miércoles, 31 de marzo de 2010

Atentados

Como ya todos sabéis, el lunes por la mañana unas malnacidas se las apañaron para sembrar el pánico, no tanto entre los moscovitas, sino entre los parientes y conocidos de quienes vivimos en Moscú.

Moscú es una ciudad curiosa incluso en esto. Por una parte, los zambombazos que se arrean por aquí son del nivel de los de Madrid el 11-M, por poner un ejemplo que seguro que los autores del 29-M han estudiado a fondo, porque el "modus operandi" parece inspirado en parte en el mismo. Y, desde luego, aquí los atentados son más frecuentes. A mí el 11-M del 2004 me pilló nada menos que en Valencia, pero las consecuencias del atentado llegaron hasta allí (recuerdo que se suspendieron todos los actos falleros, y el que no sepa lo que es eso no podrá valorarlo). Supongo que en Madrid, en el epicentro del desastre, la cosa tuvo que ser tremenda. En los días siguientes, además, España se paralizó a base de manifas multitudinarias. Vamos, que hubo jaleo, además de dos centenares de muertos. Se notó.

Aquí, no.

Aquí hay jaleo en un radio de cincuenta metros desde el centro del atentado. Más allá, la vida sigue con total normalidad. Ya pasó en los golpes de 1991 y 1993. A doscientos metros de las barricadas y de los tanques tenías los quioscos abiertos y la gente comprando como si tal cosa. Es cierto que en esta ocasión una línea del metro se paralizó (los dos atentados han sido en la misma línea), pero más allá de eso no ha pasado nada en apariencia. En realidad sí. En realidad han muerto varias decenas de personas sin comerlo ni beberlo y un montón más están heridas de diversa consideración.

Pero la vida sigue, incluso en el centro, donde tuvo lugar el zambombazo. Los milicianos se conformaron con limitar un par de horas el tráfico en el centro para evitar atascos, como si no hubiera atascos a diario sin necesidad de atentados. El resultado es que el centro se quedó más vacío que la cabeza de una supermodelo, pero las calles próximas a él estaban totalmente imposibles. Para los que vivimos en el centro y no tenemos intención de tomar el coche próximamente, sino la bicicleta, una gozada; para los muchos que viven fuera del centro y trabajan en él, una tortura, pero eso le da igual a la milicia.

En internet, en los comentarios a las noticias del atentado, la peña tiende a pensar no tanto en quién ha sido, sino más bien en lo bien que le viene al gobierno tener una excusa para apretar las tuercas a la población. Lejos de mí cualquier idea sobre que ha sido el gobierno responsable de esto, pero hay que reconocer que los antecedentes de tomar como excusa los atentados de Beslán para suprimir la elección directa de los gobernadores regionales son difíciles de olvidar. Así que la mayoría de los rusos que escriben en internet tienen la mosca tras la oreja y piensan que el gobierno va a montar alguna, como censurar internet (a los que escriben en internet, naturalmente, es lo que más les preocupa). Debe quedar claro que los que escriben en internet no son la mayoría de los rusos y no necesariamente expresan el sentir general, pero a mí me ha llamado la atención, probablemente porque no lo esperaba. Jo. Es que hasta nuestra niñera, que se mete en política menos que una fiambrera, decía que igual era una maniobra de distracción.

Por fortuna para mí, hace tiempo que el metro dejó de ser mi medio de transporte habitual. Cuando lo era, al apretujarme entre mis congéneres en hora punta, quizá alguna vez se me pasara por la cabeza lo sencillo, lo tremendamente sencillo que es provocar una masacre en un lugar sin control de acceso alguno y atestado hasta la asfixia de masas humanas. Es más, aún creo que hemos salido razonablemente bien parados y que pudo ser muchísimo peor.

