domingo, 31 de mayo de 2026

Capillas aeroportuarias

Para terminar este mes del vigésimo aniversario de esta bitácora, creo que habría que referirse a las series, o etiquetas, más habituales de las mismas. Dejo aparte todas las referidas a la Historia, que los lectores ya habrán advertido que me apasiona, y paso a dos que son especialmente características de este espacio. Una de ellas es "aviones y aeropuertos", cosa lógica. Muy a mi pesar, porque yo soy de naturaleza sedentaria y poco propicio a los viajes largos, la vida me ha llevado de aquí para allá con más frecuencia de la que me hubiera gustado, así que me ha tocado visitar muchos aeropuertos y otras edificaciones que se llaman así, pero que más bien son terminales de transporte de ganado, como el aeropuerto de Charleroi. En estos sitios pasan cosas bastante rutinarias, de acuerdo, aunque a veces también hay acontecimientos reseñables, cosa que esta bitácora ha señalado con puntualidad.

Otra de las series habituales de esta bitácora es "religión". A estas alturas no debe ser ningún misterio para lector alguno que el autor de estas líneas es católico (todo lo bueno que puede y con un gran margen de mejora, pero católico al fin) y que esta bitácora se ha escrito es lugares bastante hostiles al catolicismo. En realidad, hoy hay muchísimos lugares hostiles al catolicismo, incluso en lugares que otrora eran la quintaesencia de la fe, así que eso no es tan extraño. Eso sí, como lugar hostil al catolicismo, probablemente Rusia sea uno de los líderes mundiales. La historia reciente nos dice que Rusia, en su versión soviética, ha sido un régimen directamente beligerante contra la religión en general y el cristianismo en particular; si nos vamos más atrás, o al momento actual, el cristianismo ortodoxo más anticatólico está en el machito y las llamadas al ecumenismo o, al menos, a llevarnos bien, son como un eco que se extingue.

Y luego viene Bélgica, tú. Quién ha visto Bélgica, y quién la ve. De enviar misioneros a evangelizar media África a quedarse sin sacerdotes autóctonos... y tener que recibirlos de esa misma África, y eso por no hablar del episcopado local, encabezado de hecho por ese obispo de Amberes que tantos sudores produce a los que nos hace tilín lo tradicional.

Para fusionar ambos asuntos tratados en esta bitácora, nada menos que dirigirnos al aeropuerto de Bruselas, pero el de verdad, no la cuadra infecta que se hace llamar "Bruselas-Sur". El aeropuerto de Bruselas ha sido tomado por los flamencos, cosa razonable, porque, técnicamente, está en Flandes, concretamente en Zaventem. En medio del trasiego constante, es fácil pasar por alto que, algo más allá de las tiendas de chocolate y de comida para llevar a los vuelos, hay una serie de espacios religiosos, a los que se accede dejando a un lado las salas de espera de los viajeros pudientes.

Como Bélgica, lo que es de católica, ya no tiene mucho, las autoridades responsables han sido muy multiculturales y se han puesto a conceder capillas a troche y moche. Yo, como soy así, tiendo a llegar a los aeropuertos en general, y a éste en particular, con tiempo más que de sobra, así que soy huésped habitual del espacio religioso dedicado a los católicos.


Ahí lo tenemos. Es una capillita muy aseada, bien mantenida, con biblias en varios idiomas, entre los que no está el español, y un libro de visitas que es una buena idea, porque los que pasamos por aquí podemos, no ya escribir lo que pensamos, sino también leer lo que escriben otros, que suele ser muy enjundioso. Eso sí, hay que conocer lenguas distintas al inglés. Yo no sé vosotros, pero a mí rezar en otra lengua que no sea la mía me resulta muy difícil, y ése parece ser el caso de la mayoría, así que las inscripciones están en una multitud de idiomas que ríete tú de la confusión posterior a la Torre de Babel.

También los ortodoxos tienen su espacio, en la capilla de al lado. Lo tenemos aquí ¿A que es bonito? Y es que los ortodoxos, en cuando a belleza de sus espacios, están muy bien situados y yo incluso diría que nos han tomado la delantera a los católicos, que por desgracia llevamos unos decenios alumbrando edificios francamente feos.


Pero no tan feos como los de los protestantes, que se llevan La Palma. La capilla de los protestantes en el aeropuerto es tan aburrida que pasé de largo en seguida, y la de los musulmanes también preferí no fotografiarla, que luego todo son líos y es mejor no bromear según con quién. Pero, ¿no habría que dedicar un espacio a la religión mayoritaria en Bélgica?


¡Ahí la tenemos! Para los que pasan ampliamente de Dios, que me temo que hoy por hoy son mayoría en Bélgica, también había que prever un espacio, y qué menos que una ‘capilla humanista’.

Aquí sí que abrí la puerta para ver qué aspecto tendría tal cosa. Lo que me encontré dentro fue un biombo en medio del espacio y ante el mismo, sentada en el suelo y cargando su teléfono en un enchufe mientras miraba atentamente la pantalla, una joven de unos veinte años que me miró con cierta sorpresa, quizá tomándome por un humanista, un responsable del espacio de meditación o a saber qué bicho masónico, que venía a turbar la carga de su teléfono.

Cerré la puerta pudorosamente y dejé a la joven con su teléfono, su pantalla y su enchufe. Quién sabe si sería ella la humanista responsable del espacio, aunque sospecho que más bien era una pasajera con el móvil casi sin batería que buscaba un enchufe donde no fuera molestada.

En todo caso, se me hacía tarde para tomar mi vuelo, así que salí hacia la zona de embarque, con la intención de continuar mi viaje, que, en esta ocasión, no me llevaba a Valencia, sino a Sevilla. Pero ésa es otra historia. Ésta continuará, porque me queda pendiente examinar con detalle el famoso espacio humanista la próxima vez que aparezca por el aeropuerto.






1 comentario:

Fer Sólo Fer dijo...

Una capilla humanista es lo más... Wifi gratis, enchufe universal, y ni dios, que ni está ni se le espera