lunes, 15 de septiembre de 2008

¿Cañones o mantequilla?

Uno lee la prensa, tanto da si rusa u occidental, y es evidente que Rusia está mejorando su capacidad de respuesta bélica. Hoy mismo sale en la prensa (rusa), que el presupuesto militar ruso está que echa humo, que lo están ampliando a saco paco y que la máquina de guerra rusa va a estar engrasadísima, para regocijo de los rusófilos y de todos aquéllos a quienes los gringos les molan tan poco que se convierten en partidarios de cualquiera que les pueda hacer frente. Lo mismo ocurre con la prensa occidental, que se hace lenguas del "despertar del oso ruso" y de todos esos lugares comunes que deberían estar prohibidos y castigados con privación de la pluma, pero que sin embargo los periodistas de todo el mundo gastan y desgastan sin pudor alguno.

La cuestión es que esta renacida pujanza militar, aderezada con la reciente victoria sobre el terreno ante los georgianos, quieren algunos que implique una pujanza general de Rusia. Yo, que de cuestiones militares no sé gran cosa, pero que vivo en Moscú y tengo ojos, albergo mis dudas de que la pujanza militar y la reciente agresividad oral en las relaciones internacionales (Desde que no es presidente, Putin está usando unos modos notablemente más retadores que antes) tengan un efecto más allá de la moral guerrera del pueblo y alcancen a las condiciones de vida de la población.

Los gringos, a quienes que quede claro que no tengo la menor simpatía, se dedican actualmente a zumbar por todo el planeta a quienes perciben como una amenaza para su "American way of life", "democracy" y todas esas cosas que no conozco más que de referencias, porque no he pasado por allí. Pues bien, en el pasado, la Unión Soviética tenía unas fuerzas armadas de impresión con el fin, aparentemente, de poner a todo el planeta en condiciones de construir el paraíso socialista y para acudir a la llamada de los proletarios oprimidos de los distintos países, que imploraban el auxilio de Mazinger-URSS para enfrentarse a las clases burguesas que los esclavizaban, en Hungría, en Checoslovaquia, en Afganistán, en Cuba, en Polonia... huy, no, qué despiste, en Polonia fueron los proletarios, inconscientes ellos, los que montaron una huelga contra las benéficas autoridades comunistas.

Pero eso era antes. Ahora que todos somos capitalistas, las fuerzas armadas rusas afilan los dientes para... para... a veeer... ¿para que los gringos no introduzcan su "way of life" en Rusia? No, queda un poco negativo ¿Para que los gringos no se apoderen de los países antaño soviéticos? También queda feo, va a pensarse que los rusos quieren que sigan siendo soviéticos, y eso no vende ¿Para proteger a los ciudadanos rusos? Mmmm... vamos mejorando, después de todo ¿Hay algo más noble que proteger a tus nacionales, esparcidos por toda la faz de la tierra, y muy especialmente en los países que fueron de la Unión Soviética?

Por cierto, si los gringos tienen su "American way of life" y su "democracy", ¿no sería un buen motivo para reforzar las fuerzas armadas rusas el de defender el "Russian way of life" y la "dictature of law"? Ajá, el "Russian way of life", sí, señor, ahí duele. Ahí sí que tiene Rusia algo que defender.

¿O no?

Pues, para gustos, colores. Yo, en las próximas entradas, voy a describir pormenorizadamente mis últimas vivencias sobre cómo se vive aquí. Son de la semana pasada, pero podrían ser de hace varios años y, mucho me temo, también de dentro de algunos. Mañana sigo.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Esto no puede ser bueno

El pasado 2 de septiembre, en Moscú estábamos a ocho grados y en mi dormitorio apenas rozaba los dieciséis. Pelado de frío, estaba durmiendo con dos mantas, pijama de invierno y un radiador eléctrico.

Tomé el avión, con destino a Valencia, al día siguiente. Por la noche llegué a una Valencia a veintiocho grados, sudando copiosamente, sin entender nada de lo que estaba pasando, con un viento de poniente caliente hasta la exageración y un dolor de cabeza persistente.