Pero, en fin, Moscú es un lugar idóneo para los terroristas. Desde las bombas en los edificios de 1999, el secuestro del teatro de la Dubrovka en 2002, las bombas en el pasaje subterráneo de la plaza Pushkin y las bombas en el metro (porque las de hoy no son las primeras, no vayáis a creer), los habitantes de esta ciudad estamos a merced de que nos toque cerca un suicida. Y, lo que es de gente sin nada que perder, mucho me temo que en Rusia estamos más que sobrados.

lunes, 29 de marzo de 2010

La rusosfera en castellano se cansa

Sí, amigos. Cualquiera que le eche un vistazo a la parte derecha de la pantalla, donde deberían aparecer las bitácoras en castellano con temática rusa que conozco (y una que no tiene esa temática, pero que me mola), se dará cuenta de que las cosas no pirulan adecuadamente por la rusosfera en español. Porque las bitácoras enlazadas se pueden clasificar en cuatro categorías:

1. Muertas.
2. Fallidas.
3. Renqueantes.
4. Vivas. Y menos mal que esta categoría existe, porque, si no, apañados íbamos.

Han muerto fatalmente, o eso parece, las siguientes: El Carbuncho Times, Diarios rusos, Hora de Moscú, Soviet Russia, Camino a perdición, Desde Rusia en directo y Desde mis gafas, que ha sido la última baja. Todas las bajas son muy sensibles, claro, pero es posible apreciar en casi todos los casos la presencia del temidísimo cansancio del bloguero. Primero, las entradas se espacian cada vez más; a veces, se hacen mucho más breves y se limitan a poner fotos; luego, desconexión y final. A veces avisan de que se acabó lo que se daba (Diarios rusos y Desde mis gafas son los casos más notables); a veces el cansancio es tan grande que ni llegan a eso (es el caso de las demás); y el amigo Xavi, en su última entrada publicada desde Siberia, incluso asegura que, aunque han pasado veinte días desde la última, no ha vuelto a dejar colgado el blog. Claro que eso lo escribió hace ocho meses... Vamos, que eso nos indica que la muerte de la bitácora a veces es una muerte anunciada a lo García Márquez, que se ve venir; a veces es una muerte organizada con entrada-epitafio y a veces viene de sopetón y sin saber muy bien por qué.

Luego están las fallidas. Bueno, de ésas hay una: "El mundo mirado a través de diferentes cristales", que habrá que llamarla fallida porque, si no cuento mal, tiene cuatro entradas, que son muy interesantes y están muy curradas y hasta laboriosamente traducidas al inglés, pero no dejan de ser cuatro. No sabemos lo que pasó después, y es lástima, porque la cosa prometía.

Pasemos a las renqueantes, que son la de Sacerdotes en Rusia y Salsa rusa, aunque ésta intenta levantar cabeza. Bueno, y Ekinoterimburgo también podría entrar en la lista. A éstas les ha llegado la primera fase del cansancio del bloguero: el espaciamiento de las entradas, cuya frecuencia disminuye alarmantemente. A veces hay un prurito de pundonor bloguero y el respectivo autor se arranca con un par de entradas muy seguidas en un intento de resurrección, pero en la gran mayoría de los casos estos intentos se quedan en eso. Ojalá esté equivocado (a mí me encantaría), pero el patrón habitual parece conducir a estas bitácoras al grupo de más arriba.

Y, bueno, también están las vivas: Curiosidades de Rusia y otros lugares y Fanáticos del vodka, que llevan un patrón de actualización de frecuencia aceptable y con relativamente menos altibajos.

Y luego está esta bitácora que estáis leyendo sobre estas pantallas, y que parece obvio que sigue viva y, sin comerlo ni beberlo, convertida en un lugar veteranillo. A diferencia de alguna de las bitácoras comentadas, ésta es mayormente un egoblog, lo cual ciertamente es una palabra despectiva, pero es lo que hay; bueno, puede que no sea un egoblog puro y duro, pero sí que es verdad que vive casi exclusivamente de experiencias propias, normalmente domésticas, y que suele rehuir los análisis sesudos de política, geopolítica, sociedad, poesía y romanticadas varias y otras zarandajas sin importancia y que, cuando se pone a analizar alguna de esas cosas, es bastante dudoso que se pueda llamar "sesudo" al resultado.

