos dos señores les han cortado la cabeza.
- ¿La cabeza? ¿Y por qué?
- Seguro que hicieron algo malo.
- Aquí pone que al matarlos comenzó la revolución en los Países Bajos.
- Los Países Bajos... ¿Una revolución?
- Hablan de intolerancia religiosa.
- Mira, Ira, es interesante, pero es muy feo. Vamos a ver un cuadro más bonito. Venga...

Las dos señoras se fueron a ver la siguiente obra, dejando atrás el cuadro de Louis Gallait, Últimos honores a los restos de los condes Egmont y Hoorn. Sobre la decapitación de estas dos personas en Bruselas creo que ya escribí de cuando estuve por allí por... penúltima vez. El duque de Alba, que era el gobernador español de los Países Bajos en nombre de Felipe II, estaba un tanto nerviosillo con los rebeldes protestantes y, probablemente, con el lluvioso tiempo de por allí. El caso es que Egmont y Hoorn no erán precisamente rebeldes protestantes, sino católicos, y que el conde de Egmont había tenido una participación muy destacada del lado español en la batallas de San Quintín y, sobre todo, de Gravelinas, donde contribuyó a destrozar metódicamente a los franceses, así que cargárselos fuera seguramente algo muy exagerado. Pero vamos, después de las vacaciones lluviosas que me ha tocado soportar, la verdad es que yo mismo hubiera podido cometer cualquier barbaridad. Quizá no ésa, vale, pero alguna barbaridad seguro que sí.

lunes, 18 de enero de 2010

Los Reyes de Ame (y IV): Los regalos

Nunca he visto llegar los Reyes a casa, pero es seguro que llegan, porque se comen la comida, se beben el agua (este año les dejamos horchata, que mis papás dijeron que les gusta más) y cierran mal la puerta del balcón. Qué patosos. Por la mañana, Abi y Ro se levantan, miran si hay regalos, me despiertan y luego despiertan a los papás, que siempre son los últimos en levantarse. El día de Reyes parece que están un poco más vagos y cansados que de costumbre, y eso es muy raro, porque a ellos también les traen regalos y yo pensaba que estarían interesados en abrirlos.

Los papás siempre están cansados, así que se sientan en el sofá del salón y Abi, Ro y yo vamos repartiendo los regalos ¡A mí me trajeron el emepetrés que había pedido! Bueno, me trajeron un emepecuatro, y además una mochila muy chula de Rayo MacQueen.

En casa, los Reyes siempre dejan también regalos para mis abuelitos, que son los papás de mi papá, y para mis tíos, que son los hermanos de mi papá y que son muy altos, así que no podemos quedarnos a jugar con nuestros regalos, sino que hemos de ir a casa de los abuelitos a llevarles sus regalos. Pero está muy bien, porque en casa de los abuelitos los Reyes también nos dejan siempre regalos a nosotros. Lo raro es que a ellos no les dejan en su propia casa. Yo creo que eso es porque los Reyes no son tan sabios como dice mi papá, porque trabajarían menos si dejaran todos los regalos en una casa, por ejemplo en la nuestra, y luego nosotros ya se los daríamos a cada uno. Pero bueno, siempre lo han hecho así, por lo que supongo que tienen el plan hecho y no les es cómodo cambiarlo.

Los abuelitos son muy mayores, están bastante malitos y se ponen muy contentos cuando llegamos. Seguro que por eso los Reyes nos dejan sus regalos en nuestra casa, para que tengamos que ir. Enseguida llegaron mis tíos y dijeron que en su casa habían dejado regalos para nosotros. Mis tíos no tienen hijos. Esto es malo, porque si los tuvieran tendríamos primitos para jugar con ellos cuando estamos en Valencia, pero también es bueno, porque así todos los regalos de los Reyes son para nosotros, y si tuvieran hijos tendríamos que compartirlos.

A mí me trajeron un transformer enorme y un arma letal que dispara cohetes de plástico, y yo me puse muy contento. Le pregunté a mi papá cómo sabían los Reyes que a mí me gustan más que nada los transformers. Mi papá me dijo que ya me había dicho muchas veces que los Reyes eran sabios. Sí que son sabios, sí. Incluso si no les escribes, saben lo que te gusta que les regales. Qué cosas.

La lástima fue que un par de días después, no sé muy bien cómo, apareció el emepecuatro dentro de la lavadora y desde entonces ya no va bien, pero lo puedo usar como si fuera un teléfono móvil de juguete. Mi papá se puso más triste que yo cuando se estropeó el emepecuatro, se tapó la cara con las manos y comenzó a girar la cabeza, que es lo que hace cuando algo no va bien. A mí no me importó mucho. Yo creo que el año que viene pediré otro.