En realidad, éstos últimos tienen truco. No son realmente colegios en español, sino que son las líneas en español de la red de escuelas europeas. Las escuelas europeas son establecimientos educativos pensados para escolarizar a los vástagos de los eurofuncionarios, que, si no son francófonos o neerlandófonos, no podrían conseguir en Bruselas que sus hijos estudiaran en su lengua materna. Las escuelas europeas están por toda Europa, allá donde haya una sede de una institución o agencia europea lo suficientemente grande como para justificar su apertura, y además creo que hay una red de centros concertados con ellas. En Bruselas hay, por el momento, cuatro escuelas europeas (la quinta está en camino), no en vano es la ciudad europea con más funcionarios (y eurofuncionarios) por metro cuadrado. Le sigue Luxemburgo, que tiene dos, y luego ya hay unas cuantas ciudades con una escuela, entre las que está Alicante, que no es sede de ninguna institución, pero sí de una agencia gordísima.
De las cuatro escuelas europeas en Bruselas, dos tienen línea en español. Los alumnos españoles de estas escuelas son, primero, los hijos de los eurofuncionarios de nacionalidad española, que es para lo que se las creó. Pero no son los únicos que escolarizan a sus hijos en tales escuelas: también hay hijos de funcionarios españoles que trabajan en las representaciones diplomáticas de España en Bruselas y que son unas cuantas, si contamos la Representación Permanente ante la UE, la Embajada ante el Reino de Bélgica y también tenemos una embajada, o más bien una representación permanente, ante la OTAN. Vamos, que tenemos un montón de gente destacada en Bruselas. Por si fuera poco, hay un sinnúmero de grupos de presión, comunidades autónomas y profesionales diversos que pululan por allí y que también tienen hijos que podrían estar interesados en recibir la educación primaria y secundaria en su lengua materna. Por no hablar de los profesionales y otros diplomáticos de lengua española, pero de otros estados de la Hispanidad aparte de España, que son unos cuantos.
Los funcionarios, europeos o no, lo tienen fácil para entrar, porque la escolarización de sus hijos entra en las condiciones de trabajo de que disfrutan por razón del puesto, así que no tienen que rascarse el bolsillo. Otra cosa son los otros, que tienen que cotizar una cantidad importante si quieren que sus hijos estudien en las escuelas europeas, y eso sólo si quedan plazas libres después de escolarizar a los anteriores.
Bueno, pues parece que este año se ha montado el cirio con la fiesta de Reyes, que los pérfidos noreuropeos parece querer quitar del calendario escolar de 2027 (el de 2026 está aprobado ya, naturalmente, y Reyes está siendo festivo).
En su día, lo reconozco, estuve especialmente interesado por el asunto, básicamente porque mis tres hijos han pasado por uno de esos colegios, hasta que el último lo abandonó en el no sé si muy lejano 2022 y me he visto libre de esas preocupaciones, que no de otras. Desde entonces, en 2023, el día de Reyes cayó en viernes, en 2024, cayó en sábado y, en 2025, lo hizo en lunes. No hubo ningún problema para que Reyes fuera considerado como día no lectivo, porque, cuando cae en viernes o en lunes, nadie protesta demasiado. Y, cuando cae en sábado, la cuestión es que ni se plantea. En 2022 había caído en jueves y recuerdo que tuvimos que pelearlo a base de bien, pero teníamos un buen enchufe, e incluso varios, entre los mandamases de la red, entre los que no escaseaban los españoles, y ganamos sin demasiadas dificultades. Esos mandamases sabían perfectamente que muchos españoles, entre los que me encuentro, así hubiera exámenes el día de Reyes, iban a hacer caso omiso y un corte de mangas al examen y a quien hiciera falta. Hay que decir que probablemente también habría españoles que agacharían la cabeza y mandarían a sus hijos a clase en tal día. Así ha degenerado la raza, me temo...
La lucha contra la festividad de Reyes no es nueva. Ya en España, según decía mi abuela, en tiempos no sé si de Franco o de la República (probablemente esto segundo), el gobierno de turno quiso quitar la fiesta de Reyes del calendario de festivos, de momento de las universidades, para que los estudiantes empezaran antes su período lectivo. La cosa no salió, porque los estudiantes, creyentes o descreídos, si en algo estaban de acuerdo era en eso y así, al decir de mi abuela, salían a la calle gritando:
Si las costumbres son leyes
y las leyes respetamos,
nosotros en clase no entramos
hasta pasados los reyes
El gobierno desistió, pues, de su intento. Podría haberlo forzado, vale, pero se hubiera encontrado con un absentismo escolar inmenso, probablemente secundado por los profesores. No parece que se pueda legislar contra el sentir mayoritario de una sociedad.
En esta ocasión, los padres españoles de los colegios europeos bruselenses han tratado de tejer alianzas con los de otras nacionalidad afines, como los italianos y los portugueses. Indudablemente, la alianza decisiva es la de los italianos, que mandan mucho y tienen una habilidad impresionante para interpretar, retorcer, rerazonar y dar vueltas y revueltas a las normas con tal de conseguir su objetivo.
Ya veremos cómo queda el asunto. Yo, mientras fui padre de alumnos escolarizados allí, jamás dudé un momento en que, si por un azar del destino el día de Reyes (y el siguiente) hubieran sido lectivos, mis hijos se iban a apuntar a la insumisión escolar e iban a hacer novillos a la fuerza, o como se diga en cada sitio, porque es una de las situaciones que se acaba expresando de manera más variada en según qué lugar. Y, en todo caso...
Si la cosa está que arde
y los Reyes nos retiran,
por mí como si deliran:
mis hijos llegarán tarde.
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