Vamos, si escribo esto es para que alguien me ayude a superar una realidad más dolorosa que un abrazo de Chuck Norris: ¡que me estoy quedando -casi- solo! Pero, ¿en todo este tiempo que ha pasado no ha aparecido ningún hispanoescribiente que se dedique a escribir sobre rusadas?

En fin, sea como fuere, aquí seguimos, ya veremos por cuánto tiempo. El cansancio del bloguero no ha aparecido todavía por aquí (se nota la educación germánica, supongo), pero sabemos que ésas son cosas que aparecen cuando menos se espera. Eso sí, en tal caso, y en honor a la tan mentada educación germánica, la retirada será ordenadísima y con una adecuada entrada-epitafio.

Entretanto, hala, a seguir dándole a la tecla.

viernes, 26 de marzo de 2010

Mujeres, estereotipos y otras cosas mal vistas

Reunirse con españoles de género masculino y residentes en Moscú es una experiencia interesante. A todos les suceden cosas la mar de chocantes. Al que menos cosas chocantes le suceden es a mí, pero con mi vida monótona para los estándares rusos llevo más de seiscientas entradas en esta bitácora, y las que me queden, así que, si los demás se pusieran a escribir, nos lo íbamos a pasar pipa. Como no lo hacen, la única manera de disfrutar de las aventuras ajenas es reunirse con ellos, echarse unas risas, comentar el último partido de fútbol y, normalmente, rajar del país que nos acoge, rajar (también, sí) del país que nos vio nacer, en particular de sus gobernantes, y rajar de las mujeres, así, en general. Vamos, igual que en cualquier reunión de hombres de cualquier lugar del mundo.

Pero con una diferencia: que en cuestión de mujeres existe mucha más variedad en los comentarios. Así, del grupo que el otro día estaba reunido en un lugar que no viene al caso, la mayoría había picado el anzuelo en Rusia (o cerca de Rusia) y estaba arrejuntado en régimen diverso, pero mayoritariamente matrimonial civil, con mujeres locales. La verdad es que parecían contentos, que es lo menos que se puede pedir en estos casos. No es de extrañar, pues, que las mujeres de las que se dedicaran a rajar fueran las españolas.

Mi experiencia en la convivencia estable con mujeres rusas es totalmente nula. Y, con españolas, es razonablemente abundante en tiempo transcurrido, pero nada en cuanto a variedad experimentada. Mis contertulios, picarones ellos, me ganan mucho en variedad, así que me puse a escuchar atentamente qué opinión tenían después de comparar a unas y a otras.

Resulta que:

1. Las mujeres españolas son un infierno.
2. Van de princesas, y eso que muchas son unos callos.
3. Siempre te están controlando.
4. Tal y como están las cosas, te pueden acusar de malos tratos y j*d*rt* la vida.

En cambio, las rusas:

1. Están buenas.
2. Tienen sus cosillas, pero están buenas.
3. No te controlan y te dejan salir. Y además están buenas.
4. Son muy familiares, y están buenas.

Jo.

Uno de los contertulios y yo nos habíamos visto poco y no sabíamos mucho de nuestras respectivas vidas, no como los otros, que estamos en contacto más regular.

No sé cómo, quizá por un arranque de alguno de los otros contertulios, salió que yo estoy casado ¡con una española! Cosa insólita. El que no lo sabía se me quedó mirando con una cara de preocupación infinita. Se veía la conmiseración pasar por delante de su cara, la pena por el pobre compatriota bajo el yugo inquebrantable de una española. Y, muy despacito, marcando las sílabas, dijo:

- Pero, ¿por qué lo has hecho?

Vamos, yo ya sabía lo que es pertenecer a una minoría (estoy en minoría en casi todo), pero que esté mal visto el hecho de que un español se case con una española debo reconocer que me ha sorprendido.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Cruzar el charco

En estos días de deshielo brutal, en que las temperaturas se mueven a su capricho, la gran protagonista de la ciudad es el agua. El agua sucia.