Dormí destapado y con pijama de verano. Al día siguiente, bajo un calor infernal, me planté en mi pueblo y vi que el termómetro rozaba los treinta y cinco grados.

El 7 de septiembre, en parecidas circunstancias, tomé el avión de vuelta a Moscú.

Hoy vuelvo a dormir con dos mantas, pijama de invierno y radiador eléctrico. Estamos a seis grados en la calle y lleva tres días sin parar de llover.

No me ha pasado como la primera vez que vine a Moscú procedente del verano español. Entonces, la gente me miraba por la calle sin comprender muy bien qué hacía con bermudas y camiseta de tirantes a dos grados sobre cero, mientras yo corría camino de mi casa mascullando maldiciones.

Aunque ahora vista de manera más adecuada y previendo lo que pasaría a la vuelta, tanto cambio de temperatura no puede ser bueno.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Altruismo nuclear

Como hace un par de entradas estuve escribiendo sobre Tarkovsky, me han venido a la cabeza las sensaciones que tuve cuando vi la que probablemente es su película principal, "Stalker", que también se conoce como "La zona". Transcurre en una misteriosa zona deshabitada en la que suceden cosas inexplicables, a la que el acceso está limitado y para visitar la cual hay que contar con la ayuda de unos guías buscavidas ("stalker", en palabra tomada del inglés). Inmediatamente viene a la cabeza la zona de exclusión de la central nuclear de Chernobyl. Se diría que Tarkovsky se había inspirado en el accidente nuclear... si no fuera porque éste se produjo varios años después del rodaje de la película, lo que le da a la misma una dimensión incluso profética. Tarkovsky moriría en diciembre de 1986, cosa de medio año largo después del accidente.

Para los que estudiábamos ruso, el accidente fue un "shock" brutal. Bueno, supongo que lo fue para todos, pero los que estaban (o, hasta cierto punto, estábamos) relacionados con la Unión Soviética, que no paraban de alabar las excelencias del régimen, del país y de todo lo que oliera a soviético, se encontraron con un golpe bestial y especialmente humillante. La explosión del reactor, producto de una serie de fallos humanos y de que no era todo lo avanzado, sobre todo en materia de seguridad, que hubiera podido ser en su tiempo, ya fue desastrosa; sus efectos sólo pudieron paliarse a costa del sacrificio de muchísima gente que arriesgó su salud para apagar fuegos y para construir el inmenso sarcófago que recubre hoy el reactor. Con todo, el cabreo generalizado se produjo a causa de que el gobierno soviético se calló como una... como un gobierno soviético y no dijo prácticamente ni pío hasta varias semanas después del accidente, hasta el punto de que los suecos, cuando les llegó la radiación, se enteraron antes del accidente que los ciudadanos soviéticos.

Nueve años después del accidente, recién llegado a mi pueblo, y encontrándome en la piscina del mismo, me llamó la atención que un grupo de jóvenes que estaba también allí estaba conversando en ruso. Me acerqué a ellos, les abordé, también en ruso, y ellos se sorprendieron bastante de encontrar allí a alguien que hablase ruso también.
Preguntando por el pueblo, resultó que había una ONG (que no voy a nombrar) que había estado organizando un viaje de niños de las zonas afectadas por el accidente, para que pudieran pasar una temporada en zonas no radioactivas. Y, como en mi pueblo son más generosos que en ningún otro sitio, treinta familias habían dado un paso adelante y se habían ofrecido a alojar a otros tantos niños. Y allí estaban los niños, en la piscina del pueblo.

- ¿Cómo te llamas? (Как тебя зовут?) - le pregunté a uno, que parecía llevar la voz cantante.
- Volodya (Володя).
- ¿Y de dónde eres? (А откуда ты?)
- De Kíev (Я - из Киева).

Fruncí el ceño un poco. Recordaba perfectamente que Kíev, a algo más de cien kilómetros al sur de la central, no estaba entre las zonas afectadas por el accidente. "Quizá vivía en la zona afectada, y lo evacuaron a Kíev cuando se produjo el desastre", pensé.

