Los obispos son esos señores de la foto, que he sacado de Cathobel.be, que pone como titular de la misma a Tommy Scholtes, sacerdote jesuita que supongo que es el que la sacó, porque no es obispo, pero como si lo fuera, porque es el portavoz de la conferencia episcopal desde hace la pila de años. No me voy a meter con la forma de vestir de los obispos belgas de la actualidad, así que me limitaré a señalar que, si el cardenal Mercier, o cualquier obispo de hace más de cincuenta años, levantara la cabeza, le iba a dar un papatús acto seguido. Monseñor Bonny, que es el obispo más relevante de los que aparecen por aquí (y no tardará en volver a aparecer, casi puedo prometerlo), es el de la izquierda de la foto. El primado, el arzobispo de Malinas y Bruselas, monseñor Terlinden, ordinario del lugar donde resido, es el señor alto del centro. El que va con traje y corbata es Bruno Spriet, que está casado y tiene dos hijos, por lo que, al menos de momento, ya podemos deducir que no es obispo, ni tampoco presbítero, sino que es laico, pero, por lo que sea, fue nombrado hace un par de años secretario general de la Conferencia Episcopal Belga y ahí lo tenemos, posando con todos los demás. Lo de nombrar laicos para puestos que deberían ser de sacerdotes es una práctica que va arraigando en Bélgica, así que otro día me pondré con eso. Hay que ver el trabajo que me dan...
La noticia de portada que he visto en Cathobel tiene su miga, no lo dudemos: los obispos belgas piden una solución rápida para los estudiantes de Gaza. Resulta que trece (precisamente trece) estudiantes de Gaza han sido seleccionados para hacer un curso, o investigar, porque la cosa no está clara, becados en distintas universidades belgas. Ahora bien, para poder recoger su visado tienen que personarse en una representación diplomática belga, para que les vean la jeta, vamos. Lo de desplazarse desde Gaza a Jerusalén o Beirut no parece sencillo en estos días, así que esos estudiantes llevan algún tiempo en el limbo, categoría teológica donde las haya. Quizá sea eso lo que ha llevado a intervenir a los obispos, no sé.
Cuando los españoles leemos la palabra 'estudiante', pensamos en un jovenzuelo ocupado en sus estudios y su formación y que, una vez se gradúe, ya pensará en formar una familia y esas cosas de las que se ocupa la gente mayor. En Gaza, se ve que no: estos trece estudiantes son cabezas de familia y tienen la intención de desplazarse a Bélgica con sus respectivas esposas (no dicen cuántas) y su prole. Yo no sé mucho de la calidad académica de las universidades palestinas, pero me da la impresión de que difícilmente van a superar la décima parte del nivel de una universidad belga, por lo que me resulta complicado evaluar qué interés tiene para las universidades receptoras que te lleguen estos becarios o investigadores.
Y aquí entran las virtudes o defectos de los gobiernos de coalición belgas. El ministro de Asuntos Exteriores, que es el que concede los visados, es de 'Les Engagés', o Comprometidos, el antiguo partido demócrata-cristiano que ha dejado de ser lo segundo, y no ha tenido inconveniente en dar el visado a todo ese grupo. Pero, oh, la ministra de Asilo y Migración es de la Alianza Neoflamenca y ha dicho que ni hablar, a ver cómo vamos a hacer volver a todos esos dentro de unos meses, cuando se les termine la beca. Y así llevan meses discutiendo entre los buenistas comprometidos y los malistas sin comprometer, porque la Alianza Neoflamenca, además de que, de por sí, es un partido flamenco identitario y nacionalista, tiene pisándole los talones a Vlaams Belang, que no quiere ni oír hablar de emigrantes, refugiados, asilados, no ya palestinos, sino valones. Es más, ni siquiera quiere oír hablar de Bélgica.
Entre estos trece pollos no debe haber ni una sola mujer (porque los medios lo habrían destacado inmediatamente), ni tampoco un solo cristiano (por la misma razón), así que son todos hombres y musulmanes, pero los obispos belgas han escrito una carta a los dos ministros implicados pidiendo diálogo y una solución rápida (que sea decirles que sí, claro).
Bélgica tiene una iglesia católica agonizante, no hay prácticamente vocaciones, el gobierno legisla alegremente contra los principios morales más básicos, el aborto y la eutanasia campan por sus respetos, tienes un terreno para evangelizar que da vértigo... y tú te ocupas en reunirte con tus colegas y en enviar una carta a dos ministros, espero que al menos en papel suave de cuatro capas, para que trece musulmanes con sus familias puedan entrar en Bélgica.
Poco nos pasa.
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