Te llega por todos los sitios, pero por todos. Cae del cielo, porque llueve; cuando no llueve, también cae del cielo, porque de las tuberías y desagües van cayendo hilillos que golpean monótonamente contra el suelo; te llega de los lados, porque los charcos y los ríos de agua son caudalosos y los coches que los arrollan no van pensando en los peatones que caminamos por las aceras. Vamos, que no te libras de mojarte de ninguna de las maneras. Y eso que, en vista del percal, he aplazado unos días el comienzo de la temporada ciclista, porque, si ya los coches me salpican yendo por la acera, como se me ocurriera disputarles la calzada iba a pasarlas canutas.

Y también llega el agua desde el suelo. Muchas veces, caminando por la ciudad, te encuentras con que no hay forma seca de, por ejemplo, cruzar la calle. No la hay. Todo lo que hay delante de ti es un gran charco de agua sucia opaca a cuya superficie miras tratando de averiguar la profundidad de aquello. Y te quedas con las ganas, porque el fondo ni se adivina, pero no tienes más remedio que atravesarlo o dar la vuelta por donde habías venido. Puede tener un centímetro de profundidad o puede ser una sima insondable en la que te rompas el tobillo.

Todavía nos queda deshielo para rato. Lo veíamos venir al comprobar que había más nieve que nunca.

Acompañando a Ro a una clase, esquivando placas de hielo supurantes, me comentaba:

- ¡Moscú está mal hecho! ¿Por qué no ponen agujeros con barrotes de hierro en el suelo? En Valencia los ponen al lado de la acera, ¿verdad?

Verdad. Y también es verdad que aquí hay desagües (sí, tengo que enseñar a Ro esa palabra), pero en número escaso y aun ésos bloqueados por la inmensa porquería acumulada en todos esos montones de nieve, blancos por fuera y grises y marrones por dentro, sepulcros blanqueados de toda la basura que los diez millones largos de habitantes de esta locura de ciudad somos capaces de generar.

Y, sin embargo, esta mañana, olía a primavera. Al fin. Tres bajo cero, suelo congelado, viento del norte y, así y todo, olía a primavera.

lunes, 22 de marzo de 2010

Ardor guerrero

Al final, la falla ardió, y ardió bien. No fue fácil. En primer lugar, porque no creo que haya muchos sitios en los que, para plantar la falla, tengas que despejar un espacio de un par de metros cuadrados que tiene encima medio metro de nieve. Tampoco creo que sea muy frecuente que, para llegar a la zona de fuegos, tengas que trepar por una especie de banquisa bamboleante con nieve traicionera. Pero bueno, lo primero lo arregló media horita de pala; lo segundo, las ganas de fiesta.

La tienda de petardos por internet fue, efectivamente, un petardo. El pedido online no pasaba ni a la de tres, pero, por lo menos, por teléfono fueron muy amables y enviaron a un mensajero con dos bolsas llenas de petarditos (no hacían mucho ruido, pero era lo que había), un buen arsenal de fuentes y unas bengalas más que decentes. Y es que, después del 11-S, lo de meter masclets en los aviones se estaba volviendo complicado.

Mientras tenía lugar la plantà, repartí petardos entre los niños, incluyendo a un par de vecinitos que no sabían muy bien qué era aquello, pero que veían a Abi, Ro y Ame muy animados y no se lo querían perder. En la caja se leía en negrita que no se proporcionaran petardos a los niños, pero los valencianos no solemos hacer mucho caso de lo que pone en las cajas de petardos. La verdad es que eran pequeñitos, del nivel de los que en Valencia es perfectamente legal utilizar desde los ocho años.

Nos juntamos un nutrido grupo de españoles, varios de los cuales son autores de alguna bitácora que aparece en la lista de la derecha de esta pantalla, aunque, últimamente, han dejado de dedicarse a estos menesteres. Pero de eso ya hablaremos en otra entrada.

Y ardió. Ardieron los ninots de los jefes y algunos ex-jefes de los que nos congregamos allí; ardió Braguinsky; ardió Baba-Yaga, la bruja de los cuentos infantiles rusos; y ardieron un montón de ejemplares del Moscow Times (y uno del ABC que había venido en el último viaje desde España) que hacían de elemento infalible de combustión.