- Vamos a nadar (Давай поплывём!) - me dijo.

El chaval tendría unos quince años. Yo no es que sea muy buen nadador, pero Volodya me sacó por lo menos media calle. "¿Este tío está enfermo?", pregunté para mí.

Luego salimos del agua, nos vestimos y nos reunimos con el resto de su grupo. Todos llevaban unas zapatillas de deporte último modelo, ropa deportiva de marca y, la verdad, estaban como toros y no parecían estar pasando mucha necesidad en su país, porque, en los tres días que llevaban en la Ribera del Júcar, no podían haber mejorado tanto. Vi que había un par de chavales del pueblo jugando al baloncesto en la canasta del polideportivo municipal y les ofrecí jugar un partidillo. Aceptaron encantados, y Volodya dijo que era del equipo juvenil de Kíev. Yo vi que estaban jugando el Manel, un tirador asesino, y el Sergio, un pívot puro músculo, y me dije que íbamos a ver lo que valía el equipo juvenil de Kíev.

Técnicamente, valía poco, pero físicamente, Volodya y un compinche suyo hicieron pasar las de Caín al Sergio. Yo jamás había visto que alguien pudiese mover al Sergio ni un centímetro, y Volodya, en un rebote, le metió el culo y el hombro y lo mandó a dos metros. No hubo tortas porque Sergio todavía no se había ido a trabajar a Sueca, porque, lo que es hoy, ya veríamos.

- ¿Pero estos no estaven malalts? (¿Pero éstos no estaban enfermos?) - dijo uno que nos estaba viendo.

Yo no quise decirles lo que estaba pensando. Que posiblemente a la ONG le habían dado gato por liebre y que, para poder hacerse cargo de algunos jóvenes que sí estarían enfermos, les habían colado a hijos de funcionarios locales de alto copete que tenían de enfermos lo mismo que de toreros, y de pobres lo mismo que de legionarios romanos. Que luego supe que lo primero que hicieron al aterrizar en España fue comprarse ropa y que no parecían reparar en gastos. Y que las familias de acogida de mi pueblo querían hacer una buena obra, pero que lo que estaban haciendo, lamentablemente, era el canelo, al menos en su inmensa mayoría.

- Escolta, Alfor (Oye, Alfor) - me dijo el Sergio, en plan de choteo - ¿I si mon anarem a Chernobyl un parell de mesos, a vore si mos posem aixina? (¿Y si nos fuéramos un par de meses a Chernobyl, a ver si nos ponemos así?)

lunes, 8 de septiembre de 2008

Procesiones

Abi, Ro y Ame hicieron buenas migas con los primos que fue posible localizar y yo incluso conseguí reconocer a la mayoría de mis primos y de mis tíos que pasaron por el pueblo con motivo de las fiestas patronales, después de años sin verlos. Ahí estoy en clara desventaja. Todos los que me ven dicen:

- Ah, eres el fill de Padralfor, ¡cóm te sembles a ton pare! (Ah, eres el hijo de Padralfor, ¡cómo te pareces a tu padre!)

Así cualquiera. En cambio, yo no tengo ese recurso, porque tampoco conozco a los padres de los que me interpelan, a los que llevo años sin ver. Pero bueno, mejor o peor, conseguí no quedar demasiado mal.

En verano, en el pueblo aparecen algunos extranjeros, de los de verdad, que no hablan el castellano, y no digamos el valenciano. Destacan especialmente en la procesión mayor del pueblo, en la que no soy quién para juzgar su devoción, pero podrían estar más callados. La verdad es que todos podríamos estarlo. Abi, Ro y Ame tenían muchas ganas de ir a la procesión y decidí llevarlos. Las ganas se les fueron quitando progresivamente, pero, a pesar de que al cuarto de hora ya se iba quejando Ame de que tenía sed, conseguí que la acabaran todos, de lo que estuvieron muy orgullosos.

Delante de nosotros estaba una señora con dos niños, algo mayores que los míos, que conversaban entre ellos:

- Allume! - decía uno, con el cirio apagado.
- Attend! - decía otro.
- Depêche-toi! - le decía yo, para que no nos tuviera allí parados. Me miraron con cara de extraterrestre.

Y, en esto, me dio uno de esos prontos que tocan de repente:

- Аби, Ро, Аме, будьте осторожны, пожалуйста, со свечами! (Abi, Ro, Ame, tened cuidado con las velas, por favor).

Los tres se me quedaron mirando extrañadísimos. Buenos, los tres, y todos los que pudieron oír aquella jerigonza.

- Папа, а почему? Ты же с нами всегда говоришь по-валенсийски... (Papá, ¿por qué? Si siempre hablas en valenciano con nosotros) - repuso Abi.
- Мы же как раз в Валенсии (Y estamos precisamente en Valencia) - añadió Ro.

Y yo les dije:

- Если эти дураки говорят между собой по-французски, мы будем говорить по-русски (Si estos cretinos hablan entre ellos en francés, nosotros lo haremos en ruso).

En el fondo, eran ganas de ir volviendo a casa.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Parientes

Las distancias con la patria de uno traen consigo, en buena parte, ventajas, como puedan ser un conocimiento mejor del mundo, una mente más amplia... pero también acarrean numerosos inconvenientes, como, por ejemplo, un cierto grado de alienación cuando uno aparece por la tierra de sus mayores.

Esa alienación es todavía mayor en Abi, Ro y Ame, cuyos mayores, por si fuera poco, proceden de lugares diferentes y distantes, por lo que aparecen por su "patria" especialmente poco. Por su "matria" aparecen algo más... Sin embargo, este agosto ha sido posible una estancia de dos semanas en el terruño de los ancestros, a orillas del Júcar, lugar antiguo, con solera, látigo de urbanitas y crisol de rusticidad. Mi pueblo, vamos.

Mis padres, algo confusos ante tamaña invasión del casón familiar, intentaron hacerse a un lado para que no hubiera heridos entre ellos (entre mis padres). Mis hermanos decidieron no interrumpir su rutina más que lo justo para pasar por allí y poner cara a sus sobrinos, que a estas edades evolucionan con rapidez. Con lo cual, visto que la parentela cercana tomaba una actitud más bien pasiva, opté por llevar la estancia por otros derroteros.

- Anirem a vore als vostres cosins (Iremos a ver a vuestros primos) -dije con entusiasmo.

Y Abi dijo:

- Papá, ¿i qué és un cosi? (Papá, ¿y qué es un primo?)

Mmmmm... las relaciones con mi familia menos cercana son manifiestamente mejorables.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Dependientes contra cineastas

En Moscú, todavía hoy, en que lo peor ha pasado, se pueden adquirir cosas, todo tipo de cosas, en una serie de chiringuitos destartalados situados en los pasajes subterráneos, cerca de las bocas de metro, dentro de las bocas de metro, alrededor de las paradas de autobús y, en resumidas cuentas, en prácticamente cualquier rincón disponible.

Normalmente, esos tenderetes forman parte de una especie de cadena. Un empresario consigue, y no vamos en entrar en el cómo, las licencias correspondientes, se lo monta con unos paneles prefabricados, contrata un gorila que mantenga a raya a potenciales díscolos y, finalmente, compra todo tipo de mercancías, desde tomates a zapatos, sitúa en los chiringuitos sendos dependientes y hala, a hacer la competencia a los centros comerciales. Creo que, en fino, eso se llama "tienda de proximidad". Pero eso es en fino. Que quede claro que es un chiringuito apestosillo.

Hacer la competencia a los centros comerciales no debe ser fácil, y el empresario tiene que ajustar gastos, y parece evidente que quienes peor parados salen en los ajustes son los dependientes, los cuales no están muy motivados en su trabajo. Leches, en ningún país he visto un servicio peor que en Rusia.