Y luego quizá nos hubiera gustado saltar alrededor de las cenizas aún humeantes, pero las cenizas humeantes estaban rodeadas de una llanura nevada poco adecuada para florituras saltarinas, así que lo dejamos estar, tiramos los petardos restantes y nos metimos en el casal (bueno, en la casa) a terminar la fiesta poniéndonos como el Quico.

Y con esto terminaron las fallas moscovitas, unas cuentas horas antes que las valencianas, por la diferencia horaria. Ahora, como allí, la vida sigue, y habrá que ir pensando en las año próximo.

viernes, 19 de marzo de 2010

Ofrenda

La ofrenda es el acto más emotivo de las fallas, y también, junto a la propia existencia de los monumentos, los que más colapsan la ciudad. Ríos de falleros se desplazan desde todos los rincones y van a converger a la plaza de la Virgen a depositar la ofrenda de flores. Vamos, que si queréis pasar por el centro de Valencia los días 17 y 18 de marzo por la tarde, pensadlo bien, porque no es fácil ir de un sitio a otro.

En Moscú, para hacer algo similar, tenemos algunos problemas. El primero, que la Virgen de los Desamparados como que no es muy conocida (y no digamos venerada) en Rusia, por lo que no ha habido manera de conseguir una imagen de ella. No importa. Lo que no faltan en Moscú son iconos bizantinos, y de ellos en casa ya teníamos alguno. Y de flores tampoco andamos mal, porque hace poco fue el 8 de marzo y las floristerías se están librando de los restos no vendidos. Así que, a ofrendar: noves glories a Espanya i flors a la Verge.


Vamos, no es la patrona de Valencia, pero la Virgen, al fin y al cabo, siempre es la Virgen, y ésta incluso es un poco geperudeta (gibosilla, como la nuestra). Así que, por ahí, asunto arreglado.

El segundo punto delicado es el de conseguir un traje de valenciana o de huertano, para vestirse como está mandado. Eso ya se las trae, así que también ha habido que recurrir a un sucedáneo.


Nadie podrá negar que se trata del traje regional. De qué región, eso ya es otra cosa.

jueves, 18 de marzo de 2010

Contenido fallero-moscovita

El sentido de las fallas es satírico, y algo más. El hecho de quemar ya alcanza un significado más simbólico y lleva a desear la corrección de aquello que se quema. Al menos, eso es lo que pretendemos en la comisión Malodmitrovskaya. Los miembros de la comisión infantil (que en esta falla es mayoritaria) ya han preparado ninots especiales de compañeros suyos de clase que no acaban de convencerles:

- Pues voy a hacer un ninot de Braguinsky y luego lo quemaremos.
- ¿Braguinsky?
- Sí.
- ¡Pero si es un buen chico!
- Es horroroso.
- El pobre... con lo mono que es - intervino Alfina.
- Creo que, cuando Abi se porte mal, podríamos darle su número de teléfono a Braguinsky - dije yo, y es que, ya se sabe, toda palabras puede ser empleada ontra uno mismo.
- ¡NO!

Sea como fuere, el ninot de Braguinsky ya ha quedado elaborado. Aunque es un chico, las artistas falleras le han puesto falda, le han maquillado y le han puesto zapatos de tacón.

Por mi parte, como único valenciano-escribiente de la comisión, me he ocupado de las rimas que deben acompañar a los dibujos, protagonizadas por los tres troperos que Dios me ha dado: una, la mayor, que tiene una curiosa tendencia a no levantarse de la cama por la mañana; otra que detesta muchas cosas de comer, casi todas las que sean verdes, y sobre todo el eneldo, que en ruso se llama "ukrop" y que en Rusia se pone a todo lo que entra por la boca; y un tercero, Ame, que tiende a revoltoso catorce horas de cada veinticuatro, porque las otras diez las pasa durmiendo. Ahí van los versos:

Abi ha segut una mestra
en amagar-se en el llit
per posar a prova als pares
i que li peguen un crit.

Lo que a Ro mai li ha agradat
i no vol vore de prop
és el tofu, l'arnadi,
tot l'encisam, i l'ukrop.

Si Ame es portara bé
haguera passat la crisi,
com es porta com es porta
no se li lleva el desfici.

El viernes, a quemarlo.