Obviamente, en esos chiringuitos se vende lo que la gente demanda. Un día, iba yo por los pasadizos del metro Kitay-Gorod cuando vi un chiringuito donde vendían películas y, como me sobraba algo de tiempo, me puse a mirar. Lo que demanda la gente en Rusia son lo que muy finamente se llama en España "películas de acción", que son ésas en las que hay heridos y muertos y unos a otros se arrean unas somantas de aquí te espero. Si no hay tortas, la película no gusta. El segundo género más demandado, a juzgar por la oferta, es el porno, pero está bastante lejos del primero. Y luego vienen películas infantiles, algunos clásicos... ya a bastante más distancia todavía.

En esto, curioseando, en un estante superior, veo un intruso, una película que no debería estar ahí. Parpadeo para asegurarme de que no es un sueño, y no, parece que no lo es.

"Andrei Rublyov", de Tarkovsky.

Para el que no haya oído hablar de él, que sepa que Tarkovsky es (era, por desgracia) el paradigma más brutal de cineasta... mmm... no comercial. Cine de autor en estado puro. De hecho, fue mi primer contacto con el cine ruso, en los lejanos años de estudiante de ruso en Valencia. Un día, mi profesora llegó la mar de contenta:

- ¡Van a echar un ciclo de películas de Tarkovsky!
- Ah...
- ¡Y en versión original con subtítulos! Podréis escucharlo en ruso.

Bueno, yo no había oído hablar de él (había muerto hacía poco), pero mis compañeros de clase, que eran bastante más fanáticos que yo, sí lo habían hecho y había quien sabía los títulos de sus películas.

- Lo echarán los martes, por la segunda cadena.
- Ah, qué bien, ¿a qué hora?
- A las dos de la madrugada.
- ¿Quéeee?
- A las dos, sí.
- Vaya, vaya, horario estelar...
- ¿Estelar? Bueno, es verdad que es un poquito tarde.
- Digo que es estelar porque, si la noche es clara, el cielo estará lleno de estrellas.
- En todo caso, vale la pena verlo.
- Profa, que uno es joven, pero los miércoles tengo clase a las ocho de la mañana.
- ¿No tienes vídeo?
- No. Somos pobres. Ni siquiera tenemos tele en color.
- Bueno, de todas formas muchas películas de Tarkovsky son en blanco y negro.
- Ah, qué bien.

El primer día intenté hacer la machada con "Stalker". El problema no era tanto que la película comenzara a las dos de la madrugada, como que "Stalker" dura tres horas. De hecho, parece que Tarkovsky pensara que la duración mínima de una película debía ser de tres horas, porque "Andrei Rublyov" las sobrepasa holgadamente. El caso es que a la media hora de comenzar "Stalker", el ciclo de Tarkovsky había terminado para mí. Mi profa no me lo reprochó demasiado e incluso me aprobó a final de curso.

Y ahora, vueltos al chiringuito de Kitay-Gorod, tenía la oportunidad de que "Andrei Rublyov" fuera mía y sólo mía. Además, para entonces ya la había visto, además de sus otras obras principales y, para mi sorpresa, descubrí que el cine de Tarkovsky me gustaba.

- Женьщина! (Señora) - me dirigí a la dependienta.

La dependienta era una señora de simpatía pequeña, edad mediana y cuerpo grande.

- Что вам? (¿Qué quiere?)
- Можете мне пожалуйста показать вот этот фильм? (¿Me puede enseñar esa película?)
- Какой? (¿Cuál?)
- Вот такой, наверху, Тарковского. (La de ahí arriba, la de Tarkovsky.)
- Тарковский? (¿Tarkovsky?) - dijo mirando lentamente hacia arriba con mucha desgana y dando un suspiro.
- Да, "Андрей Рублёв". (Sí, "Andrei Rublyov").
- Тарковский, Тарковский... Зачем вам Тарковского? Возьмите вот этот (Tarkovsky, Tarkovsky... ¿Para qué quiere usted a Tarkovsky? Llévese ésta) - y me señaló una que tenía a mano.
- Но я хочу фильм Тарковского... (Pero yo quiero la de Tarkovsky...)

Me miró de arriba abajo con todo el desprecio de que era capaz y viendo a ver si el pesado que le estaba haciendo moverse se largaba. Yo estaba un tanto confuso, porque es verdad que el servicio es malo en general, pero yo es que iba a comprar una película de culto y me ponían en la mano una de tiros, tortas, culos y tetas. Se suponía que una señora de los cuarenta y pico o cincuenta que tenía la dependienta me tenía que mirar mal si yo compraba una peli porno, no una de Tarkovsky sobre un monje medieval. Algo no iba como debería ser.

- А если сам возьму? (¿Y si la cojo yo?) - intenté.

Al final, se levantó refunfuñando y la cogió, y me la vendió. Estuve tentado de decir "Pues ahora no la quiero", pero no me atreví. A la próxima lo hago, fijo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Entradas caucasianas (y III)

Viene de aquí y de aquí.

Releyendo las dos últimas entradas, me han parecido un pelín antirrusas, cosa que en realidad no concuerda en absoluto con mi postura. No me explico cómo han podido quedarme unas entradas tan sesgadas. En realidad, mi postura es sobre todo antigeorgiana y se refleja bastante con los dos párrafos que copio a continuación:

La "Revolución de las Rosas" culminó con la dimisión de Shevardnadze y su sustitución por Mijeíl Saakashvili, un antiguo ministro del primero, educado en el extranjero y de tendencias igualmente nacionalistas, que pobló los puestos superiores de la administración de georgianos con formación académica en el extranjero y que se propuso reintegrar al seno de la república a las regiones separatistas. Entregado a los Estados Unidos, dedica sus escasos recursos a fortalecer el ejército, con la inapreciable ayuda de los Estados Unidos (una de las principales avenidas de la capital, Tiflis, lleva el nombre de George W. Bush) y, de momento, ha conseguido recuperar Adzharia. Adzharia ha estado gobernada en los últimos años por un déspota megalómano y corrupto que se ha dedicado a enriquecerse (además de a otras actividades curiosas, como organizar importantes torneos de ajedrez), y cuya desaparición del mapa político local nadie lamentará, pero las otras dos regiones no van a dar su brazo a torcer con tanta facilidad. Entretanto, el gobierno ruso las ha puesto hasta cierto punto bajo su protección, ha concedido pasaporte ruso a cuantos abjasios y osetios lo han solicitado y mantiene tropas de interposición en ambos puntos.

¿Qué ha conseguido Georgia en estos años de nacionalismo? Casi nada bueno: ver amputado su territorio, enemistarse con su vecino del norte, convertirse en un satélite de Estados Unidos, tener que convivir con la perspectiva de un enfrentamiento armado que se adivina inevitable, empobrecer a su población hasta extremos de miseria, desmantelar su infraestructura y, finalmente, tener que soportar una cleptocracia insaciable tanto en Tiflis, como en las distintas regiones que han sido independientes.

Los dos párrafos están extraídos de un artículo largo, tendido y no muy ameno, que fue publicado en junio de 2006 por una revista española de alta calidad, aunque escasa difusión, y cuyo autor es también el de estas líneas. Acabo de rescatar el artículo y leches, muchas veces meto la pata, o cambio de opinión sobre algunas cosas, pero sobre ésta me da la impresión de que lo clavé.

* * *

Antes de que comencéis a pensar cosas raras, esta entrada clamorosamente antigeorgiana (¡y prorrusa! ¡también es prorrusa!) no es un cambio de opinión y, sobre todo, no guarda la menor relación con esta noticia. Como bien dice la policía, y acabo de oír por televisión, ha sido un accidente y la culpa hay que atribuírsela a la propia víctima, que se ha puesto inconscientemente a jugar con armas, seguramente con intención de dejar una pérfida mácula en la reputación de los honrados sirvientes de la ley que cumplían con su deber. Cualquier otra versión es una maquinación obscena y fascistoide producto de la calenturienta mente de los émulos de Rusia que infestan nuestro planeta. Habráse visto.